El duelo en la infancia

Vivimos inmersas en una sociedad que tiende a ocultar a la infancia cualquier aspecto relacionado con la muerte, y lo hacemos desde la buena intención, desde el cariño y desde la convicción de que ocultar el tema va a evitar un mal trago, o un trauma.

Sin embargo, la experiencia de la educación emocional nos indica algo muy diferente. las experiencias dolorosas (emocionalmente hablando), se transitan o se bloquean. Siendo la primera opción la más saludable. Porque cuando bloqueamos una emoción tarde o temprano, resurge (y no viene atenuada).

Duelo en la infanciaAdemás nuestras niñas (y niños) son expertas en leer nuestro lenguaje no verbal. Esto significa que pese al esfuerzo considerable de controlar nuestros sentimientos, van a notar que nos pasa algo, que estamos tristes, enfadas, nerviosos, etc. Y como no van a saber porqué, van a pensar que es por ellas. Rápidamente asocian nuestro estado emocional a algún tipo de conducta o comportamiento propio.

Es por esto que hablar mucho de lo que sucede, o ha sucedido, les va a ayudar a comprender que tu estado emocional no es su responsabilidad, y que si lo que ha pasado les ha afectado directamente, pueden integrar más rápido sus propias emociones y sentimientos.

Es probable que parezca obvio lo que te voy a explicar ahora pero cuando digo que debemos hablar mucho, me refiero a hablar desde la honestidad y la sinceridad, sin inventar, ni fantasear. Con un lenguaje adaptado a su edad por supuesto. Esto implica explicar la realidad de manera sencilla y sin mezclar ideas culturales o religiosas.

Aunque a las personas adultas nos puedan consolar, ayudar y sostener estas creencias pueden generar miedos infundados en los más pequeños, o grandes dudas sobre el funcionamiento de la realidad.

Aunque nos cueste hablar sobre la muerte de un ser querido, hacerlo en familia es reconfortante para todos sus miembros. Al fin y al cabo, es la forma de crear un espacio seguro de expresión emocional. Y qué mejor entorno que nuestra familia.

De hecho, recordar a los seres queridos alivia el sentimiento de pérdida porque nos acerca, nos permite empatizar de manera sencilla con nuestros seres queridos, genera cercanía.

En 2018 falleció mi padre, y fue un suceso muy doloroso. Una de las herramientas que más empleo en mi trabajo de acompañamiento emocional son los cuentos, así que para superar el mal trago, revise, busqué y compré varios cuentos de duelo, o que hablaban sobre la muerte. Ninguno me encandiló. A todos les encontraba algún pero ¿por qué?

En primer lugar, la mayoría estaban protagonizados por animales, en general los niños (y niñas) más pequeños se identifican mejor si los personajes protagonistas son niños (y niñas). Algunos pueden pensar que animales y personas se mueren de maneras diferentes.

En segundo lugar, una gran parte de ellos se centraban en el acto de morirse pero no en el duelo posterior, por lo que no cubrían la parte del proceso que me interesaba.

En tercer lugar, muchos de ellos manejaban ideas religiosas o culturales que, como ya he dicho, pueden confundir o generar miedos en nuestros peques. Más que nada porque suelen ser muy literales en su comprensión de la realidad, y pueden pensar que se están comiendo a sus seres queridos, o que se les van a caer encima porque están en el cielo, o cualquier otra cosa similar que les acaba generando preocupaciones.

Y en último lugar, muchos tenían un tamaño, forma o hechura que los hacía difíciles de manejar o trasladar para mis peques, sobretodo para la pequeña que en aquél entonces tenía poco más de 3 años.

Es por esto que he creado un cuento de duelo para acompañar a las familias en este proceso que podéis adquirir en este  enlace o en este enlace (versión en galego).

El ciclo de la vida
El ciclo de la vida

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Taradas

Así calificaba un hombre con estudios universitarios y de tendencias políticas de izquierdas a las mujeres que deciden parir en su casa: Taradas!

Y se quedó tan ancho… Tan lleno de razón… Superior!!! Porque así se siente la gente que se dedica a “callar bocas”… Es un mecanismo muy potente. La burla no tiene por función humillar al otr@, sino sentirse superior que el otr@.

Otro ejemplo de la facilidad con la que en esta sociedad juzgamos sin saber.

Y es que las redes sociales están llenas de polémicas en las que en vez de debatir o discutir, simplemente se cae en la descalificación y el insulto fácil.

Y así desahogamos nuestras frustraciones y amarguras por el mundo adelante, escupiendo bilis contra quien nos parece despreciable, ninguneable, ínfim@…

Ya hace días que resuena en mi mente: Taradas!

Es curioso, porque sinceramente, a quién Le importa dónde decide una mujer parir o no parir. De verdad te afecta tanto? A ti que ni la conoces? A ti que no sabes la historia?

Y aunque fuera la peor decisión del mundo: no crees que ya ha sufrido lo peor? Cómo si fuera poco su sufrimiento. De verdad tenemos que ponerla en la picota para apedrearla? Para insultarla?

Por qué nos gusta tanto hacer leña del árbol caído?

No voy a entrar en el debate de qué es mejor y qué es peor. Creo que cada mujer es libre para tomar sus decisiones de manera consciente e informada. O debería serlo. Por mucho que a mí me guste otra opción. Por mucho que a mí su opción me parezca una locura. O peligrosa…

O acaso l@s pilotos de fórmula 1 son unos tarados? Y l@s acróbatas? Y l@s que comen azúcar por toneladas?

Se entiende el símil? O tiene que decirlo una presentadora millonaria para darle más peso a nuestra opinión? Porque esta es la otra parte de la historia: qué pasó?

Lo sabe alguien con total seguridad?

Tú estabas allí?

Es que han dicho en la TV que era una loca, una cabezota, que quería parir en su casa en contra de las recomendaciones de la matrona… Y?

Ahora la TV se dedica a la veracidad, cuántas mentiras y rumores han propagado a lo largo de los años?

Es información o propaganda?

Es veraz? O es entretenimiento?

Sólo esa familia sabe lo que realmente pasó.

Alguien está dispuest@ a escucharla?

Mi más sincero pésame a esta familia. Ojalá pudiéramos volver atrás en el tiempo y evitar estas desgracias.

Mil aspersores

Y al final… Se murió mi padre… Se lo llevó la diabetes y un sistema sanitario lleno de recortes.

Si para despedirme de su pie necesité la lluvia reparadora de un aspersor… Ahora me harán falta mil… Un millón… Innumerables!

La muerte inesperada de un ser querido es algo trágico. Te deja en estado de shock. En una especie de nube de incredulidad. Te mueves entre la pena, la rabia y la sorpresa.

Y en ese mejunje te toca lidiar con muchas cosas. Te toca tomar decisiones rápidamente. Y todo el mundo a tu alrededor tiene algo que explicarte.

En un velatorio hay abrazos que te reconfortan y otros que necesitan consuelo. Se mezclan muchas emociones y te sorprendes de cómo la energía va a dónde se la necesita.

En medio de ese tumulto yo sólo quería meterme en mi cama y despertarme al día siguiente deseando que todo fuera una broma macabra. Una pesadilla horrible.

Pero no.

Ahora que ya han pasado unos días y la pena está dejando más sitio al enfado… Necesitaba escribir algunas sensaciones y percepciones.

La muerte es tabú. Es incómoda. Es molesta. Parece de otro mundo… Mi corazón arde y a la vez está como apretado.

Los abrazos reconfortan. Pero la soledad alivia. El duelo necesita ambas cosas.

Dos personas tendrán formas absolutamente diferentes de entender las voluntades de quien ha muerto. La esencia nos trasciende de maneras muy distintas. Lo que para una es importante para otra persona es una nimiedad.

Y viceversa…

La mayoría te quiere explicar lo que tienes que hacer. Lo que TIENES que hacer.

Algunas personas querrán aprovecharse y sacar réditos a costa de tu estado post-traumático.

Algunas personas te demostrarán que están ahí también para los malos momentos. Y con eso: llega.

Repartir una herencia es demoledor. Es un ejercicio de cuasicanibalismo. Estoy segura de que mi padre lo sabía y no quería que yo viviese este trance horrible. Si lo pienso mucho no quiero nada. Lo quería vivo. Lo demás son sólo cosas.

Pero, si lo siento un poco. Lo quiero todo. Y lo quiero repartir como yo quiera, para que permanezca su legado y llegue a quien más me importa: mis peques.

Mi padre no dejó una gran fortuna pero nos dejó un tesoro incalculable.

La administración lo pone todo muy difícil. El papeleo es inmenso, engorroso y poco claro.

Y si te descuidas te deja con una mano delante y otra detrás.

El protocolo cuando sucede un fallecimiento en el hospital es atroz. Es doloroso, inhumano, cruel y sin tacto. En mi opinión deberían poner a trabajar a tod@s es@s psicólog@s.

Por mucho que quieras ayudar… Al final, lo que cuenta no es la intención sino el resultado. Piensa un poco antes de decir algo.

La prisa sólo dificulta el proceso. Y sí, es un proceso… Para algun@s más largo que para otr@s.

Hoy ya no siento sólo pena, siento rabia, indignación y enfado porque mi padre para mí era una persona muy diferente a cómo la veían otr@s.

Mí padre fue un gran padre, un mejor marido, un profesor estupendo y una buena persona. Era alegre, con sentido del humor, le gustaba disfrutar de la vida, fue un trabajador incansable, consciente, responsable y comprometido.

Ojalá pudiera ver todo el cariño que sembró estos años.

Mil aspersores serán pocos.