Qué hay detrás del pequeño comercio

Yo soy muy de barrio, muy de aldea, de compra de proximidad.

Me gusta pasear de pequeño comercio en pequeño comercio, conocer a la persona que está al otro lado del mostrador, a esa persona que cuida su mercancía, que la escoge pensando en su clientela y en que la gente se marche feliz, feliz para que vuelva.

Me gusta la calided del trato humano y sin prisas, me gusta saber que colaboró con una persona autónoma y emprendedora, que ayudo a que salga adelante su familia.

Me alegra poder aportar mi grano de arena al barrio, a la calle, me encantan los escaparates pequeños, bonitos, ordenados. Aportan belleza a la calle, colorido, en otras palabras: vida.

Este mes cierra una de mis tiendas favoritas, una de esas tiendas en las que te sientes como en casa, en las que las personas al otro lado del mostrador tienen gran calidad humana, un comercio con valores, que aportaba gran valor a la calle (aunque el escaparate no fuera pequeño).

Y a mí se me muere un poquito el alma, el pequeño comercio lo tiene todo en contra:
1. La compra online es mucho más cómoda, rápida y hasta barata.
2. Los centros comerciales aportan seguridad, comodidad, descuentos y ventajas de socia.
3. Los gobiernos locales no hacen ni promoción, ni dan ayudas.
4. El gobierno central les fríe a impuestos y burocracia.
5. Y nosotr@s, su clientela, tampoco damos para más, a veces no tenemos tiempo, a veces no tenemos dinero, a veces no tenemos ni idea de cómo sería nuestro barrio, o nuestra calle sin comercios.

Y así, poco a poco, iremos entrando en una espiral en la que las grandes multinacionales lo manejarán todo y nos manejarán a todas las personas. Y así, es como detrás del pequeño comercio lo que hay es una red de vida que nos sostiene y defiende de los monopolios. Hay familias que luchan contra viento y marea que cada día que pasa son más valientes porque las dificultades crecen y los beneficios cada vez son menores.

Compra local es igual a vida en tu calle, vida en tu barrio, vida en tu pueblo, vida en tu ciudad.

Juguetes que piden versus juguetes que molan

A veces, tenemos que perdernos para encontrar el camino. A veces, tenemos que tener expectativas para poder avanzar.

Una vez acabadas las navidades he querido hacer balance de lo que han supuesto los regalos, no sólo por el coste material, sino por la satisfacción emocional.

Cuando deseamos algo, y nos ilusiona, puede que simplemente nos inspire, que lo usemos todos los días, que no sea lo que esperábamos o que supere nuestras expectativas.

Esto mismo les pasa a los peques cuando reciben los regalos. Pero sin filtro emocional… Y mientras los abren, ahí estamos nosotros esperando nuestra recompensa: su sorpresa, alegría y entusiasmo.

Aunque no siempre es así.

A veces, lo que deseaban hace una semana o 15 días ya no es lo que quieren. A veces, se lo imaginaban de otra manera, de otro tamaño, con otras características… Y sus caras muestran decepción, tristeza, enfado.
Para eso no solemos estar preparados. Y es que en el fondo creemos que la magia navideña siempre va a “acertar” y responder a los deseos del peque.

Por mucho que pensemos que ciertos juguetes serán más utilizados o aprovechados (en nuestro caso: puzzles, disfraces, construcciones de madera…). Siempre habrá juguetes que desean y piden y no sean de nuestro agrado (en nuestro caso: power rangers y transformers). Sin embargo, también son necesarios.

Por qué? Muchas veces son un nexo entre compañeros para jugar o iniciar una conversación. Otras veces, son un deseo de alcanzar un status en el grupo, como un reclamo, tengo este juguete para que vengas a jugar a mi casa.

También nos debemos preocupar por encontrar un equilibrio entre los que piden y los que necesitan. Recordando siempre que el mejor juguete es el que nos aporta tiempo de calidad juntos.

Termino con una frase que compruebo cada vez que mi casa se ve invadida por juguetes: “Cuanto menos estructurado es un juguete, más facilita la imaginación del niño”.

Y así… Mi salón está siempre lleno de cajas de cartón, recortes de papel, pinzas de la ropa, gomas elásticas y cinta de carrocero.