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Llorar o no llorar: esa es la cuestión

Cuando salíamos de entregar la carta a sus Majestades de Oriente, detrás venían dos mamás con sus respectivos carritos, en uno de ellos venía un bebé de unos 18 meses llorando desesperadamente. La conversación entre ellas fue descorazonadora e inquietante:

Mamá 1: qué le pasó?
Mamá 2: nada, que tiene mamitis!
Mamá 1: mujer estará cansado, tanto ruido y tanta gente…
Mamá 2: de eso nada, todos los días igual, mamá para todo y a todas horas y si no venga a llorar, estoy harta. Es un pesado. Un llorón.

Y a mí se me rompía el corazón de oírlo llorar así. Se lo digo a mi marido. Y la conversación fue más o menos así:

Papá: Es tu hijo?
Yo: No pero, me da pena igual.
Papá: Pues que no te dé. Si a ella no le afecta a ti tampoco. Cada uno decide en su casa.
Yo: Si a ella no le afecta el llanto desesperado de su propio hijo, el de los demás mucho menos.
Papá: exactamente.

Entonces me pregunté: El método Stivill es responsable de la falta de valores de nuestra sociedad?

Si no somos capaces de empatizar con el sufrimiento de nuestro bebé porqué íbamos a empatizar con nadie?

Qué tipo de sociedad queremos? Qué tipo de personas queremos? Si siento que soy una molestia y un estorbo para mi madre y que no tengo modo de comunicarme con ella, en quién voy a confiar cuando crezca?

Para qué tienen hijos e hijas algunas personas?

No alcanzo a comprender cómo alguna gente es capaz de informarse y contrastar opiniones, pensar y tomarse el tiempo necesario para decidir el color de las paredes de su casa pero luego decide tener un bebé sin sopesar las responsabilidades que tendrá que asumir.

Y así nos va… En esta sociedad tan igualitaria y desarrollada cualquier forma de criar que implique querer estar con tu bebé, llevarle a todas partes e integrarle en tus ritmos y modos de vida se convierte en un acto transgresor, en una reivindicación de la visibilización de la maternidad.

Y así, somos las madres que no dejamos llorar a nuestros bebés las que tenemos que dar justificación de todo lo que hacemos, rendir cuentas de todo lo que decidimos, explicar cada cariño y expresión de afecto.

Y sin embargo, quienes ignoran los llantos son objeto de loa y ensalzamiento. Heroínas y perfectas!

Para mí tan sólo son el símbolo de una sociedad enferma, cuya única cura es la visibilización del afecto, del amor, de lo bueno de la vida.

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