El engaño de cuidarse

A todas nos pasa, llegamos a una edad, o a una etapa en la que “toca cuidarse”. Y claro, decides enfocarte y sacar tiempo y ganas (esto de las ganas es muy importante) para hacer deporte, cuidar la dieta, dejar de fumar…

Y durante una temporada lo logras, porque es verdad que cambiar de hábitos durante 21 días es posible, es verdad que puedes incluir verduras en tu dieta, y que eres capaz de ir a clases de yoga, pilates, hipopresivos o tai-chi durante unos meses…

Hasta que pasa algo: Te cambian de puesto en el trabajo, tus peques tienen vacaciones, llega la Navidad, etc. En cualquier caso, te surge un imprevisto, un estrés indeseado o un compromiso social en el que todo el mundo te suelta las manidas frases: “Por un día no pasa nada”, “¿Qué mal te va a hacer que pruebes un poquito?”, “La piscina seguirá ahí mañana”… Y zas, semanas (o meses) de esfuerzo al garete.

Y todo ese sudor, toda esa fuerza, toda la motivación te abandonan.

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¿Por qué?

Pues porque te has dejado atrás uno de los pilares fundamentales, has caído en el engaño de cuidarse pero por fuera, o del cuidado físico… Y te has dejado atrás la mente, y lo que es más importante: el corazón. O como le llamamos ahora: la gestión emocional.

Es así, crear un hábito no se hace en 21 días. ¡Vaya! Qué chasco!

Es todo un proceso en el que cuerpo, mente y corazón (o alma) van de la mano. Por mucho que trabajes uno, si no los acompañas de los otros, en cuanto algo surja se te irá todo por el desagüe.

¿Qué puedes hacer?

Para empezar entender cómo funcionas, conocerte, comprender tus creencias y tus valores. ¿Cómo si no vas a poder mantener tus motivaciones?

Para crear un hábito lo mejor es estar alineada con tus creencias. Te pongo un ejemplo: Tal vez tú quieres bajar de peso, y lo quieres hacer por salud, es una buena motivación, sin embargo, entre tus creencias,una de las más fuertes es: Hay que comer de todo. O una muy habitual: Hay que dejar el plato limpio.

Luchar contra estas creencias es complejo. Porque están muy arraigadas. Entonces hay que tener otras estrategias. Como por ejemplo: usar platos más pequeños, o cambiar la cantidad de los alimentos (aumentar las verduras y bajar las salsas). O reducir el consumo de ciertos alimentos al mínimo.

Con la actividad física también nos pasa: queremos empezar a tope y a medio camino nos quedamos sin fuelle. Tal vez, en tu cabeza resuena una voz que te dice: Lo importante es participar. Lo has intentado. No pasa nada si no lo acabas.

Y así con todo. Escucharse a una misma es complicado. Pero no imposible. Existen numerosas técnicas y formas de acallar estas voces internas.

Es importante mantenerte conectada con tus emociones. Darte cuenta de qué sientes y cuándo lo sientes.

Es posible que seas capaz de hacerlo tú sola pero si ves que no, da el paso, pide ayuda, busca apoyo, somos parte de una comunidad y el poder del grupo es poderoso. Ánimo.

Tu momento es ahora.

suricato.JPGSi quieres mi ayuda me puedes contactar en mi web:

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Y si te gusta lo que publico siempre me puedes invitar a un café:

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Los secretos del puerperio

Estás embarazada por primera vez. Todo es nuevo, estás llena de dudas. No sabes ni por dónde empezar.

Tal vez era un embarazo deseado y buscado, tal vez no. Tú seguramente tendrás sentimientos encontrados que se mueven entre la alegría y el miedo.¿o no?

Todo va muy rápido y parece que de golpe tienes que tomar un montón de decisiones sobre temas que no tienes ni idea, y para más inri, recibes informaciones contradictorias por todas partes. En mi opinión esta es una de las cosas que genera más dudas. Unas personas te dicen que epidural, otras que parto respetado, otras que vayas a tu hospital más cercano, otras que mejor te busques uno amigo de los niños ¿qué demonios es un hospital amigo de los niños?

En medio de este embrollo, tú y tu pareja confiáis en que vuestra matrona en algún momento te va a dar una cita con ginecología, y allí podréis despejar todas vuestras dudas. Han pasado casi 7 meses de embarazo y si todo ha ido bien, ninguna visita, nada. Te empiezas a poner más nerviosa. Se te da por preguntar a alguna amiga o familiar y te cuenta que seguramente no verás a nadie de ginecología hasta el día del parto. ¿cómo?

Pues sí, los partos los llevan las matronas. Pero no las de atención primaria. ¿Curioso, eh? Otro mito que se cae. También te digo que una buena matrona pro parto respetado es lo mejor que te puede pasar.

Llegan las clases preparto. Y tu piensas: Menos mal. Suspiras.

Pero, no. No sólo no te despejan dudas sino que te generan más. ¿Puedo cortar el cordón? ¿Puedo donarlo? ¿Para qué sirve? Y dirás: Pues podré hacer todas las preguntas en esas clases, que son para eso. Pues no siempre, a veces te quedas ensimismada con un tema concreto, o te encuentras mal,o te da un mareo, o no se te ocurre en el momento.

Total, ¿qué puedes hacer? Buscar información contrastada y veraz, en facebook tienes varios grupos de embarazo, lactancia, crianza… En tu ciudad, o en sus alrededores, puedes acudir a grupos presenciales de lactancia y crianza en dónde encontrarás familias que van a pasar por el puerperio, que lo están pasando o que lo han pasado recientemente. Y por supuesto, leer, tienes multitud de blogs, revistas y libros sobre maternidad y crianza. (Te dejo un par de enlaces de dos blogs que me gustan mucho aquí y aquí).

Ya ha pasado el día del parto, ya habéis dejado el hospital y estáis en casa. Es una sensación tremenda verte sola con tu bebé en casa. Es claramente, una situación nueva y estresante, nunca has pasado por algo así, las clases preparto ahora te parece que quedaron muy lejos en el tiempo, te sabes la teoría pero no tienes ni idea de qué hacer, cómo hacerlo, cuándo hacerlo. Si vienen visitas de familiares y amig@s, lo más seguro es que te ofrezcan soluciones rápidas, eficaces en los primeros momentos pero que en cuanto se marchan por la puerta, dejan de funcionar.

Pedir ayuda es complicado.

Saber a quien acudir es complicado.

Tener la casa llena de gente y de trastos por en medio es complicado.

Te toca tomar muchas decisiones: qué tipo de lactancia, dónde va a dormir, qué pañales, qué ropa, cuando tocan las vacunas, cuándo las revisiones, cómo organizar las tareas del hogar… Y tú sólo quieres dormir y que alguien te diga qué hacer, cómo y cuándo.

El caso es que ahora te toca a ti (y a tu pareja si es el caso) tomar todas las decisiones con respecto a tu bebé. Sólo a esta nueva familia le corresponde: A tu familia.

Y aquí es cuando te doy los dos consejos que considero más importantes al respecto:

  1. Prioriza lo importante, muchas veces lo urgente se lleva lo importante. Hasta que lo importante se vuelve urgente. Yo te digo que muchas de las cosas que tienes en tu lista de urgentes no lo son tanto. Las cosas importantes sí suelen serlo. Procura prestarles atención.
  2. Infórmate y mantén la calma, solemos tomar muchas decisiones por impulso, pero las prisas son nuestras enemigas en cuanto a crianza se refiere, en este artículo te hablo de ello.

Aunque en medio del caos, no es fácil ver la luz y mantener la tranquilidad, el puerperio, como todo, es una etapa más, y pasa rápido. En el grupo de crianza y lactancia lo decimos mucho: los días son largos pero los años cortos. Te invito a disfrutar cada momento y pedir ayuda siempre que lo necesites. La mía la puedes encontrar aquí.

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La trampa de la mamitis

A menudo atiendo a familias que llegan preocupadas porque no quieren que sus bebés sean dependientes, o que se vuelvan dependientes. Son familias que quieren que sus hijos e hijas sean autónomos e independientes, algo totalmente lógico. Ahora bien, siempre intento definir con ellas ¿qué entiendes por dependiente?

Existe un gran temor a que nuestra propia descendencia dependa de nosotras, y más en concreto,que exista una dependencia emocional. Es como si deseáramos quemar etapas fundamentales para el desarrollo. Me viene a la mente ese capítulo de los Simpsons en el que Lisa bebé se cambia sola los pañales porque sus padres están muy ocupados disciplinando a su hermano Bart. ¿A quién debe vincularse un bebé sano?

Vivimos una sociedad que ensalza por encima de todo la independencia, la autonomía, la auto gestión, sobretodo en lo que a emociones y sentimientos se refiere, claro. Cuando somos una especie social, somos una especie altamente interdependiente, sí. Es así,dependemos unos de otros para sobrevivir. Dependemos las unas de las otras para avanzar, para desarrollarnos, y cuando queremos saltarnos las etapas o acelerarlas, solemos encontrarnos con el efecto contrario al deseado.

Seamos claras, familias, un bebé es un ser altamente dependiente, si no recibe atención, se muere. Fijaos lo que os digo: atención. Ya no hablo de hambre, sueño o condiciones insalubres, os hablo de contacto humano (podéis leer más en este artículo).

Es evidente que cada familia posee sus características y prioridades, y no todas tienen porqué organizarse igual. Sin embargo, cuando nace un bebé lo que espera es estar con su madre; ¿por qué? Pues porque es su entorno conocido, es la respiración que reconoce, el corazón que ha escuchado en el seno materno, el olor que le calma. Esta etapa se llama exterogestación. Una cuna fría es lo último que se espera, por muy limpia y aseada que se la encuentre.

Algunas familias me dicen, ya mujer, eso ahora, pero cuando tenga 2 años yo quiero que sea autónomo, que no dependa de mí. ¿Os acordáis de cuando teníais 2 años?,¿tenéis contacto con bebés de 2 años? Pensáis que un bebé de 2 años puede tener independencia y autonomía. Vale, no voy a negar que alguna sí… Puede comer y beber lo que le ofrezcas, tal vez vestirse (al menos en parte), seguramente desvestirse y sobretodo descalzarse. Puede jugar un breve período de tiempo solo. Caminar, correr, saltar… Pero, seguro que no tiene ni idea de valorar muchos peligros: como cruzar una carretera, meter los dedos en un enchufe o meterse la mano llena de tierra en la boca,o lo que es peor: un objeto pequeño que le provoque la asfixia.

No, no, me dicen: que no tenga mamitis. ¡Acabáramos! ¡Mamitis! Por fin, después de muchas vueltas hemos llegado al quid de la cuestión. ¿Qué es la mamitis y por qué nos incomoda tanto?

Como os decía, un bebé suele venir con la mamitis de serie (y que conste que digo suele porque no me gusta generalizar). Viene preparado para estar con su madre, para mamar de su seno, para estar en sus brazos el mayor tiempo posible. Aunque tú quieras que se acostumbre a estar solo, o sola. En realidad, de una forma totalmente atávica, viene preparado para estar acompañado siempre y tiene sus mecanismos para lograrlo: Son mecanismos de supervivencia, para asegurar su bienestar.

Qué tú bebé tengas mamitis significa que lo estás haciendo bien. Que eres su refugio, su consuelo, su alimento, su modelo y ejemplo. Esto es lo que implica un apego seguro. Sí, apego. Sí, seguro.

La mamitis es sólo una fase, y se pasa, cuando no forzamos el desarrollo natural, construimos personas seguras de sí mismas, forjamos su autoestima y autoconcepto, se convierten en seres autónomos e independientes que no necesitan la aprobación de nadie, con voluntad para tomar sus propias decisiones, que no tienen porqué ir mendigando el cariño porque siempre se han sentido queridos y amados.

Además, un bebé que casi no llora, porque tiene todas sus necesidades cubiertas, tiene un desarrollo pleno. Porque ha invertido la mayor parte de su energía en él. Se reconoce a sí mismo como valioso e importante. Algo fundamental para tener una autoestima sana y poder formar relaciones positivas.

No sé en qué momento, la mamitis se convirtió en un símbolo de niña, o niño malcriado. Ni porqué se asocia a la tiranía o al capricho.

Seguramente, en algún momento de la revolución industrial, cuando el capital necesitó toda la fuerza de trabajo posible e integró en jornadas abusivas tanto a las madres como a sus hijos e hijas.

Y puede que todavía sea una creencia muy arraigada en nuestra cultura pero, quedémonos con las cosas que funcionan o que merecen la pena, ¿no?

Existen costumbres que realmente no sólo no aportan nada sino que entorpecen la crianza y el desarrollo de la humanidad. La teoría de la mamitis es una de ellas, simplemente es una trampa.

Si quieres aprender más sobre cómo se desarrolla nuestro cerebro, nuestra autoestima y nuestras emociones te espero en mi curso: entendiendo las emociones.

Errores inevitables que cometemos cuando queremos frenar una rabieta

Sí, has leído bien. Errores inevitables, y es que para aprender a acompañar un berrinche tenemos que hacerlo mal muchas veces. Seguramente por eso nuestros hijos e hijas nos ponen a prueba tantas veces.

1. Pensar que lo que nos funciona hoy, nos va a funcionar mañana. Sí, está fase de nuestros peques requiere mucha creatividad. Tal vez ayer te funcionaba jugar al despiste pero mañana puede que no. Mantenerse atenta e ir probando técnicas es muy positivo.

2. Tener prisa. Sí, te entiendo, es un momento desagradable y necesitamos que sea breve, sobretodo si tenemos público. Sin embargo, requiere paciencia y tiempo, si vamos apuradas puede que incluso dure más.

3. Intentar razonar en el momento álgido de la pataleta. Ahí estamos, intentando que entiendan que hay que irse, o que su taza verde está en el lavaplatos, o que no puede comerse el cable. Pero tu hija está disgustada o enfadada y tus argumentos ni los oye. O tu hijo, que es muy maduro y lo entiende todo, está invadido por la emoción de ese momento y por mucho que quiera no puede acceder a su pensamiento lógico.

4. Gritar. Sí, antes de hacerlo tú ya sabes que no tienes que hacerlo. Es tan difícil, la primera bien, la segunda bueno pero cuando llevas un día de esos de son las 10.00 de la mañana y ya me ha montado el pollo 18 veces, saltas y se te contagia la rabieta. Una cosa que suele venir bien es cantar, en vez de dar un grito: ya está bien nos vamos ya! Pues canta: nos vamoooos, ya no tenemos tieeeeeeempooooo. Entiendo tu disgustooooooo, y se me lleva el vieeeeentooooo… (en este caso tanto la letra como la música serán de tu cosecha).

5. Ignorar a tu peque. Parece una práctica efectiva a corto plazo pero a la larga suele dar malos resultados. Lo realmente eficaz es ignorar la conducta sin ignorar a tu hijo o hija. Es difícil, lo sé. Sobre todo cuando está haciendo algo que te molesta mucho, algo que te conecta (que hace que se te contagie su berrinche). Pero es realmente eficaz mantenerte en calma y prestar atención sin intervenir, simplemente estando y observando el momento adecuado para ofrecer un abrazo.

Seguramente hay muchos más, pero estos cinco son los que más me encuentro en mi día a día. Ten por seguro que los he cometido todos y he aprendido mucho a lo largo de estos años, por eso los he considerado el top cinco.

De todo esto y mucho más hablaremos en mi curso: Entendiendo las emociones

Entendiendo las emociones