¿Cómo consigo hacer tantas cosas?

Muchas me preguntáis esto. ¿Cómo consigues hacer tantas cosas?

Pues bien, vosotras preguntáis y yo os respondo.

Lo he contado en un vídeo:

 

Pero te lo dejo por escrito:

  1. Dedico unos minutos cada día a observarme, por dentro y por fuera, soy sincera conmigo misma y me hago consciente de cómo estoy y cuáles son mis necesidades reales. Lo suelo hacer por la mañana, antes de levantarme. Esto me permite…
  2. Establecer mis verdaderas prioridades, sí, lo hago cada día, existen días en que mi máxima prioridad es la salud y lo que hago es intentar descansar el mayor tiempo posible. Otros días sin embargo, mi mayor prioridad es sacar un proyecto adelante o pasar tiempo en familia. De esta manera, logro organizar mi agenda…
  3. Organizo mi agenda según mis prioridades, pero es que además, la utilizo para volcar toda la información posible, es una manera de liberar la carga mental. Esto significa que planifico semanalmente los hitos imprescindibles (esa cita médica, esa reunión, ese papeleo burocrático, ese cumpleaños ineludible) y el resto del tiempo lo organizo según mis necesidades reales.

 

¿Es lo único que hago?

No.

Hago más cosas por supuesto. En este artículo te regalo las tres más evidentes. Si quieres saber más pincha aquí.

Gracias por tu tiempo y tu confianza.

Yo quise ser directora de cine

Sí, con 10 años me regalaron un vídeo VHS. La primera película que grabé en él fue: Con faldas y a lo loco de Billy Wilder. Creo que es la película que más veces he visto en mi vida, no sabría decir cuantas.

El cine es una de las pasiones que heredé de mis padres. En mi casa había miles de películas: primero en cintas VHS, después en DVD y finalmente en streaming. Ahora ya casi no grabo nada. ¿Para qué?

Con 22 años tuve la oportunidad de mi vida: trabajé en una película, en una de verdad: El lápiz del carpintero de Antón Reixa. Allí me enamoré del proceso, del rodaje, de los ensayos, hasta los momentos de conflicto eran emocionantes. En aquella época estaba estudiando el ciclo de Imagen y Sonido, así que cuando mi jefe directo me propuso irme con él a Madrid a trabajar, le dije que no: que tenía que terminar mis estudios. Ese fue un tren que no volvió.

No fue fácil dejar pasar esa oportunidad, muchas personas piensan que soy impulsiva, temperamental y de pronto fácil pero, en realidad no lo soy. Soy muy racional, me pienso las cosas muchísimo, tengo en cuenta muchas variables cada vez que tengo que tomar una decisión: lo que pasa es que lo hago rápido.

Así es como surgió la oportunidad de hacer este corto: En crudo. La idea surgió en mi cabeza tras leer la convocatoria de un concurso de microcortos sobre la maternidad, cuya duración máxima debía ser un minuto. Así que hablé con unas colegas y en dos días teníamos todo organizado, en una tarde lo grabamos y en otra lo montamos.

Así fue: rápido. Pero nada impulsivo. Todo medido y meditado.

Tengo que decir que cree esta historia mucho antes de ser madre. De hecho, la idea de ser madre estaba totalmente descartada en mi conciencia. Yo quería dedicarme al audiovisual, mis bebés serían obras de arte y entretenimiento. Trabajé muy duro durante años en un mundo muy masculino y lleno de ego.

Quizás por eso me gusta debatir con adolescentes, porque están llenos de inmediatez, conflicto, ego y en una búsqueda permanente de su lugar en el mundo. Yo he estado así durante mucho tiempo, aunque ahora me sienta muy diferente, aún no lo he olvidado. Les comprendo y les respeto. tal vez si yo fuera adolescente ahora querría ser youtuber.

Pero a lo que iba, un corto no me hace ser directora de cine.

Un libro no me hace ser escritora.

Un cuento no me hace ser ilustradora.

Maico, un compañero de aquella época, me lo decía constantemente: todos tenemos un corto en un cajón. En el audiovisual muy pocos llegan, y mujeres menos añado. Os voy a explicar porqué.

Hoy, en el día de la mujer y la niña científicas, me parece oportuno explicar que ser mujer y mandar es más difícil que ser hombre y dirigir. Es más complejo porque no se nos respeta igual, nuestras decisiones son más cuestionadas, nuestras opiniones se infravaloran, nuestros esfuerzos deben ser dobles para puntuar la mitad.

Yo quería ser directora de cine pero es que una película cuesta mucho dinero, y requiere tomar decisiones rápida y eficazmente, cada segundo de espera cuesta mucho dinero, es necesario aguantar esa presión. Con razón muchos directores tienen fama de malencarados, amargados y con mucho genio. Cada vez que alguien te cuestiona: pierdes dinero.

Jose Luis Borau me explicó una vez que cada vez que hacía una película la mayor parte de la financiación la ponía él, hipotecando su casa. Y que eso le había costado muchas discusiones con su mujer. Pero que lo hacía porque era la única manera de hacer la película que él tenía en la cabeza.

Si esto le sucede a un hombre respetado y admirado, imaginad a una chica joven. Para mí, mujeres como Isabel Coixet o Iciar Bollain merecen una ola, aunque no me gusten sus películas. Que alguna me gusta, pero es que me las imagino ahí: en el meollo, con un equipo de casi 100 personas esperando a que tomen una decisión (o 1000 decisiones): en esta marca o en esta otra, el movimiento de la cámara hacia adelante o con un zoom, el rizo de la actriz principal a la derecha o a la izquierda, rápido que se nos va la luz y luego en postproducción habrá que corregir el color, etc, etc, etc.

Y es que hay que coordinar a mucha gente, todas importantes, todas tienen su función de vital relevancia, ninguna es prescindible porque si lo fuera: no estaría, que cuesta dinero. Yo trabajaba como técnica de sonido: meritoria, pertiguista (microfonista) y jefa de sonido. Lo dejé. Estaba harta. A nadie le importaba que mi trabajo fuera una chapuza.

Los directores, y directoras, estaban siempre pendientes de la luz, la cámara y la actriz pero el sonido les importaba poco o nada. Parecía que hacían películas mudas. Pensaban que todo se puede solucionar en el montaje: y no. Si yo hubiera sido directora de cine os aseguro que mis películas se oirían que lo flipas. Jamás planificaría una escena de diálogo en un sitio con un eco de 7 segundos o en medio de una calle llena de tráfico y gentío.

Total, que al final, no me convertí en directora de cine, ni tampoco en jefa de sonido de películas, pero sí que grabé un corto, y hoy lo he sacado del cajón.

castañas

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Tips para organizar mejor tu vida familiar

La vida da muchas vueltas y además está llena de imprevistos, nos solemos dejar llevar por las inercias y los ritmos de trabajo son cada vez más acelerados. En medio de este caos, la vida familiar muchas veces se ve arrastrada por esta diligencia.

Comenzamos el día con prisas, llegamos al trabajo, al centro educativo o a donde sea con más prisas todavía y acabamos el día con la lengua fuera.

"Je me sens un peu déprimée, docteur", "Faites du sport!" "Estoy algo deprimida doctor", "Haga deporte!"
“Je me sens un peu déprimée, docteur”, “Faites du sport!” “Estoy algo deprimida doctor”, “Haga deporte!

 

Para escapar a este ritmo frenético y el estrés que lleva implícito hoy te traigo unos breves consejos que espero que te ayuden a organizar tu día a día con calma y enfoque.

1. Prioriza: sí ya lo sabes, te lo dicen en todas partes. Pero es que es la piedra angular. El tiempo que inviertes en un proyecto no lo puedes dedicar a otro.

Si dices que tu familia es lo primero y luego trabajas 60 horas semanales, te estás engañando a ti misma. Tu prioridad es tu trabajo. Y si es lo que realmente quieres está bien así; tu familia puede ser tu segunda prioridad en la lista pero mejor que seas sincera contigo misma.

Pero decir lo contrario es autoengañarte y eso te hará sufrir porque muchas veces te encontrarás pensando que deseas estar en otra parte. Esto me lleva a mi segundo consejo.

 

2. Conócete: saber cómo funcionas, cuáles son tus ritmos, tus momentos de mayor actividad, tus momentos de bajón, cuáles son tus deseos, anhelos, miedos, etc.

Te va a servir para establecer mejor tus prioridades y planificar con eficacia tu día a día y tus horarios.

Así, por ejemplo, si te cuesta madrugar podrás organizar las mínimas actividades/tareas imprescindibles por las mañanas; si tu momento de mayor actividad mental es a las 22.00 de la noche podrás organizarte para poder aprovechar ese momento; y si tu cuerpo necesita una siesta procurarás dejarte un hueco después de comer sin ningún tipo de compromiso.

 

3. Simplifica: si algo he aprendido de Marie Kondo es este concepto. Tener muchas cosas implica gastar más energías en cuidarlas, almacenarlas, ordenarlas y limpiarlas.

A más tiempo empleado en las cosas menos tiempo empleado en las personas. Y con nuestras actividades también pasa. A veces ocupamos cada hueco de nuestra agenda con miles de actividades, y no es necesario.

Está bien parar. Lo que enlaza con el cuarto tip.

 

4. Descansa: sí, descansar es vital. Planifica tus descansos.

Date tiempo a ti misma de no hacer nada.

De respirar.

Dormir.

Pasear.

Cualquier actividad que libere tu mente: algunas personas van a nadar y otras meditan.

Encuentra tu momento y agéndalo.

Respeta tus horas de sueño.

¿Y cómo lo hago? Puede que ahora mismo te veas desbordada por el día a día, por las circunstancias, o porque tienes la agenda que echa humo. Y es muy lógico que saques tiempo precisamente de tu descanso. Pero esto hace que siempre vayas sin energía, apagando fuegos, con el estrés a tope. ¿Realmente quieres vivir así?

 

5. Delega: lo sé, es complicado. En nuestro mundo la conciliación no es más que una palabra bonita.

Y lo que no podemos hacer por nosotras mismas cuesta dinero, o favores.

Por eso, en todos mis artículos, te digo que crees redes, que pidas ayuda a tu familia o a tus amistades. Es importante y da calidad de vida.

Cuando tu vas de culo: pides ayuda y cuando estás desahogada: la ofreces. Para eso están la familia y las amigas (y amigos, claro). Evidentemente es necesario mantener un equilibrio, ni es sano estar siempre pidiendo, ni tampoco estar siempre dando.

Y al hilo de todo esto te quiero recomendar que le eches un vistazo a la entrevista que realicé la semana pasada a una gran compañera que sabe mucho de organizarse y planificarse, ella es IBLBC (asesora de lactancia internacional) y madre de gemelos, de dos parejas de gemelos para ser más exactas. Ella es Gema Cárcamo y además de emprendedora y madre, es también una gran persona. Te dejo aquí la entrevista, en la que hablamos precisamente de esto, de cómo organizar nuestro día a día.

Entrevista a Gema Cárcamo

Si tienes ganas de saber más sobre Gema y su labor puedes visitar su página web y te recomiendo su canal de podcast que es genial.

Espero que te haya servido de ayuda y que tu vida sea plena y significativa, la sociedad ya se encargará de complicarla. Mejor estar preparada para ello.

 

el mar
El mar en A Coruña

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Cocodrilo

El poder de la palabra

Las palabras son herramientas poderosas. Son los ladrillos con los que construimos nuestros pensamientos, sueños y expectativas. Hoy voy a contarte cómo algunas de esas palabras logran ejercer su poder sobre mí. Y cómo consigo escapar a su dominio.

Todo comienza con una verdad. La verdad es poliédrica para algunas personas, pero no para otras. Personalmente, creo que la perspectiva hace que existan muchas verdades, sobretodo cuando estamos hablando de interacciones humanas.

Una parte de nuestra sociedad se empeña en mostrar los hechos, de la manera más objetiva posible, y para ello eliminan de la ecuación cualquier factor emocional, esto es, lo que nos hace ser humanas. El sentimiento viene cargado de subjetividad, de pasión, de vulnerabilidad y esto, parece que contamina la verdad.

Así que redactamos leyes, normas, protocolos y las ponemos ha funcionar en los lugares comunes, en las instituciones que deberían ser más civilizadas, seguras y asertivas. ¿Y cuáles son las consecuencias?

  1. Autoridad, se emplea la ley para poner a unas personas por encima de otras. Se desplaza el poder para mantener un supuesto orden. Y digo supuesto porque al existir un desequilibrio, la persona con más poder ve legitimado el abuso del mismo en algún momento.
  2. Uniformidad, se usan las normas para homogeneizar a la ciudadanía. Como es complejo contemplar la casuística individual se regulan unos moldes para una hipotética mayoría, en la que luego no encaja nadie.
  3. Futilidad, se usan los protocolos para mantener las cosas como están, sin hacer ningún tipo de mejora, la ausencia de dichas mejoras vacía el sistema de significado y operatividad.
  4. Impunidad, todo lo anterior logra que las personas actuemos según el rango de poder que creemos poseer. Esto provoca que unas personas puedan hacer lo quieran y otras personas no. Y además, estos hechos quedan al margen del bien y del mal. Fuera de toda norma establecida. Por lo que el sistema vulnera el propio equilibrio que presuntamente protege.

¿Cómo pueden las palabras cambiar esto?

Quien me ha leído, o seguido, sabe que mantengo una máxima en mi vida (aunque a veces se me olvide): Sólo puedes actuar sobre tus pensamientos y sentimientos. El resto escapa a nuestro control.

Así que las palabras que te dices a ti misma tienen el poder de cambiar tu realidad. Cuando alguien me dice: Eso no se puede hacer. Yo soy dueña de mi respuesta y de mi reacción. Y por tanto, tengo la capacidad de ampliar mi rango de poder.

Cada vez que logras hacer algo nuevo. Cada vez que consigues que un no rotundo se convierta en un tal vez, o en un sí. Cada vez que te vuelves a levantar. Estás ampliando tu autoridad. Estás rompiendo un molde. Estás implantando una mejora. Estás inclinando la balanza a tu favor.

¿Y cuándo no?

Pues sigues manteniendo las cosas como están. Estás trabajando a favor del sistema inmovilista. Estás adaptándote a las circunstancias. Sobreviviendo. Aceptando la frustración.

¿Debes entonces ampliar siempre tu rango de poder?

Pues es tu decisión. A veces sí, a veces no. En ocasiones tienes energía, otras veces has dormido mal. Existen lugares que te proporcionan la seguridad suficiente, otros sin embargo, te aterrorizan.

Otra frase que suelo decir es: Elige tus batallas. Dosifica tus recursos.

Así de poderosa es la palabra.

Así de potente es el proceso de toma de decisiones.

A lo mejor piensas que las negativas vienen siempre de fuera. Que los problemas y las adversidades son ajenos a ti. ¡Cuidado! Es un error frecuente. La persona que más limita tu capacidad de acción y de decisión eres tú. O en este caso, yo.

Ya lo decía Buda: Ni tu peor enemigo puede hacerte tanto daño como tus propios pensamientos.

Cuidar lo que te dices a ti misma forma parte de una vida saludable.

De paseo
De paseo

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Nuestra primera mochila

En brazos se acostumbran

Cuando nació mi primer hijo también nació en mí la necesidad de cuidarlo como una auténtica leona. Mi parto fue uno de esos partos medicalizados, horribles y traumáticos. De esos en los que entras en una cascada de intervenciones que acaban con tu bebé en la UCIN y contigo destrozada física, mental y emocionalmente.

Pasé una semana en la que lloré mucho. Muchísimo. Algunas personas me dijeron que lo mío era una depresión postparto. Ahora que lo puedo ver en la distancia diría que se equivocaron. Creo que lo mío fue un Síndrome de estrés postraumático tras sufrir un claro caso de violencia obstétrica. Pero esto es otra historia.

A lo que iba, cuando logramos sacar a mi hijo del hospital, decidí que tenía que recuperar mucho tiempo perdido. Y decidí que lo iba a tener en mis brazos todo el tiempo que yo pudiera (mi hombre creo que pensó lo mismo).

Así que nuestro pequeño llegó a casa con dos biberones de leche maternizada artificial que estuvieron 24 horas en la nevera para después irse por el desagüe del fregadero porque mi misión en esos días era tenerlo en mi pecho día y noche. Sin descanso. Motivación máxima.

Así lo hice, (o lo hicimos) y si no estaba en mis brazos estaba en los brazos de su padre. Quiso el destino que tras ocho meses descubriera el mundo del porteo por pura casualidad. Casi sin pensarlo compré nuestra primera mochila; llegó como agua de mayo, porque mi espalda se empezaba a resentir de lo lindo (tengo una doble discopatía lumbar y cervical que de vez en cuando me da la lata). De mi suelo pélvico os hablaré en otra ocasión.

Y así pasamos los días, los meses y los años…

Pero claro, nuestro entorno de aquel entonces era reacio a todo lo diferente. Nos llovían los consejos no solicitados. Las críticas destructivas. Las sentencias sobre nuestra forma de criar. Era agotador. Una lucha constante.

¿Cómo hacer frente a las críticas?

Al principio todo era a la defensiva. Justificando cada paso y cada decisión. Esto era muy cansino. Hacía mella en nuestra autoestima y en nuestra autoimagen. Hacía que dudásemos de nuestras intuiciones y de nuestras decisiones como padres (o madre y padre).

Después vivimos una breve fase de aislamiento, nos retiramos a nuestra “cueva” o dicho de otra manera “hogar”, aunque para nosotros era más un refugio. Tampoco nos duró mucho. Vivimos en una sociedad que exige atención. La familia reclama visitas, pide “favores”, necesita que estés allí.

Finalmente, logramos empoderarnos, sí, no fue fácil. Hemos ido aprendiendo a decir que no. A poner límites. Pero no sólo a nuestros peques, sino a todos nuestros familiares. Porque el tiempo es limitado. La paciencia es limitada. La energía es un bien escaso. Lo que inviertes en una parte no lo haces en otra.

Cuando te empoderas te pasan cosas geniales. Dejas de dar explicaciones. Se despejan las dudas. Pasas de ser un manojo de nervios a ser una persona templada. Cambias tu relación con la autoridad. Dejas de necesitar evadirte a cada rato.

De pronto, te das cuenta de que únicamente tienes control sobre dos cosas: tus pensamientos y en qué inviertes tu tiempo.

¿Y qué tiene esto que ver con la Crianza en Brazos?

Pues es sencillo, leerás en todas partes los beneficios que tiene para tu bebé. Que son muchos. Este viernes 11 a las 11.00 tendré una invitada especial en mi muro de Facebook que nos hablará de todos ellos. (Colgaré la entrevista después para que no te la pierdas).

Pero pocas veces te van a hablar de los beneficios que tiene para ti. Y menos aún te hablarán de la cantidad de creencias limitantes que te van a remover por dentro. Además de la seguridad, de la comodidad y de la libertad que te aporta el porteo.

Criar en brazos te va a cambiar tus estructuras mentales (o no).

  • Te va a permitir mayor control sobre quién se acerca a tu bebé, quién le toca, quién le besa.
  • Te va a generar un gran bienestar poder oler a tu bebé, poder notar su respiración, su latido.

Y eso se traduce en calma y confianza en ti. (Seas madre o seas padre).

De paseo
De paseo

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Lactante distraido

¿Para qué sirven las tetas?

Estamos en la Semana Europea de la Lactancia Materna y me apetece hablar de un tema muy tabú sobre el uso que le damos a nuestras tetas. Voy a dar respuesta a la pregunta: ¿Para qué sirven las tetas?

Puede parecer una pregunta sencilla pero encierra muchos tabúes en nuestra sociedad. Las mujeres occidentales llevamos muchos años, décadas, aprendiendo que las tetas son otro órgano sexual, y en parte así es, algunas mujeres jamás las usarán con otro fin que el de el propio placer sexual.

Sin embargo, la naturaleza le ha otorgado otras funciones de vital importancia para nuestra supervivencia. La principal es la de producir alimento para nuestras crías. Pero no sólo alimento en sí: nutrientes, líquidos, vitaminas, grasas, etc. La leche materna transporta defensas, bacterias vivas, se adapta a las necesidades de nuestro bebé. 

De hecho, durante la lactancia (sobretodo al comienzo, durante la exterogestación) el cerebro de la madre regula la homeostásis de su bebé. Eso significa que hasta las hormonas del bebé están, en parte, reguladas por el cerebro materno. Por tanto, la implicación de la madre en la crianza llega a niveles físicos, psicológicos, mentales y emocionales. Y es algo programado por la naturaleza. Somos mamíferas.

Chapas de la Asociación Teta e Coliño
Chapas de la Asociación de lactancia y crianza Teta e Coliño

¿Y cuál es el problema?

Pues el problema del que quiero hablar es el tabú que existe en nuestra sociedad sobre la sexualidad. Y en concreto, sobre la sexualidad femenina.

Ojo: sexualidad que no sexo. La sexualidad engloba mucho más que el sexo: la amistad, el cariño, el deseo, la pasión, la fraternidad, la camaradería, el aprecio…

Y hablar de esto es tabú.

Y compaginar el amor por tu bebé con el deseo sexual es complejo. Porque nos genera un gran rechazo sentir excitación sexual cuando alimentamos a nuestro bebé. Esto creo que es fácil de comprender pero es realmente difícil de exponer sin tergiversaciones, malas influencias, juicios o exageraciones.

Hace años cuando estudiaba para ser asesora de lactancia, investigué mucho sobre la “agitación en el amamantamiento” y en concreto sobre sus causas. Era un tema tan tabú que hasta mis profesoras evadieron mis preguntas con un: si llega ese momento entonces es momento de destetar.

Así que leí, mucho. Todo lo que encontré al respecto. No fue mucho. Hoy ya puedes leer sobre el tema aquí, aquí o aquí. También leí algún estudio antropológico después de mucho buscar y buscar, pero no daban respuesta a mi pregunta: ¿Por qué sucede la agitación por amamantamiento?

Tengo la teoría de que además del cansancio, o de las hormonas, entran en juego también nuestras creencias culturales. Y es que vivimos en un sistema en el que no tenemos ni educación sexual, ni emocional, ni social.

Y además parece que a nadie le importa. ¿Para qué buscar las causas si podemos parchear los síntomas? ¿Para qué encontrar los orígenes si podemos decir a las madres que no se sientan culpables?

Y es que es lógico que te sientas culpable cuándo sientes un impulso visceral a negarle el pecho a tu bebé, o a tu hija de más de 2 años, o a tu hijo de 4 años. Porque como madre sabes todos los beneficios que le aporta pero como mujer una parte de ti necesita restablecer su sexualidad y las soluciones que te dan apelan al descanso, al destete, a tener paciencia.

Sé que es complicado separar sensaciones. Es difícil mantener separadas la excitación sexual y el placer del amamantamiento cuando la sensibilidad de tu pezón es tan similar. Y ahí estás tú sintiéndote la peor madre del mundo, sin comprender qué pasa, navegando por las soluciones que te dan pero sin profundizar en ellas, no vaya a ser que de pronto conectes con tu mamífera interna y sitúes tu propio placer en el centro de tu sexualidad.

Estamos en la Semana Europea de la Lactancia Materna y el lema de este año es: ¡Empodéremonos! ¡Hagamos posible la lactancia materna! Así que me ha parecido apropiado hablar de este tema: Lactancia y sexualidad, dos funciones de nuestras tetas. Y dos partes importantes de la sexualidad de la mujer. Por tanto, resulta imprescindible hablar de ambas cuando pretendemos un empoderamiento colectivo al respecto, ¿o no?

Manzana caída
Manzana caída

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Familia

Problemas emocionales e instituciones públicas

Llevo toda la semana preguntando en mi muro personal de Facebook sobre problemas emocionales. ¿Por qué?

¿Crres que el sistema educativo/sanitario/judicial está preparado para solucionar problemas emocionales?
Preguntas en Facebook

En primer lugar, porque veo grandes carencias en nuestra sociedad al respecto. Y tal vez sea el momento de llenarlas. La educación emocional está dando gran valor a nuestras vidas, está resolviendo multitud de situaciones, y veo que sería de gran utilidad para todas las familias que “se pusiera de moda”.

En segundo lugar, porque desde hace años veo que lo mejor para solucionar problemas (sean del tipo que sean) de una manera eficaz es trabajar en la prevención. Si evitas el problema, si no lo generas, pues fenomenal: sufrimiento que nos ahorramos todos.

En tercer lugar, porque mientras no exijamos regeneración, mejoras o actualizaciones: el sistema se va a resistir a cualquier cambio. Y sinceramente, está en juego nuestra salud y la de nuestras familias.

Una amiga, muy sagaz, me preguntó: ¿Qué es un problema emocional?

Bien, es una pregunta certera, las palabras sin significado concreto dan lugar a malas interpretaciones y malos entendidos. Es algo que sucede hasta con conceptos aparentemente sencillos y hasta con características físicas como una plaza o un parque; así que sin duda sucederá con un concepto abstracto como “problema emocional”.

Para mí existen diferentes expresiones de un problema emocional.

  • Puede ser que una emoción te embarga y no eres capaz de salir de ella, como por ejemplo la tan temida “rabieta” de un niño de 2 años.
  • Puede ser una emoción bloqueada, que no se ha dejado salir, acompañar o transitar, como por ejemplo esa frustración que sientes cuándo una persona importante para ti te ha dado varios plantones pero tú no le has dicho nada, ni mucho menos mostrado tu malestar.
  • Puede ser una emoción que encubre a otra, como por ejemplo una tristeza que enmascara un enfado o un enfado que está ocultando un profundo asco, y entonces no sabes qué es lo que te está pasando.
  • Puede ser que te han enseñado a poner el foco en el lugar equivocado, durante muchos años, y ahora no eres capaz de respirar sin un amuleto, un placebo o un medicamento, porque lo bueno de la vida queda oculto y sólo eres capaz de ver lo malo, lo peligroso, lo nauseabundo.

En cualquier caso, un problema emocional nos genera desasosiego y malestar. Por tanto, es importante que aprendamos a gestionarlo, solucionarlo, acompañarlo, transitarlo… Existen muchas formas de expresar lo mismo, y dentro del ámbito de las emociones podemos emplear cualquiera de estas formas. Pero al final, lo realmente importante es que tú y yo necesitamos ayuda muchas veces y vamos como pollo sin cabeza: rebotando de un lugar a otro, sin saber a quién acudir.

Porque las instituciones (sean de la titularidad que sean: públicas, privadas o concertadas) no están dando soluciones efectivas a nuestros problemas emocionales. De hecho, como muchas personas han comentado, “en multitud de casos se dedican a generar más”.

Y aquí es cuando un problema se convierte en la Odisea de Ulises. Porque resulta que tu hijo llora cada mañana para ir al colegio, o más bien para no ir. Y hay días que hasta se aferra a la pata de la cama. Y tú te desesperas.

Y tu pareja se desespera.

Y vas a hablar con el tutor: “Nada. Aquí está todo bien”. “Es cosa vuestra. Lo tenéis sobreprotegido”. “Está muy mimado. Os torea”. (Pon aquí la frase que más te convenga)

Y aquí empieza una cascada interminable de conflictos.

Uno se fía del criterio ajeno y otro se fía de su intuición y de los lamentos de su retoño.

Discusiones.

Tensión.

La primera institución que debería haber aportado soluciones, crea problemas. La escuela es el pilar fundamental de la educación y de la socialización entre iguales. Y en educación emocional está anclada en el siglo XVIII, es que ni siquiera ha llegado el siglo XIX a ella. Y encima cuando hablamos de neuroeducación se inventa un montón de mitos para permanecer estancada.

Llega un momento en el que te encuentras mal. Tu pareja también. Tu hijo empieza a tener regresiones, no quiere crecer, quiere volver a ser un bebé. ¿Y qué haces? Acudes a la médico, al pediatra, tal vez a un psicólogo o psiquiatra.

Medicación para toda la familia en un abrir y cerrar de ojos.

La tensión va en aumento. Nadie te entiende.

Tu hijo te preocupa.

Tu pareja te preocupa.

La escuela te preocupa.

La segunda institución implicada en la obtención de soluciones, guía o como mínimo información te ha fallado estrepitosamente. Es verdad que la medicación te mantiene “calmada” al menos una gran parte del día pero no ves avances.

Tal vez, si tienes la suerte de poder pagar la terapia, veas la luz al final del túnel, o puede que te ayude a relativizar lo que le sucede a tu familia.

Si tan sólo puedes acudir a la unidad de salud mental de tu centro de salud de referencia (es muy poco lo que obtienes) tal vez una o dos sesiones al año (¿en serio?). Esto es todo lo que podemos obtener de una institución básica, necesaria y que debería ser universal en el acceso a la terapia (sea del tipo que sea) y más si hablamos de la salud mental de un niño.

Total, que a nadie parece importarle que tu familia sea un manojo de nervios y estrés en vez del refugio que tú y tu pareja habíais creado. Ya no es un “hogar dulce hogar”.

Empieza a parecerse al infierno.

Te duele la cabeza. O el estómago. O la espalda. Más medicación.

Y un día, sin saber de dónde, aparece una voz en tu cabeza. ¡Ya basta!

¡Se acabó!

Decides que mejor cada uno por su lado, que tu hijo se va a adaptar mejor a una familia separada que a seguir en ese colegio. Que ya no puedes seguir viviendo en un ambiente tóxico. Y tu hijo menos.

Así que acudes al juzgado, o al colegio de abogados, o al servicio de mediación. Y ¡tachán! Es todo muy complejo. Cuesta arriba. Nadie trabaja por el win-win.

A nadie le importa tu hijo. A nadie le importa tu pareja. A nadie le importas tú.

Lo único que existe es un protocolo estándar para todas y cada una de las familias que por allí pasan. Independientemente de su situación, estado, gravedad del conflicto, intensidad de la angustia vivida, etc, etc, etc.

La tercera institución que debería dar algún tipo de solución o guía para tu salud emocional y la de tu familia te está aplicando un cortapisas en el que, si encajas fenomenal, y si no: ¡apáñatelas!

Porque en un proceso de mediación debería atenderse al bienestar de toda la familia pero especialmente a la de la infancia. Y en un proceso judicial deberían de tenerse en cuenta todas las circunstancias particulares de esa familia que está traumatizada.

Y esto es algo obvio: Una familia feliz no va a solicitar una demanda de divorcio. La familia que se rompe necesita apoyo emocional, tal vez terapia psicológica. Un sistema que ayude a transitar un proceso doloroso.

Esta historia es tan sólo un ejemplo de los muchos casos que atiendo. Existen muchas otras situaciones en las que nuestras instituciones nos dejan abandonadas:

  • En el duelo por la muerte de un familiar.
  • En cualquier clase de enfermedad mental y/o psicológica.
  • En la explotación laboral.
  • En el acoso escolar.
  • En el acoso sexual..
  • En el acoso laboral.

Y suma y sigue… Y en todos esos casos: ¡Búscate la vida!

Cuando nos han educado para callar y obedecer.

Cuando nadie nos ha explicado cómo funciona el sistema.

Cuando hemos llegado aquí tras una cascada de conflictos que jamás habría tenido lugar si nuestro sistema educativo se actualizara y se diera cuenta de que vivimos en pleno siglo XXI.

Por último, hice la siguiente pregunta:

¿En dónde crees que deben resolverse los problemas emocionales?
¿En dónde crees que deben resolverse los problemas emocionales?

Y la mayoría de la gente respondió que los problemas emocionales son cosa nuestra. Que se resuelven en la intimidad. Que las instituciones no se deben de ocupar de ellos, o que no saben ocuparse de ellos.

Sin embargo, como ya dije antes, a mí me gusta trabajar en la prevención. Y las instituciones tienen mucho que aportar en este ámbito. Se pueden mejorar enormemente los mecanismos y protocolos.

Se puede empezar por evitar que un niño, o una niña, llore desesperadamente porque no quiere ir al colegio.

Se puede enseñar empatía.

Se puede aprender escucha activa.

Se puede enseñar a gestionar los conflictos.

Se puede aprender asertividad.

De verdad, se puede lograr y tú también puedes colaborar en la prevención.

¿Solucionas problemas o gestionas problemas?
¿Solucionas problemas o Gestionas problemas?

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