La importancia de los descansos

Descansar es esa actividad que todo el mundo sabe que es imprescindible pero siempre aplazamos en este mundo acelerado en el que vivimos. Parece que si te tomas tus descansos te vas a ganar fama de perezoso, vaga, o que sé yo…

Además, vivimos con la idea de que el descanso es una recompensa. Como si no fuera lo que realmente es: una necesidad. Y además, según el momento en el que estemos, descansar puede marcar la diferencia en nuestra salud, y por ende, en nuestra vida.

Sin salud, no hay nada.

El mercado laboral nos marca los descansos, y hasta la época y manera de planificarlos. No siempre nos valen. No siempre llegan cuándo son realmente decisivos. Llevo ya varias semanas escribiendo esta frase: Cuando necesitas parar y no lo haces, llega la vida y te para de golpe.

Y no nos gusta nada.

Parar de golpe exige un nivel enorme de reposo. O bien, enfermamos, o bien nos sucede algo dramático (una mudanza, un funeral, un cambio de trabajo, una separación…) que además, nos suele pillar de sorpresa y/o de bajón.

Es como si fuéramos cocinando a fuego lento una resaca de esas que te tumban.

El ser humano puede llegar a complicarse la vida de formas fascinantes.

Podemos llegar a unos niveles de complejidad alucinantes.

Por si nuestra sociedad no fuera ya suficientemente problemática y enrevesada.

Somos capaces de darle aún más vueltas de tuerca.

Tenemos muy bien entrenada esa voz que nos dice: sólo un día más. sólo una hora más, sólo un café más, sólo un envío más…

Y así, enfermamos.

No sabemos parar. O simplemente bajar el ritmo.

Nos han educado para hacer springs pero la vida de lo que está compuesta es de maratones.

Lo queremos todo y lo queremos ya pero, la vida son procesos que requieren paciencia.

Aprovecho este artículo para anunciarte mis propias vacaciones. Volveré en Septiembre con más artículos sobre temas de educación emocional, resolución de conflictos, reivindicaciones y lo que se tercie (ya sabes que cualquier sugerencia es bien recibida y tu opinión es importante para mí).

Espero que tú también puedas descansar y disfrutar unas merecidas (o no) vacaciones (¿acaso no son siempre merecidas?) y que generes muchos recuerdos valiosos con tu familia. Espero también que la vuelta a la rutina no sea tediosa.

Y que este texto sirva para que te permitas hacer los descansos que sabes que son vitales para ti y tu gente.

CERRADO

Si quieres mi ayuda puedes contactar en mi web:

Inicio

Y si te gusta lo que publico siempre puedes invitarme a un café:

http://ko-fi.com/xoana4040mecef

Anuncios

Las mujeres fuertes también necesitamos apoyo

Sí. Las mujeres fuertes también necesitamos apoyo. Tenemos días malos, días depresivos, días en los que nos derrumbamos. Aunque seamos fuertes, dinámicas, con iniciativa, con carácter, poderosas o el adjetivo que tengas en la cabeza somos humanas y tenemos nuestros momentos de bajón.

Las mujeres fuertes también necesitamos alguien fuerte que nos apoye y sostenga cuando sea necesario. Detrás de una mujer poderosa hay toda una tribu que la mantiene y le da la energía cuando algo falla o se interponen obstáculos.

Esta es una realidad que nos pasa a todas las personas, mujeres, hombres, de cualquier edad, condición social, profesión o circunstancia.

Ser una mujer fuerte conlleva una serie de preconceptos y prejuicios que muchas veces nos obligan a llevar una carga innecesaria, injusta y del todo descomedida.

Vivimos en una sociedad que nos insta a vivir con la sonrisa permanente, sin poder mostrar otras emociones. Y por eso no fuera suficiente resulta ser también altamente exigente y si nos mostramos vulnerables se nos castiga duramente, sufrimos críticas, burlas, se arrastra nuestras reputaciones por el lodo y se nos baja de esos pedestales que jamás pedimos. Porque eso creo que es lo más denigrante: aún no conozco a ninguna mujer fuerte que lo haya pedido.

Yo soy una de esas mujeres (o personas) que mantengo la templanza en situaciones de crisis, y soy capaz de tomar decisiones con la cabeza fría cuando otras a mi alrededor se ven superadas por la situación. Pero cuando la crisis pasa, me vengo abajo. me siento agotada, vulnerable y puede que hasta deprimida.

He tenido suerte (o no), he podido rodearme de personas que me comprenden, me aceptan y me tratan como a una igual. Hace tiempo que huyo de la gente que me venera (o me denigra) porque al final las expectativas juegan en contra. Me gusta tratar como iguales a todas las personas que me rodean y me encuentro en el camino y además mostrarme con franqueza y sinceridad (soy vaga: mentir conlleva mucho trabajo).

Con los años he comprendido que mi capacidad para mantener muchas amistades es limitada. Procuro llevarme bien con compañer@s de trabajo, de formación, clientes, vecin@s, profesor@s, etc. Pero no soy capaz de mantener más “mejores amig@s” (BBF) que dedos tengo en las manos. La amistad hay que cultivarla y cuidarla.

Y claro, tenemos un trabajo, una familia, una mascota, una casa, unas aficiones, una formación continua, una vida tan plena que al final vamos cambiando las amistades según la ola en la que nos movemos. Y mientras coincidimos en el tiempo y el espacio podemos ser grandes amigas pero si cambia una de las dos variables pues: nos distanciamos.

Es una pena, siento que podría compartir mi vida con muchas amigas que se han ido alejando por sus respectivos caminos, sin más. Y en su día fueron grandes apoyos, me hicieron crecer y ser la mujer fuerte que ahora soy. Ojalá yo haya hecho lo mismo por ellas (al menos en parte).

Sin embargo, seguimos remando, con determinación y tal vez por nuestra forma de ser, de entender la vida, de movernos, vamos encontrando nuevos seres con los que compartir experiencias, con los que crecer, en los que reflejarnos.

Así brillamos. Cuando una cae: la sostenemos todas.

Ese es el truco: no nos dejamos aliento para la vuelta. Confiamos en nuestra familia.

La familia que hemos elegido y creado.

Cuando por fin, sabes que la comunidad es la base de tu éxito, y que el sentimiento de pertenencia es también sentido de supervivencia se te pasan muchas elucubraciones sobre la libertad, la independencia, la fortaleza, el sufrimiento, el que dirán, los prejuicios… La fuerza de una al final es el resultado de muchas fuerzas unidas.

Esto es empoderamiento colectivo: saber que cuando estás abajo, otras te sostienen. Que cuando tú no tienes fuerzas para alzar la voz, otras lo están haciendo por ti. Saber que también tu fortaleza inspira a otras. Y que ser vulnerable no te hace ser menos.

1539092763208

Si quieres mi ayuda puedes contactar en mi web:

Inicio

Y si te gusta lo que publico siempre puedes invitarme a un café:

http://ko-fi.com/xoana4040mecef

El engaño de cuidarse

A todas nos pasa, llegamos a una edad, o a una etapa en la que “toca cuidarse”. Y claro, decides enfocarte y sacar tiempo y ganas (esto de las ganas es muy importante) para hacer deporte, cuidar la dieta, dejar de fumar…

Y durante una temporada lo logras, porque es verdad que cambiar de hábitos durante 21 días es posible, es verdad que puedes incluir verduras en tu dieta, y que eres capaz de ir a clases de yoga, pilates, hipopresivos o tai-chi durante unos meses…

Hasta que pasa algo: Te cambian de puesto en el trabajo, tus peques tienen vacaciones, llega la Navidad, etc. En cualquier caso, te surge un imprevisto, un estrés indeseado o un compromiso social en el que todo el mundo te suelta las manidas frases: “Por un día no pasa nada”, “¿Qué mal te va a hacer que pruebes un poquito?”, “La piscina seguirá ahí mañana”… Y zas, semanas (o meses) de esfuerzo al garete.

Y todo ese sudor, toda esa fuerza, toda la motivación te abandonan.

cocodrilo

¿Por qué?

Pues porque te has dejado atrás uno de los pilares fundamentales, has caído en el engaño de cuidarse pero por fuera, o del cuidado físico… Y te has dejado atrás la mente, y lo que es más importante: el corazón. O como le llamamos ahora: la gestión emocional.

Es así, crear un hábito no se hace en 21 días. ¡Vaya! Qué chasco!

Es todo un proceso en el que cuerpo, mente y corazón (o alma) van de la mano. Por mucho que trabajes uno, si no los acompañas de los otros, en cuanto algo surja se te irá todo por el desagüe.

¿Qué puedes hacer?

Para empezar entender cómo funcionas, conocerte, comprender tus creencias y tus valores. ¿Cómo si no vas a poder mantener tus motivaciones?

Para crear un hábito lo mejor es estar alineada con tus creencias. Te pongo un ejemplo: Tal vez tú quieres bajar de peso, y lo quieres hacer por salud, es una buena motivación, sin embargo, entre tus creencias,una de las más fuertes es: Hay que comer de todo. O una muy habitual: Hay que dejar el plato limpio.

Luchar contra estas creencias es complejo. Porque están muy arraigadas. Entonces hay que tener otras estrategias. Como por ejemplo: usar platos más pequeños, o cambiar la cantidad de los alimentos (aumentar las verduras y bajar las salsas). O reducir el consumo de ciertos alimentos al mínimo.

Con la actividad física también nos pasa: queremos empezar a tope y a medio camino nos quedamos sin fuelle. Tal vez, en tu cabeza resuena una voz que te dice: Lo importante es participar. Lo has intentado. No pasa nada si no lo acabas.

Y así con todo. Escucharse a una misma es complicado. Pero no imposible. Existen numerosas técnicas y formas de acallar estas voces internas.

Es importante mantenerte conectada con tus emociones. Darte cuenta de qué sientes y cuándo lo sientes.

Es posible que seas capaz de hacerlo tú sola pero si ves que no, da el paso, pide ayuda, busca apoyo, somos parte de una comunidad y el poder del grupo es poderoso. Ánimo.

Tu momento es ahora.

suricato.JPGSi quieres mi ayuda me puedes contactar en mi web:

https:/mecef.es

Y si te gusta lo que publico siempre me puedes invitar a un café:

http://ko-fi.com/xoana4040mecef