Las mujeres fuertes también necesitamos apoyo

Sí. Las mujeres fuertes también necesitamos apoyo. Tenemos días malos, días depresivos, días en los que nos derrumbamos. Aunque seamos fuertes, dinámicas, con iniciativa, con carácter, poderosas o el adjetivo que tengas en la cabeza somos humanas y tenemos nuestros momentos de bajón.

Las mujeres fuertes también necesitamos alguien fuerte que nos apoye y sostenga cuando sea necesario. Detrás de una mujer poderosa hay toda una tribu que la mantiene y le da la energía cuando algo falla o se interponen obstáculos.

Esta es una realidad que nos pasa a todas las personas, mujeres, hombres, de cualquier edad, condición social, profesión o circunstancia.

Ser una mujer fuerte conlleva una serie de preconceptos y prejuicios que muchas veces nos obligan a llevar una carga innecesaria, injusta y del todo descomedida.

Vivimos en una sociedad que nos insta a vivir con la sonrisa permanente, sin poder mostrar otras emociones. Y por eso no fuera suficiente resulta ser también altamente exigente y si nos mostramos vulnerables se nos castiga duramente, sufrimos críticas, burlas, se arrastra nuestras reputaciones por el lodo y se nos baja de esos pedestales que jamás pedimos. Porque eso creo que es lo más denigrante: aún no conozco a ninguna mujer fuerte que lo haya pedido.

Yo soy una de esas mujeres (o personas) que mantengo la templanza en situaciones de crisis, y soy capaz de tomar decisiones con la cabeza fría cuando otras a mi alrededor se ven superadas por la situación. Pero cuando la crisis pasa, me vengo abajo. me siento agotada, vulnerable y puede que hasta deprimida.

He tenido suerte (o no), he podido rodearme de personas que me comprenden, me aceptan y me tratan como a una igual. Hace tiempo que huyo de la gente que me venera (o me denigra) porque al final las expectativas juegan en contra. Me gusta tratar como iguales a todas las personas que me rodean y me encuentro en el camino y además mostrarme con franqueza y sinceridad (soy vaga: mentir conlleva mucho trabajo).

Con los años he comprendido que mi capacidad para mantener muchas amistades es limitada. Procuro llevarme bien con compañer@s de trabajo, de formación, clientes, vecin@s, profesor@s, etc. Pero no soy capaz de mantener más “mejores amig@s” (BBF) que dedos tengo en las manos. La amistad hay que cultivarla y cuidarla.

Y claro, tenemos un trabajo, una familia, una mascota, una casa, unas aficiones, una formación continua, una vida tan plena que al final vamos cambiando las amistades según la ola en la que nos movemos. Y mientras coincidimos en el tiempo y el espacio podemos ser grandes amigas pero si cambia una de las dos variables pues: nos distanciamos.

Es una pena, siento que podría compartir mi vida con muchas amigas que se han ido alejando por sus respectivos caminos, sin más. Y en su día fueron grandes apoyos, me hicieron crecer y ser la mujer fuerte que ahora soy. Ojalá yo haya hecho lo mismo por ellas (al menos en parte).

Sin embargo, seguimos remando, con determinación y tal vez por nuestra forma de ser, de entender la vida, de movernos, vamos encontrando nuevos seres con los que compartir experiencias, con los que crecer, en los que reflejarnos.

Así brillamos. Cuando una cae: la sostenemos todas.

Ese es el truco: no nos dejamos aliento para la vuelta. Confiamos en nuestra familia.

La familia que hemos elegido y creado.

Cuando por fin, sabes que la comunidad es la base de tu éxito, y que el sentimiento de pertenencia es también sentido de supervivencia se te pasan muchas elucubraciones sobre la libertad, la independencia, la fortaleza, el sufrimiento, el que dirán, los prejuicios… La fuerza de una al final es el resultado de muchas fuerzas unidas.

Esto es empoderamiento colectivo: saber que cuando estás abajo, otras te sostienen. Que cuando tú no tienes fuerzas para alzar la voz, otras lo están haciendo por ti. Saber que también tu fortaleza inspira a otras. Y que ser vulnerable no te hace ser menos.

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LA GUERRA DE CUIDADOS

Uy, no! Guerra no: Huelga! Era huelga de cuidados. Huelga de cocinar, fregar, llenar la nevera. Huelga de apuntar citas médicas, de pasear al perro, de darle de comer, de pagar facturas, de llenar la nevera, de hacer las camas, de doblar la ropa y meterla en el armario… Huelga de acompañar al hospital, de hacer recados, de preocuparse por que estén aseados, nutridos, calentitos y abrigados.

Es difícil eh?

Te ves ahí, contra la espada y la pared: Cómo voy a dejar a mi perro sin paseo!?!? O a mis hijas sin comer?!?! O a mi madre sin ir a su cita médica?!?!

Pues que lo haga tu pareja… Qué???

No va a querer.
No va a saber.
No va a poder.

Y si, al menos, lo proponemos. Sin presiones. Sin obligaciones. Tan sólo por ver qué pasa.

Nuestra cultura nos hace imprescindibles pero, es así? No se trata, al menos en parte, de darle la vuelta a estas situaciones.

Muchas sentimos que no podemos sumarnos del todo a esta huelga, que no tenemos más remedio que hacer servicios mínimos. Hasta tal punto que, ni siquiera nos planteamos decir a nuestras parejas, compañeros o familiares que el 8 de Marzo que asuman nuestra parte en la carga mental, en las tareas del hogar o en algunos cuidados.

Menuda chorrada! Eso no va conmigo! Van a pasar de todo! Nooo!

Seguramente más de uno torcerá la cara, dirá alguna cosa del estilo: entonces tu vas a hacer mi trabajo el sábado? O es que como nunca me dejas hacer nada pues no sé hacer nada. O eso es tu problema no el mío.

Pues mira, si es así, al menos habrás dado el primer paso,o no? Y también puedes prepararte algunas respuestas:

Nuestra casa es responsabilidad de ambos: imagina que estoy enferma.
Sabes qué, tienes razón: vamos a por tu primera vez.
Sí es mi problema, por eso te pido ayuda.

Esto son sólo ejemplos, siempre puedes buscar tus propias respuestas, busca empatizar, no acusar. Y piensa que puedes aprovechar los silencios para pensar antes de dar una respuesta a la defensiva.
Esto en lo que se refiere hacia afuera pero, qué pasa en relación a lo que tú sientes al respecto? Qué sientes cuándo te han hablado de huelga de cuidados?

Has sentido miedo?
Has sentido que pierdes el control?
O que puedes ser prescindible?
Te ha descolocado?

Tal vez simplemente la has rechazado sin cuestionarte nada. Y así, que la hagan las que puedan… Perfecto: eso está bien.
Y ojo, que cada una conoce sus circunstancias, que no es lo mismo cuidar un bebé, que una abuela, un adolescente o una niña de 5 años.

Tal vez, y digo solo, tal vez, a algunas nos va llegando el momento de dar otra vuelta de tuerca. O no?

Quién escucha a las madres?

Ayer estuve en un grupo de nueva creación llamado Maternidades Feministas, en Santiago de Compostela. Otro grupo de debate y reflexión, está vez poniendo la maternidad en el centro del meollo. Ciertamente fue muy interesante compartir experiencias de parto y postparto, visibilizar de nuevo la violencia obstétrica, la infantilización de las embarazadas, las dificultades por las que pasa la pareja… Así parimos un grupo feminista: hablando de partos.

Y estuvo bien…

Es un grupo que recomiendo a toda mujer (sea madre o no) para reflexionar sobre todas estas cuestiones y muchas otras: educación, justicia, mercado laboral, etc…

El tema es que a mis 40 años, yo ya estoy en otro punto. Si bien es cierto que el debate es necesario y enriquece. Ahora lo que más necesito es acción. Acción pura y dura. Acción útil y eficaz.

Sí tengo que invertir horas en debatir algo espero que sea para:

  1. Definir en qué puntos de la lucha nos vamos a focalizar.
  2. Definir qué acciones vamos a llevar a cabo.
  3. Dónde las vamos a promocionar y realizar.
  4. Planificar el año con las diferentes acciones.
  5. Hacer lluvias de ideas y seleccionar las más llamativas, útiles y viables.

Llevo ya muchos años, debatiendo, analizando, deconstruyendo y reconstruyendo… Ahora necesito hacer. Necesito traspasar muros y modificar realidades. Es así.

No es una cuestión mesiánica, no se trata de salvar el mundo. Se trata de ponerse de acuerdo en las cosas que queremos mejorar. Y hacerlo. Hacerlo ya.

Ahora estoy más en sintonía con movimientos como la Plataforma Petra que está haciendo. Está traspasando muros. Diciendo alto y claro: somos madres y queremos que se nos escuche!

Porque en este país: Quién escucha a las madres?

EU CONCILIO

Este era o hastag do Clube das Malas Nais para reivindicar a necesidade que temos as familias de que se tomen medidas en favor da conciliación real entre o mundo laboral e familiar. Este ano durante os días 1 e 2 de setembro o grupo Madres sí pero guerreras también propónnos que a conciliación chegue ao trending topic.

Hoxe segue a ser unha utopía. Actualmente a conciliación pasa por renuncias. Renuncias das nais (e algún pai) ao seu traballo. Ou ben, renuncias a pasar tempo coas nosas crianzas, deixándoas no mellor dos casos con familiares (moitas avoas e avós pasan por unha xornada laboral de coidados cando terían que coidarse a si mesm@s) ou en garderías (ágora escolas infantís).

Pero sexamos claras iso non é conciliar. Iso é renunciar (podedes ler o artigo de Nohemí Hervada para profundizar no tema: “Las renuncias de las madres”) e nós querémolo todo.

Queremos medidas reais que nos axuden.

Queremos baixas maternais e paternais que abraguan os primeiros anos d@s nos@s cativ@s.

Queremos poder asumir responsabilidades nos nosos postos de traballo, pero poder salir das nosas oficinas ou empresas antes do solpor.

Queremos poder levar bebés con nós se non existe perigo para el@s.

Queremos que as inspeccións de traballo fagan a súa laboura.

Queremos que as empresas que castigan as maternidades e paternidades pechen se non cambian.

Queremos que o Estado vele polos intereses das crianzas.

Queremos facilidades para denunciar e un sistema xudicial áxil.

Queremos un mundo máis xusto, saudable e empático.

Esta é a nosa loita. Esta é a nosa reivindicación. Imos cambiar o mundo. Este é outro paso máis.

Imos facelo posible!

#familiasloitando #madressiperoguerrerastambien #somosguerreiras

#ConciliemosUnMundoMejor

EL TECHO DE CRISTAL

Hoy estuvimos hablando mí marido y yo del manido tema del techo de Cristal. Según él es una cuestión de clases sociales, para mí sin embargo es una cuestión de género. Veamos porqué.

Que existen más hombres que mujeres en los puestos directivos, en los cargos de responsabilidad y en las altas esferas es un hecho. Un hecho estadístico que en algunos casos es incluso sobrecogedor.

Ahora bien, por qué sucede esto? Comparto con mi marido que es muy complejo alcanzar dichos puestos si provienes de otras clases que no sean las altas. Pero el porcentaje de hombres y mujeres de alta alcurnia sigue siendo 50/50 entonces, qué pasa con esas mujeres? Acaso no quieren asumir esos cargos?

En mi opinión, al sistema neoliberal el patriarcado le viene muy bien. Y por tanto, es fundamental mantener el sistema tal cuál está. Y cuál es la mejor manera de hacerlo? La educación, por supuesto.

Ante estas cuestiones tendríamos que preguntarnos varias cosas:

Qué hacen los hombres para alcanzar dichos puestos de poder?

Están las mujeres dispuestas a hacer lo mismo? Por qué no?

Qué prioridades se marcan quienes ostentan dichos cargos?

Son las mismas que las de las mujeres? El sistema permite cierta flexibilidad?

Mandan igual hombres y mujeres?

Se les juzga de la misma manera?

Se valoran las mismas habilidades y cualidades en hombres y mujeres?

Existe algún sistema que trabaje para lograr esa igualdad? Algún movimiento social? Qué imagen se proyecta sobre ellos?

Llevo más de media vida luchando por la igualdad de oportunidades y por la visibilización del trabajo femenino. Soy feminista precisamente por eso. Y no, no odio a los hombres. Y no, no creo que todas las mujeres son honorables y defendibles.

Hace ya muchos años que se confunden los términos. Feminismo no es igual a lucha de sexos. Feminismo no es que las mujeres nos comportemos como hombres y los hombres como mujeres.

Feminismo no es un quítate tú para ponerme yo. No.

Por desgracia los feminismos (porque al contrario que el machismo, que es uno, grande y hegemónico; feminismos hay muchos y diversos) tienen que lidiar con estas cuestiones dialécticas cada día, y se pierde mucha energía en ello. Constantemente se desvirtúan causas justas y honorables y los MAS-media les dan la vuelta convirtiéndolas en otra guerra de sexos.

Y así seguimos…

Así que la próxima vez que leas, oigas o veas una noticia, hecho, suceso relacionado con el feminismo o con una mujer… Piensa un poco antes de seguir haciéndole el trabajo sucio al patriarcado.