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Los 3 estados de un bloqueo emocional

A veces, no dejamos que una emoción salga a la luz, la escondemos dentro deseando que desaparezca. O vivimos un suceso traumático que bloqueamos para evitar un mal mayor. Incluso llegamos a olvidar el recuerdo y de pronto, un día algo nos hace click. La maternidad (y la paternidad) en muchas ocasiones nos remueven por dentro y sacan todos estos secretos guardados en lo más profundo. Así que suele ser un buen momento para deshacernos de nuestros bloqueos emocionales.

Estado de Conexión: Cada vez que tu peque hace esa acción te llevan los 1000 demonios y pierdes los papeles. Esto es muy habitual, en general hemos recibido una educación en la que se nos coartaba llorar, gritar, o cualquier acción que muestre tristeza, enfado o asco. Hemos sido reprimidos durante muchos años, sobretodo en la infancia, para guardarnos nuestras emociones y no mostrarlas. Durante años hemos escuchado: “no llores”, “no grites”, “ya pasó”, “no es para tanto”, “eres un llorón o llorona”, “menudo genio”, “vaya carácter”… Y así innumerables frases u órdenes de control sobre nuestras emociones. Ahora cuando se trata de nuestros peques, de pronto, nos damos cuenta de que en determinados momentos no somos capaces de controlarnos y acabamos repitiendo los patrones de nuestra infancia.

¿Qué puedes hacer?

Requiere mucha paciencia, requiere hacer memoria y ahondar en nuestros recuerdos, recordar qué nos decían y cómo nos sentíamos en aquellos momentos. Es complicado, pero un paso imprescindible para poder cambiar nuestro enfoque. Requiere mucha práctica y autoconocimiento.

Estado de Confusión: Sientes una emoción que no sabes de dónde viene. De pronto, sin venir a cuento te invade la tristeza, o sientes una oleada de ira, o te dan náuseas descontroladas (al margen de que puedan tener un origen fisiologico). Este tipo de reacciones se dan cuando hemos bloqueado un sentimiento.

¿Qué puedes hacer?

Busca un momento tranquilo, en un espacio en el que encuentres seguridad. Deja aflorar ese sentimiento con toda la fuerza e intensidad que necesites. Descarga la emoción y aprovecha para observar qué sientes, qué pensamientos vienen a tu mente. Anotalos e intenta recordar de dónde pueden venir. Seguramente, será muy revelador para ti.

Estado de Bloqueo total: Sientes una fobia pero no tienes un recuerdo traumático. Es el mayor nivel de bloqueo, seguramente has pasado por una situación traumática que tu mente ha bloqueado, incluso el recuerdo.

¿Qué puedes hacer?

Acude a un profesional que te ayude a recuperar tus recuerdos, te ofrezca un espacio seguro, te de confianza y apoyo. No te quedes con la primera persona, busca una que te de verdadera calma. Alguien con quien conectes.

La mejor inversión es tu propio bienestar.

De todo esto hablaremos en profundidad en mi curso online: Entendiendo las emociones.

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Los secretos del puerperio

Estás embarazada por primera vez. Todo es nuevo, estás llena de dudas. No sabes ni por dónde empezar.

Tal vez era un embarazo deseado y buscado, tal vez no. Tú seguramente tendrás sentimientos encontrados que se mueven entre la alegría y el miedo.¿o no?

Todo va muy rápido y parece que de golpe tienes que tomar un montón de decisiones sobre temas que no tienes ni idea, y para más inri, recibes informaciones contradictorias por todas partes. En mi opinión esta es una de las cosas que genera más dudas. Unas personas te dicen que epidural, otras que parto respetado, otras que vayas a tu hospital más cercano, otras que mejor te busques uno amigo de los niños ¿qué demonios es un hospital amigo de los niños?

En medio de este embrollo, tú y tu pareja confiáis en que vuestra matrona en algún momento te va a dar una cita con ginecología, y allí podréis despejar todas vuestras dudas. Han pasado casi 7 meses de embarazo y si todo ha ido bien, ninguna visita, nada. Te empiezas a poner más nerviosa. Se te da por preguntar a alguna amiga o familiar y te cuenta que seguramente no verás a nadie de ginecología hasta el día del parto. ¿cómo?

Pues sí, los partos los llevan las matronas. Pero no las de atención primaria. ¿Curioso, eh? Otro mito que se cae. También te digo que una buena matrona pro parto respetado es lo mejor que te puede pasar.

Llegan las clases preparto. Y tu piensas: Menos mal. Suspiras.

Pero, no. No sólo no te despejan dudas sino que te generan más. ¿Puedo cortar el cordón? ¿Puedo donarlo? ¿Para qué sirve? Y dirás: Pues podré hacer todas las preguntas en esas clases, que son para eso. Pues no siempre, a veces te quedas ensimismada con un tema concreto, o te encuentras mal,o te da un mareo, o no se te ocurre en el momento.

Total, ¿qué puedes hacer? Buscar información contrastada y veraz, en facebook tienes varios grupos de embarazo, lactancia, crianza… En tu ciudad, o en sus alrededores, puedes acudir a grupos presenciales de lactancia y crianza en dónde encontrarás familias que van a pasar por el puerperio, que lo están pasando o que lo han pasado recientemente. Y por supuesto, leer, tienes multitud de blogs, revistas y libros sobre maternidad y crianza. (Te dejo un par de enlaces de dos blogs que me gustan mucho aquí y aquí).

Ya ha pasado el día del parto, ya habéis dejado el hospital y estáis en casa. Es una sensación tremenda verte sola con tu bebé en casa. Es claramente, una situación nueva y estresante, nunca has pasado por algo así, las clases preparto ahora te parece que quedaron muy lejos en el tiempo, te sabes la teoría pero no tienes ni idea de qué hacer, cómo hacerlo, cuándo hacerlo. Si vienen visitas de familiares y amig@s, lo más seguro es que te ofrezcan soluciones rápidas, eficaces en los primeros momentos pero que en cuanto se marchan por la puerta, dejan de funcionar.

Pedir ayuda es complicado.

Saber a quien acudir es complicado.

Tener la casa llena de gente y de trastos por en medio es complicado.

Te toca tomar muchas decisiones: qué tipo de lactancia, dónde va a dormir, qué pañales, qué ropa, cuando tocan las vacunas, cuándo las revisiones, cómo organizar las tareas del hogar… Y tú sólo quieres dormir y que alguien te diga qué hacer, cómo y cuándo.

El caso es que ahora te toca a ti (y a tu pareja si es el caso) tomar todas las decisiones con respecto a tu bebé. Sólo a esta nueva familia le corresponde: A tu familia.

Y aquí es cuando te doy los dos consejos que considero más importantes al respecto:

  1. Prioriza lo importante, muchas veces lo urgente se lleva lo importante. Hasta que lo importante se vuelve urgente. Yo te digo que muchas de las cosas que tienes en tu lista de urgentes no lo son tanto. Las cosas importantes sí suelen serlo. Procura prestarles atención.
  2. Infórmate y mantén la calma, solemos tomar muchas decisiones por impulso, pero las prisas son nuestras enemigas en cuanto a crianza se refiere, en este artículo te hablo de ello.

Aunque en medio del caos, no es fácil ver la luz y mantener la tranquilidad, el puerperio, como todo, es una etapa más, y pasa rápido. En el grupo de crianza y lactancia lo decimos mucho: los días son largos pero los años cortos. Te invito a disfrutar cada momento y pedir ayuda siempre que lo necesites. La mía la puedes encontrar aquí.

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La trampa de la mamitis

A menudo atiendo a familias que llegan preocupadas porque no quieren que sus bebés sean dependientes, o que se vuelvan dependientes. Son familias que quieren que sus hijos e hijas sean autónomos e independientes, algo totalmente lógico. Ahora bien, siempre intento definir con ellas ¿qué entiendes por dependiente?

Existe un gran temor a que nuestra propia descendencia dependa de nosotras, y más en concreto,que exista una dependencia emocional. Es como si deseáramos quemar etapas fundamentales para el desarrollo. Me viene a la mente ese capítulo de los Simpsons en el que Lisa bebé se cambia sola los pañales porque sus padres están muy ocupados disciplinando a su hermano Bart. ¿A quién debe vincularse un bebé sano?

Vivimos una sociedad que ensalza por encima de todo la independencia, la autonomía, la auto gestión, sobretodo en lo que a emociones y sentimientos se refiere, claro. Cuando somos una especie social, somos una especie altamente interdependiente, sí. Es así,dependemos unos de otros para sobrevivir. Dependemos las unas de las otras para avanzar, para desarrollarnos, y cuando queremos saltarnos las etapas o acelerarlas, solemos encontrarnos con el efecto contrario al deseado.

Seamos claras, familias, un bebé es un ser altamente dependiente, si no recibe atención, se muere. Fijaos lo que os digo: atención. Ya no hablo de hambre, sueño o condiciones insalubres, os hablo de contacto humano (podéis leer más en este artículo).

Es evidente que cada familia posee sus características y prioridades, y no todas tienen porqué organizarse igual. Sin embargo, cuando nace un bebé lo que espera es estar con su madre; ¿por qué? Pues porque es su entorno conocido, es la respiración que reconoce, el corazón que ha escuchado en el seno materno, el olor que le calma. Esta etapa se llama exterogestación. Una cuna fría es lo último que se espera, por muy limpia y aseada que se la encuentre.

Algunas familias me dicen, ya mujer, eso ahora, pero cuando tenga 2 años yo quiero que sea autónomo, que no dependa de mí. ¿Os acordáis de cuando teníais 2 años?,¿tenéis contacto con bebés de 2 años? Pensáis que un bebé de 2 años puede tener independencia y autonomía. Vale, no voy a negar que alguna sí… Puede comer y beber lo que le ofrezcas, tal vez vestirse (al menos en parte), seguramente desvestirse y sobretodo descalzarse. Puede jugar un breve período de tiempo solo. Caminar, correr, saltar… Pero, seguro que no tiene ni idea de valorar muchos peligros: como cruzar una carretera, meter los dedos en un enchufe o meterse la mano llena de tierra en la boca,o lo que es peor: un objeto pequeño que le provoque la asfixia.

No, no, me dicen: que no tenga mamitis. ¡Acabáramos! ¡Mamitis! Por fin, después de muchas vueltas hemos llegado al quid de la cuestión. ¿Qué es la mamitis y por qué nos incomoda tanto?

Como os decía, un bebé suele venir con la mamitis de serie (y que conste que digo suele porque no me gusta generalizar). Viene preparado para estar con su madre, para mamar de su seno, para estar en sus brazos el mayor tiempo posible. Aunque tú quieras que se acostumbre a estar solo, o sola. En realidad, de una forma totalmente atávica, viene preparado para estar acompañado siempre y tiene sus mecanismos para lograrlo: Son mecanismos de supervivencia, para asegurar su bienestar.

Qué tú bebé tengas mamitis significa que lo estás haciendo bien. Que eres su refugio, su consuelo, su alimento, su modelo y ejemplo. Esto es lo que implica un apego seguro. Sí, apego. Sí, seguro.

La mamitis es sólo una fase, y se pasa, cuando no forzamos el desarrollo natural, construimos personas seguras de sí mismas, forjamos su autoestima y autoconcepto, se convierten en seres autónomos e independientes que no necesitan la aprobación de nadie, con voluntad para tomar sus propias decisiones, que no tienen porqué ir mendigando el cariño porque siempre se han sentido queridos y amados.

Además, un bebé que casi no llora, porque tiene todas sus necesidades cubiertas, tiene un desarrollo pleno. Porque ha invertido la mayor parte de su energía en él. Se reconoce a sí mismo como valioso e importante. Algo fundamental para tener una autoestima sana y poder formar relaciones positivas.

No sé en qué momento, la mamitis se convirtió en un símbolo de niña, o niño malcriado. Ni porqué se asocia a la tiranía o al capricho.

Seguramente, en algún momento de la revolución industrial, cuando el capital necesitó toda la fuerza de trabajo posible e integró en jornadas abusivas tanto a las madres como a sus hijos e hijas.

Y puede que todavía sea una creencia muy arraigada en nuestra cultura pero, quedémonos con las cosas que funcionan o que merecen la pena, ¿no?

Existen costumbres que realmente no sólo no aportan nada sino que entorpecen la crianza y el desarrollo de la humanidad. La teoría de la mamitis es una de ellas, simplemente es una trampa.

Si quieres aprender más sobre cómo se desarrolla nuestro cerebro, nuestra autoestima y nuestras emociones te espero en mi curso: entendiendo las emociones.

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En la era de la inmediatez, la crianza es un reto

A veces atiendo consultas telefónicas, y me encuentro con familias abrumadas por la toma de decisiones con respecto a la crianza porque lo tienen que decidir ya. Pero ya mismo.

Y es que vivimos en una época en la que parece que todo lo tenemos que decidir y hacer inmediatamente. Esto viene acentuado por las técnicas de marketing agresivas, las ofertas que caducan, las novedades de un día…

Acaba de nacer tu bebé y tu cabeza ya está pensando en la guardería y el papeleo burocrático y es que lo tienes que decidir ya, porque si no: te quedas sin plaza.

Aún no controla sus esfinteres pero tú ya estás preocupada, porque en 3 meses comienza en infantil y ya los tiene que tener dominados.

Aún está en infantil y ya estamos preocupados por: a qué colegio irán porque eso va a marcar su éxito académico, y por tanto su éxito laboral.

Acaban de entrar en el instituto y ya nos preocupa qué carrera universitaria van a elegir (porque claro, no hay alternativas) y así ya vemos si van por ciencias o letras. Porque eso va a determinar sus solicitudes. Con 12 años ya llevan media vida planificada y organizada.

Y esto es, cuanto menos, estresante. Pasamos media vida con la mente en el futuro, hasta que llega un día en el que cambia y la pasamos con la mente en el pasado, sumidas en nuestros recuerdos, con la pena de lo que no hicimos, la nostalgia de lo que pudimos ser o hacer y la alegría de las 4 cosas que pudimos disfrutar.

Y el ahora? Cuándo vivimos el presente? Porque cada día es irrepetible y por mucho que lo recordemos no va a volver.

La toma de decisiones importantes requiere tiempo y meditar las consecuencias. A quién le interesa que tomes las decisiones de manera precipitada o de forma impulsiva? Piénsalo.

Tenemos tanto miedo a perder el tiempo que nos perdemos la vida.

Tenemos tanto miedo a equivocarnos que no nos damos cuenta de que podemos rectificar, cambiar, aprender.

Nadie nos enseña a valorar los pros y contras de una decisión desde la calma, o la templanza. Y lo que es peor: nos han educado sin dejarnos tomar decisiones y de la noche a la mañana nos toca tomar muchas decisiones y encima rápidamente.

Y no todas las decisiones tienen el mismo calado.

Elegir comprar o no comprar una camiseta no tiene grandes consecuencias pero decidir si tu bebé duerme contigo o en su habitación, sí.

Decidir si eliges una compañía eléctrica u otra no tiene gran impacto en tu vida pero elegir la alimentación de tu peque, sí.

La decoración de tu casa puede aportar cierto bienestar pero tu jornada laboral y el tiempo que puedas pasar con tu familia va a ser mucho más determinante en tus niveles de estrés.

Y veo que muchas familias toman estas decisiones de la misma manera, con la misma prisa.

Impulsivamente, o lo que es peor, dejan que las tomen por ellas.

Tener descendencia es un gran proyecto vital. Realmente cambia tus prioridades, tu forma de ver la vida, te obliga a hacerte responsable de otra vida. Y cuando lo haces de manera inconsciente te supera, te desborda, te bloquea, tiene grandes consecuencias.

De la misma manera que no tener descendencia también. Y por eso debería ser una decisión meditada. Sin embargo, vivimos en un mundo que se toma esta decisión como una circunstancia que te viene dada.

Pues así estamos. Que parece que toda decisión es inamovible pero no.

Algunas decisiones sí y otras no.

Y hay que saber diferenciarlas.

Sé que es evidente pero no todo el mundo lo tiene claro. Mucha gente confunde las decisiones trascendentes y sufre por ello.

En la era de la inmediatez, la crianza es un gran reto, precisamente porque la prisa es un gran obstáculo.

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Y YO MÁS, Y YO MEJOR

Y YO MÁS, Y YO MEJOR…

IMG_3231Es el mantra de esta sociedad, sobretodo de las generaciones anteriores. Sí ya sé, notallpeople, sé que hay gente que no es así de competitiva. De hecho, procuro rodearme precisamente de esa gente y ya sé que cuando generalizamos estamos siendo injustas con una parte pero, cuanto más me alejo de ese mantra, más me llama la atención.

Qué hay detrás de esta carrera? Por qué esa necesidad de ser mejores que las demás personas? De encontrar el descuento más barato, la mejor escuela, el vestido más chic, el coche con más potencia, los mejores valores del informe PISA… Por qué? Y lo que es más importante: Para qué?

Realmente, esa superioridad nos aporta bienestar? O autoestima? O seguridad en nosotras mismas? Nos conecta con el mundo? Nos da paz mental o anímica? Es un status real? Hace que seamos más populares o tengamos más amig@s?

Dime, lo crees así?

Te llena tener el mejor coche?

Te anima llevar el pintalabios más chic?

Te motiva comprar el bolso más exclusivo?

Qué valor te aporta que tus masajes sean más baratos que los de tus vecin@s?

Qué ganas explicando a tus amig@s que tus dolores son los peores?

O que tus hij@s son los más precoces?

Es verdad que a los seres humanos nos encantan las clasificaciones y las listas, nuestro cerebro trabaja así, porque así es capaz de organizar toda la información que recibe… Seguramente, existan otras formas pero, esta es la nuestra… Ahora bien, el valor que le damos al número 1 está desmedido. Acaso no es genial ser el número 2, o el 3… O valorar diferente? Porque para tí puede ser lo más que tus masajes sean baratos pero para otra persona cuenta más a calidad, o el trato agradable… Y está bien: por qué hacer de ello una competición?

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Hace años trabajé en un bazar, y mi jefa siempre me, decía que fuera a preguntar a otros bazares: qué tal os va? El negocio va bien? Y siempre recibía la misma respuesta: Mal, muy mal: este mes es peor de todos… Sin embargo, las estanterías siempre estaban llenas de mercancía, cada mes mejoraban algún aspecto del negocio (el método de cobro, las cámaras de vigilancia, los cuartos de baño…) Estaba claro que mentían, y mi jefa lo sabía perfectamente, así que ella se preocupaba mucho por aparentar la misma prosperidad, aunque después comiera cada día pasta o arroz… Las apariencias eran clave.

Crees que ella era feliz así? O que su salud era buena?

O incluso que su negocio iba bien con dicha estrategia?

Llevo años, pero muchos años, desprendiéndome de esa necesidad de competitividad. He dejado de decir frases tipo: Uy! Pues eso no es nada, si yo te contara… O pues la mía es mejor… O pues conozco a una que era mejor… O pues yo estoy fatal, si tú supieras…

Vaaale, sí. Aún se me puede escapar alguna: no soy perfecta. Pero, de verdad que cada vez está menos en mi ánimo competir. Lo voy cambiando por otro afán, ahora quiero conectar y comprender.

Conectar, ponerme en tus zapatos. Comprender, saber qué te preocupa y ver en qué te puedo ayudar. Me gusta ayudar.

Me gusta ser amable.

Aunque a veces, piensen que soy ingenua, o incluso tonta…

Crees que no me entero pero en realidad sí, lo que pasa es que ya no me importa ser la número 1. Ahora sé que lo que realmente me llena es ser auténtica, incluso con mis incoherencias. Que las tengo, tú no?

Ojo que mucha gente incluso compite por tener una especie de superioridad moral… Y son las personas que más ayudan, las que más escuchan, las más abnegadas… Yo no eh? Yo soy buena dentro de mis límites, y me importa poco caerle mal a alguna gente, es que tengo claro que no puedo encajar en cualquier parte: no soy un comodín.

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Esto es fluir. Llegar a un sitio: Observar. Interaccionar. Sentir. Pensar. Sacar conclusiones. Interaccionar. Observar. Pensar. Sentir y tomar una decisión. Aquí encajo? Sí, pues me quedo. Aquí encajo? No, pues me voy.

Y tú? Encajas?

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Mi declaración de guerra al azúcar (parte 1)

Simplemente voy a contaros mi experiencia personal, no tengo evidencia científica de fondo, no tengo profesionales de la salud que me hayan recomendado dejar el azúcar, ni la comida procesada.

Lo que sí he tenido es apoyo de otras personas en situaciones similares, asociaciones y en general, gente preocupada por su salud.

Dicho esto, os voy a explicar cómo me di cuenta de que el azúcar me estaba matando, silenciosamente.

Yo he sido de esas embarazadas que en vez de engordar, he perdido muchos kilos. En el primero 9 y en el segundo 27… Claro que después he tenido unos postpartos en los que siempre tenía hambre, mucha hambre… Tras mi segundo embarazo recuperé 30 kilos en 9 meses, tenía fatal la piel, se me caía el pelo a puñados (mucho más de lo habitual en el postparto), mi espalda y mis articulaciones estaban doloridas, estaba siempre cansada y fatigada, mis cambios de humor eran muy intensos, tenía ganas de llorar a todas horas y de repente… Todo el mundo a mi alrededor me decía lo mismo: es normal, son las hormonas, estás de postparto… Bla, Bla, Bla…

Entonces, rebuscando en Internet, cayó en mis manos un artículo que hablaba sobre el azúcar y cómo nos afecta en el metabolismo. Y vi la luz.

Tanto es así que casi me cegué.

Empecé a revisar todos los ingredientes de todos los alimentos. De todos. Y no sólo eso, sino también las tablas nutricionales… Y toooodo, llevaba azúcar: el pan, las salsas, los encurtidos, las pizzas, los yogures, el queso, los embutidos, los precocinados, hasta las pipas!!!

Claro que no siempre ponen azúcar en los ingredientes, lo llaman de muchas formas: azúcar, azúcar de caña, panela, fructosa, sirope de arroz, dextrosa, maltitol, etc…

Haciendo un enorme ejercicio de fuerza de voluntad decidí dejarlo por completo.

Pasé 2 semanas terribles, con sudores, temblores, cagalera, mal humor, irritabilidad, ansiedad… Vamos un cuadro de desintoxicación en toda regla.

Y entonces, empecé a encontrarme mejor, mi piel se volvió juvenil, mis articulaciones dejaron de quejarse, mi pelo dejó de ser quebradizo, me abandonaron la ansiedad y el hambre, hasta me volvió el período. De pronto, estaba en paz y con 7 kilos menos.

No fue un milagro, fue un despertar, una revelación.

De esas veces en las que te das cuenta de lo engañada que has vivido toda la vida.

De esas en las que haces memoria y pasan ante ti todas las veces que te llamaron gorda, como si fuera culpa tuya, como si estuvieras gorda porque careces de control sobre lo que comes. Todas las malditas hojas de dietas de 1500 kcalorías con sus 5 comidas llenas de azúcar y procesados. En las que al cuarto día te dabas un atracón de purita hambre. Hambre voraz.

Tengo una amiga vegana que una vez me preguntó: tú matarías a un animal para comértelo? Y yo respondí: yo con hambre mataría lo que fuera y hasta a mordiscos… Pues a esa hambre me refiero.

A día de hoy puedo decir que dejar el azúcar es lo más difícil que he hecho, y he dejado muchas drogas atrás (incluidas el alcohol, el café y el tabaco) y debéis saber que es doblemente difícil porque la sociedad te trata de loca, y te lo endiña por dónde sea y con cualquier excusa: venga un día es un día, por un poco no pasa nada, venga que la vida son 2 días.

Es muy complejo salir de este círculo vicioso. Ni siquiera la mayoría de profesionales están al tanto del tema, te vuelven a mandar una dieta llena de calorías vacías, te reducen la ingesta de grasa, te limitan las calorías sin tener en cuenta la tipología de las mismas. Y todo esto sin apoyo psicológico, ni emocional…

Y así existen miles de negocios que se aprovechan de esta situación y nos venden millones de productos para adelgazar sin poner el foco en la raíz del problema. De hecho, puede que la raíz del problema sea otra, no necesariamente tiene porqué ser el azúcar lo que te está generando ese malestar… La vida acelerada, el estrés y el sedentarismo también son muy perjudiciales.

El caso es que ante un problema de salud, te toca informarte, te toca buscar en todas partes, mantener la mente abierta, hacer cambios (a veces drásticos) porque nadie va a venir a rescatarte. Nadie. Nadie va a preocuparse por ti como tú. Nadie.

Lo bueno de todo esto es que para casi todo hay algo que si no te cura, al menos te hace la vida más fácil o menos dolorosa.

Un abrazo enorme para todas las personas que viven con una enfermedad crónica, o con dolores que nadie entiende, ni atiende.

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Dolor o molestia?

Quién tiene capacidad para juzgar si lo que sufres es dolor o una simple molestia?

Cómo te sentirias si llegases a tu dentista y te dijera: esto es una simple molestia, es imposible que te duela, no te voy a poner anestesia.

Sin embargo, tú tienes clara la diferencia, si alguna vez has tenido un dolor sabes en que se diferencia de una molestia. Y más en la cabeza!

Sabes que hay gente que posee un umbral de dolor muy alto, que es capaz de sobrellevar una sesión de 5 horas de tatuaje sin despeinarse. Y sabes que hay gente muy sensible que hasta sufre cuando se corta las uñas. Y todas esas personas merecen un respeto. Merecen que ese dolor se trate.

Sin embargo, cuando hablamos del dolor de l@s bebés o l@s niñ@s… Cambia la cosa: aquí aparecen infinidad de profesionales esclareciendo lo que duele y lo que no:

  1. Hacer agujeros en las orejas: ni se enteran. Pero una vacuna duele mucho. (dele apiretal, o ibuprofeno, qué se yo…)
  2. La erupción de los dientes: simples molestias, eso no duele, crecer no duele. Sin embargo una adulta se muere de dolor con la muela del juicio. Es que no tiene sitio (entonces para que c… la tenemos) Se nota claramente la diferencia.
  3. Los cólicos: eso es que no existe, es un invento de las madres… Pero si una persona adulta sufre gases hasta lo podemos confundir con un infarto.

Todo muy lógico y muy sensato. Ya no me voy a meter en otro tipo de dolores: el duelo, el rechazo, la indiferencia, el desprecio… Naaa…

Chorradas!

Cómo se va a enterar un peque de que su abu no va a volver? O cómo va a aprender algo sin un castigo?

Qué tontería!

Y así empieza el ciclo sin fin del dolor, ignorándolo y ninguneándolo desde el nacimiento. A veces incluso desde el útero.

Y así vamos.

Con el alma dolorida, la mente insatisfecha y el cuerpo con “molestias”…

Meros “achaques de la edad”.

Te imaginas que de pronto te hicieras dueñ@ de tu dolor? Que encuentras la causa y te curas?

Te imaginas que de la noche a la mañana alguien te escucha, te valida, te da la razón? Y te acompaña…

Qué pasaría entonces?

Yo tengo molestias, dolores y vacíos…

No soy perfecta.

No te voy a dar la fórmula mágica.

Yo sólo me ofrezco a escucharte, a validarte y acompañarte en tu proceso de cambio.

Si quieres, claro.

A ti: Qué te duele?