Nuestra primera mochila

En brazos se acostumbran

Cuando nació mi primer hijo también nació en mí la necesidad de cuidarlo como una auténtica leona. Mi parto fue uno de esos partos medicalizados, horribles y traumáticos. De esos en los que entras en una cascada de intervenciones que acaban con tu bebé en la UCIN y contigo destrozada física, mental y emocionalmente.

Pasé una semana en la que lloré mucho. Muchísimo. Algunas personas me dijeron que lo mío era una depresión postparto. Ahora que lo puedo ver en la distancia diría que se equivocaron. Creo que lo mío fue un Síndrome de estrés postraumático tras sufrir un claro caso de violencia obstétrica. Pero esto es otra historia.

A lo que iba, cuando logramos sacar a mi hijo del hospital, decidí que tenía que recuperar mucho tiempo perdido. Y decidí que lo iba a tener en mis brazos todo el tiempo que yo pudiera (mi hombre creo que pensó lo mismo).

Así que nuestro pequeño llegó a casa con dos biberones de leche maternizada artificial que estuvieron 24 horas en la nevera para después irse por el desagüe del fregadero porque mi misión en esos días era tenerlo en mi pecho día y noche. Sin descanso. Motivación máxima.

Así lo hice, (o lo hicimos) y si no estaba en mis brazos estaba en los brazos de su padre. Quiso el destino que tras ocho meses descubriera el mundo del porteo por pura casualidad. Casi sin pensarlo compré nuestra primera mochila; llegó como agua de mayo, porque mi espalda se empezaba a resentir de lo lindo (tengo una doble discopatía lumbar y cervical que de vez en cuando me da la lata). De mi suelo pélvico os hablaré en otra ocasión.

Y así pasamos los días, los meses y los años…

Pero claro, nuestro entorno de aquel entonces era reacio a todo lo diferente. Nos llovían los consejos no solicitados. Las críticas destructivas. Las sentencias sobre nuestra forma de criar. Era agotador. Una lucha constante.

¿Cómo hacer frente a las críticas?

Al principio todo era a la defensiva. Justificando cada paso y cada decisión. Esto era muy cansino. Hacía mella en nuestra autoestima y en nuestra autoimagen. Hacía que dudásemos de nuestras intuiciones y de nuestras decisiones como padres (o madre y padre).

Después vivimos una breve fase de aislamiento, nos retiramos a nuestra “cueva” o dicho de otra manera “hogar”, aunque para nosotros era más un refugio. Tampoco nos duró mucho. Vivimos en una sociedad que exige atención. La familia reclama visitas, pide “favores”, necesita que estés allí.

Finalmente, logramos empoderarnos, sí, no fue fácil. Hemos ido aprendiendo a decir que no. A poner límites. Pero no sólo a nuestros peques, sino a todos nuestros familiares. Porque el tiempo es limitado. La paciencia es limitada. La energía es un bien escaso. Lo que inviertes en una parte no lo haces en otra.

Cuando te empoderas te pasan cosas geniales. Dejas de dar explicaciones. Se despejan las dudas. Pasas de ser un manojo de nervios a ser una persona templada. Cambias tu relación con la autoridad. Dejas de necesitar evadirte a cada rato.

De pronto, te das cuenta de que únicamente tienes control sobre dos cosas: tus pensamientos y en qué inviertes tu tiempo.

¿Y qué tiene esto que ver con la Crianza en Brazos?

Pues es sencillo, leerás en todas partes los beneficios que tiene para tu bebé. Que son muchos. Este viernes 11 a las 11.00 tendré una invitada especial en mi muro de Facebook que nos hablará de todos ellos. (Colgaré la entrevista después para que no te la pierdas).

Pero pocas veces te van a hablar de los beneficios que tiene para ti. Y menos aún te hablarán de la cantidad de creencias limitantes que te van a remover por dentro. Además de la seguridad, de la comodidad y de la libertad que te aporta el porteo.

Criar en brazos te va a cambiar tus estructuras mentales (o no).

  • Te va a permitir mayor control sobre quién se acerca a tu bebé, quién le toca, quién le besa.
  • Te va a generar un gran bienestar poder oler a tu bebé, poder notar su respiración, su latido.

Y eso se traduce en calma y confianza en ti. (Seas madre o seas padre).

De paseo
De paseo

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Colaboración con Be Uniqorn

Ayer tuve el placer de entrevistar a otra compañera emprendedora, Irene Beltrán, que tiene un servicio de traducción y aprendizaje de la lengua inglesa. Ella es otra madre emprendedora online que este viernes ha preparado una fiesta de comienzo de curso con multitud de sorpresas y regalos.

Hablamos de la importancia de acompañar el aprendizaje de otras lenguas como si fueran la lengua materna, de fomentar la motivación desde una perspectiva positiva y empoderante. De lo mal que nos enseñaron a nosotras el inglés y de cómo es posible “rehabilitarnos”. Aquí os dejo la entrevista integra (perdonad los fallos técnicos).

 

Y aquí os dejo el enlace para apuntaros a su Students Nigth

Si queréis saber más de su trabajo podéis visitar su blog

Y si te apetece saber más, ten paciencia que la volveré a traer en otra ocasión. Seguiremos colaborando y tejiendo redes.

dav
Hibiscos en flor

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Lactante distraido

¿Para qué sirven las tetas?

Estamos en la Semana Europea de la Lactancia Materna y me apetece hablar de un tema muy tabú sobre el uso que le damos a nuestras tetas. Voy a dar respuesta a la pregunta: ¿Para qué sirven las tetas?

Puede parecer una pregunta sencilla pero encierra muchos tabúes en nuestra sociedad. Las mujeres occidentales llevamos muchos años, décadas, aprendiendo que las tetas son otro órgano sexual, y en parte así es, algunas mujeres jamás las usarán con otro fin que el de el propio placer sexual.

Sin embargo, la naturaleza le ha otorgado otras funciones de vital importancia para nuestra supervivencia. La principal es la de producir alimento para nuestras crías. Pero no sólo alimento en sí: nutrientes, líquidos, vitaminas, grasas, etc. La leche materna transporta defensas, bacterias vivas, se adapta a las necesidades de nuestro bebé. 

De hecho, durante la lactancia (sobretodo al comienzo, durante la exterogestación) el cerebro de la madre regula la homeostásis de su bebé. Eso significa que hasta las hormonas del bebé están, en parte, reguladas por el cerebro materno. Por tanto, la implicación de la madre en la crianza llega a niveles físicos, psicológicos, mentales y emocionales. Y es algo programado por la naturaleza. Somos mamíferas.

Chapas de la Asociación Teta e Coliño
Chapas de la Asociación de lactancia y crianza Teta e Coliño

¿Y cuál es el problema?

Pues el problema del que quiero hablar es el tabú que existe en nuestra sociedad sobre la sexualidad. Y en concreto, sobre la sexualidad femenina.

Ojo: sexualidad que no sexo. La sexualidad engloba mucho más que el sexo: la amistad, el cariño, el deseo, la pasión, la fraternidad, la camaradería, el aprecio…

Y hablar de esto es tabú.

Y compaginar el amor por tu bebé con el deseo sexual es complejo. Porque nos genera un gran rechazo sentir excitación sexual cuando alimentamos a nuestro bebé. Esto creo que es fácil de comprender pero es realmente difícil de exponer sin tergiversaciones, malas influencias, juicios o exageraciones.

Hace años cuando estudiaba para ser asesora de lactancia, investigué mucho sobre la “agitación en el amamantamiento” y en concreto sobre sus causas. Era un tema tan tabú que hasta mis profesoras evadieron mis preguntas con un: si llega ese momento entonces es momento de destetar.

Así que leí, mucho. Todo lo que encontré al respecto. No fue mucho. Hoy ya puedes leer sobre el tema aquí, aquí o aquí. También leí algún estudio antropológico después de mucho buscar y buscar, pero no daban respuesta a mi pregunta: ¿Por qué sucede la agitación por amamantamiento?

Tengo la teoría de que además del cansancio, o de las hormonas, entran en juego también nuestras creencias culturales. Y es que vivimos en un sistema en el que no tenemos ni educación sexual, ni emocional, ni social.

Y además parece que a nadie le importa. ¿Para qué buscar las causas si podemos parchear los síntomas? ¿Para qué encontrar los orígenes si podemos decir a las madres que no se sientan culpables?

Y es que es lógico que te sientas culpable cuándo sientes un impulso visceral a negarle el pecho a tu bebé, o a tu hija de más de 2 años, o a tu hijo de 4 años. Porque como madre sabes todos los beneficios que le aporta pero como mujer una parte de ti necesita restablecer su sexualidad y las soluciones que te dan apelan al descanso, al destete, a tener paciencia.

Sé que es complicado separar sensaciones. Es difícil mantener separadas la excitación sexual y el placer del amamantamiento cuando la sensibilidad de tu pezón es tan similar. Y ahí estás tú sintiéndote la peor madre del mundo, sin comprender qué pasa, navegando por las soluciones que te dan pero sin profundizar en ellas, no vaya a ser que de pronto conectes con tu mamífera interna y sitúes tu propio placer en el centro de tu sexualidad.

Estamos en la Semana Europea de la Lactancia Materna y el lema de este año es: ¡Empodéremonos! ¡Hagamos posible la lactancia materna! Así que me ha parecido apropiado hablar de este tema: Lactancia y sexualidad, dos funciones de nuestras tetas. Y dos partes importantes de la sexualidad de la mujer. Por tanto, resulta imprescindible hablar de ambas cuando pretendemos un empoderamiento colectivo al respecto, ¿o no?

Manzana caída
Manzana caída

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Familia

Problemas emocionales e instituciones públicas

Llevo toda la semana preguntando en mi muro personal de Facebook sobre problemas emocionales. ¿Por qué?

¿Crres que el sistema educativo/sanitario/judicial está preparado para solucionar problemas emocionales?
Preguntas en Facebook

En primer lugar, porque veo grandes carencias en nuestra sociedad al respecto. Y tal vez sea el momento de llenarlas. La educación emocional está dando gran valor a nuestras vidas, está resolviendo multitud de situaciones, y veo que sería de gran utilidad para todas las familias que “se pusiera de moda”.

En segundo lugar, porque desde hace años veo que lo mejor para solucionar problemas (sean del tipo que sean) de una manera eficaz es trabajar en la prevención. Si evitas el problema, si no lo generas, pues fenomenal: sufrimiento que nos ahorramos todos.

En tercer lugar, porque mientras no exijamos regeneración, mejoras o actualizaciones: el sistema se va a resistir a cualquier cambio. Y sinceramente, está en juego nuestra salud y la de nuestras familias.

Una amiga, muy sagaz, me preguntó: ¿Qué es un problema emocional?

Bien, es una pregunta certera, las palabras sin significado concreto dan lugar a malas interpretaciones y malos entendidos. Es algo que sucede hasta con conceptos aparentemente sencillos y hasta con características físicas como una plaza o un parque; así que sin duda sucederá con un concepto abstracto como “problema emocional”.

Para mí existen diferentes expresiones de un problema emocional.

  • Puede ser que una emoción te embarga y no eres capaz de salir de ella, como por ejemplo la tan temida “rabieta” de un niño de 2 años.
  • Puede ser una emoción bloqueada, que no se ha dejado salir, acompañar o transitar, como por ejemplo esa frustración que sientes cuándo una persona importante para ti te ha dado varios plantones pero tú no le has dicho nada, ni mucho menos mostrado tu malestar.
  • Puede ser una emoción que encubre a otra, como por ejemplo una tristeza que enmascara un enfado o un enfado que está ocultando un profundo asco, y entonces no sabes qué es lo que te está pasando.
  • Puede ser que te han enseñado a poner el foco en el lugar equivocado, durante muchos años, y ahora no eres capaz de respirar sin un amuleto, un placebo o un medicamento, porque lo bueno de la vida queda oculto y sólo eres capaz de ver lo malo, lo peligroso, lo nauseabundo.

En cualquier caso, un problema emocional nos genera desasosiego y malestar. Por tanto, es importante que aprendamos a gestionarlo, solucionarlo, acompañarlo, transitarlo… Existen muchas formas de expresar lo mismo, y dentro del ámbito de las emociones podemos emplear cualquiera de estas formas. Pero al final, lo realmente importante es que tú y yo necesitamos ayuda muchas veces y vamos como pollo sin cabeza: rebotando de un lugar a otro, sin saber a quién acudir.

Porque las instituciones (sean de la titularidad que sean: públicas, privadas o concertadas) no están dando soluciones efectivas a nuestros problemas emocionales. De hecho, como muchas personas han comentado, “en multitud de casos se dedican a generar más”.

Y aquí es cuando un problema se convierte en la Odisea de Ulises. Porque resulta que tu hijo llora cada mañana para ir al colegio, o más bien para no ir. Y hay días que hasta se aferra a la pata de la cama. Y tú te desesperas.

Y tu pareja se desespera.

Y vas a hablar con el tutor: “Nada. Aquí está todo bien”. “Es cosa vuestra. Lo tenéis sobreprotegido”. “Está muy mimado. Os torea”. (Pon aquí la frase que más te convenga)

Y aquí empieza una cascada interminable de conflictos.

Uno se fía del criterio ajeno y otro se fía de su intuición y de los lamentos de su retoño.

Discusiones.

Tensión.

La primera institución que debería haber aportado soluciones, crea problemas. La escuela es el pilar fundamental de la educación y de la socialización entre iguales. Y en educación emocional está anclada en el siglo XVIII, es que ni siquiera ha llegado el siglo XIX a ella. Y encima cuando hablamos de neuroeducación se inventa un montón de mitos para permanecer estancada.

Llega un momento en el que te encuentras mal. Tu pareja también. Tu hijo empieza a tener regresiones, no quiere crecer, quiere volver a ser un bebé. ¿Y qué haces? Acudes a la médico, al pediatra, tal vez a un psicólogo o psiquiatra.

Medicación para toda la familia en un abrir y cerrar de ojos.

La tensión va en aumento. Nadie te entiende.

Tu hijo te preocupa.

Tu pareja te preocupa.

La escuela te preocupa.

La segunda institución implicada en la obtención de soluciones, guía o como mínimo información te ha fallado estrepitosamente. Es verdad que la medicación te mantiene “calmada” al menos una gran parte del día pero no ves avances.

Tal vez, si tienes la suerte de poder pagar la terapia, veas la luz al final del túnel, o puede que te ayude a relativizar lo que le sucede a tu familia.

Si tan sólo puedes acudir a la unidad de salud mental de tu centro de salud de referencia (es muy poco lo que obtienes) tal vez una o dos sesiones al año (¿en serio?). Esto es todo lo que podemos obtener de una institución básica, necesaria y que debería ser universal en el acceso a la terapia (sea del tipo que sea) y más si hablamos de la salud mental de un niño.

Total, que a nadie parece importarle que tu familia sea un manojo de nervios y estrés en vez del refugio que tú y tu pareja habíais creado. Ya no es un “hogar dulce hogar”.

Empieza a parecerse al infierno.

Te duele la cabeza. O el estómago. O la espalda. Más medicación.

Y un día, sin saber de dónde, aparece una voz en tu cabeza. ¡Ya basta!

¡Se acabó!

Decides que mejor cada uno por su lado, que tu hijo se va a adaptar mejor a una familia separada que a seguir en ese colegio. Que ya no puedes seguir viviendo en un ambiente tóxico. Y tu hijo menos.

Así que acudes al juzgado, o al colegio de abogados, o al servicio de mediación. Y ¡tachán! Es todo muy complejo. Cuesta arriba. Nadie trabaja por el win-win.

A nadie le importa tu hijo. A nadie le importa tu pareja. A nadie le importas tú.

Lo único que existe es un protocolo estándar para todas y cada una de las familias que por allí pasan. Independientemente de su situación, estado, gravedad del conflicto, intensidad de la angustia vivida, etc, etc, etc.

La tercera institución que debería dar algún tipo de solución o guía para tu salud emocional y la de tu familia te está aplicando un cortapisas en el que, si encajas fenomenal, y si no: ¡apáñatelas!

Porque en un proceso de mediación debería atenderse al bienestar de toda la familia pero especialmente a la de la infancia. Y en un proceso judicial deberían de tenerse en cuenta todas las circunstancias particulares de esa familia que está traumatizada.

Y esto es algo obvio: Una familia feliz no va a solicitar una demanda de divorcio. La familia que se rompe necesita apoyo emocional, tal vez terapia psicológica. Un sistema que ayude a transitar un proceso doloroso.

Esta historia es tan sólo un ejemplo de los muchos casos que atiendo. Existen muchas otras situaciones en las que nuestras instituciones nos dejan abandonadas:

  • En el duelo por la muerte de un familiar.
  • En cualquier clase de enfermedad mental y/o psicológica.
  • En la explotación laboral.
  • En el acoso escolar.
  • En el acoso sexual..
  • En el acoso laboral.

Y suma y sigue… Y en todos esos casos: ¡Búscate la vida!

Cuando nos han educado para callar y obedecer.

Cuando nadie nos ha explicado cómo funciona el sistema.

Cuando hemos llegado aquí tras una cascada de conflictos que jamás habría tenido lugar si nuestro sistema educativo se actualizara y se diera cuenta de que vivimos en pleno siglo XXI.

Por último, hice la siguiente pregunta:

¿En dónde crees que deben resolverse los problemas emocionales?
¿En dónde crees que deben resolverse los problemas emocionales?

Y la mayoría de la gente respondió que los problemas emocionales son cosa nuestra. Que se resuelven en la intimidad. Que las instituciones no se deben de ocupar de ellos, o que no saben ocuparse de ellos.

Sin embargo, como ya dije antes, a mí me gusta trabajar en la prevención. Y las instituciones tienen mucho que aportar en este ámbito. Se pueden mejorar enormemente los mecanismos y protocolos.

Se puede empezar por evitar que un niño, o una niña, llore desesperadamente porque no quiere ir al colegio.

Se puede enseñar empatía.

Se puede aprender escucha activa.

Se puede enseñar a gestionar los conflictos.

Se puede aprender asertividad.

De verdad, se puede lograr y tú también puedes colaborar en la prevención.

¿Solucionas problemas o gestionas problemas?
¿Solucionas problemas o Gestionas problemas?

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Autocuidados y ciclicidad femenina

Curso nuevo, perspectivas nuevas, proyectos nuevos.

Siempre te recomiendo que hagas red, que te apoyes en personas con tus mismos intereses, inquietudes, reivindicaciones, situaciones o problemas.

Pero decirlo no llega. Hay que dar ejemplo, así que hoy comienzo esta nueva sección de entrevistas a compañeras emprendedoras, precisamente para hacer esto que tantas veces te he propuesto: hacer red.

Y aunque en los próximos días publicaré entrevistas del pasado, voy a comenzar este proyecto de colaboración con Rut Alvarez que tiene un reto gratuito que comienza el próximo día 23 de septiembre de 2019, que se llama “Conecta en femenino” así tienes la oportunidad de anotarte en estos días. Aquí puedes ver la entrevista:

Éstas son sus palabras sobre el reto:

“Este mes quiero que sea el nuevo comienzo, empezando a pensar mas en ti sin sentirte culpable por ello.
👉Empezar a sentirte bien contigo misma. Este debería siempre ser nuestro objetivo.
Pues es lo que hace que puedas ser una mujer plena y bella. Pero este estrés que llevamos diario nos hace que desconectemos de nuestras necesidades y siempre atendamos las de los demás antes.
Esto nos hace entrar en un estado de desgano y de desilusión. ¿Te pasa?

¡Pues vamos a poner remedio a esto!

👉Vente a mi Reto Conecta en femenino. Donde durante 5 días recibirás acciones para conectar con tu esencia femenina.

✅Vas a saber que necesitas
✅Vas a ser consciente que lo que estas haciendo tal vez no es lo que de verdad te va bien, si no que fue algo que te recomendó una amiga.
✅Vas a saber como cuidarte de una forma real , siguiendo el ritmo de nuestro cuerpo”.

!Entra ya! Sera en un grupo de WhasApp .

APUNTATE AQUÍ http://bit.ly/ConectaFem

Reparando su anillo

Preguntemos a quien no le fue bien

Cuando se trata de modificar el sistema educativo nadie pregunta a quienes falló el sistema. A quienes se quedaron en el camino.

Ni siquiera se pregunta a quién se preocupa por esas personas. Porque son personas, y algunas de ellas han llegado a ser personas relevantes, exitosas, capaces y buenos ejemplos.

En el sistema educativo tradicional se premia y se castiga, directa e indirectamente. Se promueven ciertos valores y habilidades y se denostan otros sin pararse a analizar si podrían ser de utilidad para esa persona.

Puede que este tema le resulte absurdo a mucha gente, sin embargo si estás leyendo esto es porque para ti tiene relevancia. Y para mí también.

Somos las personas raras, las inadaptadas, las que no encajamos quienes dotamos al mundo de diversidad, pluralidad y amplitud de miras.

Quienes hacen las cosas de manera diferente, sin duda, son quienes hacen avanzar a la sociedad.

¿Acaso tiene alguna relevancia hacerlo todo como siempre se ha hecho? ¿Habríamos descubierto la manera de hacer fuego? ¿O de conservar los alimentos?

En esta sociedad no sólo se castiga la diferencia, sino que además se repudia el error.

Y esto es terrible.

Nuestro cerebro aprende a base de equivocarse. La repetición es la base del aprendizaje. Sin repetición no se crean nuevas redes neuronales.

¿Nuestro sistema educativo está diseñado para que quienes tienen éxito sean quienes “se esfuerzan” o para quienes “lo saben”? ¿Se valora la “obediencia” o la “crítica”? ¿Se premia la “creatividad” o la “normalidad”?

¿Alguien se ha parado a observar lo que sucede con las personas que no llegan, o las que sobresalen?

Al final llegamos al manido tema de que el sistema está pensado para homogeneizar, regular y aborregar. Pensando que así el voto será más fácil de conseguir. ¿O no?

Y es que parece que sólo tenemos el recurso del consumidor consciente. En este caso: el ciudadano informado.

parece que únicamente podemos hacer algo votando a uno u otro partido. Pero podemos hacer otras cosas:

1. Quejarnos sí pero formalmente. Cubrir formularios. Usar el servicio de atención al ciudadan@. Al defensor del pueblo.

2. Ejercer nuestros derechos. Entre ellos el derecho de petición.

3. Formar redes con personas que tengan nuestros mismos intereses. Nuestras mismas inquietudes. Ya sé que esto lo digo siempre pero es una de las acciones más poderosas. La unión hace la fuerza.

primate en un centro de rescate animal
Primate en un centro de rescate animal

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Niña enfadada

Mis hijos van felices a la escuela

Exposición sobre dinosaurios
Exposición sobre dinosaurios en As Cancelas

Sí, después de muchos años, por fin puedo decir que mis hijos van felices a la escuela. Pero no siempre ha sido así: han tenido que pasar muchas cosas, hemos tenido que vivir muchas experiencias para poder llegar hasta aquí.

Es increíble la cantidad de cosas que aceptamos porque siempre ha sido así. Porque es lo lógico, lo normal. La sociedad trae consigo una inercia que no siempre te lleva por donde tú quieres. Ni a ti, ni a tu familia.

Ayer escribía en mi muro de Facebook que “las medidas escolares cada vez me parecen cada vez más carcelarias”, alguien escribió: “o militares”. Y creo que hizo una puntualización excelente.

Nuestro sistema educativo se enfrenta cada día a multitud de problemas, conflictos y críticas. Y lo hace a la defensiva.

Mi experiencia es que cuando alguien se posiciona a la defensiva en un conflicto, lo que logra es aumentar la intensidad del mismo. Y esta es mi percepción con la educación tradicional actual.

Este es el mes de la vuelta al cole, y siempre está cargado de expectativas (buenas o malas) sobre cómo va a ser el curso, sobre las rutinas, sobre la dinámica familiar… ¿Harán amigos o amigas? ¿La profesora o profesor será buen@? ¿Podremos las familias hacer algo más que organizar las fiestas escolares y las actividades extraescolares? ¿Será muy caro el material de este año?

El profesorado también llega con sus propias expectativas: ¿Tendré un buen horario? ¿Me tocará dar afines? ¿Mi grupo será numeroso? ¿Las clases estarán llenas de rebeldes? ¿Habrá muchas familias deseando inmiscuirse en mi labor docente? ¿Habrán cambiado algún proceso burocrático?

Y así vamos, cada quién capeando el temporal como puede. Y claro, es ahora cuando llegan las sorpresas, siempre fruto de las expectativas, claro. Porque resulta que cuando fuimos a ver la escuela nos encantó que tenía muchas zonas verdes, o que tenían patio cubierto, o que el polideportivo era nuevo, o que la maestra nos cayó bien pero…

Ahora resulta que si tu hij@ se mea (o se caga) le tienes que ir a cambiar porque allí nadie se hace cargo. O resulta que tienes que dejar a tu peque de 3 años en la puerta del recinto y tú no puedes acceder para acompañarle en el trance de su primer día escolar. Y encima mencionan leyes o normativas para justificar dichas medidas, que cuando las lees no ponen absolutamente nada al respecto.

Más graves aún me parecen las medidas que alguna fiscalía propone para acabar con el acoso, como instalar cámaras en aulas y pasillos. O que un profesor (o profesora) les exija a niños y niñas de 6 años que estén horas sin ir al cuarto de baño porque ya son mayores y tienen que aguantar más las ganas de orinar y/o defecar.

¿Por qué me parecen pésimas medidas?

En primer lugar, porque crean ambientes tóxicos. Sí, he dicho tóxicos. Generan desconfianza, falta de transparencia, falta de recursos, carencias emocionales, escasez de miras, falta de empatía, poco o ningún compromiso con el bienestar de la infancia.

En segundo lugar, porque no dan verdadera solución a los problemas que tratan de evitar. Simplemente logran trasladar el problema a otro sitio.

En tercer lugar, porque se basan en modelos de adoctrinamiento, con medidas correctivas, cohercitivas o prohibitivas. Apelan al miedo. Educan en la obediencia ciega. Todo ello mucho más similar a una dinámica militar o penitenciaria.

Y es que tú y yo nos hemos educado en ese sistema, y traemos una mochila cargada de miedos: miedo a no encajar, miedo a la crítica, miedo al error, miedo al fracaso, miedo al éxito, miedo a destacar, miedo a no hacerlo, miedo a la soledad, miedo al vacío, miedo al qué dirán, miedo y más miedo. Y el miedo provoca ansiedad, estrés, nervios, depresión, obsesión y malestar.

Niña enfadada
Niña enfadada

¿Podemos hacer algo para cambiar?

Cambiar el sistema es una tarea titánica, parece imposible. Requiere el esfuerzo de muchas familias, de muchas profesionales y docentes. Pero por algún sitio hay que empezar.

Sin duda lo primero es pensar cuáles son tus prioridades cuando hablamos de la educación de tus peques. ¿Qué es lo que quieres que aprendan? ¿Qué es más importante para ti: conceptos, conocimiento, saber estar, saber comunicarse con las demás, socializar?

Lo segundo es valorar las opciones que tienes: ¿Existe algún centro educativo que esté alineado con tus prioridades?, ¿o se acerque a ellas?

Lo tercero es superar el miedo. Y más concretamente el miedo a reclamar y exigir que se cumplan los derechos de tus hij@s. Sí, lo sé, es difícil. Seguramente el paso que más cuesta: hasta que lo das.

Por último, la unión hace la fuerza. Busca apoyos, encuentra gente con tus mismas (o parecidas) prioridades. Amplia tu red de contactos. Reclama. Exige. Hazte valer.

Sé que da vértigo porque yo estuve ahí. Y me ha costado muchos años de sufrimiento mío y de mi familia. Me ha supuesto dejar atrás todas las creencias limitantes que venían conmigo. Me ha resultado difícil encontrar una escuela en la que se hacen las cosas de manera diferente. Me ha causado desvelos y sudores. Han sido 5 años complicados pero el esfuerzo ha merecido la pena.

Cada mañana que mi hija se levanta ilusionada por acudir al colegio, cada mediodía que mi hijo vuelve con la curiosidad y la creatividad parpadeando en sus pupilas me siento orgullosa de haber superado esos miedos como persona, como madre y como parte de esta familia.

Y tú, ¿qué deseas hacer?

Construir
Construir con piedras

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