Igualismo

Las feministas llevamos muchos años intentado redefinir conceptos. Así han nacido cientos de términos para marcar las diferentes tendencias dentro del feminismo porque dentro de todas las corrientes revolucionarias existentes, no me cabe duda alguna, de que el feminismo llega a ser una filosofía en sí misma, con cientos de pensadoras, filósofas, tendencias e interpretaciones.

Siempre me he etiquetado a mí misma como feminista de calle, pasé varios años leyendo, investigando, debatiendo sobre teoría feminista y llegué a la conclusión de que soy una mujer de acción.

Me gusta hacer.

Si vamos a cambiar el mundo, yo soy de las que lo hago a pie de calle. En mi día a día, en mi trabajo, en mi familia (TODA), en cada paso que doy, tengo siempre presente qué acciones puedo llevar a cabo para difundir el feminismo.

Podría llamarse igualismo. Podría.

¿Es el feminismo una lucha de mujeres?

Sí.

¿Por qué?

Porque son el colectivo oprimido. En este caso se entiende que las estadísticas muestran que el grueso de las injusticias las sufre el grupo de las mujeres frente al de los hombres (que sería el grupo privilegiado).

¿Significa esto que el patriarcado sólo oprime a las mujeres?

No.

¿Por qué?

Porque las bases del patriarcado oprimen en muchos aspectos, psicológicos, mentales, físicos, culturales, sociales… Y en algunos de ellos, los hombres pueden salir perjudicados por los corsés, las normas, las expectativas y otros factores. De la misma forma que los hombres tienen privilegios por el mero hecho de nacer hombres, las mujeres también tenemos algunos privilegios por el mero hecho de nacer mujeres. Aunque las bases de la opresión se fundamentan en la violencia que ejerce el colectivo de los machos hacia el colectivo de las hembras.

¿Cuando surgen entonces las opresiones hacia los hombres?

Pues cuando intentan salirse del molde preestablecido por el patriarcado. Es decir, mientras un hombre piensa, dice y hace lo que se espera de él no va a sentir opresión por el mero hecho de ser hombre.

La opresión sobre un hombre va a aparecer cuando su naturaleza, personalidad y/o comportamiento no es el “adecuado” según la cultura patriarcal: es sensible, amanerado, viste fuera de los cánones establecidos, tiene muestras de afecto en público, realiza trabajos considerados de mujeres, mantiene relaciones horizontales, etc…

¿Es entonces el feminismo una lucha sólo de mujeres?

No.

¿Por qué?

Porque las personas deseamos cambiar las relaciones de poder para no tener que sufrir violencia por tener una determinada personalidad, carácter o condición. En este aspecto es en donde las teorías feministas comienzan a separarse, o mejor aún, diversificarse: desde el feminismo en la igual al feminismo de la diferencia, desde el ecofeminismo al tecnofeminismo. Surgen todo tipo de tendencias que, aunque buscan un objetivo común: la no discriminación por razón de sexo. llegan a él desde diferentes ámbitos, o perspectivas.

¿Por qué?

Pues porque en este aspecto, las mujeres hemos sufrido diferentes discriminaciones, según nuestra experiencia vital, nuestras circunstancias y nuestra conducta. Y sobretodo, hemos sufrido violencia, en muchos casos violencia estructural y normalizada.

Hace tiempo hablaba con una colega de este tema, y surgió la manida pregunta: ¿qué es ser mujer? ¿Por qué alguien que nace con genitales masculinos de pronto se “siente” mujer?

Y es que las feministas llevamos muchos años definiendo, redefiniendo, construyendo y deconstruyendo el término. Por eso surge la teoría de género. Porque el sexo es binario biológicamente hablando. pero el género es una construcción cultural y, por tanto, está sujeta a muchas interpretaciones, debates, diferencias…

¿Qué características definen a una mujer?

¿Que es hermosa? ¿Que posee atributos femeninos? ¿Que se mueve grácilmente? ¿Que es recatada? ¿Que es multitarea? ¿Que se siente culpable todo el rato?

Y lo que es más importante: ¿Quién decide qué es ser una mujer?

¿Las teóricas feministas? ¿Los académicos de la RAE? ¿La comunidad científica?

Llega un momento en el que me doy cuenta de que lo importante es que cada persona pueda vivir como desee, vestir como quiera, trabajar en lo que quiera, comportarse sin clichés sociales estrictos. Y sobretodo, sin violencia.

Es en ese momento en el que los debates sobre definiciones teóricas pierden relevancia en mi visión feminista.

Recuerdo perfectamente el día en el que esto sucedió: Estábamos en una reunión del grupo antipatriarcal Alén Morgana, en la universidad. Debatiendo sobre las acciones que íbamos a realizar para promover el cuarto supuesto en la ley del aborto. Y entonces, entró una mujer, preguntó si nosotras éramos el grupo feminista. le dijimos que sí; con absoluta estupefacción escuchamos su relato: era una mujer maltratada, no sabía a dónde acudir, no sabía qué hacer, no tenía recursos para alejarse de su maltratador.

Y nosotras tampoco.

No teníamos nada útil: ni información, ni recursos, ni experiencia. Nada.

Y la dejamos ir con absoluta impotencia. Ese día vimos que las acciones necesitaban objetivos claros. Y que existían violencias estructurales que requerían nuestra atención urgente.

Porque al final todas las personas necesitamos vivir en paz y ser dueñas de nuestros destinos. ¿O no?

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¿Cómo consigo hacer tantas cosas?

Muchas me preguntáis esto. ¿Cómo consigues hacer tantas cosas?

Pues bien, vosotras preguntáis y yo os respondo.

Lo he contado en un vídeo:

 

Pero te lo dejo por escrito:

  1. Dedico unos minutos cada día a observarme, por dentro y por fuera, soy sincera conmigo misma y me hago consciente de cómo estoy y cuáles son mis necesidades reales. Lo suelo hacer por la mañana, antes de levantarme. Esto me permite…
  2. Establecer mis verdaderas prioridades, sí, lo hago cada día, existen días en que mi máxima prioridad es la salud y lo que hago es intentar descansar el mayor tiempo posible. Otros días sin embargo, mi mayor prioridad es sacar un proyecto adelante o pasar tiempo en familia. De esta manera, logro organizar mi agenda…
  3. Organizo mi agenda según mis prioridades, pero es que además, la utilizo para volcar toda la información posible, es una manera de liberar la carga mental. Esto significa que planifico semanalmente los hitos imprescindibles (esa cita médica, esa reunión, ese papeleo burocrático, ese cumpleaños ineludible) y el resto del tiempo lo organizo según mis necesidades reales.

 

¿Es lo único que hago?

No.

Hago más cosas por supuesto. En este artículo te regalo las tres más evidentes. Si quieres saber más pincha aquí.

Gracias por tu tiempo y tu confianza.

Yo quise ser directora de cine

Sí, con 10 años me regalaron un vídeo VHS. La primera película que grabé en él fue: Con faldas y a lo loco de Billy Wilder. Creo que es la película que más veces he visto en mi vida, no sabría decir cuantas.

El cine es una de las pasiones que heredé de mis padres. En mi casa había miles de películas: primero en cintas VHS, después en DVD y finalmente en streaming. Ahora ya casi no grabo nada. ¿Para qué?

Con 22 años tuve la oportunidad de mi vida: trabajé en una película, en una de verdad: El lápiz del carpintero de Antón Reixa. Allí me enamoré del proceso, del rodaje, de los ensayos, hasta los momentos de conflicto eran emocionantes. En aquella época estaba estudiando el ciclo de Imagen y Sonido, así que cuando mi jefe directo me propuso irme con él a Madrid a trabajar, le dije que no: que tenía que terminar mis estudios. Ese fue un tren que no volvió.

No fue fácil dejar pasar esa oportunidad, muchas personas piensan que soy impulsiva, temperamental y de pronto fácil pero, en realidad no lo soy. Soy muy racional, me pienso las cosas muchísimo, tengo en cuenta muchas variables cada vez que tengo que tomar una decisión: lo que pasa es que lo hago rápido.

Así es como surgió la oportunidad de hacer este corto: En crudo. La idea surgió en mi cabeza tras leer la convocatoria de un concurso de microcortos sobre la maternidad, cuya duración máxima debía ser un minuto. Así que hablé con unas colegas y en dos días teníamos todo organizado, en una tarde lo grabamos y en otra lo montamos.

Así fue: rápido. Pero nada impulsivo. Todo medido y meditado.

Tengo que decir que cree esta historia mucho antes de ser madre. De hecho, la idea de ser madre estaba totalmente descartada en mi conciencia. Yo quería dedicarme al audiovisual, mis bebés serían obras de arte y entretenimiento. Trabajé muy duro durante años en un mundo muy masculino y lleno de ego.

Quizás por eso me gusta debatir con adolescentes, porque están llenos de inmediatez, conflicto, ego y en una búsqueda permanente de su lugar en el mundo. Yo he estado así durante mucho tiempo, aunque ahora me sienta muy diferente, aún no lo he olvidado. Les comprendo y les respeto. tal vez si yo fuera adolescente ahora querría ser youtuber.

Pero a lo que iba, un corto no me hace ser directora de cine.

Un libro no me hace ser escritora.

Un cuento no me hace ser ilustradora.

Maico, un compañero de aquella época, me lo decía constantemente: todos tenemos un corto en un cajón. En el audiovisual muy pocos llegan, y mujeres menos añado. Os voy a explicar porqué.

Hoy, en el día de la mujer y la niña científicas, me parece oportuno explicar que ser mujer y mandar es más difícil que ser hombre y dirigir. Es más complejo porque no se nos respeta igual, nuestras decisiones son más cuestionadas, nuestras opiniones se infravaloran, nuestros esfuerzos deben ser dobles para puntuar la mitad.

Yo quería ser directora de cine pero es que una película cuesta mucho dinero, y requiere tomar decisiones rápida y eficazmente, cada segundo de espera cuesta mucho dinero, es necesario aguantar esa presión. Con razón muchos directores tienen fama de malencarados, amargados y con mucho genio. Cada vez que alguien te cuestiona: pierdes dinero.

Jose Luis Borau me explicó una vez que cada vez que hacía una película la mayor parte de la financiación la ponía él, hipotecando su casa. Y que eso le había costado muchas discusiones con su mujer. Pero que lo hacía porque era la única manera de hacer la película que él tenía en la cabeza.

Si esto le sucede a un hombre respetado y admirado, imaginad a una chica joven. Para mí, mujeres como Isabel Coixet o Iciar Bollain merecen una ola, aunque no me gusten sus películas. Que alguna me gusta, pero es que me las imagino ahí: en el meollo, con un equipo de casi 100 personas esperando a que tomen una decisión (o 1000 decisiones): en esta marca o en esta otra, el movimiento de la cámara hacia adelante o con un zoom, el rizo de la actriz principal a la derecha o a la izquierda, rápido que se nos va la luz y luego en postproducción habrá que corregir el color, etc, etc, etc.

Y es que hay que coordinar a mucha gente, todas importantes, todas tienen su función de vital relevancia, ninguna es prescindible porque si lo fuera: no estaría, que cuesta dinero. Yo trabajaba como técnica de sonido: meritoria, pertiguista (microfonista) y jefa de sonido. Lo dejé. Estaba harta. A nadie le importaba que mi trabajo fuera una chapuza.

Los directores, y directoras, estaban siempre pendientes de la luz, la cámara y la actriz pero el sonido les importaba poco o nada. Parecía que hacían películas mudas. Pensaban que todo se puede solucionar en el montaje: y no. Si yo hubiera sido directora de cine os aseguro que mis películas se oirían que lo flipas. Jamás planificaría una escena de diálogo en un sitio con un eco de 7 segundos o en medio de una calle llena de tráfico y gentío.

Total, que al final, no me convertí en directora de cine, ni tampoco en jefa de sonido de películas, pero sí que grabé un corto, y hoy lo he sacado del cajón.

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Tips para organizar mejor tu vida familiar

La vida da muchas vueltas y además está llena de imprevistos, nos solemos dejar llevar por las inercias y los ritmos de trabajo son cada vez más acelerados. En medio de este caos, la vida familiar muchas veces se ve arrastrada por esta diligencia.

Comenzamos el día con prisas, llegamos al trabajo, al centro educativo o a donde sea con más prisas todavía y acabamos el día con la lengua fuera.

"Je me sens un peu déprimée, docteur", "Faites du sport!" "Estoy algo deprimida doctor", "Haga deporte!"
“Je me sens un peu déprimée, docteur”, “Faites du sport!” “Estoy algo deprimida doctor”, “Haga deporte!

 

Para escapar a este ritmo frenético y el estrés que lleva implícito hoy te traigo unos breves consejos que espero que te ayuden a organizar tu día a día con calma y enfoque.

1. Prioriza: sí ya lo sabes, te lo dicen en todas partes. Pero es que es la piedra angular. El tiempo que inviertes en un proyecto no lo puedes dedicar a otro.

Si dices que tu familia es lo primero y luego trabajas 60 horas semanales, te estás engañando a ti misma. Tu prioridad es tu trabajo. Y si es lo que realmente quieres está bien así; tu familia puede ser tu segunda prioridad en la lista pero mejor que seas sincera contigo misma.

Pero decir lo contrario es autoengañarte y eso te hará sufrir porque muchas veces te encontrarás pensando que deseas estar en otra parte. Esto me lleva a mi segundo consejo.

 

2. Conócete: saber cómo funcionas, cuáles son tus ritmos, tus momentos de mayor actividad, tus momentos de bajón, cuáles son tus deseos, anhelos, miedos, etc.

Te va a servir para establecer mejor tus prioridades y planificar con eficacia tu día a día y tus horarios.

Así, por ejemplo, si te cuesta madrugar podrás organizar las mínimas actividades/tareas imprescindibles por las mañanas; si tu momento de mayor actividad mental es a las 22.00 de la noche podrás organizarte para poder aprovechar ese momento; y si tu cuerpo necesita una siesta procurarás dejarte un hueco después de comer sin ningún tipo de compromiso.

 

3. Simplifica: si algo he aprendido de Marie Kondo es este concepto. Tener muchas cosas implica gastar más energías en cuidarlas, almacenarlas, ordenarlas y limpiarlas.

A más tiempo empleado en las cosas menos tiempo empleado en las personas. Y con nuestras actividades también pasa. A veces ocupamos cada hueco de nuestra agenda con miles de actividades, y no es necesario.

Está bien parar. Lo que enlaza con el cuarto tip.

 

4. Descansa: sí, descansar es vital. Planifica tus descansos.

Date tiempo a ti misma de no hacer nada.

De respirar.

Dormir.

Pasear.

Cualquier actividad que libere tu mente: algunas personas van a nadar y otras meditan.

Encuentra tu momento y agéndalo.

Respeta tus horas de sueño.

¿Y cómo lo hago? Puede que ahora mismo te veas desbordada por el día a día, por las circunstancias, o porque tienes la agenda que echa humo. Y es muy lógico que saques tiempo precisamente de tu descanso. Pero esto hace que siempre vayas sin energía, apagando fuegos, con el estrés a tope. ¿Realmente quieres vivir así?

 

5. Delega: lo sé, es complicado. En nuestro mundo la conciliación no es más que una palabra bonita.

Y lo que no podemos hacer por nosotras mismas cuesta dinero, o favores.

Por eso, en todos mis artículos, te digo que crees redes, que pidas ayuda a tu familia o a tus amistades. Es importante y da calidad de vida.

Cuando tu vas de culo: pides ayuda y cuando estás desahogada: la ofreces. Para eso están la familia y las amigas (y amigos, claro). Evidentemente es necesario mantener un equilibrio, ni es sano estar siempre pidiendo, ni tampoco estar siempre dando.

Y al hilo de todo esto te quiero recomendar que le eches un vistazo a la entrevista que realicé la semana pasada a una gran compañera que sabe mucho de organizarse y planificarse, ella es IBLBC (asesora de lactancia internacional) y madre de gemelos, de dos parejas de gemelos para ser más exactas. Ella es Gema Cárcamo y además de emprendedora y madre, es también una gran persona. Te dejo aquí la entrevista, en la que hablamos precisamente de esto, de cómo organizar nuestro día a día.

Entrevista a Gema Cárcamo

Si tienes ganas de saber más sobre Gema y su labor puedes visitar su página web y te recomiendo su canal de podcast que es genial.

Espero que te haya servido de ayuda y que tu vida sea plena y significativa, la sociedad ya se encargará de complicarla. Mejor estar preparada para ello.

 

el mar
El mar en A Coruña

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Tomando batidos

La alimentación y las curvas

Esta semana voy a contarte cómo descubrimos el método Aprende a Comer solo o alimentación dirigida por el bebé, mundialmente conocido como Baby Led Weaning (BLW). Vamos, comer comida real, sin purés, papillas y/o preparados comerciales. Y cómo esta decisión fue un peldaño más en nuestro empoderamiento familiar.

Nuestro primogénito padeció de reflujo gastroesofágico por lo que decidimos adelantar la alimentación complementaria, siguiendo la apolillada fotocopia que nos entregó la pediatra (pronto la cambiamos) con aquellas denostadas indicaciones de: comienza con cereales sin gluten en el biberón de la noche con cuatro meses, seguido de zumo de media naranja con media manzana cocida, o pera, o plátano con cinco meses.

Y no sigo porque se me encienden todas las alarmas.

Encontrarás multitud de métodos de introducción de la alimentación, no es que algunos sean buenos, otros malos y otros peores: no. Es que todo lo que rodea a la crianza va a depender siempre de TUS circunstancias y las de TU familia. Así de simple.

Nosotros empezamos con las indicaciones de la pediatra y no nos fueron bien, seguimos las indicaciones de Stivill y fue todavía peor. El conductismo no tuvo cabida en nuestra familia aunque llegara de manos amigas con muy buenas intenciones.

Y ahí es cuando ves que te faltan herramientas.

Así que leí. Mucho.

Sobre la alimentación

Tras ver un vídeo en Youtube de un bebé de 6 ó 7 meses comiéndose un zanco de pollo, se nos pasaron las dudas y decidimos probar con la alimentación autorregulada. Ahora ya existen muchísimos tutoriales: en vídeo, en blogs o en libros sobre el tema pero, en aquel entonces teníamos tres libros de referencia, yo sólo te voy a hablar de uno: El niño ya come solo”de Gill Rapley.

En él podrás encontrar las bases del BLW, los signos a los que prestar atención para poder iniciar la alimentación complementaria pero lo realmente valioso es que te explica lo que implica enseñar a comer y las secuelas físicas y mentales que posee nuestra relación con la ingesta de alimentos. A mí no me enseñaron a comer: me enseñaron a dejar el plato limpio, que es algo muy distinto.

Probando pepinillos
Probando pepinillos

Así comenzamos esta aventura, porque claro, te sientes pionera: como si los seres humanos hubiéramos evolucionado con los purés desde la caverna. Y la sociedad entera te llena de miedos: “¿Y si se atraganta?”, “¿Y si no come lo suficiente?”, “¿Y si le da alergia?”. Tú quieres siempre lo mejor para tu peque.

Y además, nosotros jugábamos en la liga de por debajo de la curva. Nuestra pediatra de aquel entonces nos torturaba con las tablas de las curvas de crecimiento en cada visita. ¿Cuánto come?, ¿Cada cuánto?, ¿Ya habéis introducido los cereales?

La cabeza me daba vueltas.

Hasta que escuché esta conferencia de Carlos González en la que explica claramente que “las gráficas de peso no son caminitos que deben seguir los bebés”. Entre muchas otras informaciones de interés. Pero a mí esta frase fue la que me resonó porque nuestro hijo siempre estuvo por debajo de la raya, tanto en peso como en altura, tal vez la genética tenga algo que ver en el asunto.

Si escuchas la charla, lees el libro o revisas la multitud de blogs que hablan de BLW obtendrás toda la información necesaria para introducir el método, si es el que se adapta a tus necesidades y las de tu peque.

Sobre las curvas

Como bien explica Carlos González el problema de las curvas de crecimiento (peso y altura) es que se están empleando de manera errónea por protocolo y esto es muy peligroso para la salud pública, esto es, ya no sólo la de tu bebé, sino que influye en la salud de toda la infancia. Y esto es un problema grave.

Mi reflexión sobre este asunto, como ya sabes, más allá de juzgar la validez o no de un método, de un protocolo o de un hábito viene siempre de la mano de las emociones y de su repercusión en nuestras vidas, en nuestra sociedad y en el futuro de nuestras hijas e hijos (que es lo verdaderamente relevante).

Y aquí es donde tenemos que pararnos y preguntar:

¿De qué le sirve a una familia que su pediatra haga del peso el mayor problema de salud?

¿Para qué ponemos el foco ahí? ¿qué lógica preventiva encierra? ¿tiene sentido que tu pediatra te indique qué comer, cuánto comer, cómo comer? ¿y además lo haga sin dar ningún tipo de explicación o razón médica?

¿Qué consecuencias tiene no aprender a comer? ¿y qué consecuencias tiene no saber regularse?

Lo sé, lo sé: traigo más preguntas que respuestas. Y ese es mi objetivo: cuestiona, duda, observa, infórmate. Y después: medita, analiza y decide.

¿Qué es aprender a comer bien?

Esta es una de las preguntas que debes responder con sinceridad. Puede que incluso te hagas consciente de tus creencias al respecto.

Comiendo helado
Comiendo helado

¿Qué es comer bien? ¿Vaciar el plato? ¿Comer de todo? ¿Hacer cinco comidas al día? ¿Desayunar mucho, comer menos y cenar poco?

¿Comer muchas verduras? ¿Ingerir pocas grasas? ¿Evitar los lácteos, el gluten, el azúcar? ¿Evitar los productos de origen animal? ¿Evitar los alérgenos?

¿Qué es para ti comer bien? ¿Cómo quieres que coma tu bebé? ¿Cómo quieres que coma cuando sea una persona adulta? 

Estas cuestiones son las que debemos pensar detenidamente antes de tomar ninguna decisión al respecto, porque así como las curvas de crecimiento no son caminitos, las pautas de tu pediatra tampoco. Cada bebé es diferente y tiene necesidades diferentes.

Tu bebé es original, único, extraordinario, singular. Y tú eres quien mejor le conoce.

Tomando batidos
Tomando batidos

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Nuestra primera mochila

En brazos se acostumbran

Cuando nació mi primer hijo también nació en mí la necesidad de cuidarlo como una auténtica leona. Mi parto fue uno de esos partos medicalizados, horribles y traumáticos. De esos en los que entras en una cascada de intervenciones que acaban con tu bebé en la UCIN y contigo destrozada física, mental y emocionalmente.

Pasé una semana en la que lloré mucho. Muchísimo. Algunas personas me dijeron que lo mío era una depresión postparto. Ahora que lo puedo ver en la distancia diría que se equivocaron. Creo que lo mío fue un Síndrome de estrés postraumático tras sufrir un claro caso de violencia obstétrica. Pero esto es otra historia.

A lo que iba, cuando logramos sacar a mi hijo del hospital, decidí que tenía que recuperar mucho tiempo perdido. Y decidí que lo iba a tener en mis brazos todo el tiempo que yo pudiera (mi hombre creo que pensó lo mismo).

Así que nuestro pequeño llegó a casa con dos biberones de leche maternizada artificial que estuvieron 24 horas en la nevera para después irse por el desagüe del fregadero porque mi misión en esos días era tenerlo en mi pecho día y noche. Sin descanso. Motivación máxima.

Así lo hice, (o lo hicimos) y si no estaba en mis brazos estaba en los brazos de su padre. Quiso el destino que tras ocho meses descubriera el mundo del porteo por pura casualidad. Casi sin pensarlo compré nuestra primera mochila; llegó como agua de mayo, porque mi espalda se empezaba a resentir de lo lindo (tengo una doble discopatía lumbar y cervical que de vez en cuando me da la lata). De mi suelo pélvico os hablaré en otra ocasión.

Y así pasamos los días, los meses y los años…

Pero claro, nuestro entorno de aquel entonces era reacio a todo lo diferente. Nos llovían los consejos no solicitados. Las críticas destructivas. Las sentencias sobre nuestra forma de criar. Era agotador. Una lucha constante.

¿Cómo hacer frente a las críticas?

Al principio todo era a la defensiva. Justificando cada paso y cada decisión. Esto era muy cansino. Hacía mella en nuestra autoestima y en nuestra autoimagen. Hacía que dudásemos de nuestras intuiciones y de nuestras decisiones como padres (o madre y padre).

Después vivimos una breve fase de aislamiento, nos retiramos a nuestra “cueva” o dicho de otra manera “hogar”, aunque para nosotros era más un refugio. Tampoco nos duró mucho. Vivimos en una sociedad que exige atención. La familia reclama visitas, pide “favores”, necesita que estés allí.

Finalmente, logramos empoderarnos, sí, no fue fácil. Hemos ido aprendiendo a decir que no. A poner límites. Pero no sólo a nuestros peques, sino a todos nuestros familiares. Porque el tiempo es limitado. La paciencia es limitada. La energía es un bien escaso. Lo que inviertes en una parte no lo haces en otra.

Cuando te empoderas te pasan cosas geniales. Dejas de dar explicaciones. Se despejan las dudas. Pasas de ser un manojo de nervios a ser una persona templada. Cambias tu relación con la autoridad. Dejas de necesitar evadirte a cada rato.

De pronto, te das cuenta de que únicamente tienes control sobre dos cosas: tus pensamientos y en qué inviertes tu tiempo.

¿Y qué tiene esto que ver con la Crianza en Brazos?

Pues es sencillo, leerás en todas partes los beneficios que tiene para tu bebé. Que son muchos. Este viernes 11 a las 11.00 tendré una invitada especial en mi muro de Facebook que nos hablará de todos ellos. (Colgaré la entrevista después para que no te la pierdas).

Pero pocas veces te van a hablar de los beneficios que tiene para ti. Y menos aún te hablarán de la cantidad de creencias limitantes que te van a remover por dentro. Además de la seguridad, de la comodidad y de la libertad que te aporta el porteo.

Criar en brazos te va a cambiar tus estructuras mentales (o no).

  • Te va a permitir mayor control sobre quién se acerca a tu bebé, quién le toca, quién le besa.
  • Te va a generar un gran bienestar poder oler a tu bebé, poder notar su respiración, su latido.

Y eso se traduce en calma y confianza en ti. (Seas madre o seas padre).

De paseo
De paseo

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Lactante distraido

¿Para qué sirven las tetas?

Estamos en la Semana Europea de la Lactancia Materna y me apetece hablar de un tema muy tabú sobre el uso que le damos a nuestras tetas. Voy a dar respuesta a la pregunta: ¿Para qué sirven las tetas?

Puede parecer una pregunta sencilla pero encierra muchos tabúes en nuestra sociedad. Las mujeres occidentales llevamos muchos años, décadas, aprendiendo que las tetas son otro órgano sexual, y en parte así es, algunas mujeres jamás las usarán con otro fin que el de el propio placer sexual.

Sin embargo, la naturaleza le ha otorgado otras funciones de vital importancia para nuestra supervivencia. La principal es la de producir alimento para nuestras crías. Pero no sólo alimento en sí: nutrientes, líquidos, vitaminas, grasas, etc. La leche materna transporta defensas, bacterias vivas, se adapta a las necesidades de nuestro bebé. 

De hecho, durante la lactancia (sobretodo al comienzo, durante la exterogestación) el cerebro de la madre regula la homeostásis de su bebé. Eso significa que hasta las hormonas del bebé están, en parte, reguladas por el cerebro materno. Por tanto, la implicación de la madre en la crianza llega a niveles físicos, psicológicos, mentales y emocionales. Y es algo programado por la naturaleza. Somos mamíferas.

Chapas de la Asociación Teta e Coliño
Chapas de la Asociación de lactancia y crianza Teta e Coliño

¿Y cuál es el problema?

Pues el problema del que quiero hablar es el tabú que existe en nuestra sociedad sobre la sexualidad. Y en concreto, sobre la sexualidad femenina.

Ojo: sexualidad que no sexo. La sexualidad engloba mucho más que el sexo: la amistad, el cariño, el deseo, la pasión, la fraternidad, la camaradería, el aprecio…

Y hablar de esto es tabú.

Y compaginar el amor por tu bebé con el deseo sexual es complejo. Porque nos genera un gran rechazo sentir excitación sexual cuando alimentamos a nuestro bebé. Esto creo que es fácil de comprender pero es realmente difícil de exponer sin tergiversaciones, malas influencias, juicios o exageraciones.

Hace años cuando estudiaba para ser asesora de lactancia, investigué mucho sobre la “agitación en el amamantamiento” y en concreto sobre sus causas. Era un tema tan tabú que hasta mis profesoras evadieron mis preguntas con un: si llega ese momento entonces es momento de destetar.

Así que leí, mucho. Todo lo que encontré al respecto. No fue mucho. Hoy ya puedes leer sobre el tema aquí, aquí o aquí. También leí algún estudio antropológico después de mucho buscar y buscar, pero no daban respuesta a mi pregunta: ¿Por qué sucede la agitación por amamantamiento?

Tengo la teoría de que además del cansancio, o de las hormonas, entran en juego también nuestras creencias culturales. Y es que vivimos en un sistema en el que no tenemos ni educación sexual, ni emocional, ni social.

Y además parece que a nadie le importa. ¿Para qué buscar las causas si podemos parchear los síntomas? ¿Para qué encontrar los orígenes si podemos decir a las madres que no se sientan culpables?

Y es que es lógico que te sientas culpable cuándo sientes un impulso visceral a negarle el pecho a tu bebé, o a tu hija de más de 2 años, o a tu hijo de 4 años. Porque como madre sabes todos los beneficios que le aporta pero como mujer una parte de ti necesita restablecer su sexualidad y las soluciones que te dan apelan al descanso, al destete, a tener paciencia.

Sé que es complicado separar sensaciones. Es difícil mantener separadas la excitación sexual y el placer del amamantamiento cuando la sensibilidad de tu pezón es tan similar. Y ahí estás tú sintiéndote la peor madre del mundo, sin comprender qué pasa, navegando por las soluciones que te dan pero sin profundizar en ellas, no vaya a ser que de pronto conectes con tu mamífera interna y sitúes tu propio placer en el centro de tu sexualidad.

Estamos en la Semana Europea de la Lactancia Materna y el lema de este año es: ¡Empodéremonos! ¡Hagamos posible la lactancia materna! Así que me ha parecido apropiado hablar de este tema: Lactancia y sexualidad, dos funciones de nuestras tetas. Y dos partes importantes de la sexualidad de la mujer. Por tanto, resulta imprescindible hablar de ambas cuando pretendemos un empoderamiento colectivo al respecto, ¿o no?

Manzana caída
Manzana caída

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