LO QUE NUNCA TE CONTARON DEL ASCO

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Si te pregunto por algo que te provoque asco, es probable que tu primera reacción sea pensar en algo viscoso, maloliente, residual. Y es muy común. Es lo lógico. la naturaleza nos ha dado la emoción del asco para sobrevivir a venenos, enfermedades y tóxicos.

Seguramente una de las cosas que más asco nos da a cualquiera es el agua putrefacta. Y es por eso, porque nuestros antepasados si bebían agua en mal estado se morían, pero es que además se morían de una forma muy asquerosa: entre vómitos y diarreas. Otra cosa que nos repugna enormemente.

Puede que a estas alturas ya hayas decidido dejar de leer porque te empiece a dar vueltas la cabeza. Pero espera, te pido un par de líneas para explicarte la evolución que ha tenido esta emoción en nuestra genética y cultura, a través de nuestra historia, hasta su sentido actual.

En el último artículo te hablaba de la presión de grupo, como un mecanismo poderoso para mantener a la comunidad unida, y es precisamente el asco, la emoción que juega un papel importante en este engranaje, ya que es la emoción que puede hacer que un individuo trascienda una conducta perversa y modifique la dinámica de la tribu.

Cada vez que sentimos que un hecho es injusto, la emoción que primero se activa es el asco, aunque luego de paso a otras como la tristeza o el enfado. Porque cuando algo nos parece inaceptable lo que se nos remueve por dentro, nos está avisando de que algo va a ser dañino o perjudicial para nuestro ser. Exactamente lo mismo que con un olor nauseabundo.

De hecho, en 1938, Jean-Paul Sartre escribió una novela reveladora llamada “La náusea” en la que su protagonista sentía esta sensación todo el rato como reacción a la doble moral que le rodeaba.

Algo en su interior pedía a gritos que se revelase ante la presión social existente en la que todos se hacían pasar por hombres de moral intachable cuando en la intimidad cometían actos despreciables.

Y hablando de desprecio, este sentimiento también bebe del asco, aunque pensemos que es la máxima expresión de la indiferencia, en realidad es el asco de quien se cree superior y/o se siente mejor que esa persona a la que mira con desprecio.

Y este sentimiento es muy poderoso en los procesos de bullying, acoso, maltrato…

Porque es también un mecanismo de protección atávico el excluir del grupo a quien “aparentemente” no tiene nada que aportar, o que claramente tiene sus capacidades mermadas.

Y seguramente, en algunas sociedades, la única forma de mantener la estabilidad grupal fuera condenar al ostracismo a las personas que mantenían conductas disruptivas.

Sin embargo, en una sociedad civilizada y justa, sabemos que la diversidad enriquece, sea del tipo que sea, tanto de género, de raza, de capacidades cognitivas, de funcionalidad, de cualquier cosa que se te ocurra.

Por eso es fundamental que el sistema educativo evolucione y diseñe nuevas articulaciones para integrar dichas conductas y destierre la mecánica del abandono, del mirar hacia otra parte, de escurrir el bulto, de mantener la autoridad por encima de cualquier otra cosa.

Necesitamos personas asertivas, diversas, negociadoras, con habilidades sociales y una gran capacidad creativa.

Nadie sabe cómo va a ser el futuro.

No sabemos qué profesiones serán punteras.

Ni tan siquiera sabemos si el aire podrá respirarse.

Lo que sí sabemos es que la violencia como mecanismo resolutivo del conflicto no funciona.

Necesitamos más dinámicas win-win.

Necesitamos líderes que entusiasmen, que unan a la gente, que sepan delegar y motivar equipos. Vivir bajo el yugo del miedo y el placer inmediato está dejando de ser productivo.

Genera mucho trabajo en vacío.

Genera más gasto social que de consumo.

¿Y en casa? Pues lo mismo, necesitamos identificar y aceptar nuestras emociones, aceptarlas, buscar la manera de enfocarnos en las soluciones y practicar las habilidades sociales básicas.

La represión emocional que llevamos arrastrando todos estos años de poco o nada nos ha servido, porque negar lo que sentimos nos lleva al bloqueo. Sin embargo, hemos logrado comprender que este no es el camino.

Y para ello necesitamos estar. Pero estar de verdad. Para conectar. Para tener oportunidades de comunicación. Para cambiar. Estar es imprescindible. Sin presencia la conexión es inútil.

¿Y entonces, es el asco importante? ¿Yo no suelo tener ascos? ¿Seguro? En mi día a día me encuentro con multitud de situaciones molestas: gente que molesta en la carretera, gente que molesta en bares y restaurantes, gente que molesta en las redes sociales.

Muchas personas están soportando situaciones insufribles en su casa, en su trabajo, en su escuela, en su vida familiar. Y aguantan cada día, ignorando todos las señales de asco que refleja su cuerpo.

El asco produce una gran infelicidad. Provoca gran malestar cuando se cronifica. Y nos acaba frustrando y/o amargando. Identifícalo y escucha qué te intenta decir.

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El engaño de cuidarse

A todas nos pasa, llegamos a una edad, o a una etapa en la que “toca cuidarse”. Y claro, decides enfocarte y sacar tiempo y ganas (esto de las ganas es muy importante) para hacer deporte, cuidar la dieta, dejar de fumar…

Y durante una temporada lo logras, porque es verdad que cambiar de hábitos durante 21 días es posible, es verdad que puedes incluir verduras en tu dieta, y que eres capaz de ir a clases de yoga, pilates, hipopresivos o tai-chi durante unos meses…

Hasta que pasa algo: Te cambian de puesto en el trabajo, tus peques tienen vacaciones, llega la Navidad, etc. En cualquier caso, te surge un imprevisto, un estrés indeseado o un compromiso social en el que todo el mundo te suelta las manidas frases: “Por un día no pasa nada”, “¿Qué mal te va a hacer que pruebes un poquito?”, “La piscina seguirá ahí mañana”… Y zas, semanas (o meses) de esfuerzo al garete.

Y todo ese sudor, toda esa fuerza, toda la motivación te abandonan.

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¿Por qué?

Pues porque te has dejado atrás uno de los pilares fundamentales, has caído en el engaño de cuidarse pero por fuera, o del cuidado físico… Y te has dejado atrás la mente, y lo que es más importante: el corazón. O como le llamamos ahora: la gestión emocional.

Es así, crear un hábito no se hace en 21 días. ¡Vaya! Qué chasco!

Es todo un proceso en el que cuerpo, mente y corazón (o alma) van de la mano. Por mucho que trabajes uno, si no los acompañas de los otros, en cuanto algo surja se te irá todo por el desagüe.

¿Qué puedes hacer?

Para empezar entender cómo funcionas, conocerte, comprender tus creencias y tus valores. ¿Cómo si no vas a poder mantener tus motivaciones?

Para crear un hábito lo mejor es estar alineada con tus creencias. Te pongo un ejemplo: Tal vez tú quieres bajar de peso, y lo quieres hacer por salud, es una buena motivación, sin embargo, entre tus creencias,una de las más fuertes es: Hay que comer de todo. O una muy habitual: Hay que dejar el plato limpio.

Luchar contra estas creencias es complejo. Porque están muy arraigadas. Entonces hay que tener otras estrategias. Como por ejemplo: usar platos más pequeños, o cambiar la cantidad de los alimentos (aumentar las verduras y bajar las salsas). O reducir el consumo de ciertos alimentos al mínimo.

Con la actividad física también nos pasa: queremos empezar a tope y a medio camino nos quedamos sin fuelle. Tal vez, en tu cabeza resuena una voz que te dice: Lo importante es participar. Lo has intentado. No pasa nada si no lo acabas.

Y así con todo. Escucharse a una misma es complicado. Pero no imposible. Existen numerosas técnicas y formas de acallar estas voces internas.

Es importante mantenerte conectada con tus emociones. Darte cuenta de qué sientes y cuándo lo sientes.

Es posible que seas capaz de hacerlo tú sola pero si ves que no, da el paso, pide ayuda, busca apoyo, somos parte de una comunidad y el poder del grupo es poderoso. Ánimo.

Tu momento es ahora.

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La bofetada pedagógica

Este es un tema recurrente, cada cierto tiempo, se vuelve a hablar sobre si se puede emplear la violencia para educar a niños y niñas, aunque sea como medida excepcional.

Y aunque, yo trabajo cada día para que esto cambie, mucha gente todavía piensa que es legítimo, que está bien, y que es incluso una herramienta pedagógica pegar a un menor cuando su actitud es desafiante, o no quiere obedecer.

En este vídeo, os cuento mis propias reflexiones al respecto.

 

No creo que a nadie en este mundo le guste recibir bofetadas, ni cachetes (nalgadas), ni collejas, ni pellizcos, ni zarandeos…

Y menos, cuando es porque quieren obligarte a hacer algo que ni quieres, ni has pedido.

Soy la primera en comprender la frustración de una persona adulta ante una actitud desafiante y negativa de un niño o niña, y también en entender que en ese momento caótico y desesperante se te pueda ir la mano pero, está mal.

Está peor que mal.

Es un fracaso.

Es un error.

Y como persona adulta sabes que no debes hacerlo. Sabes que ese peque merece una disculpa. Y merece que te pongas a su nivel, le mires a los ojos y le expliques que te has equivocado, que nadie merece ese trato, que lo sientes y que no volverá a suceder.

Y en tu mano está encontrar herramientas para cumplir tu promesa. Para cumplir ese pacto de tratar con respeto a todo el mundo, y más a quienes necesitan protección y cuidado.

Porque lo que no nos podemos permitir es justificar la violencia, ni el maltrato.

La educación que necesitamos para hacer de este mundo un lugar mejor pasa por revisarnos a nosotras mismas y crecer, aprendiendo a ser más asertivas y responsables. Porque somos el ejemplo de quienes vienen detrás.

Ya no funciona eso de: “Haz lo que te digo y no lo que hago”.

De eso va mi trabajo, de transmitir, difundir y enseñar herramientas de comunicación, educación emocional, gestión de los conflictos, búsqueda de soluciones creativas para el día a día en familia.

Puedes contactar conmigo aquí

 

Los secretos del puerperio

Estás embarazada por primera vez. Todo es nuevo, estás llena de dudas. No sabes ni por dónde empezar.

Tal vez era un embarazo deseado y buscado, tal vez no. Tú seguramente tendrás sentimientos encontrados que se mueven entre la alegría y el miedo.¿o no?

Todo va muy rápido y parece que de golpe tienes que tomar un montón de decisiones sobre temas que no tienes ni idea, y para más inri, recibes informaciones contradictorias por todas partes. En mi opinión esta es una de las cosas que genera más dudas. Unas personas te dicen que epidural, otras que parto respetado, otras que vayas a tu hospital más cercano, otras que mejor te busques uno amigo de los niños ¿qué demonios es un hospital amigo de los niños?

En medio de este embrollo, tú y tu pareja confiáis en que vuestra matrona en algún momento te va a dar una cita con ginecología, y allí podréis despejar todas vuestras dudas. Han pasado casi 7 meses de embarazo y si todo ha ido bien, ninguna visita, nada. Te empiezas a poner más nerviosa. Se te da por preguntar a alguna amiga o familiar y te cuenta que seguramente no verás a nadie de ginecología hasta el día del parto. ¿cómo?

Pues sí, los partos los llevan las matronas. Pero no las de atención primaria. ¿Curioso, eh? Otro mito que se cae. También te digo que una buena matrona pro parto respetado es lo mejor que te puede pasar.

Llegan las clases preparto. Y tu piensas: Menos mal. Suspiras.

Pero, no. No sólo no te despejan dudas sino que te generan más. ¿Puedo cortar el cordón? ¿Puedo donarlo? ¿Para qué sirve? Y dirás: Pues podré hacer todas las preguntas en esas clases, que son para eso. Pues no siempre, a veces te quedas ensimismada con un tema concreto, o te encuentras mal,o te da un mareo, o no se te ocurre en el momento.

Total, ¿qué puedes hacer? Buscar información contrastada y veraz, en facebook tienes varios grupos de embarazo, lactancia, crianza… En tu ciudad, o en sus alrededores, puedes acudir a grupos presenciales de lactancia y crianza en dónde encontrarás familias que van a pasar por el puerperio, que lo están pasando o que lo han pasado recientemente. Y por supuesto, leer, tienes multitud de blogs, revistas y libros sobre maternidad y crianza. (Te dejo un par de enlaces de dos blogs que me gustan mucho aquí y aquí).

Ya ha pasado el día del parto, ya habéis dejado el hospital y estáis en casa. Es una sensación tremenda verte sola con tu bebé en casa. Es claramente, una situación nueva y estresante, nunca has pasado por algo así, las clases preparto ahora te parece que quedaron muy lejos en el tiempo, te sabes la teoría pero no tienes ni idea de qué hacer, cómo hacerlo, cuándo hacerlo. Si vienen visitas de familiares y amig@s, lo más seguro es que te ofrezcan soluciones rápidas, eficaces en los primeros momentos pero que en cuanto se marchan por la puerta, dejan de funcionar.

Pedir ayuda es complicado.

Saber a quien acudir es complicado.

Tener la casa llena de gente y de trastos por en medio es complicado.

Te toca tomar muchas decisiones: qué tipo de lactancia, dónde va a dormir, qué pañales, qué ropa, cuando tocan las vacunas, cuándo las revisiones, cómo organizar las tareas del hogar… Y tú sólo quieres dormir y que alguien te diga qué hacer, cómo y cuándo.

El caso es que ahora te toca a ti (y a tu pareja si es el caso) tomar todas las decisiones con respecto a tu bebé. Sólo a esta nueva familia le corresponde: A tu familia.

Y aquí es cuando te doy los dos consejos que considero más importantes al respecto:

  1. Prioriza lo importante, muchas veces lo urgente se lleva lo importante. Hasta que lo importante se vuelve urgente. Yo te digo que muchas de las cosas que tienes en tu lista de urgentes no lo son tanto. Las cosas importantes sí suelen serlo. Procura prestarles atención.
  2. Infórmate y mantén la calma, solemos tomar muchas decisiones por impulso, pero las prisas son nuestras enemigas en cuanto a crianza se refiere, en este artículo te hablo de ello.

Aunque en medio del caos, no es fácil ver la luz y mantener la tranquilidad, el puerperio, como todo, es una etapa más, y pasa rápido. En el grupo de crianza y lactancia lo decimos mucho: los días son largos pero los años cortos. Te invito a disfrutar cada momento y pedir ayuda siempre que lo necesites. La mía la puedes encontrar aquí.

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La trampa de la mamitis

A menudo atiendo a familias que llegan preocupadas porque no quieren que sus bebés sean dependientes, o que se vuelvan dependientes. Son familias que quieren que sus hijos e hijas sean autónomos e independientes, algo totalmente lógico. Ahora bien, siempre intento definir con ellas ¿qué entiendes por dependiente?

Existe un gran temor a que nuestra propia descendencia dependa de nosotras, y más en concreto,que exista una dependencia emocional. Es como si deseáramos quemar etapas fundamentales para el desarrollo. Me viene a la mente ese capítulo de los Simpsons en el que Lisa bebé se cambia sola los pañales porque sus padres están muy ocupados disciplinando a su hermano Bart. ¿A quién debe vincularse un bebé sano?

Vivimos una sociedad que ensalza por encima de todo la independencia, la autonomía, la auto gestión, sobretodo en lo que a emociones y sentimientos se refiere, claro. Cuando somos una especie social, somos una especie altamente interdependiente, sí. Es así,dependemos unos de otros para sobrevivir. Dependemos las unas de las otras para avanzar, para desarrollarnos, y cuando queremos saltarnos las etapas o acelerarlas, solemos encontrarnos con el efecto contrario al deseado.

Seamos claras, familias, un bebé es un ser altamente dependiente, si no recibe atención, se muere. Fijaos lo que os digo: atención. Ya no hablo de hambre, sueño o condiciones insalubres, os hablo de contacto humano (podéis leer más en este artículo).

Es evidente que cada familia posee sus características y prioridades, y no todas tienen porqué organizarse igual. Sin embargo, cuando nace un bebé lo que espera es estar con su madre; ¿por qué? Pues porque es su entorno conocido, es la respiración que reconoce, el corazón que ha escuchado en el seno materno, el olor que le calma. Esta etapa se llama exterogestación. Una cuna fría es lo último que se espera, por muy limpia y aseada que se la encuentre.

Algunas familias me dicen, ya mujer, eso ahora, pero cuando tenga 2 años yo quiero que sea autónomo, que no dependa de mí. ¿Os acordáis de cuando teníais 2 años?,¿tenéis contacto con bebés de 2 años? Pensáis que un bebé de 2 años puede tener independencia y autonomía. Vale, no voy a negar que alguna sí… Puede comer y beber lo que le ofrezcas, tal vez vestirse (al menos en parte), seguramente desvestirse y sobretodo descalzarse. Puede jugar un breve período de tiempo solo. Caminar, correr, saltar… Pero, seguro que no tiene ni idea de valorar muchos peligros: como cruzar una carretera, meter los dedos en un enchufe o meterse la mano llena de tierra en la boca,o lo que es peor: un objeto pequeño que le provoque la asfixia.

No, no, me dicen: que no tenga mamitis. ¡Acabáramos! ¡Mamitis! Por fin, después de muchas vueltas hemos llegado al quid de la cuestión. ¿Qué es la mamitis y por qué nos incomoda tanto?

Como os decía, un bebé suele venir con la mamitis de serie (y que conste que digo suele porque no me gusta generalizar). Viene preparado para estar con su madre, para mamar de su seno, para estar en sus brazos el mayor tiempo posible. Aunque tú quieras que se acostumbre a estar solo, o sola. En realidad, de una forma totalmente atávica, viene preparado para estar acompañado siempre y tiene sus mecanismos para lograrlo: Son mecanismos de supervivencia, para asegurar su bienestar.

Qué tú bebé tengas mamitis significa que lo estás haciendo bien. Que eres su refugio, su consuelo, su alimento, su modelo y ejemplo. Esto es lo que implica un apego seguro. Sí, apego. Sí, seguro.

La mamitis es sólo una fase, y se pasa, cuando no forzamos el desarrollo natural, construimos personas seguras de sí mismas, forjamos su autoestima y autoconcepto, se convierten en seres autónomos e independientes que no necesitan la aprobación de nadie, con voluntad para tomar sus propias decisiones, que no tienen porqué ir mendigando el cariño porque siempre se han sentido queridos y amados.

Además, un bebé que casi no llora, porque tiene todas sus necesidades cubiertas, tiene un desarrollo pleno. Porque ha invertido la mayor parte de su energía en él. Se reconoce a sí mismo como valioso e importante. Algo fundamental para tener una autoestima sana y poder formar relaciones positivas.

No sé en qué momento, la mamitis se convirtió en un símbolo de niña, o niño malcriado. Ni porqué se asocia a la tiranía o al capricho.

Seguramente, en algún momento de la revolución industrial, cuando el capital necesitó toda la fuerza de trabajo posible e integró en jornadas abusivas tanto a las madres como a sus hijos e hijas.

Y puede que todavía sea una creencia muy arraigada en nuestra cultura pero, quedémonos con las cosas que funcionan o que merecen la pena, ¿no?

Existen costumbres que realmente no sólo no aportan nada sino que entorpecen la crianza y el desarrollo de la humanidad. La teoría de la mamitis es una de ellas, simplemente es una trampa.

Si quieres aprender más sobre cómo se desarrolla nuestro cerebro, nuestra autoestima y nuestras emociones te espero en mi curso: entendiendo las emociones.

Y YO MÁS, Y YO MEJOR

Y YO MÁS, Y YO MEJOR…

IMG_3231Es el mantra de esta sociedad, sobretodo de las generaciones anteriores. Sí ya sé, notallpeople, sé que hay gente que no es así de competitiva. De hecho, procuro rodearme precisamente de esa gente y ya sé que cuando generalizamos estamos siendo injustas con una parte pero, cuanto más me alejo de ese mantra, más me llama la atención.

Qué hay detrás de esta carrera? Por qué esa necesidad de ser mejores que las demás personas? De encontrar el descuento más barato, la mejor escuela, el vestido más chic, el coche con más potencia, los mejores valores del informe PISA… Por qué? Y lo que es más importante: Para qué?

Realmente, esa superioridad nos aporta bienestar? O autoestima? O seguridad en nosotras mismas? Nos conecta con el mundo? Nos da paz mental o anímica? Es un status real? Hace que seamos más populares o tengamos más amig@s?

Dime, lo crees así?

Te llena tener el mejor coche?

Te anima llevar el pintalabios más chic?

Te motiva comprar el bolso más exclusivo?

Qué valor te aporta que tus masajes sean más baratos que los de tus vecin@s?

Qué ganas explicando a tus amig@s que tus dolores son los peores?

O que tus hij@s son los más precoces?

Es verdad que a los seres humanos nos encantan las clasificaciones y las listas, nuestro cerebro trabaja así, porque así es capaz de organizar toda la información que recibe… Seguramente, existan otras formas pero, esta es la nuestra… Ahora bien, el valor que le damos al número 1 está desmedido. Acaso no es genial ser el número 2, o el 3… O valorar diferente? Porque para tí puede ser lo más que tus masajes sean baratos pero para otra persona cuenta más a calidad, o el trato agradable… Y está bien: por qué hacer de ello una competición?

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Hace años trabajé en un bazar, y mi jefa siempre me, decía que fuera a preguntar a otros bazares: qué tal os va? El negocio va bien? Y siempre recibía la misma respuesta: Mal, muy mal: este mes es peor de todos… Sin embargo, las estanterías siempre estaban llenas de mercancía, cada mes mejoraban algún aspecto del negocio (el método de cobro, las cámaras de vigilancia, los cuartos de baño…) Estaba claro que mentían, y mi jefa lo sabía perfectamente, así que ella se preocupaba mucho por aparentar la misma prosperidad, aunque después comiera cada día pasta o arroz… Las apariencias eran clave.

Crees que ella era feliz así? O que su salud era buena?

O incluso que su negocio iba bien con dicha estrategia?

Llevo años, pero muchos años, desprendiéndome de esa necesidad de competitividad. He dejado de decir frases tipo: Uy! Pues eso no es nada, si yo te contara… O pues la mía es mejor… O pues conozco a una que era mejor… O pues yo estoy fatal, si tú supieras…

Vaaale, sí. Aún se me puede escapar alguna: no soy perfecta. Pero, de verdad que cada vez está menos en mi ánimo competir. Lo voy cambiando por otro afán, ahora quiero conectar y comprender.

Conectar, ponerme en tus zapatos. Comprender, saber qué te preocupa y ver en qué te puedo ayudar. Me gusta ayudar.

Me gusta ser amable.

Aunque a veces, piensen que soy ingenua, o incluso tonta…

Crees que no me entero pero en realidad sí, lo que pasa es que ya no me importa ser la número 1. Ahora sé que lo que realmente me llena es ser auténtica, incluso con mis incoherencias. Que las tengo, tú no?

Ojo que mucha gente incluso compite por tener una especie de superioridad moral… Y son las personas que más ayudan, las que más escuchan, las más abnegadas… Yo no eh? Yo soy buena dentro de mis límites, y me importa poco caerle mal a alguna gente, es que tengo claro que no puedo encajar en cualquier parte: no soy un comodín.

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Esto es fluir. Llegar a un sitio: Observar. Interaccionar. Sentir. Pensar. Sacar conclusiones. Interaccionar. Observar. Pensar. Sentir y tomar una decisión. Aquí encajo? Sí, pues me quedo. Aquí encajo? No, pues me voy.

Y tú? Encajas?

12 TIPS PARA DEJAR EL AZÚCAR

12 TIPS PARA DEJAR EL AZÚCAR (Parte 2)

Me han llegado varias solicitudes de conocidas y amigas pidiendo que escriba sobre qué es lo que hice yo para dejar el azúcar, y lo que es más importante, cómo consigo tener “comida insana” en casa y no caer en ella, volviendo a viejos, malos hábitos.

Pues bien, aquí os dejaré algunas cosas que creo que me ayudaron a mí, también os digo que no soy experta en adicciones, ni tampoco nutricionista, vamos que si realmente es algo que os cuesta mucho, contratad los servicios de un/a profesional que os asesorará mejor que yo. Vamos que me lavo las manos… Lo que quiero decir es que lo que a mí me funcionó, no tiene porque servirle a otra persona. Y tampoco existen los milagros…

  1. LOS MILAGROS NO EXISTEN, una vez eres consciente de que no existe un camino fácil para dejar el azúcar, tomas conciencia y te preparas mentalmente para afrontar esta carrera de obstáculos.
  2. PONTE OBJETIVOS PEQUEÑOS, nadie se levanta un día diciendo: voy a escalar el Everest y lo hace. No, se va entrenando y poniendo pequeñas metas. Pues con esto igual, yo fui dejando los diferentes alimentos poco a poco. Primero dejé los que me costaba menos esfuerzo, en mi caso fueron los lácteos. Piensa, cuáles son los tuyos? Después, dejé el chocolate (aún tomo cacao o chocolate pero con un mínimo de 85% de pureza, y en contadas ocasiones). Y con el chocolate fueron: las galletas, los bizcochos, las magdalenas (y digo las caseras que las hacía con un mínimo azúcar). Y luego ya fui dejando la pasta, el arroz, las legumbres… No es que no lo consuma nunca, nunca, nunca… Pero, muy de vez en cuando, me lo reservo para cuando toca comer fuera para no reducir totalmente mis opciones.
  3. CAMBIA ALIMENTOS, cuando siempre tienes hambre, tiendes a comer muchas veces alimentos con azúcar. Los primeros días se trata de cambiar esa magdalena por una tostada con aguacate, o unos frutos secos, o unos palitos de zanahoria cruda, o una manzana.
  4. TEN PREPARADOS TUS SNACKS, al hilo del punto anterior, uno o dos días a la semana, déjate preparados varios snacks saludables y saciantes, que sea lo primero que te encuentres cuando abras la nevera, o la alacena.Cualquier alimento que tengas que tener, déjalo en el fondo. En mi experiencia personal, sacian más los alimentos proteicos (frutos secos) y las verduras (aguacate, brotes, pepinillos) que los hidratos de carbono (pan, tostada, fruta).
  5. PIDE EL APOYO DE TU FAMILIA, vas a pasarlo mal, esto es así, prevenir a tu familia hará las cosas más sencillas. Puede que te vuelvas una madre gritona, o cansada, o depresiva… Es bueno que quienes te rodean sepan que durante una temporada tendrás cambios de humor, no estarás al 100% y además si te entienden y cuando se coman algo “prohibido” no lo hacen en tu presencia, pues mejor que mejor.
  6. CUENTA CON LAS RECAÍDAS, sí, hay recaídas, y aquí lo importante es retomar donde lo dejaste. Hoy pecaste,vale. Ya está. Mañana vuelves y sigues todo el tiempo que puedas.
  7. PLANIFICA TUS MENÚS, un día a la semana planifica tu menú semanal, esto te permitirá comprar lo justo, cocinar comida real, minimizar los snacks insanos.
  8. PASA MUCHO TIEMPO FUERA, cuánto más tiempo estás en casa, más fácilmente puedes caer en la tentación. Sal a pasear, al parque, a hacer deporte.
  9. DI QUE NO, cuando salgas por ahí, deja la pasta que viene con el café, y si no puedes evitarlo, no lo pidas. Cuando te ofrezcan postre, no lo tomes. Cuando te digan: un día es día, por un día no pasa nada… Tú responde: pues por eso: no pasa nada por no tomar postre un día.
  10. PREMIATE, después de 3 ó 4 días haz algo que te guste, o cómprate algo que te apetezca, o vete a un masaje, la peluquería, la manicura… Cualquier cosa que no sea algo de comer.
  11. ASOCIA LA MALA COMIDA A SENSACIONES DESAGRADABLES, me explico, las recaídas hay que aprovecharlas precisamente para esto, cuando llevas un tiempo sin azúcar y recaes, suele tener un impacto negativo en el cuerpo: dolores, gases, malestar, diarrea, ansiedad, etc… Pues tras esa experiencia, fija esa sensación y asóciala a la ingesta de azúcar. Escucha a tu cuerpo y hazle caso. Esta es la clave que me permite tener alimentos “prohibidos” en casa, cuando los veo recuerdo el malestar que me provocan y no me apetece nada tomarlos.
  12. BUSCA UNA COMUNIDAD, busca amigas, compañeras que pasen por lo mismo, o ya lo hayan pasado… Da igual que sea presencial o virtual, lo importante es que tengas un sitio en dónde desahogarte o sentirte arropada, si además puedes obtener información actualizada, mejor que mejor. Yo os voy a dejar aquí el enlace a un grupo de facebook, que personalmente me ayuda, y me ayudó mucho, es gratuito y su administradora es una profesional que sabe muchísimo. Se llama Adelgazando juntas con Dieta Eficiente.

Y eso es, más o menos, lo que hice, y todavía hago, espero que os haya servido de ayuda, y que encontréis vuestro propio camino en la guerra contra el azúcar.