CENOLOGÍA


Últimamente, no tengo tiempo, ni para escribir, ni para ducharme, ni para casi respirar. Estos momentos, en los que mis peques están en el cole, voy perdiendo el cupo para conseguir hacer todo lo posible y así tener las tardes libres para ellos, para disfrutarlos, quererlos, educarlos y comérmelos.

Pero claro, llevo días leyendo de todo por internet, escuchando de todo en la TV, hablando con otras familias y si no escribo algo coherente al respecto: Reviento.

¿Deberes sí o deberes no?

Voy a empezar por el principio, la educación pública en este país ha cambiado en los últimos 30 años pero, poco y mal.

Si pienso en mi tiempo pasado en el colegio me invade la tristeza, aprendía mucho más con 2 horas de dibujos animados que en 5 horas de colegio. Eso en cuanto a contenidos. ¿Os imagináis si hubiéramos tenido acceso a youtube? 

Y encima, vivía atemorizada la mayor parte del tiempo, aquello era la ley de la selva, por desgracia, en eso poco o nada ha cambiado la vida escolar.

Si ya hace 30 años la educación pública era nefasta, con ratios de 40 y 45 niños y niñas en clase (en la mía éramos 42). Con abusos físicos y verbales por parte de compañeros y profesores. Por desgracia parece que la violencia escolar sigue sin ser una prioridad para quienes hacen las leyes en nuestro país.

Con uno de los índices de absentismo escolar más altos de Europa, y eso tampoco parece importar nada a nuestros legisladores. Y quiero matizar que yo hace 30 años me escapaba siempre que podía del colegio, sacando buenas notas.

Ahora resulta que el foco de atención se ha puesto en los deberes. ¿Por qué?

¿Piensan ustedes, estimados maestros y maestras que las familias nos dedicamos todo el fin de semana a pensar 1001 formas de complicarles la vida y/o hacerles la puñeta? No.

Cuando surge un grupo en Facebook que se llama ¡basta de deberes! Es por algo. 

Es porque las familias nos encontramos con unos niños y niñas que llegan a casa para hacer otra jornada de 2 y 3 horas de tareas escolares. Y eso es un abuso. 

Y además invade nuestros hogares, nuestras rutinas y nuestra vida familiar. Y sintiéndolo mucho: ¡En mi casa mando yo! Y organizó mi tiempo como me da la gana. Y ustedes no son nadie para imponerme contenidos, modos y ritmos sobre mi tiempo libre, ni mucho menos sobre el tiempo de mis hijos o hijas, que son mi responsabilidad: ¡MÍA!

Y si nos gusta pintar: pintamos. Y si nos gusta nadar: vamos a la piscina, al río o a la playa. Y si nos apetece hacer un pastel: lo hacemos. Y si preferimos construir un robot, un avión o la Capilla Sixtina: nos ponemos a ello. Y si una tarde, no queremos hacer nada, pues no hacemos nada, nos echamos una siesta o nos aburrimos mirando al techo (o leyendo burradas en internet).

Hoy, para mí ha sido la gota que me ha colmado el vaso. Pues he leído que un señor, que se llama Rafa Gómez, dice que esta polémica la ha iniciado Ikea con un anuncio en el que habla de Cenología, y que pide menos deberes.

Olé tu ego y tu ignorancia Rafa. Si crees que una multinacional hace sus campañas publicitarias sin hacer un intenso estudio de mercado, vas listo.

El gigante sueco sabe que uno de sus mayores clientes (target) son las familias con hijos e hijas, sabe bucear en las redes para estudiar cuáles son sus mayores intereses y preocupaciones, sabe llamar la atención.

Las familias no somos tan imbéciles como para jugarnos la educación de nuestros peques por un anuncio. Y sabemos perfectamente qué es lo mejor para nuestros hijos e hijas, que para eso tenemos su guarda y custodia.

Algunas familias podemos, y queremos, lo mejor para nuestros peques en lo que a educación se refiere. Algunas familias luchan (porque no les queda más remedio) porque la educación pública esté a la altura de las necesidades de sus hijos e hijas, yo las admiro y las apoyo.

En mi caso, he de confesar que no hemos querido apostar el bienestar de nuestros vástagos y hemos optado por encontrar una escuela respetuosa que, por desgracia, sólo hemos encontrado en la opción privada. Porque en todas las escuelas públicas que hemos investigado siempre hay algo o alguien que chirría: una persona sin vocación, inexistencia de protocolos frente al acoso, una profesora o profesor que chilla o incluso pega (sí, en pleno siglo XXI). No es sólo un problema de ratios, de ley Bert o de falta de apoyo al profesorado. 

Es, sobretodo, un problema de actitud. De motivación. De actualización. De respeto. RESPETO

Las familias no necesitamos gurús o salvapatrias. Necesitamos respeto. Por eso, hemos conseguido fijar ese límite: 

En mi casa mando yo.  

Ni médicos, ni profesores, ni curas.

Hemos cambiado el paradigma, ya no queremos niños y niñas superpreparados, superformales, con expedientes sobresalientes… Esa moto se la vendieron a nuestros padres y a nuestras madres. 

Nosotras ya hemos visto para qué sirven. Nosotras queremos niñas y niños sanos y felices. Enamorados de la vida, motivadas para aprender y cooperar. Con iniciativa y ganas de comerse el mundo.

Y eso, queridos maestros y maestras, no se consigue con deberes.

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