Vivir aquí y ahora

Nuestros bebés nacen con la sabiduría del presente, viven el momento, despreocupados por el futuro y sin anclajes en el pasado.

Y esta es una de las cosas que deberíamos aprender de ellos: porque es realmente sano conectar con el aquí y ahora en cuerpo y mente.

Esto es algo que me cuesta mucho, con los años he aprendido a soltar lastre y dejar atrás el pasado, sobretodo lo malo… Siempre me maravillo de mi gran capacidad de olvido. Sin embargo, mi mente vuela hacia el futuro con gran facilidad, me resulta casi imposible evadirme en determinadas situaciones.

De hecho, me está costando escribir sobre este tema, más que sobre cualquier otro. Porque esa forma de evadirme la tengo tan integrada y asimilada que me cuesta hasta analizar en qué momento la adquirí y porqué me resulta tan complicado atarme a la tierra. Al aquí y ahora!

Mis hijos son sabios, aprendo a desaprender cada día con ellos. Y esta es una de las lecciones más importantes. Merecen mi respeto y admiración. Merecen mi tiempo y atención. Cada día procuro estar más y ser mejor. Ahora, los fines de semana, y festivos, casi me olvido del teléfono.

Tengo la suerte de poder llevarlos a una escuela Montessori en la que aprenden mil cosas pero, una de las más importantes es esta: vivir el presente.

Cada vez que salgo de una clase para padres y madres, me digo: qué pena no haber vivido la experiencia de la enseñanza Montessori desde los 3 años! Ahora sería una persona menos dispersa, más disfrutona del momento!

Y luego pienso: Al menos, lo he descubierto ahora, y se lo puedo ofrecer a mis peques!!

Mucho tenemos que cambiar en este mundo!!!

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El camino al infierno está plagado de buenas intenciones

Qué difícil es escribir y no dejarse a alguien en el tintero. Hoy mis palabras se las quiero dedicar a todas las madres que no pueden, o no han podido vivir la maternidad que ellas querían. Y muy especialmente para una querida amiga que está pasando por una depresión postparto.

El otro día se sinceró conmigo y me dejó muy sorprendida todo lo que me contó. Me sentí la peor amiga del mundo. Y me embargó esa sensación de culpa que de vez en cuando planea por mi mente. Y es que siempre podemos hacer más (Algunas somos muy exigentes con nosotras mismas)

Me preocupó mucho el simple hecho de no haber estado ahí cuando ella más me necesitaba… Qué afortunado es Dios que es tan ubicuo y omnisciente!

Yo estaba tan centrada en mis propios asuntos que ni me enteré, pensé que estaría muy ocupada con su bebé recién nacido y con su niña mayor. Y no supe leer las señales. Y cuando miro hacia atrás veo que hubo unas cuántas!

Sé que no es suficiente escribir esto y no sé si algún día podré compensarte, pero seguro que lo intentaré. Esto es sólo un comienzo.

Sé también que ahora estás en un pozo negro, que te cuesta cada respiración, que no ves la luz, que no encuentras la paz. Pero confío en que te vas a recuperar. Sé que lo lograrás.

Puede que tuvieras muchas expectativas que no se han cumplido pero algún día verás los logros, que son muchos… Eso espero.

Ya te lo dije: Echaste el resto! Gastaste todas tus fuerzas! Ahora tienes que recuperarte!! Duerme. Duerme. Come. Respira. Duerme. Duerme más…

Pronto volverás a la calma. Te verás reflejada en los ojos de tus hijos y comprenderás que te están devolviendo todo el amor que les has entregado, que es inconmensurable! Inabarcable!

Verás que fuiste víctima, otra vez, de un sistema cruel e inhumano, que luchaste más de lo que podías, que aún lo haces, que para vencerle tenemos que cambiar el mundo… Juntas!

Te quiero mucho amiga, ahora entiendo que muchas cosas que te dije te causaron daño, aunque mis intenciones fueran buenas… La lactancia materna es difícil, el sistema nos hizo olvidar nuestra esencia, nuestra naturaleza… Nadie te culpa, tuviste dolor… Mucho dolor! Déjalo ir… Recupérate!!

Las cosas se complicaron en contra de tu voluntad, la estancia en neonatos debería facilitar tu lactancia y vuestra recuperación, favorecer vuestro piel con piel, vuestro tiempo juntos. Tú lo reclamaste, lo exigiste, lo luchaste, tu responsabilidad acaba ahí.
La culpa no aporta nada. Déjala ir… Respira!! Y duerme!!

Seguiré buscando palabras de ánimo y aliento para ti pero, sobretodo estaré prestándote mi hombro y mis oídos. Habla. Desahogarte es primordial!! Sácalo todo fuera!! Llora. Grita. Aúlla. Lo que haga falta.

Te quiero mucho. Recuerda.
Juntas logramos imposibles!

Cuando perdemos el centro de gravedad: Mi breve historia de parto

Cuando estaba embarazada todo el mundo me hacía las mismas preguntas, que forman parte del protocolo patriarcal para infantilizar a las embarazadas: para cuando? Ya sabes si es niño o niña? Tienes todo preparado? Como se va a llamar? No te da miedo el parto?…

Y yo siempre daba las mismas respuestas, pensando que era una mujer feminista y liberada: para cuando quiera. Lo importante es que venga con salud. Nunca se está preparada. Ya veremos. El parto pasa, me da miedo lo que viene después.

Y debo decir que aún me asusta.

En mi primer parto me robaron mi momento piel con piel. Esto es un hecho. El primer momento especial de mi maternidad se lo llevaron los protocolos hospitalarios. Tal vez eso explique mi puerperio de leona.

Con mi primer hijo, iba preparada para casi todo, menos para que se lo llevarán. No hubo un sólo día que no saliera llorando de neonatos… Destrozada! Sin poderlo abrazar y amamantar todo el tiempo que me dió la gana… Me lo dejaban con cuentagotas como si me hicieran un favor, como si no fuera mío, como si lo hubieran parido las matronas y yo fuera una loca secuestradora.

Pasé un puerperio de loba-leona-cocodrilo! Que nadie lo toque! Es mío! Sólo mío! Es mi pedazo de cielo! Mi luz! Mi vida! Mi esencia!
Me lo quitaron 5 días pero me voy a asegurar de que no me lo vuelvan a quitar… Me pasó lo que pasa siempre que no tengo información, que no sé de qué va el tema, que me vence el miedo o el sistema: que cuando no tomo mis propias decisiones, vienen a tomarlas por mí, y no son mis intereses los que prevalecen.

Aún me resbalan las lágrimas cuando lo recuerdo.

Sin embargo, como si de un sádico ritual iniciático se hubiese tratado, renací como madre empoderada. Saqué una fuerza y una determinación sorprendentes, que me llevaron a buscar información tanto externa, como interna. Me enfrenté a mis miedos y me prometí a mí misma que mi siguiente parto sería consciente. Que mi maternidad sería así: consciente y responsable. Resiliente pero asertiva. De pronto: maduré.

Y así, llegó mi segundo embarazo y mi segundo parto me reconcilió con el mundo. Fue sanador y cicatrizante. Tuve el parto que yo quería y salí aún más empoderada porque no sólo me sentí llena de razón y alegría.
Me sentí completa por primera vez en toda mi vida. Me sentí viva y agradecida. Comprendí esa conexión universal y mística que tenemos de madres a hijas e hijos. Me até a la tierra y dejé de huir. Por fin, había llegado a casa.

Entonces me entró una fiebre de perfección… Mi vida era tan plena que no quería que nada la perturbara. Me resistí al cambio y me volví una maniática del control.

Y ahora… Ahora me voy relajando poco a poco, me estoy volviendo como un junco al viento. Estoy aprendiendo a soltar las riendas aunque me cuesta y a veces me paso y peco de hedonista.

Pero mantengo mi objetivo y sigo siendo una madre responsable, consciente y cada día un poco más asertiva.

Si yo pude, si yo puedo: tú también!