¿Cómo consigo hacer tantas cosas?

Muchas me preguntáis esto. ¿Cómo consigues hacer tantas cosas?

Pues bien, vosotras preguntáis y yo os respondo.

Lo he contado en un vídeo:

 

Pero te lo dejo por escrito:

  1. Dedico unos minutos cada día a observarme, por dentro y por fuera, soy sincera conmigo misma y me hago consciente de cómo estoy y cuáles son mis necesidades reales. Lo suelo hacer por la mañana, antes de levantarme. Esto me permite…
  2. Establecer mis verdaderas prioridades, sí, lo hago cada día, existen días en que mi máxima prioridad es la salud y lo que hago es intentar descansar el mayor tiempo posible. Otros días sin embargo, mi mayor prioridad es sacar un proyecto adelante o pasar tiempo en familia. De esta manera, logro organizar mi agenda…
  3. Organizo mi agenda según mis prioridades, pero es que además, la utilizo para volcar toda la información posible, es una manera de liberar la carga mental. Esto significa que planifico semanalmente los hitos imprescindibles (esa cita médica, esa reunión, ese papeleo burocrático, ese cumpleaños ineludible) y el resto del tiempo lo organizo según mis necesidades reales.

 

¿Es lo único que hago?

No.

Hago más cosas por supuesto. En este artículo te regalo las tres más evidentes. Si quieres saber más pincha aquí.

Gracias por tu tiempo y tu confianza.

El amor es un sentimiento

El amor es el motor del mundo, o eso dicen. Mucha gente cree que el amor es una emoción pero no. En realidad es más complejo.

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La química del amor se compone de varias emociones, y varía de persona a persona. Cierto es que la emoción principal es la alegría pero también se compone de algo de ira, de algo de miedo e incluso puede que de algo de tristeza o incluso asco.

Cada una de nosotras podría pensar y medir su propia fórmula para el amor: Un 70% de alegría, un 20% de ira y un 10% de miedo podría ser la mía. ¿Te parece extraño? ¿Dirías que el amor es 100% alegría?

Bien, te voy a explicar mi fórmula:

  • Alegría 70%, la oxitocina, la serotonina y las endorfinas que segrega mi cuerpo gracias al amor, me hacen sentir bien, me llevan a un estado de ilusión, aceptación y apego.
  • Ira 20%, disminuye la producción de cortisol por lo que se reduce mi nivel de estrés pero es que a la vez aumenta mi nivel de testosterona lo que hace que se dilaten mis vasos sanguíneos y se me acelere el corazón. Es esa sensación de pasión, de deseo.
  • Miedo 10%, entran en juego la dopamina, la serotonina y la adrenalina, es el anhelo, esa pequeña zona de incertidumbre que se crea cuando dos personas están acercándose para darse un beso.

Esta podría ser la mía pero, existen muchas otras variables, porcentajes, formas de sentir y de amar. Porque, seamos claras, el amor no es sólo una cuestión de química, si así fuera, hace años que las farmacéuticas se habrían lucrado con la pastilla de la ruptura y/o el desamor.

Ante una relación tóxica, nos tomaríamos el jarabe del desapego y adiós muy buenas. Es más, se podría dar incluso el efecto contrario y podrían vender los filtros del amor, las pociones del enamoramiento.

Pero no.

¿Por qué no existen las pociones para enamorar?

Porque además de la química, existen las redes del amor, redes neuronales para ser más exactas. Alrededor del amor se crean una serie de comportamientos que afianzan esa sensación de bienestar.

Todas hemos visto un tropel de memes en las redes sociales que ejemplifican algunos de ellos.

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Y como éstos ejemplos podemos encontrar cientos. La cuestión es que no son solo las miradas, las muestras de afecto como rozarse las manos, acariciar el pelo o guiñar un ojo las conductas que refuerzan la bioquímica del amor. Existen muchas otras algunas sutiles y otras evidentes.

¿Y de qué van a depender?

Pues de numerosas variables, vivimos en una sociedad muy compleja, que ha llevado hasta límites insospechados las formas de tortura, humillación y dolor. Y las relaciones humanas no están al margen de esta experimentación. Existen toda clase de parafilias, prácticas sexuales y relaciones basadas en la dominación.

Nuestras relaciones de hoy se basan en nuestras experiencias del ayer.

Nada más nacer se genera el vínculo más fuerte que existe entre la madre y su cría. Es una poderosa estrategia de la naturaleza para garantizar el éxito de supervivencia. Pero la bioquímica no es la única que entra en juego, también se compone de las conductas propias del apego: miradas, contacto, olores, cuidado y cariño.

Cuando fui madre por primera vez y por fin, pude tener a mi bebé en brazos pensé: esto sí que es amor verdadero. (Tened en cuenta que yo ya creía que estaba viviendo una relación de amor verdadero con mi hombre).

¿Significa esto que todas las madres lo sienten así?

No.

Existen numerosas circunstancias que pueden romper o dificultar este momento: un embarazo no deseado, un parto instrumentalizado, la separación de madre y bebé, la obligación de ser madre, una depresión posparto, etc.

¿Significa esto que si sufres alguna de estas circunstancias quieres menos a tus hij@s?

No.

Significa que cada experiencia y sentimiento son únicos, y deberían estar libres de juicio. Significa que cuando explico esto en parte, lo cuento desde mi propia experiencia y en parte, desde la ciencia y los experimentos que se han llevado a cabo (algunos realmente crueles y faltos de empatía, por cierto).

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Como te decía, el amor se fragua en nuestros primeros años de vida y en las experiencias que vamos acumulando entorno a las figuras de apego que tenemos, para algunas personas será su madre, para otras su padre, una abuela, una tía o la niñera.

Existen numerosos artículos y estudios sobre este hecho: Las experiencias vividas en la infancia crean patrones de comportamiento que afectan a nuestras relaciones sociales en la vida adulta, entre ellas, las de pareja.

Y es que este es el otro quiz a tratar, los tipos de amor. Porque el amor, tiene tantas formas de expresión como matices. Desde el amor romántico hasta el amor al arte, existen universos y multiversos de amores, pasiones, deseos y anhelos.

Y así desgranamos el amor, hablando de: apegos, afectos, vínculos, cariño, comadreo, camaradería, compañerismo, amistad… Por eso, decimos que el amor es el motor del mundo. Porque es el amor el que nos impulsa a ampliar nuestra zona de confort, a explorar nuevos caminos, a crear puentes, a saltar hacia lo desconocido.

Es el amor ese sentimiento que nos vuelve mejores, empáticas, valientes, incansables, esperanzadas, imparables. Nos gusta estar ahí. Y quizás, esa es también la cara oscura del amor: la que nos hace vulnerables y confiadas. La que nos llega a convertir en dependientes de un amor tóxico, de una relación violenta, de una conducta obsesiva.

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Es aquí en donde nuestros referentes, nuestro autoconcepto y nuestra autoestima juegan un importante papel para sentirnos personas empoderadas, dignas de atención y cuidados, por el simple hecho de existir. Saber que merecemos que se nos trate con respeto y cariño es la base sobre la que se construye cualquier relación, repito: cualquier relación.

Y aún así, nadie nos puede asegurar al 100% que jamás nos hará daño, que siempre seremos lo primero en sus vidas, que el afecto será suficiente, que el amor será eterno, que la pasión siempre permanecerá intacta, a veces, el amor no basta.

Aunque, yo creo que el amor siempre es un buen comienzo, un primer paso (que es el más difícil) y también creo que el amor es la mejor cura para el alma.

Porque el amor sana.

Porque el amor perdona.

Porque el amor libera.

Atardecer

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Las 3 puertas del autoconocimiento

Cuando me preguntan cual es mi libro favorito, no tengo dudas, aunque sea una ávida lectora, y me gusten innumerables títulos, siempre respondo: “La historia interminable”. ¿Por qué?

Aparte de que sea una historia llena de detalles, de personajes fascinantes, de aventuras intensas y una narrativa que engancha. La razón de mi respuesta es otra. “La historia interminable” es un cuento que nos lleva a un viaje de autoconocimiento y aceptación personal.

Más allá de las incontables metáforas, es un libro para superar crisis vitales, para reencontrarte contigo misma cuando dudas hasta de tu propia existencia. Y es ahora cuando quiero hablarte de las tres puertas que atraviesa Atreyu para poder preguntar a Uyulala (El oráculo del Sur) cómo puede curar a la Emperatriz infantil y así parar el avance inexorable de la nada.

Existen otros muchos símiles dignos de mi análisis pero, parafraseando a la propia historia: “de eso te hablaré en otra ocasión”.

La primera puerta (El gran Enigma): Atreyu debe superar el miedo que le provocan las esfinges gigantescas que vigilan la entrada. Son unas criaturas tan hermosas como atemorizantes. Te hacen sentir una mezcla de horror y fascinación.

Esto es algo que nos pasa durante una crisis vital. ¿Por qué?

Una crisis es un proceso de cambio, y eso nos produce vértigo pero también esperanza. Lo primero que hacemos entonces es ponernos bajo la mirada crítica, ya sea exterior o interior, algunas personas son capaces de pasar esa fase, y otras no. Algunas personas se quedan presas en el remordimiento, la culpa y/o el rencor.

Para atravesar la primera puerta del autoconocimiento tienes que superar el miedo. Bueno, no un miedo, no. Muchos y variados. Aquí la variedad es tan extensa como diversas somos las personas.

La segunda puerta (El espejo de la verdad): Atreyu debe superar ver reflejadas sus peores sombras. Ver lo peor de sí mismo. Y abrazarlo.

Tras un primer análisis, llega esta fase tan escabrosa, no nos gusta ver esa parte: la parte oscura, la cruel, la reptiliana, la salvaje, la pesada, la cobarde, la egoísta, la cansada, la fría, la ladrona, la mentirosa, la traidora, la débil, la vulnerable, la perdida, la confusa, la impía, la hambrienta, la enferma, la putrefacta. Es difícil verla pero más aún aceptarla.

Para superar la segunda puerta del autoconocimiento tienes que hablar a esa parte, dialogar con ella, comprenderla, explorarla, perdonarla y finalmente: integrarla.

La tercera puerta (La puerta sin llave). Atreyu debe abandonar todo deseo de querer atravesarla. Pero necesita imperiosamente hacerlo para salvar su vida y la de su mundo. Necesita respuestas.

Por último, necesitamos respuestas, algunas muy complejas, en toda crisis resuena al menos un ¿por qué? Pero uno muy importante, uno que se te pega como auténtico engrudo. Ese es el que te quita el sueño, la paz, el hambre y hasta la salud. Te deja inhabilitada hasta que das con una respuesta mínimamente viable. Lo paradójico es que ninguna respuesta te va a llevar a dónde necesitas.

Para superar esta última puerta necesitas despojarte de todo. Saber que la única manera de encontrar respuestas es dejar de buscarlas. Necesitas parar. Sin duda es la imposible. La que suele requerir ayuda. La que nos sume en un estado de ansiedad o depresión. Y es en este punto, en el que mantener el foco en el lugar adecuado, será la llave para abrir la puerta.

Y hasta aquí la aventura de hoy. Espero que estas pequeñas pinceladas te hayan servido para arrojar algo de luz en la encrucijada en la que estás. Atreyu no terminó ahí su Gran Búsqueda pero fue el punto clave para enganchar a Bastian, llevarlo hasta la Emperatriz infantil y salvar Fantasía. Es decir, es el momento en el que logra su objetivo aunque no sea consciente de ello.

Si no has leído el libro no temas los “spoilers” de este artículo porque te garantizo que este ni es el final, ni lo que te he contado te va a desmontar la historia, al contrario, es posible que la leas con otra interpretación más allá del cuento infantil.

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Cielo

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Lactante distraido

¿Para qué sirven las tetas?

Estamos en la Semana Europea de la Lactancia Materna y me apetece hablar de un tema muy tabú sobre el uso que le damos a nuestras tetas. Voy a dar respuesta a la pregunta: ¿Para qué sirven las tetas?

Puede parecer una pregunta sencilla pero encierra muchos tabúes en nuestra sociedad. Las mujeres occidentales llevamos muchos años, décadas, aprendiendo que las tetas son otro órgano sexual, y en parte así es, algunas mujeres jamás las usarán con otro fin que el de el propio placer sexual.

Sin embargo, la naturaleza le ha otorgado otras funciones de vital importancia para nuestra supervivencia. La principal es la de producir alimento para nuestras crías. Pero no sólo alimento en sí: nutrientes, líquidos, vitaminas, grasas, etc. La leche materna transporta defensas, bacterias vivas, se adapta a las necesidades de nuestro bebé. 

De hecho, durante la lactancia (sobretodo al comienzo, durante la exterogestación) el cerebro de la madre regula la homeostásis de su bebé. Eso significa que hasta las hormonas del bebé están, en parte, reguladas por el cerebro materno. Por tanto, la implicación de la madre en la crianza llega a niveles físicos, psicológicos, mentales y emocionales. Y es algo programado por la naturaleza. Somos mamíferas.

Chapas de la Asociación Teta e Coliño
Chapas de la Asociación de lactancia y crianza Teta e Coliño

¿Y cuál es el problema?

Pues el problema del que quiero hablar es el tabú que existe en nuestra sociedad sobre la sexualidad. Y en concreto, sobre la sexualidad femenina.

Ojo: sexualidad que no sexo. La sexualidad engloba mucho más que el sexo: la amistad, el cariño, el deseo, la pasión, la fraternidad, la camaradería, el aprecio…

Y hablar de esto es tabú.

Y compaginar el amor por tu bebé con el deseo sexual es complejo. Porque nos genera un gran rechazo sentir excitación sexual cuando alimentamos a nuestro bebé. Esto creo que es fácil de comprender pero es realmente difícil de exponer sin tergiversaciones, malas influencias, juicios o exageraciones.

Hace años cuando estudiaba para ser asesora de lactancia, investigué mucho sobre la “agitación en el amamantamiento” y en concreto sobre sus causas. Era un tema tan tabú que hasta mis profesoras evadieron mis preguntas con un: si llega ese momento entonces es momento de destetar.

Así que leí, mucho. Todo lo que encontré al respecto. No fue mucho. Hoy ya puedes leer sobre el tema aquí, aquí o aquí. También leí algún estudio antropológico después de mucho buscar y buscar, pero no daban respuesta a mi pregunta: ¿Por qué sucede la agitación por amamantamiento?

Tengo la teoría de que además del cansancio, o de las hormonas, entran en juego también nuestras creencias culturales. Y es que vivimos en un sistema en el que no tenemos ni educación sexual, ni emocional, ni social.

Y además parece que a nadie le importa. ¿Para qué buscar las causas si podemos parchear los síntomas? ¿Para qué encontrar los orígenes si podemos decir a las madres que no se sientan culpables?

Y es que es lógico que te sientas culpable cuándo sientes un impulso visceral a negarle el pecho a tu bebé, o a tu hija de más de 2 años, o a tu hijo de 4 años. Porque como madre sabes todos los beneficios que le aporta pero como mujer una parte de ti necesita restablecer su sexualidad y las soluciones que te dan apelan al descanso, al destete, a tener paciencia.

Sé que es complicado separar sensaciones. Es difícil mantener separadas la excitación sexual y el placer del amamantamiento cuando la sensibilidad de tu pezón es tan similar. Y ahí estás tú sintiéndote la peor madre del mundo, sin comprender qué pasa, navegando por las soluciones que te dan pero sin profundizar en ellas, no vaya a ser que de pronto conectes con tu mamífera interna y sitúes tu propio placer en el centro de tu sexualidad.

Estamos en la Semana Europea de la Lactancia Materna y el lema de este año es: ¡Empodéremonos! ¡Hagamos posible la lactancia materna! Así que me ha parecido apropiado hablar de este tema: Lactancia y sexualidad, dos funciones de nuestras tetas. Y dos partes importantes de la sexualidad de la mujer. Por tanto, resulta imprescindible hablar de ambas cuando pretendemos un empoderamiento colectivo al respecto, ¿o no?

Manzana caída
Manzana caída

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La importancia de los descansos

Descansar es esa actividad que todo el mundo sabe que es imprescindible pero siempre aplazamos en este mundo acelerado en el que vivimos. Parece que si te tomas tus descansos te vas a ganar fama de perezoso, vaga, o que sé yo…

Además, vivimos con la idea de que el descanso es una recompensa. Como si no fuera lo que realmente es: una necesidad. Y además, según el momento en el que estemos, descansar puede marcar la diferencia en nuestra salud, y por ende, en nuestra vida.

Sin salud, no hay nada.

El mercado laboral nos marca los descansos, y hasta la época y manera de planificarlos. No siempre nos valen. No siempre llegan cuándo son realmente decisivos. Llevo ya varias semanas escribiendo esta frase: Cuando necesitas parar y no lo haces, llega la vida y te para de golpe.

Y no nos gusta nada.

Parar de golpe exige un nivel enorme de reposo. O bien, enfermamos, o bien nos sucede algo dramático (una mudanza, un funeral, un cambio de trabajo, una separación…) que además, nos suele pillar de sorpresa y/o de bajón.

Es como si fuéramos cocinando a fuego lento una resaca de esas que te tumban.

El ser humano puede llegar a complicarse la vida de formas fascinantes.

Podemos llegar a unos niveles de complejidad alucinantes.

Por si nuestra sociedad no fuera ya suficientemente problemática y enrevesada.

Somos capaces de darle aún más vueltas de tuerca.

Tenemos muy bien entrenada esa voz que nos dice: sólo un día más. sólo una hora más, sólo un café más, sólo un envío más…

Y así, enfermamos.

No sabemos parar. O simplemente bajar el ritmo.

Nos han educado para hacer springs pero la vida de lo que está compuesta es de maratones.

Lo queremos todo y lo queremos ya pero, la vida son procesos que requieren paciencia.

Aprovecho este artículo para anunciarte mis propias vacaciones. Volveré en Septiembre con más artículos sobre temas de educación emocional, resolución de conflictos, reivindicaciones y lo que se tercie (ya sabes que cualquier sugerencia es bien recibida y tu opinión es importante para mí).

Espero que tú también puedas descansar y disfrutar unas merecidas (o no) vacaciones (¿acaso no son siempre merecidas?) y que generes muchos recuerdos valiosos con tu familia. Espero también que la vuelta a la rutina no sea tediosa.

Y que este texto sirva para que te permitas hacer los descansos que sabes que son vitales para ti y tu gente.

CERRADO

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Las mujeres fuertes también necesitamos apoyo

Sí. Las mujeres fuertes también necesitamos apoyo. Tenemos días malos, días depresivos, días en los que nos derrumbamos. Aunque seamos fuertes, dinámicas, con iniciativa, con carácter, poderosas o el adjetivo que tengas en la cabeza somos humanas y tenemos nuestros momentos de bajón.

Las mujeres fuertes también necesitamos alguien fuerte que nos apoye y sostenga cuando sea necesario. Detrás de una mujer poderosa hay toda una tribu que la mantiene y le da la energía cuando algo falla o se interponen obstáculos.

Esta es una realidad que nos pasa a todas las personas, mujeres, hombres, de cualquier edad, condición social, profesión o circunstancia.

Ser una mujer fuerte conlleva una serie de preconceptos y prejuicios que muchas veces nos obligan a llevar una carga innecesaria, injusta y del todo descomedida.

Vivimos en una sociedad que nos insta a vivir con la sonrisa permanente, sin poder mostrar otras emociones. Y por eso no fuera suficiente resulta ser también altamente exigente y si nos mostramos vulnerables se nos castiga duramente, sufrimos críticas, burlas, se arrastra nuestras reputaciones por el lodo y se nos baja de esos pedestales que jamás pedimos. Porque eso creo que es lo más denigrante: aún no conozco a ninguna mujer fuerte que lo haya pedido.

Yo soy una de esas mujeres (o personas) que mantengo la templanza en situaciones de crisis, y soy capaz de tomar decisiones con la cabeza fría cuando otras a mi alrededor se ven superadas por la situación. Pero cuando la crisis pasa, me vengo abajo. me siento agotada, vulnerable y puede que hasta deprimida.

He tenido suerte (o no), he podido rodearme de personas que me comprenden, me aceptan y me tratan como a una igual. Hace tiempo que huyo de la gente que me venera (o me denigra) porque al final las expectativas juegan en contra. Me gusta tratar como iguales a todas las personas que me rodean y me encuentro en el camino y además mostrarme con franqueza y sinceridad (soy vaga: mentir conlleva mucho trabajo).

Con los años he comprendido que mi capacidad para mantener muchas amistades es limitada. Procuro llevarme bien con compañer@s de trabajo, de formación, clientes, vecin@s, profesor@s, etc. Pero no soy capaz de mantener más “mejores amig@s” (BBF) que dedos tengo en las manos. La amistad hay que cultivarla y cuidarla.

Y claro, tenemos un trabajo, una familia, una mascota, una casa, unas aficiones, una formación continua, una vida tan plena que al final vamos cambiando las amistades según la ola en la que nos movemos. Y mientras coincidimos en el tiempo y el espacio podemos ser grandes amigas pero si cambia una de las dos variables pues: nos distanciamos.

Es una pena, siento que podría compartir mi vida con muchas amigas que se han ido alejando por sus respectivos caminos, sin más. Y en su día fueron grandes apoyos, me hicieron crecer y ser la mujer fuerte que ahora soy. Ojalá yo haya hecho lo mismo por ellas (al menos en parte).

Sin embargo, seguimos remando, con determinación y tal vez por nuestra forma de ser, de entender la vida, de movernos, vamos encontrando nuevos seres con los que compartir experiencias, con los que crecer, en los que reflejarnos.

Así brillamos. Cuando una cae: la sostenemos todas.

Ese es el truco: no nos dejamos aliento para la vuelta. Confiamos en nuestra familia.

La familia que hemos elegido y creado.

Cuando por fin, sabes que la comunidad es la base de tu éxito, y que el sentimiento de pertenencia es también sentido de supervivencia se te pasan muchas elucubraciones sobre la libertad, la independencia, la fortaleza, el sufrimiento, el que dirán, los prejuicios… La fuerza de una al final es el resultado de muchas fuerzas unidas.

Esto es empoderamiento colectivo: saber que cuando estás abajo, otras te sostienen. Que cuando tú no tienes fuerzas para alzar la voz, otras lo están haciendo por ti. Saber que también tu fortaleza inspira a otras. Y que ser vulnerable no te hace ser menos.

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El engaño de cuidarse

A todas nos pasa, llegamos a una edad, o a una etapa en la que “toca cuidarse”. Y claro, decides enfocarte y sacar tiempo y ganas (esto de las ganas es muy importante) para hacer deporte, cuidar la dieta, dejar de fumar…

Y durante una temporada lo logras, porque es verdad que cambiar de hábitos durante 21 días es posible, es verdad que puedes incluir verduras en tu dieta, y que eres capaz de ir a clases de yoga, pilates, hipopresivos o tai-chi durante unos meses…

Hasta que pasa algo: Te cambian de puesto en el trabajo, tus peques tienen vacaciones, llega la Navidad, etc. En cualquier caso, te surge un imprevisto, un estrés indeseado o un compromiso social en el que todo el mundo te suelta las manidas frases: “Por un día no pasa nada”, “¿Qué mal te va a hacer que pruebes un poquito?”, “La piscina seguirá ahí mañana”… Y zas, semanas (o meses) de esfuerzo al garete.

Y todo ese sudor, toda esa fuerza, toda la motivación te abandonan.

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¿Por qué?

Pues porque te has dejado atrás uno de los pilares fundamentales, has caído en el engaño de cuidarse pero por fuera, o del cuidado físico… Y te has dejado atrás la mente, y lo que es más importante: el corazón. O como le llamamos ahora: la gestión emocional.

Es así, crear un hábito no se hace en 21 días. ¡Vaya! Qué chasco!

Es todo un proceso en el que cuerpo, mente y corazón (o alma) van de la mano. Por mucho que trabajes uno, si no los acompañas de los otros, en cuanto algo surja se te irá todo por el desagüe.

¿Qué puedes hacer?

Para empezar entender cómo funcionas, conocerte, comprender tus creencias y tus valores. ¿Cómo si no vas a poder mantener tus motivaciones?

Para crear un hábito lo mejor es estar alineada con tus creencias. Te pongo un ejemplo: Tal vez tú quieres bajar de peso, y lo quieres hacer por salud, es una buena motivación, sin embargo, entre tus creencias,una de las más fuertes es: Hay que comer de todo. O una muy habitual: Hay que dejar el plato limpio.

Luchar contra estas creencias es complejo. Porque están muy arraigadas. Entonces hay que tener otras estrategias. Como por ejemplo: usar platos más pequeños, o cambiar la cantidad de los alimentos (aumentar las verduras y bajar las salsas). O reducir el consumo de ciertos alimentos al mínimo.

Con la actividad física también nos pasa: queremos empezar a tope y a medio camino nos quedamos sin fuelle. Tal vez, en tu cabeza resuena una voz que te dice: Lo importante es participar. Lo has intentado. No pasa nada si no lo acabas.

Y así con todo. Escucharse a una misma es complicado. Pero no imposible. Existen numerosas técnicas y formas de acallar estas voces internas.

Es importante mantenerte conectada con tus emociones. Darte cuenta de qué sientes y cuándo lo sientes.

Es posible que seas capaz de hacerlo tú sola pero si ves que no, da el paso, pide ayuda, busca apoyo, somos parte de una comunidad y el poder del grupo es poderoso. Ánimo.

Tu momento es ahora.

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