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Los templos del capitalismo neoliberal

Cada vez que entro en un banco tengo esa sensación de estar en un sitio al que la gente va suplicar. A rogar al Dios capitalismo, que por favor me conceda el honor de manejar mi dinero.

El otro día tuve que ir a una sucursal de un banco en el que no tengo cuenta, a hacer un ingreso. Y después de hacer una cola de 30 minutos con mi bebé. Me dicen que no puedo. Que me tengo que ir al cajero a hacer otra cola.

Entonces, respondí: pero no soy cliente vuestra, no tengo cuenta. Pues que da igual, señora… Le da usted a operar sin tarjeta y búsquese la vida…

Menuda atención al cliente! Os imagináis esa respuesta en cualquier otro negocio?

Una peluquería en la que tú mismo te cortes el pelo!
Una juguetería en la que tú misma te empaquetes un regalo!
Una tienda de moda en la que tú misma te subas el bajo para el arreglo del pantalón!
Un fontanero que llega a tu casa y te suelta: venga va: aquí tiene las herramientas y el tablet siga sus instrucciones!

Algo así sólo se lo puede permitir un templo porque un negocio cualquiera o un autónomo se iría a la ruina a la primera de cambio.

Así es el sistema patriarcal: le importan poco o nada, nuestras circunstancias y necesidades, si no nos adaptamos a sus reglas del juego, quedamos abocados a la marginación y la exclusión social.

El dinero, dinerito… Todo negro, sucio e impío! Todo lo corrompe! Todo lo estropea! Nos enferma y carcome!

Claro que no podemos vivir sin él pero, al menos deberíamos darle el lugar que le corresponde: justo detrás del respeto y la dignidad humanas.

Reclamemos por escrito. Alcemos las voces, sin nuestro dinero no son nada!
Sin nuestras cuentas: quebrarían.

O acaso estamos dispuestas a que el capital esté por encima de nuestro bienestar? Y el de nuestras familias!!

Hoy sin ir más lejos he leído el alegato neoliberal de Carmen Posadas en contra de la lactancia materna y la crianza responsiva, claro que no me sorprende: qué puede defender la esposa de un banquero? Pues eso mismo: que olvidemos nuestros instintos, nuestros deseos maternales, nuestras formas de entregarnos a la crianza y sacrifiquemos nuestras vidas al liberador capital. Y todo bajo el trasnochado discurso de que la lucha feminista consiste en realizarnos única y exclusivamente a través del trabajo, del dinero, del poder, del consumismo…

Pues no. Algunas mujeres no nos sentimos ni realizadas, ni liberadas por el simple hecho de tener un trabajo, una carrera y unos estudios. Algunas mujeres nos sentimos enjauladas entre tantas necesidades materiales, agobiadas y angustiadas cuando nos separan de nuestros bebés: y más a los 4 meses!!

Tal vez, usted, esposa de banquero, viva encantada dejando a sus retoños en un ama de cría… Mientras decide delante del teclado (o le dicta a su asistente personal) su próximo artículo lleno de banalidades y otras cosas sin importancia.
Quizás esté feliz con su carrera profesional y consiga realizarse a través de su trabajo pero, otras mujeres partimos de otras realidades, de otras necesidades…

Vivimos atadas a la tierra, disfrutamos de nuestra familia por encima de cualquier cosa, no tenemos encima la presión del qué dirán… Y somos pura hormona y sentimiento!!

No dudo que para quienes viven inmersas en el neoliberalismo nuestra forma de criar resulte una marcianada, digna de un panfleto cuyo único objetivo es ganar más y más dinero. Pero claro, usted nunca ha tenido que hacer la cola en un banco, con su bebé pidiendo teta. A que no?

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