Igualismo

Las feministas llevamos muchos años intentado redefinir conceptos. Así han nacido cientos de términos para marcar las diferentes tendencias dentro del feminismo porque dentro de todas las corrientes revolucionarias existentes, no me cabe duda alguna, de que el feminismo llega a ser una filosofía en sí misma, con cientos de pensadoras, filósofas, tendencias e interpretaciones.

Siempre me he etiquetado a mí misma como feminista de calle, pasé varios años leyendo, investigando, debatiendo sobre teoría feminista y llegué a la conclusión de que soy una mujer de acción.

Me gusta hacer.

Si vamos a cambiar el mundo, yo soy de las que lo hago a pie de calle. En mi día a día, en mi trabajo, en mi familia (TODA), en cada paso que doy, tengo siempre presente qué acciones puedo llevar a cabo para difundir el feminismo.

Podría llamarse igualismo. Podría.

¿Es el feminismo una lucha de mujeres?

Sí.

¿Por qué?

Porque son el colectivo oprimido. En este caso se entiende que las estadísticas muestran que el grueso de las injusticias las sufre el grupo de las mujeres frente al de los hombres (que sería el grupo privilegiado).

¿Significa esto que el patriarcado sólo oprime a las mujeres?

No.

¿Por qué?

Porque las bases del patriarcado oprimen en muchos aspectos, psicológicos, mentales, físicos, culturales, sociales… Y en algunos de ellos, los hombres pueden salir perjudicados por los corsés, las normas, las expectativas y otros factores. De la misma forma que los hombres tienen privilegios por el mero hecho de nacer hombres, las mujeres también tenemos algunos privilegios por el mero hecho de nacer mujeres. Aunque las bases de la opresión se fundamentan en la violencia que ejerce el colectivo de los machos hacia el colectivo de las hembras.

¿Cuando surgen entonces las opresiones hacia los hombres?

Pues cuando intentan salirse del molde preestablecido por el patriarcado. Es decir, mientras un hombre piensa, dice y hace lo que se espera de él no va a sentir opresión por el mero hecho de ser hombre.

La opresión sobre un hombre va a aparecer cuando su naturaleza, personalidad y/o comportamiento no es el “adecuado” según la cultura patriarcal: es sensible, amanerado, viste fuera de los cánones establecidos, tiene muestras de afecto en público, realiza trabajos considerados de mujeres, mantiene relaciones horizontales, etc…

¿Es entonces el feminismo una lucha sólo de mujeres?

No.

¿Por qué?

Porque las personas deseamos cambiar las relaciones de poder para no tener que sufrir violencia por tener una determinada personalidad, carácter o condición. En este aspecto es en donde las teorías feministas comienzan a separarse, o mejor aún, diversificarse: desde el feminismo en la igual al feminismo de la diferencia, desde el ecofeminismo al tecnofeminismo. Surgen todo tipo de tendencias que, aunque buscan un objetivo común: la no discriminación por razón de sexo. llegan a él desde diferentes ámbitos, o perspectivas.

¿Por qué?

Pues porque en este aspecto, las mujeres hemos sufrido diferentes discriminaciones, según nuestra experiencia vital, nuestras circunstancias y nuestra conducta. Y sobretodo, hemos sufrido violencia, en muchos casos violencia estructural y normalizada.

Hace tiempo hablaba con una colega de este tema, y surgió la manida pregunta: ¿qué es ser mujer? ¿Por qué alguien que nace con genitales masculinos de pronto se “siente” mujer?

Y es que las feministas llevamos muchos años definiendo, redefiniendo, construyendo y deconstruyendo el término. Por eso surge la teoría de género. Porque el sexo es binario biológicamente hablando. pero el género es una construcción cultural y, por tanto, está sujeta a muchas interpretaciones, debates, diferencias…

¿Qué características definen a una mujer?

¿Que es hermosa? ¿Que posee atributos femeninos? ¿Que se mueve grácilmente? ¿Que es recatada? ¿Que es multitarea? ¿Que se siente culpable todo el rato?

Y lo que es más importante: ¿Quién decide qué es ser una mujer?

¿Las teóricas feministas? ¿Los académicos de la RAE? ¿La comunidad científica?

Llega un momento en el que me doy cuenta de que lo importante es que cada persona pueda vivir como desee, vestir como quiera, trabajar en lo que quiera, comportarse sin clichés sociales estrictos. Y sobretodo, sin violencia.

Es en ese momento en el que los debates sobre definiciones teóricas pierden relevancia en mi visión feminista.

Recuerdo perfectamente el día en el que esto sucedió: Estábamos en una reunión del grupo antipatriarcal Alén Morgana, en la universidad. Debatiendo sobre las acciones que íbamos a realizar para promover el cuarto supuesto en la ley del aborto. Y entonces, entró una mujer, preguntó si nosotras éramos el grupo feminista. le dijimos que sí; con absoluta estupefacción escuchamos su relato: era una mujer maltratada, no sabía a dónde acudir, no sabía qué hacer, no tenía recursos para alejarse de su maltratador.

Y nosotras tampoco.

No teníamos nada útil: ni información, ni recursos, ni experiencia. Nada.

Y la dejamos ir con absoluta impotencia. Ese día vimos que las acciones necesitaban objetivos claros. Y que existían violencias estructurales que requerían nuestra atención urgente.

Porque al final todas las personas necesitamos vivir en paz y ser dueñas de nuestros destinos. ¿O no?

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La Burla

Todo proceso de acoso comienza con una simple burla.

Con un ligero desprecio.

Con un breve sarcasmo.

Con un sutil ninguneo.

Los adultos muchas veces obviamos todos éstos pequeños gestos. Pero los realizamos más de una vez al día y, a veces, con l@s más indefens@s, con l@s inocentes, con quienes menos lo merecen.

Cocodrilo
Cocodrilo

La burla está absolutamente instaurada y normalizada en todos los ámbitos de nuestra vida. Pero no deja de ser otra forma de violencia. La semilla que esparce se basa en la humillación y por tanto, en bajar la autoestima de quien la recibe.

Cuando somos testigos de una burla y no hacemos nada, o nos reímos y participamos de ella, estamos perpetuando un tipo de violencia estructural: el acoso. Es duro de leer, es duro de aceptar y es difícil de cambiar.

 

Algunas personas pueden pensar que digo esto desde un púlpito de santidad o de superioridad moral, pueden creer que escribo estas críticas porque yo no empelo burlas, no acoso, no humillo, etc… pero no es así, yo me equivoco como la que más. Muchas veces, hago leña del árbol caído, me burlo o empleo el sarcasmo pero sé que está mal. Sé que es un comportamiento reprobable. Sé que cuando me comporto así no estoy mejorando el mundo.

Esto no significa tampoco que lo haga a todas horas y en cualquier parte, procuro ser consciente y frenarlo, corregirlo, evitarlo, lo que toque.

Vamos a analizar en qué consiste exactamente.

Una burla se basa en avergonzar a alguien por algo que ha hecho, dicho o sentido. Desde esa frase “no llores que eso es de niñas” hasta ese gesto de asco o desprecio ante una persona por su aspecto físico, el objetivo principal de la burla es provocar malestar en quien la recibe.

¿Para qué?

¿Para qué necesitamos que alguien a nuestro alrededor se sienta avergonzado? Se me ocurren algunas razones evidentes:

  • Cambiar una conducta: existe un trasfondo pedagógico mal enfocado en una humillación pública. Claro ejemplo de ello es el paseo de la vergüenza de Cersei Lannister en Juego de Tronos.
  • Vengarse por una afrenta: en ocasiones se trata de una vía de escape al rencor, o también podríamos decir que es un acto de justicia indebido. Podemos ver numerosos en cualquier serie de adolescentes, o película holliwodiense desenfadada como Gossip Girl, Pretty Little Liars, Fuera de Onda, etc.
  • Aceptación social: demostrar que otra persona es la más débil del grupo para evitar ser el blanco de estas acciones. Existe un capítulo de Los Simpsons en el que Lisa se hace pasar por un niño para poder estudiar matemáticas, y tras recibir una paliza, acaba burlándose de Ralph (y pegándole) para dejar de ser el blanco de las burlas de los demás.
  • Aumentar la autoestima personal: es posible que alguna gente se sienta amenazada por otra y, al mínimo error, aprovecha para resaltar su superioridad, denostando a la competidora, en vez de hablar de los propios logros es más sencillo menospreciar al otro.
  • Aumentar el sentido de pertenencia: ejercer actos de desprecio para resaltar las diferencias del otro, y así, intensificar la sensación de pertenencia a un grupo concreto. Esto es algo muy practicado por colectivos deportivos, políticos, sociales, etc.

 

¿Alcanzan estos objetivos?

La verdad es que suelen ser bastante efectivas en algunas ocasiones, sin embargo, existen muchas dudas de su efectividad pedagógica, ya que aunque sean eficaces a la hora de “corregir” comportamientos, también suelen destrozar la autoestima y/o el autoconcepto.

Por tanto, su “valor” pedagógico queda eclipsado por los graves perjuicios que causa a la voluntad y actitud de quien aprende. Porque al final, la inseguridad es el gérmen que perpetúa la burla.

¿Es tan grave?

Seguramente no lo parece. Me parece importante que al menos, seamos cuidadosos con la infancia, ya que es el momento del desarrollo más vulnerable. Mi trabajo se basa en esa protección. Y como ya sabes, en la prevención.

Por eso hoy te hablo de esta práctica, mucho más habitual de lo que pensamos, porque si la evitamos desde el principio, lograremos sortear males mayores como el acoso, que a día de hoy posee multitud de variantes: bullying, ciberbullying, mobing, acoso sexual, etc.

Existen otras formas de dañar como la indiferencia, el chantaje emocional, la distracción constante, la mentira, la infravaloración, la exigencia… De todas ellas iré hablando en próximos artículos.

La burla
Representación de los pecados capitales.

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¿Cómo consigo hacer tantas cosas?

Muchas me preguntáis esto. ¿Cómo consigues hacer tantas cosas?

Pues bien, vosotras preguntáis y yo os respondo.

Lo he contado en un vídeo:

 

Pero te lo dejo por escrito:

  1. Dedico unos minutos cada día a observarme, por dentro y por fuera, soy sincera conmigo misma y me hago consciente de cómo estoy y cuáles son mis necesidades reales. Lo suelo hacer por la mañana, antes de levantarme. Esto me permite…
  2. Establecer mis verdaderas prioridades, sí, lo hago cada día, existen días en que mi máxima prioridad es la salud y lo que hago es intentar descansar el mayor tiempo posible. Otros días sin embargo, mi mayor prioridad es sacar un proyecto adelante o pasar tiempo en familia. De esta manera, logro organizar mi agenda…
  3. Organizo mi agenda según mis prioridades, pero es que además, la utilizo para volcar toda la información posible, es una manera de liberar la carga mental. Esto significa que planifico semanalmente los hitos imprescindibles (esa cita médica, esa reunión, ese papeleo burocrático, ese cumpleaños ineludible) y el resto del tiempo lo organizo según mis necesidades reales.

 

¿Es lo único que hago?

No.

Hago más cosas por supuesto. En este artículo te regalo las tres más evidentes. Si quieres saber más pincha aquí.

Gracias por tu tiempo y tu confianza.

El amor es un sentimiento

El amor es el motor del mundo, o eso dicen. Mucha gente cree que el amor es una emoción pero no. En realidad es más complejo.

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La química del amor se compone de varias emociones, y varía de persona a persona. Cierto es que la emoción principal es la alegría pero también se compone de algo de ira, de algo de miedo e incluso puede que de algo de tristeza o incluso asco.

Cada una de nosotras podría pensar y medir su propia fórmula para el amor: Un 70% de alegría, un 20% de ira y un 10% de miedo podría ser la mía. ¿Te parece extraño? ¿Dirías que el amor es 100% alegría?

Bien, te voy a explicar mi fórmula:

  • Alegría 70%, la oxitocina, la serotonina y las endorfinas que segrega mi cuerpo gracias al amor, me hacen sentir bien, me llevan a un estado de ilusión, aceptación y apego.
  • Ira 20%, disminuye la producción de cortisol por lo que se reduce mi nivel de estrés pero es que a la vez aumenta mi nivel de testosterona lo que hace que se dilaten mis vasos sanguíneos y se me acelere el corazón. Es esa sensación de pasión, de deseo.
  • Miedo 10%, entran en juego la dopamina, la serotonina y la adrenalina, es el anhelo, esa pequeña zona de incertidumbre que se crea cuando dos personas están acercándose para darse un beso.

Esta podría ser la mía pero, existen muchas otras variables, porcentajes, formas de sentir y de amar. Porque, seamos claras, el amor no es sólo una cuestión de química, si así fuera, hace años que las farmacéuticas se habrían lucrado con la pastilla de la ruptura y/o el desamor.

Ante una relación tóxica, nos tomaríamos el jarabe del desapego y adiós muy buenas. Es más, se podría dar incluso el efecto contrario y podrían vender los filtros del amor, las pociones del enamoramiento.

Pero no.

¿Por qué no existen las pociones para enamorar?

Porque además de la química, existen las redes del amor, redes neuronales para ser más exactas. Alrededor del amor se crean una serie de comportamientos que afianzan esa sensación de bienestar.

Todas hemos visto un tropel de memes en las redes sociales que ejemplifican algunos de ellos.

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Y como éstos ejemplos podemos encontrar cientos. La cuestión es que no son solo las miradas, las muestras de afecto como rozarse las manos, acariciar el pelo o guiñar un ojo las conductas que refuerzan la bioquímica del amor. Existen muchas otras algunas sutiles y otras evidentes.

¿Y de qué van a depender?

Pues de numerosas variables, vivimos en una sociedad muy compleja, que ha llevado hasta límites insospechados las formas de tortura, humillación y dolor. Y las relaciones humanas no están al margen de esta experimentación. Existen toda clase de parafilias, prácticas sexuales y relaciones basadas en la dominación.

Nuestras relaciones de hoy se basan en nuestras experiencias del ayer.

Nada más nacer se genera el vínculo más fuerte que existe entre la madre y su cría. Es una poderosa estrategia de la naturaleza para garantizar el éxito de supervivencia. Pero la bioquímica no es la única que entra en juego, también se compone de las conductas propias del apego: miradas, contacto, olores, cuidado y cariño.

Cuando fui madre por primera vez y por fin, pude tener a mi bebé en brazos pensé: esto sí que es amor verdadero. (Tened en cuenta que yo ya creía que estaba viviendo una relación de amor verdadero con mi hombre).

¿Significa esto que todas las madres lo sienten así?

No.

Existen numerosas circunstancias que pueden romper o dificultar este momento: un embarazo no deseado, un parto instrumentalizado, la separación de madre y bebé, la obligación de ser madre, una depresión posparto, etc.

¿Significa esto que si sufres alguna de estas circunstancias quieres menos a tus hij@s?

No.

Significa que cada experiencia y sentimiento son únicos, y deberían estar libres de juicio. Significa que cuando explico esto en parte, lo cuento desde mi propia experiencia y en parte, desde la ciencia y los experimentos que se han llevado a cabo (algunos realmente crueles y faltos de empatía, por cierto).

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Como te decía, el amor se fragua en nuestros primeros años de vida y en las experiencias que vamos acumulando entorno a las figuras de apego que tenemos, para algunas personas será su madre, para otras su padre, una abuela, una tía o la niñera.

Existen numerosos artículos y estudios sobre este hecho: Las experiencias vividas en la infancia crean patrones de comportamiento que afectan a nuestras relaciones sociales en la vida adulta, entre ellas, las de pareja.

Y es que este es el otro quiz a tratar, los tipos de amor. Porque el amor, tiene tantas formas de expresión como matices. Desde el amor romántico hasta el amor al arte, existen universos y multiversos de amores, pasiones, deseos y anhelos.

Y así desgranamos el amor, hablando de: apegos, afectos, vínculos, cariño, comadreo, camaradería, compañerismo, amistad… Por eso, decimos que el amor es el motor del mundo. Porque es el amor el que nos impulsa a ampliar nuestra zona de confort, a explorar nuevos caminos, a crear puentes, a saltar hacia lo desconocido.

Es el amor ese sentimiento que nos vuelve mejores, empáticas, valientes, incansables, esperanzadas, imparables. Nos gusta estar ahí. Y quizás, esa es también la cara oscura del amor: la que nos hace vulnerables y confiadas. La que nos llega a convertir en dependientes de un amor tóxico, de una relación violenta, de una conducta obsesiva.

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Es aquí en donde nuestros referentes, nuestro autoconcepto y nuestra autoestima juegan un importante papel para sentirnos personas empoderadas, dignas de atención y cuidados, por el simple hecho de existir. Saber que merecemos que se nos trate con respeto y cariño es la base sobre la que se construye cualquier relación, repito: cualquier relación.

Y aún así, nadie nos puede asegurar al 100% que jamás nos hará daño, que siempre seremos lo primero en sus vidas, que el afecto será suficiente, que el amor será eterno, que la pasión siempre permanecerá intacta, a veces, el amor no basta.

Aunque, yo creo que el amor siempre es un buen comienzo, un primer paso (que es el más difícil) y también creo que el amor es la mejor cura para el alma.

Porque el amor sana.

Porque el amor perdona.

Porque el amor libera.

Atardecer

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Yo quise ser directora de cine

Sí, con 10 años me regalaron un vídeo VHS. La primera película que grabé en él fue: Con faldas y a lo loco de Billy Wilder. Creo que es la película que más veces he visto en mi vida, no sabría decir cuantas.

El cine es una de las pasiones que heredé de mis padres. En mi casa había miles de películas: primero en cintas VHS, después en DVD y finalmente en streaming. Ahora ya casi no grabo nada. ¿Para qué?

Con 22 años tuve la oportunidad de mi vida: trabajé en una película, en una de verdad: El lápiz del carpintero de Antón Reixa. Allí me enamoré del proceso, del rodaje, de los ensayos, hasta los momentos de conflicto eran emocionantes. En aquella época estaba estudiando el ciclo de Imagen y Sonido, así que cuando mi jefe directo me propuso irme con él a Madrid a trabajar, le dije que no: que tenía que terminar mis estudios. Ese fue un tren que no volvió.

No fue fácil dejar pasar esa oportunidad, muchas personas piensan que soy impulsiva, temperamental y de pronto fácil pero, en realidad no lo soy. Soy muy racional, me pienso las cosas muchísimo, tengo en cuenta muchas variables cada vez que tengo que tomar una decisión: lo que pasa es que lo hago rápido.

Así es como surgió la oportunidad de hacer este corto: En crudo. La idea surgió en mi cabeza tras leer la convocatoria de un concurso de microcortos sobre la maternidad, cuya duración máxima debía ser un minuto. Así que hablé con unas colegas y en dos días teníamos todo organizado, en una tarde lo grabamos y en otra lo montamos.

Así fue: rápido. Pero nada impulsivo. Todo medido y meditado.

Tengo que decir que cree esta historia mucho antes de ser madre. De hecho, la idea de ser madre estaba totalmente descartada en mi conciencia. Yo quería dedicarme al audiovisual, mis bebés serían obras de arte y entretenimiento. Trabajé muy duro durante años en un mundo muy masculino y lleno de ego.

Quizás por eso me gusta debatir con adolescentes, porque están llenos de inmediatez, conflicto, ego y en una búsqueda permanente de su lugar en el mundo. Yo he estado así durante mucho tiempo, aunque ahora me sienta muy diferente, aún no lo he olvidado. Les comprendo y les respeto. tal vez si yo fuera adolescente ahora querría ser youtuber.

Pero a lo que iba, un corto no me hace ser directora de cine.

Un libro no me hace ser escritora.

Un cuento no me hace ser ilustradora.

Maico, un compañero de aquella época, me lo decía constantemente: todos tenemos un corto en un cajón. En el audiovisual muy pocos llegan, y mujeres menos añado. Os voy a explicar porqué.

Hoy, en el día de la mujer y la niña científicas, me parece oportuno explicar que ser mujer y mandar es más difícil que ser hombre y dirigir. Es más complejo porque no se nos respeta igual, nuestras decisiones son más cuestionadas, nuestras opiniones se infravaloran, nuestros esfuerzos deben ser dobles para puntuar la mitad.

Yo quería ser directora de cine pero es que una película cuesta mucho dinero, y requiere tomar decisiones rápida y eficazmente, cada segundo de espera cuesta mucho dinero, es necesario aguantar esa presión. Con razón muchos directores tienen fama de malencarados, amargados y con mucho genio. Cada vez que alguien te cuestiona: pierdes dinero.

Jose Luis Borau me explicó una vez que cada vez que hacía una película la mayor parte de la financiación la ponía él, hipotecando su casa. Y que eso le había costado muchas discusiones con su mujer. Pero que lo hacía porque era la única manera de hacer la película que él tenía en la cabeza.

Si esto le sucede a un hombre respetado y admirado, imaginad a una chica joven. Para mí, mujeres como Isabel Coixet o Iciar Bollain merecen una ola, aunque no me gusten sus películas. Que alguna me gusta, pero es que me las imagino ahí: en el meollo, con un equipo de casi 100 personas esperando a que tomen una decisión (o 1000 decisiones): en esta marca o en esta otra, el movimiento de la cámara hacia adelante o con un zoom, el rizo de la actriz principal a la derecha o a la izquierda, rápido que se nos va la luz y luego en postproducción habrá que corregir el color, etc, etc, etc.

Y es que hay que coordinar a mucha gente, todas importantes, todas tienen su función de vital relevancia, ninguna es prescindible porque si lo fuera: no estaría, que cuesta dinero. Yo trabajaba como técnica de sonido: meritoria, pertiguista (microfonista) y jefa de sonido. Lo dejé. Estaba harta. A nadie le importaba que mi trabajo fuera una chapuza.

Los directores, y directoras, estaban siempre pendientes de la luz, la cámara y la actriz pero el sonido les importaba poco o nada. Parecía que hacían películas mudas. Pensaban que todo se puede solucionar en el montaje: y no. Si yo hubiera sido directora de cine os aseguro que mis películas se oirían que lo flipas. Jamás planificaría una escena de diálogo en un sitio con un eco de 7 segundos o en medio de una calle llena de tráfico y gentío.

Total, que al final, no me convertí en directora de cine, ni tampoco en jefa de sonido de películas, pero sí que grabé un corto, y hoy lo he sacado del cajón.

castañas

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Mar en calma

La calma no es una emoción

Pues no. Podemos estar en calma pero en realidad no se trata de una emoción.

¿Qué es entonces?

Pues yo diría que es un estado de equilibrio, de equilibrio emocional.

Esto significa que las emociones que sentimos están apaciguadas o equilibradas entre sí. No existe una que destaque sobre otra.

Esto no implica una ausencia de emociones.

No sentir nada, sentirse vacía, son estados muy diferentes.

En realidad son sentimientos que beben de emociones básicas como la tristeza, el asco o el miedo. O incluso, pueden ser estados provocados por un bloqueo emocional. En cualquier caso, la calma no es una emoción.

La calma es un estado de “silencio” interior, es ese lugar al que volvemos después de una emoción intensa. Es un refugio.

En nuestro día a día, vivimos multitud de actividades que nos provocan todo tipo de emociones y sentimientos. Muchas las vivimos en el momento pero otras las acabamos “silenciando” y en algún momento resurgen. La calma nos permite transitarlas. Nos permite hacer este viaje emocional.

Es evidente que cada persona vive sus emociones de diferente manera e intensidad. Pero todas, sin excepción, necesitamos momentos de auténtico silencio emocional.

¿Cómo logramos este equilibrio?

En el mundo de la educación emocional he leído todo tipo de técnicas, métodos y dinámicas (y las que me faltan) para el control emocional, en realidad la palabra control nunca me ha parecido adecuada en este contexto, ya que, en realidad, no se trata de controlar las emociones, sino de ser capaces de gestionar las reacciones y/o comportamientos que las emociones provocan en nosotras mismas.

La emoción no es controlable. Sentimos lo que sentimos. Podemos dominar nuestras reacciones, nuestras conductas, incluso nuestros gestos pero las emociones harán su transición interna, liberarán las hormonas implicadas y nos harán sentir, sí o sí.

Casi podría aventurarme a decir que la calma consiste en un equilibrio hormonal.

Existen numerosos entrenamientos para alcanzar ese estado de paz. La humanidad ha dedicado mucho tiempo a reconocer este estado y ha inventado: la meditación, la oración, el yoga, el deporte, la música, la danza, el arte, la poesía, las técnicas de respiración profunda, la aromaterapia, la acupuntura, la fisioterapia, etc, etc y etc.

IMG_3503Diría que las técnicas de relajación y/o concentración son infinitas, y que las actividades para recuperar la calma también. Cualquier actividad que nos permita soltar tensión, que nos permita expresar nuestros sentimientos o emociones, que nos devuelva el silencio interior podría decirse que es una técnica de relajación.

No siempre hablamos de una actividad que nos guste, existen numerosas aficciones que nos llevan a estados emocionales diversos: alegría, miedo, enfado, asco o tristeza y que, sin embargo, nos gusta vivir esa experiencia.

La calma es ese estado que buscamos y que en muchas ocasiones, simplemente, necesitamos porque nuestra vida se ha convertido en una auténtica montaña rusa y parece que es imposible bajarse de ella. La buena noticia es que todas tenemos la capacidad para regresar a ella.

Busca tus actividades. Esas que paran el “ruido”, no existen sólo unas concretas. Tú sabes cuáles son las que te sirven a ti, la meditación no siempre es la mejor opción, no es la única opción. A lo mejor para ti la actividad más adecuada es la calceta, o ir a la piscina, o disfrutar de una ducha larga, o dar un paseo. Tú eres quien mejor sabe distinguir qué actividad te devuelve al equilibrio.

La calma no es una emoción

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Las 3 puertas del autoconocimiento

Cuando me preguntan cual es mi libro favorito, no tengo dudas, aunque sea una ávida lectora, y me gusten innumerables títulos, siempre respondo: “La historia interminable”. ¿Por qué?

Aparte de que sea una historia llena de detalles, de personajes fascinantes, de aventuras intensas y una narrativa que engancha. La razón de mi respuesta es otra. “La historia interminable” es un cuento que nos lleva a un viaje de autoconocimiento y aceptación personal.

Más allá de las incontables metáforas, es un libro para superar crisis vitales, para reencontrarte contigo misma cuando dudas hasta de tu propia existencia. Y es ahora cuando quiero hablarte de las tres puertas que atraviesa Atreyu para poder preguntar a Uyulala (El oráculo del Sur) cómo puede curar a la Emperatriz infantil y así parar el avance inexorable de la nada.

Existen otros muchos símiles dignos de mi análisis pero, parafraseando a la propia historia: “de eso te hablaré en otra ocasión”.

La primera puerta (El gran Enigma): Atreyu debe superar el miedo que le provocan las esfinges gigantescas que vigilan la entrada. Son unas criaturas tan hermosas como atemorizantes. Te hacen sentir una mezcla de horror y fascinación.

Esto es algo que nos pasa durante una crisis vital. ¿Por qué?

Una crisis es un proceso de cambio, y eso nos produce vértigo pero también esperanza. Lo primero que hacemos entonces es ponernos bajo la mirada crítica, ya sea exterior o interior, algunas personas son capaces de pasar esa fase, y otras no. Algunas personas se quedan presas en el remordimiento, la culpa y/o el rencor.

Para atravesar la primera puerta del autoconocimiento tienes que superar el miedo. Bueno, no un miedo, no. Muchos y variados. Aquí la variedad es tan extensa como diversas somos las personas.

La segunda puerta (El espejo de la verdad): Atreyu debe superar ver reflejadas sus peores sombras. Ver lo peor de sí mismo. Y abrazarlo.

Tras un primer análisis, llega esta fase tan escabrosa, no nos gusta ver esa parte: la parte oscura, la cruel, la reptiliana, la salvaje, la pesada, la cobarde, la egoísta, la cansada, la fría, la ladrona, la mentirosa, la traidora, la débil, la vulnerable, la perdida, la confusa, la impía, la hambrienta, la enferma, la putrefacta. Es difícil verla pero más aún aceptarla.

Para superar la segunda puerta del autoconocimiento tienes que hablar a esa parte, dialogar con ella, comprenderla, explorarla, perdonarla y finalmente: integrarla.

La tercera puerta (La puerta sin llave). Atreyu debe abandonar todo deseo de querer atravesarla. Pero necesita imperiosamente hacerlo para salvar su vida y la de su mundo. Necesita respuestas.

Por último, necesitamos respuestas, algunas muy complejas, en toda crisis resuena al menos un ¿por qué? Pero uno muy importante, uno que se te pega como auténtico engrudo. Ese es el que te quita el sueño, la paz, el hambre y hasta la salud. Te deja inhabilitada hasta que das con una respuesta mínimamente viable. Lo paradójico es que ninguna respuesta te va a llevar a dónde necesitas.

Para superar esta última puerta necesitas despojarte de todo. Saber que la única manera de encontrar respuestas es dejar de buscarlas. Necesitas parar. Sin duda es la imposible. La que suele requerir ayuda. La que nos sume en un estado de ansiedad o depresión. Y es en este punto, en el que mantener el foco en el lugar adecuado, será la llave para abrir la puerta.

Y hasta aquí la aventura de hoy. Espero que estas pequeñas pinceladas te hayan servido para arrojar algo de luz en la encrucijada en la que estás. Atreyu no terminó ahí su Gran Búsqueda pero fue el punto clave para enganchar a Bastian, llevarlo hasta la Emperatriz infantil y salvar Fantasía. Es decir, es el momento en el que logra su objetivo aunque no sea consciente de ello.

Si no has leído el libro no temas los “spoilers” de este artículo porque te garantizo que este ni es el final, ni lo que te he contado te va a desmontar la historia, al contrario, es posible que la leas con otra interpretación más allá del cuento infantil.

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Cielo

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El duelo en la infancia

Vivimos inmersas en una sociedad que tiende a ocultar a la infancia cualquier aspecto relacionado con la muerte, y lo hacemos desde la buena intención, desde el cariño y desde la convicción de que ocultar el tema va a evitar un mal trago, o un trauma.

Sin embargo, la experiencia de la educación emocional nos indica algo muy diferente. las experiencias dolorosas (emocionalmente hablando), se transitan o se bloquean. Siendo la primera opción la más saludable. Porque cuando bloqueamos una emoción tarde o temprano, resurge (y no viene atenuada).

Duelo en la infanciaAdemás nuestras niñas (y niños) son expertas en leer nuestro lenguaje no verbal. Esto significa que pese al esfuerzo considerable de controlar nuestros sentimientos, van a notar que nos pasa algo, que estamos tristes, enfadas, nerviosos, etc. Y como no van a saber porqué, van a pensar que es por ellas. Rápidamente asocian nuestro estado emocional a algún tipo de conducta o comportamiento propio.

Es por esto que hablar mucho de lo que sucede, o ha sucedido, les va a ayudar a comprender que tu estado emocional no es su responsabilidad, y que si lo que ha pasado les ha afectado directamente, pueden integrar más rápido sus propias emociones y sentimientos.

Es probable que parezca obvio lo que te voy a explicar ahora pero cuando digo que debemos hablar mucho, me refiero a hablar desde la honestidad y la sinceridad, sin inventar, ni fantasear. Con un lenguaje adaptado a su edad por supuesto. Esto implica explicar la realidad de manera sencilla y sin mezclar ideas culturales o religiosas.

Aunque a las personas adultas nos puedan consolar, ayudar y sostener estas creencias pueden generar miedos infundados en los más pequeños, o grandes dudas sobre el funcionamiento de la realidad.

Aunque nos cueste hablar sobre la muerte de un ser querido, hacerlo en familia es reconfortante para todos sus miembros. Al fin y al cabo, es la forma de crear un espacio seguro de expresión emocional. Y qué mejor entorno que nuestra familia.

De hecho, recordar a los seres queridos alivia el sentimiento de pérdida porque nos acerca, nos permite empatizar de manera sencilla con nuestros seres queridos, genera cercanía.

En 2018 falleció mi padre, y fue un suceso muy doloroso. Una de las herramientas que más empleo en mi trabajo de acompañamiento emocional son los cuentos, así que para superar el mal trago, revise, busqué y compré varios cuentos de duelo, o que hablaban sobre la muerte. Ninguno me encandiló. A todos les encontraba algún pero ¿por qué?

En primer lugar, la mayoría estaban protagonizados por animales, en general los niños (y niñas) más pequeños se identifican mejor si los personajes protagonistas son niños (y niñas). Algunos pueden pensar que animales y personas se mueren de maneras diferentes.

En segundo lugar, una gran parte de ellos se centraban en el acto de morirse pero no en el duelo posterior, por lo que no cubrían la parte del proceso que me interesaba.

En tercer lugar, muchos de ellos manejaban ideas religiosas o culturales que, como ya he dicho, pueden confundir o generar miedos en nuestros peques. Más que nada porque suelen ser muy literales en su comprensión de la realidad, y pueden pensar que se están comiendo a sus seres queridos, o que se les van a caer encima porque están en el cielo, o cualquier otra cosa similar que les acaba generando preocupaciones.

Y en último lugar, muchos tenían un tamaño, forma o hechura que los hacía difíciles de manejar o trasladar para mis peques, sobretodo para la pequeña que en aquél entonces tenía poco más de 3 años.

Es por esto que he creado un cuento de duelo para acompañar a las familias en este proceso que podéis adquirir en este  enlace o en este enlace (versión en galego).

El ciclo de la vida
El ciclo de la vida

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Trabajar el apego

Pues sí, el apego se trabaja, se cultiva día a día, noche a noche. El apego seguro claro. El otro no hace falta, el apego inseguro viene dado cuando simplemente no nos preocupamos, o sólo lo hacemos a veces.

Pero, ¿qué es preocuparse exactamente? ¿Acaso no se preocupan todas las madres y padres por sus peques?

Sinceramente, no creo que haya una buena respuesta, en estos casos suelo ser prudente porque existen todo tipo de familias. Hablemos entonces de lo que podemos considerar lo más habitual. En general, todas las familias nos preocupamos por nuestres peques. Les aportamos seguridad, les damos cobijo, alimento, consuelo, educación y cariño en la medida de nuestras posibilidades claro.

En ocasiones, nos sentimos desbordadas o superados por las circunstancias, por la fase del desarrollo en la que están, por las dificultades con las que nunca contamos (porque eso siempre les pasa a las demás). O lo que sea.

Es entonces cuando descuidamos el apego. Nos han enseñado a resolver. Solucionar problemas. Y además, ya. Cuanto antes mejor. Yo lo hago mucho, soy una de esas personas resolutivas, con iniciativa y además, bastante eficaz. No siempre claro.

Pero resolver problemas no suele funcionar en estos casos. Porque el cansancio emocional es el peor de todos. Te deja exhausta. Y además entran en juego nuestras creencias y nuestras expectativas, que no siempre van acordes a nuestra realidad.

El apego requiere presencia. El apego requiere concentración. Límites. Respeto a los tiempos. Paciencia.

Así que, cómo resuelvo este problema: mi hija me hace la estrella de mar cada vez que nos vamos del parque. (O cualquier otro relacionado con un proceso madurativo). Pues con presencia, observación y paciencia. Nada más.

Mi hija llorando.
Mi hija llorando.

¡Pues vaya! ¡Menudo consejo! Eso no me sirve. Ya he hecho eso y lo sigue haciendo.

¿Seguro? Vamos al parque, a ver qué pasa.

Llegamos. La niña juega tranquilamente.

La madre (espero que con el tiempo me llamen más los padres) me explica la rutina habitual. Me cuenta cómo suelen pasar el día y qué hacen, cuándo lo hacen, cómo lo hacen.

Bien. ¿Estás lista? Sí. Pues haz lo que suelas hacer cuando os vais del parque. La niña está jugando en el arenero con unas piedritas y una muñeca. Muy concentrada.

La madre se acerca, se agacha, se pone a su nivel y con mucho cariño le dice:

_Cariño, ahora nos tenemos que ir, recoge tu muñeca y vamos.

_No.

_Veo que lo estás pasando bien pero ahora vamos a casa.

_No.

Aquí la madre ya se ha cansado de estar acuclillada y se levanta. _Venga vamos.

_No.

_A ver cariño, en casa jugamos a algo que te guste (aquí el tono de la madre se nota suplicante).

_No.

_Mi amor, nos tenemos que ir ya (el tono empieza a contener cierto nerviosismo).

_No. No quiero.

Así, continúa la negociación hasta que la madre ya está enfadada, agarra a su hija por el brazo y es ahí cuando la niña se tira al suelo y hace la estrella de mar.

_¿Lo ves? Así todos los días.

Bien. Creo que esta escena se repite mucho en los parques, centros comerciales, calles, plazas y lugares comunes.

A veces sin estrella de mar, a veces con gritos, en ocasiones dura unos segundos y en muchas otras unos minutos.

La cuestión aquí es que habrá veces que podremos evitar ese momento de tensión pero otras veces, no.

Y cuándo no podamos. Todo lo que podemos hacer es ignorar la conducta.

Ojo: la conducta.

Al peque hay que hacerle caso.

Hay que estar ahí.

Centrarse en su mirada.

Estar.

Observar.

Escuchar.

Por experiencia propia sé que suele ser más difícil no hacer nada que reaccionar.

Por eso, esta semana te ofrezco la oportunidad de aprender. De aprender a trabajar desde la calma.

Aprender a no reaccionar cuando la situación lo requiera y aprender a tener iniciativa cuando sea necesario.

La educación emocional es la piedra angular del autocuidado personal. Y yo voy a ayudarte en ese proceso de autoconocimiento.

¿Cómo?

Con mi curso online Entendiendo las emociones en version self-study por sólo 47 €. Sólo hasta el cyber Monday 2 de diciembre de 2019.

En él encontrarás 6 módulos llenos de ejercicios prácticos para tu día a día, para entender cómo funcionan las emociones y cómo adquirir las habilidades sociales necesarias para vivir desde la calma.

¿Te apetece?

Ven ahora.

Tips para organizar mejor tu vida familiar

La vida da muchas vueltas y además está llena de imprevistos, nos solemos dejar llevar por las inercias y los ritmos de trabajo son cada vez más acelerados. En medio de este caos, la vida familiar muchas veces se ve arrastrada por esta diligencia.

Comenzamos el día con prisas, llegamos al trabajo, al centro educativo o a donde sea con más prisas todavía y acabamos el día con la lengua fuera.

"Je me sens un peu déprimée, docteur", "Faites du sport!" "Estoy algo deprimida doctor", "Haga deporte!"
“Je me sens un peu déprimée, docteur”, “Faites du sport!” “Estoy algo deprimida doctor”, “Haga deporte!

 

Para escapar a este ritmo frenético y el estrés que lleva implícito hoy te traigo unos breves consejos que espero que te ayuden a organizar tu día a día con calma y enfoque.

1. Prioriza: sí ya lo sabes, te lo dicen en todas partes. Pero es que es la piedra angular. El tiempo que inviertes en un proyecto no lo puedes dedicar a otro.

Si dices que tu familia es lo primero y luego trabajas 60 horas semanales, te estás engañando a ti misma. Tu prioridad es tu trabajo. Y si es lo que realmente quieres está bien así; tu familia puede ser tu segunda prioridad en la lista pero mejor que seas sincera contigo misma.

Pero decir lo contrario es autoengañarte y eso te hará sufrir porque muchas veces te encontrarás pensando que deseas estar en otra parte. Esto me lleva a mi segundo consejo.

 

2. Conócete: saber cómo funcionas, cuáles son tus ritmos, tus momentos de mayor actividad, tus momentos de bajón, cuáles son tus deseos, anhelos, miedos, etc.

Te va a servir para establecer mejor tus prioridades y planificar con eficacia tu día a día y tus horarios.

Así, por ejemplo, si te cuesta madrugar podrás organizar las mínimas actividades/tareas imprescindibles por las mañanas; si tu momento de mayor actividad mental es a las 22.00 de la noche podrás organizarte para poder aprovechar ese momento; y si tu cuerpo necesita una siesta procurarás dejarte un hueco después de comer sin ningún tipo de compromiso.

 

3. Simplifica: si algo he aprendido de Marie Kondo es este concepto. Tener muchas cosas implica gastar más energías en cuidarlas, almacenarlas, ordenarlas y limpiarlas.

A más tiempo empleado en las cosas menos tiempo empleado en las personas. Y con nuestras actividades también pasa. A veces ocupamos cada hueco de nuestra agenda con miles de actividades, y no es necesario.

Está bien parar. Lo que enlaza con el cuarto tip.

 

4. Descansa: sí, descansar es vital. Planifica tus descansos.

Date tiempo a ti misma de no hacer nada.

De respirar.

Dormir.

Pasear.

Cualquier actividad que libere tu mente: algunas personas van a nadar y otras meditan.

Encuentra tu momento y agéndalo.

Respeta tus horas de sueño.

¿Y cómo lo hago? Puede que ahora mismo te veas desbordada por el día a día, por las circunstancias, o porque tienes la agenda que echa humo. Y es muy lógico que saques tiempo precisamente de tu descanso. Pero esto hace que siempre vayas sin energía, apagando fuegos, con el estrés a tope. ¿Realmente quieres vivir así?

 

5. Delega: lo sé, es complicado. En nuestro mundo la conciliación no es más que una palabra bonita.

Y lo que no podemos hacer por nosotras mismas cuesta dinero, o favores.

Por eso, en todos mis artículos, te digo que crees redes, que pidas ayuda a tu familia o a tus amistades. Es importante y da calidad de vida.

Cuando tu vas de culo: pides ayuda y cuando estás desahogada: la ofreces. Para eso están la familia y las amigas (y amigos, claro). Evidentemente es necesario mantener un equilibrio, ni es sano estar siempre pidiendo, ni tampoco estar siempre dando.

Y al hilo de todo esto te quiero recomendar que le eches un vistazo a la entrevista que realicé la semana pasada a una gran compañera que sabe mucho de organizarse y planificarse, ella es IBLBC (asesora de lactancia internacional) y madre de gemelos, de dos parejas de gemelos para ser más exactas. Ella es Gema Cárcamo y además de emprendedora y madre, es también una gran persona. Te dejo aquí la entrevista, en la que hablamos precisamente de esto, de cómo organizar nuestro día a día.

Entrevista a Gema Cárcamo

Si tienes ganas de saber más sobre Gema y su labor puedes visitar su página web y te recomiendo su canal de podcast que es genial.

Espero que te haya servido de ayuda y que tu vida sea plena y significativa, la sociedad ya se encargará de complicarla. Mejor estar preparada para ello.

 

el mar
El mar en A Coruña

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