Ser madre feminista es…

Llevo ya tiempo trabajando y formándome en el ámbito del empoderamiento, y llevo ya unos meses dándole muchas vueltas al empoderamiento colectivo. Y dentro de este tema hablamos mucho de autoridad, de límites, de responsabilidad… Todos ellos términos con multitud de etimología e interpretaciones.

Esto además se me ha mezclado con el debate sobre el aliado feminista. Y es que el feminismo es un movimiento tan diverso y multifactorial que tiene debates para todo. Hay quienes opinan que el feminismo es pura lucha de liberación femenina, y hay quienes opinan que el feminismo es una lucha antipatriarcal y por tanto, todo sujeto oprimido por el mismo es también parte del movimiento de liberación, así que afecta tanto a hombres como a mujeres.

Creo que pocos movimientos tienen tanta diversidad y riqueza intelectual.

Por qué os hablo del empoderamiento? Porque las reivindicaciones deben partir de quien las necesita, o de quien está oprimid@… Os imagináis qué habría pasado si Martin Luther King fuera blanco? O si el movimiento obrero estuviera liderado por empresarios? O si el Ché fuera europeo?

Sin embargo, el feminismo es vehículo de todas las reivindicaciones, lucha por todos los derechos… Hace años ya debatíamos sobre “liberar” a las mujeres musulmanas… Pues como que no… Cualquier movimiento de liberación, de reivindicación, de lucha debería partir de quien sufre. Y esto es así porque sino ni es efectivo, ni es empoderante. Y además genera gran rechazo. Y así lo han mostrado muchos grupos de mujeres feministas de diferentes colectivos. Es como dice Celie, en la película “El color púrpura”: Soy negra, soy pobre, y hasta pué que fea, pero gracias a Dios, aquí estoy”. Este personaje que ha sufrido todos los males habidos y por haber, aunque viva en la peor de las miserias e ignorancias, se revela y lo hace ella… Nadie viene a rescatarla de sus desgracias. Llega un momento en que se da cuenta de su fortaleza y logra salir de su situación deplorable por sí misma. Por eso tiene tanta fuerza y pasión esta historia. Porque nace de la persona oprimida.

Entonces, por qué hay tanto empeño en obligar a la corresponsabilidad?

Por qué vivimos en una sociedad que tiene que “obligar” a criar?

Yo lo veo claro, en nuestra sociedad el trabajo de maternar, criar y cuidar está denostado, ninguneado y despreciado. Es importante lograr darle la vuelta, ponerlo en valor.

Por qué?

Pues porque es realmente valioso. Y no vale cualquiera para hacerlo.

Y cómo lo vamos a hacer?

Es complicado, porque por un lado nos dicen que la maternidad está idealizada y luego muchas madres se topan con una realidad muy dura y difícil que no se esperaban. Pero, por otro lado, todo el mundo te deja claro que “te cambia la vida”.

Entonces, en qué quedamos?

Pues ahí está el quiz de la cuestión. A la hora de legislar hay que pensar en el eslabón más desprotegido de la cadena, en las familias que tienen más dificultades. No en las familias en las que los padres están superimplicados y tienen superclaro que tienen que asumir su parte de la crianza. Esa es una minoría, que además lleva 2 días reclamando ampliar la baja de paternidad. Y oye, claro que es legítima su demanda, por supuesto, ojalá fueran más. Pero qué pasa con las madres solteras? Y con las separadas? Y con las familias con personas dependientes? Y con las familias tradicionales en las que la figura paterna pasa mil de cambiar pañales? Y con las que sufren maltrato?

La casuística es enorme y puede que a una familia le venga fenomenal esta medida, pero puede que otra la estés condenando al infierno.

Es así, acordaros de Celie.

En una sociedad como la nuestra, la independencia económica, la capacidad económica, marcan la diferencia.

La peor discriminación de este mundo es: ser pobre.

Y aunque existan muchas mujeres ricas, con dinero, empresas y acciones. La mayoría son pobres. Y claro que yo soy una privilegiada, y que desde mi sillón privilegiado no llego a entender su situación pero, si me dedicase a hacer leyes tendría esto muy en cuenta,porque puedo marcar una diferencia sustancial en sus vidas.

Yo estoy en ese punto fantástico en el que no soy pobre,pero tampoco rica… Voy llegando a fin de mes sin excesivos lujos pero sin que me falte nada, al menos nada importante. Soy consciente también de que, en cualquier momento, esto puede cambiar y mi situación puede ir hacia arriba, o hacia abajo (hacia abajo tiene muchas más posibilidades). Nada, ni nadie me asegura que esto no vaya a suceder: por mucho que me esfuerce, por mucho que trabaje, por mucho que rece… Porque el control sobre nuestras circunstancias es tan sólo una sensación, una percepción. Nuestra capacidad de control es casi cero.

Y esto también lo tendría muy en cuenta a la hora de legislar.

Por eso, y por muchas otras razones, me cabrea que se legisle sobre la maternidad, sin tener en cuenta a las madres. Que se legisle sobre la crianza sin tener en cuenta a quienes criamos (ya no vamos a hablar de las crías) y que se nos ningunee, se nos infantilice, se nos desprecie o se nos deje sin voz. Porque somos las madres quienes tejemos el mundo del mañana desde el minuto cero. Ese es nuestro mayor poder: traer al mundo nueva vida.

Y nos lo quieren usurpar también… Pues no, oiga,no. No sólo no lo vamos a permitir sino que además, le voy a dejar claro que la díada bebé-madre marca la salud del futuro.

Así que: soy mujer, soy madre y estoy aquí.

PORQUÉ TE HABLO DEL AZÚCAR SI ME DEDICO A LA EDUCACIÓN EMOCIONAL? (parte 3)

Habrá personas que no sabréis a qué me dedico, y no os habrá llamado la atención que os hable de cómo dejar el azúcar, simplemente habréis visto que soy una persona obesa que ha probado mil dietas y otros “milagros”, y al encontrar algo que me ha servido pues he sentido la necesidad de compartirlo. Pero no.

Si has leído mis anteriores post (puedes leerlos aquí

y aquí) sabrás que una de las ventajas de dejar el azúcar es la disminución de la ansiedad. Y esto es importante.

Vivimos en una sociedad en la que cada vez es más difícil gestionar nuestras emociones, estamos inmersas en infinitas interacciones, con nuestros estímulos sobreestimulados. Y además, recibimos cientos de miles de mensajes cada día y nuestro cerebro lo almacena todo.

En realidad desconocemos cómo funciona nuestro cerebro, cómo funciona nuestro cuerpo y cómo funcionan nuestras emociones.

Nuestro cerebro está directamente ligado con nuestras tripas, de hecho, una de las primeras reacciones emocionales suele ser: notar algo en el estómago, o en la garganta (en nuestro tubo digestivo), y no es casual que la mitad de nuestras hormonas estén directamente reguladas por nuestro sistema digestivo, entre otras las endorfinas, encargadas de nuestro bienestar y disfrute.

En nuestra vida cotidiana, tomamos azúcar en cantidades ingentes (aunque no seamos conscientes) en parte por los procesados, en parte por el tipo de alimentación que nos ofrece el mercado. Cuando ingerimos grandes dosis de azúcar procesado, nuestros intestinos mandan unas señales de alerta a nuestro cerebro, y éste entiende que o bien estamos ante una situación de peligro, o bien ante una situación de gran esfuerzo físico. Y qué pasa entonces? Nuestro pulso se acelera, se incrementa la sudoración, se acelera la respiración, los músculos se tensan… Y claro, en muchas ocasiones, no vamos a hacer ni un gran esfuerzo físico, ni tampoco estamos en una situación de peligro.

Por tanto, nuestro cuerpo se revela, intenta compensarse de alguna manera, así que nuestros pensamientos comienzan a explotar en una gran cascada, nuestra pierna comienza a temblar, nuestras manos necesitan moverse o tener algo, y… Bienvenida ansiedad!

Por eso hablo del azúcar y por eso, le tengo declarada la guerra, siempre será más fácil gestionar nuestras emociones sin azúcar. O por lo menos, al saber y reconocer sus efectos, nuestro cerebro será capaz de gestionarlo de otra manera menos caótica.

Espero que esta serie de artículos sobre el azúcar os haya servido para entender algunos procesos emocionales y mentales. Seguro que retomaré el tema, porque da para mucho, estoy segura de que existen muchísimos libros que tratan sobre el tema. Quién sabe, tal vez, algún día escriba uno yo también…

Mi declaración de guerra al azúcar (parte 1)

Simplemente voy a contaros mi experiencia personal, no tengo evidencia científica de fondo, no tengo profesionales de la salud que me hayan recomendado dejar el azúcar, ni la comida procesada.

Lo que sí he tenido es apoyo de otras personas en situaciones similares, asociaciones y en general, gente preocupada por su salud.

Dicho esto, os voy a explicar cómo me di cuenta de que el azúcar me estaba matando, silenciosamente.

Yo he sido de esas embarazadas que en vez de engordar, he perdido muchos kilos. En el primero 9 y en el segundo 27… Claro que después he tenido unos postpartos en los que siempre tenía hambre, mucha hambre… Tras mi segundo embarazo recuperé 30 kilos en 9 meses, tenía fatal la piel, se me caía el pelo a puñados (mucho más de lo habitual en el postparto), mi espalda y mis articulaciones estaban doloridas, estaba siempre cansada y fatigada, mis cambios de humor eran muy intensos, tenía ganas de llorar a todas horas y de repente… Todo el mundo a mi alrededor me decía lo mismo: es normal, son las hormonas, estás de postparto… Bla, Bla, Bla…

Entonces, rebuscando en Internet, cayó en mis manos un artículo que hablaba sobre el azúcar y cómo nos afecta en el metabolismo. Y vi la luz.

Tanto es así que casi me cegué.

Empecé a revisar todos los ingredientes de todos los alimentos. De todos. Y no sólo eso, sino también las tablas nutricionales… Y toooodo, llevaba azúcar: el pan, las salsas, los encurtidos, las pizzas, los yogures, el queso, los embutidos, los precocinados, hasta las pipas!!!

Claro que no siempre ponen azúcar en los ingredientes, lo llaman de muchas formas: azúcar, azúcar de caña, panela, fructosa, sirope de arroz, dextrosa, maltitol, etc…

Haciendo un enorme ejercicio de fuerza de voluntad decidí dejarlo por completo.

Pasé 2 semanas terribles, con sudores, temblores, cagalera, mal humor, irritabilidad, ansiedad… Vamos un cuadro de desintoxicación en toda regla.

Y entonces, empecé a encontrarme mejor, mi piel se volvió juvenil, mis articulaciones dejaron de quejarse, mi pelo dejó de ser quebradizo, me abandonaron la ansiedad y el hambre, hasta me volvió el período. De pronto, estaba en paz y con 7 kilos menos.

No fue un milagro, fue un despertar, una revelación.

De esas veces en las que te das cuenta de lo engañada que has vivido toda la vida.

De esas en las que haces memoria y pasan ante ti todas las veces que te llamaron gorda, como si fuera culpa tuya, como si estuvieras gorda porque careces de control sobre lo que comes. Todas las malditas hojas de dietas de 1500 kcalorías con sus 5 comidas llenas de azúcar y procesados. En las que al cuarto día te dabas un atracón de purita hambre. Hambre voraz.

Tengo una amiga vegana que una vez me preguntó: tú matarías a un animal para comértelo? Y yo respondí: yo con hambre mataría lo que fuera y hasta a mordiscos… Pues a esa hambre me refiero.

A día de hoy puedo decir que dejar el azúcar es lo más difícil que he hecho, y he dejado muchas drogas atrás (incluidas el alcohol, el café y el tabaco) y debéis saber que es doblemente difícil porque la sociedad te trata de loca, y te lo endiña por dónde sea y con cualquier excusa: venga un día es un día, por un poco no pasa nada, venga que la vida son 2 días.

Es muy complejo salir de este círculo vicioso. Ni siquiera la mayoría de profesionales están al tanto del tema, te vuelven a mandar una dieta llena de calorías vacías, te reducen la ingesta de grasa, te limitan las calorías sin tener en cuenta la tipología de las mismas. Y todo esto sin apoyo psicológico, ni emocional…

Y así existen miles de negocios que se aprovechan de esta situación y nos venden millones de productos para adelgazar sin poner el foco en la raíz del problema. De hecho, puede que la raíz del problema sea otra, no necesariamente tiene porqué ser el azúcar lo que te está generando ese malestar… La vida acelerada, el estrés y el sedentarismo también son muy perjudiciales.

El caso es que ante un problema de salud, te toca informarte, te toca buscar en todas partes, mantener la mente abierta, hacer cambios (a veces drásticos) porque nadie va a venir a rescatarte. Nadie. Nadie va a preocuparse por ti como tú. Nadie.

Lo bueno de todo esto es que para casi todo hay algo que si no te cura, al menos te hace la vida más fácil o menos dolorosa.

Un abrazo enorme para todas las personas que viven con una enfermedad crónica, o con dolores que nadie entiende, ni atiende.

No quiero ir al cole

Existen innumerables motivos para que alguien no quiera ir al colegio: madrugar, las filas, los horarios, el aburrimiento, las tareas, los deberes…

Pero, sólo existe uno verdaderamente importante: La falta de amigos y amigas.

Y es que la principal función de la escuela es precisamente esa: Hacer amig@s. La socialización secundaria.

Creo que a día de hoy, muchas escuelas, independientemente de su titularidad, de su carácter y de su pedagogía… Carecen de esta visión. No comprenden la importancia de hacer amistades. De sentirse integrad@. De saber que alguien que no es tu familia también te quiere, te aprecia, te demuestra cariño, empatía y comprensión.

La autoestima se ve enormemente resentida y golpeada con las burlas y desprecios que se dan en las escuelas. Ya sean de compañer@s o de docentes. Pero si tan sólo una persona te apoya, te defiende y te anima eres capaz de sufrir el bullying. E incluso de salir adelante.

Es curioso que muchas familias se resignen a llevar a sus hij@s a centros en los que saben que lo pasan mal. Y seguramente lo hacen por “un bien mayor”.

Quiero decir a estas familias que luchen. Que se informen. Que el mayor bien es la autoestima de sus peques. Que no se te endurece el carácter, ni el corazón. Sólo se te hunde la autoestima.

Quiero que estas familias sepan que siempre hay alternativas. Que pueden enseñar a sus retoños a hacerse valer.

Que llega con que hagan una amistad verdadera. Que son unic@s y valios@s. Que sólo deben cambiar para ser mejores cuando ell@s quieran. Que lo de fuera importa en la medida de que hace posible lo de dentro.

Que las amistades que se comparten desde el cariño, multiplican y no restan.

Que ese es el mayor tesoro que van a conseguir en un centro escolar. Que vayan a todas las fiestas. A todos los eventos. A todos los cumpleaños. Y observen. Ahí verán las dinámicas sociales. Verán quién es depredador y quién presa. Quién es líder y quién seguidor.

Queridas familias podéis ayudar y apoyar a vuestr@s hij@s siempre. Porque es amor verdadero y hasta que la muerte nos separe. Vuestras enseñanzas serán las que llenen sus corazones. Las que vibren en sus mentes. Las que les darán aliento.

No se trata de poner la otra mejilla, ni tampoco de devolver el golpe. Se trata de ser asertiv@s y hacerse valer. Como en la película de “Bailando con lobos”, se trata de ponerse: En pie con el puño alzado.

EL TECHO DE CRISTAL

Hoy estuvimos hablando mí marido y yo del manido tema del techo de Cristal. Según él es una cuestión de clases sociales, para mí sin embargo es una cuestión de género. Veamos porqué.

Que existen más hombres que mujeres en los puestos directivos, en los cargos de responsabilidad y en las altas esferas es un hecho. Un hecho estadístico que en algunos casos es incluso sobrecogedor.

Ahora bien, por qué sucede esto? Comparto con mi marido que es muy complejo alcanzar dichos puestos si provienes de otras clases que no sean las altas. Pero el porcentaje de hombres y mujeres de alta alcurnia sigue siendo 50/50 entonces, qué pasa con esas mujeres? Acaso no quieren asumir esos cargos?

En mi opinión, al sistema neoliberal el patriarcado le viene muy bien. Y por tanto, es fundamental mantener el sistema tal cuál está. Y cuál es la mejor manera de hacerlo? La educación, por supuesto.

Ante estas cuestiones tendríamos que preguntarnos varias cosas:

Qué hacen los hombres para alcanzar dichos puestos de poder?

Están las mujeres dispuestas a hacer lo mismo? Por qué no?

Qué prioridades se marcan quienes ostentan dichos cargos?

Son las mismas que las de las mujeres? El sistema permite cierta flexibilidad?

Mandan igual hombres y mujeres?

Se les juzga de la misma manera?

Se valoran las mismas habilidades y cualidades en hombres y mujeres?

Existe algún sistema que trabaje para lograr esa igualdad? Algún movimiento social? Qué imagen se proyecta sobre ellos?

Llevo más de media vida luchando por la igualdad de oportunidades y por la visibilización del trabajo femenino. Soy feminista precisamente por eso. Y no, no odio a los hombres. Y no, no creo que todas las mujeres son honorables y defendibles.

Hace ya muchos años que se confunden los términos. Feminismo no es igual a lucha de sexos. Feminismo no es que las mujeres nos comportemos como hombres y los hombres como mujeres.

Feminismo no es un quítate tú para ponerme yo. No.

Por desgracia los feminismos (porque al contrario que el machismo, que es uno, grande y hegemónico; feminismos hay muchos y diversos) tienen que lidiar con estas cuestiones dialécticas cada día, y se pierde mucha energía en ello. Constantemente se desvirtúan causas justas y honorables y los MAS-media les dan la vuelta convirtiéndolas en otra guerra de sexos.

Y así seguimos…

Así que la próxima vez que leas, oigas o veas una noticia, hecho, suceso relacionado con el feminismo o con una mujer… Piensa un poco antes de seguir haciéndole el trabajo sucio al patriarcado.

Yo soy de esas…

De esas que con 6 años fue consciente por vez primera de que por ser mujer me iban a decir que no podría hacer algunas cosas. Y eso es algo que siempre me impulsó a decir: si yo quiero claro que puedo!

De esas que fue pionera en muchos feudos “sólo para hombres”: el fútbol, los juegos de rol, la ciencia, la tecnología… Y aprendí que las barreras las ponía el sistema. Y que muchos hombres me trataban bien y con respeto aunque no fuera habitual ver mujeres en esos ámbitos y que muchas mujeres me trataban mal por no “ser femenina”…

De esas que muy joven adquirió una gran conciencia social y quise formar parte de asociaciones, claustros y revoluciones… Allí confirmé que Mafalda tenía razón: “si no te das prisa por cambiar el mundo, es el mundo el que te cambia a ti…”

De esas que creía que la maternidad era un cuento como el del amor romántico, y que nunca tendría hijos, para qué en un mundo corrupto y perdido como este? Y leí… Mucho, de feminismo también: leí a Simone, a la Ibarruri, a Clara, a Federica, a la Mallo, a las de Boston, a Cristina, a Vandana, a las En Red, y las que me dejo en el olvido… Aprendí mucho, de estereotipos, de expectativas, de constructos sociales y de mi misma.

De esas que organizó Jornadas Antipatriarcales para que se entendiera que el machismo nos afecta tanto a mujeres como a hombres. Que el feminismo no es una “guerra de sexos”. A ver si nos vamos enterando, que ya estamos en pleno siglo XXI!!!

De esas que se dedicó a teorizar y debatir sobre las mujeres, sobre nuestros roles, nuestra naturaleza, nuestra esencia y los estereotipos que se nos atribuyen. Reivindicando la diversidad como plusvalía y tesoro a proteger.

De esas que con más de 30 años se convirtió en madre, en parte por escuchar a mi reloj biológico, en parte por estar aburrida de mi rutina, en parte porque entre mis valores siempre estuvo la protección de la familia y de los menores… Pero sobretodo por estar convencida de que vamos a mejorar el mundo entre todas y todos.

De esas que parió con epidural y también sin ella y aprendió que el dolor tiene su fin. Y cuando lo evitas en un momento lo sufres en otro. Tener miedo al dolor es habitual y cuando lo superas te haces más fuerte. Me resulta muy curioso que algunos dolores estén ampliamente aceptados (depilación, llevar tacones o fajas, tatuajes, piercing…) y otros te hacen parecer una loca: parir sin epidural por ejemplo.

De esas que al ser madre, me cambió la sangre, me volví leona, me volví loba, y desperté la Meiga de mis entrañas… Para recuperar todo el saber ancestral que se nos ha usurpado a las mujeres.

De esas que dió teta y la sigue dando por muchas razones: científicas, biológicas, evolutivas, pragmáticas, ecológicas… Pero la fundamental es porque quiero y puedo. Y a nadie debería molestarle.

De esas que entiende que las palabras importan pero los actos son imprescindibles. Y que para cambiar este sistema trasnochado y decimonónico es necesario HACER…

De esas que reivindican que los roles femeninos (tradicionalmente hablando) deben ser puestos en el lugar que les corresponde, visibilizándolos, dándoles valor y encajándolos en un nuevo sistema económico y social. Porque es tan digno ser “ama de casa” como columnista en “tribuna feminista” y además no es signo de estar alienada (eso es un prejuicio).

De esas que ha dejado de hacer las cosas “como los hombres” porque me lo debo a mí misma, a mi hija, a mi hijo y a toda persona que venga detrás. Porque aceptarse a una misma significa fluir y ser libre.

De esas que sabe que el debate es sano y necesario (Y una retahíla de insultos no es debate) y que éste debe sostenerse en argumentos razonados, no en opiniones que ignoran una temática y que están basadas en prejuicios y falacias.

De esas que se entristece y avergüenza cuando alguien tira piedras contra otras mujeres que luchan por la igualdad de derechos, por la dignidad humana y por la sororidad. Y más cuándo este acto despreciable se hace desde un medio que se autodenomina como feminista o antipatriarcal.

Carta abierta a la Sanidad Pública

Le doy muchas vueltas a este tema porque es muy complicado. A la hora de defender derechos: libertad, sanidad y educación para mí son los prioritarios. No voy a entrar en el debate sobre si es mejor que sanidad y educación sean públicas o privadas pero sí creo que es fundamental que ambas sean accesibles a todo el mundo: independientemente de sus papeles (o no papeles), ya sean mayores, adultos o niños; trabajadoras o paradas; con familia o sin ella… Todas las personas deberían poder tener una educación y una sanidad de calidad.

En este país, trabajar en el sector sanitario te da cierto status, te envuelve un halo de sabiduría y honorabilidad, parece que cualquier cosa que digas referente a la salud y/o hábitos de vida será tomada como una: VERDAD. Y no siempre es así, antes de infundir según que miedos, creencias o teorías deberían informarse y mantenerse actualizados. Seamos claros, en medicina cada quien tiene una especialización muy concreta y no tienen porque saber todos de todo… Un cardiólogo sabe mucho del corazón y a lo mejor sabe de deporte porque le interesa y es su afición, pero quienes saben de deporte son entrenadores, deportistas, fisioterapeutas deportivos, etc… De la misma manera, una enfermero pediátrico puede saber mucho de vacunas pero no necesariamente estará actualizado en lactancia materna, entonces: Por qué se dedica a dar consejos sobre lactancia?

Además en un hospital existe una jerarquía muy concreta, inamovible, hermética… En donde los mandos superiores viven una realidad muy alejada de las usuarias y pacientes, en donde ese halo de superioridad les hace flotar sobre unos protocolos arcaicos que hacen falta años para renovar, actualizar y mejorar. Y eso, si los profesionales sanitarios intermedios son capaces de:

  1. Detectar la necesidad de mejora.
  2. Interesarse por esa necesidad de mejora.
  3. Demostrar por activa y por pasiva esa necesidad de mejora.
  4. Demostrar por activa y por pasiva que es viable y sin coste (o con un coste ínfimo).

La sanidad pública está perdiendo la batalla, parece que nos dirigimos hacia la privatización irremediable, y lo estamos permitiendo entre todas las personas. Pero es que hablamos de la salud de la gente. De la vida misma.

Qué podemos hacer al respecto? Realmente hay algo que podamos hacer?

Creo que dependiendo de dónde nos movamos existen pequeños/grandes gestos.

Evidentemente, si nos llaman para operarnos de la privada, porque en la pública tardarán otros 2 años, no vamos a pedir el sufrimiento de esperarlos. No se trata de eso… Lo que si podemos es poner una reclamación, escribir una carta: Señores mandamases que sepan que me he operado en la privada porque me dolía mucho como para esperar 2 años más, pero yo quería operarme en la pública. Y en especial quiero dar las gracias a mi (especialista que me gustó) por atenderme tan bien.

Es bueno que también escribamos agradecimientos, la gratitud tiene un poder enorme. Y cuando es por escrito la motivación de nuestros profesionales aumenta y su trabajo es más pleno. Si agradeciésemos más seguramente habría menos gente amargada en el mundo. Personalmente le agradecí mucho a la celadora que llevo en silla de ruedas a mi padre hasta un taxi, que se saltase el absurdo protocolo de que sólo lo podía llevar hasta la puerta de Urgencias (Muy lejos de la parada de taxis).

Otra cosa que podemos hacer es hacer conscientes a las demás trabajadoras de que ese compañero suyo que nos ha tratado mal (sin respeto, sin educación, con soberbia, sin estar actualizado, etc…) es un troll que se está cargando el sistema desde dentro y que cada vez que trata mal a alguien, está empujando a las personas hacia la privada… Y que entonces se quedarán sin trabajo todas (troll incluido).

O preferís pagar la privada?

Y desde el otro lado?

Queridas amigas y amigos que estáis en el sector sanitario: Luchad! Cada día! Cada momento! Es duro. Lo sé. Poned vuestra mejor cara, actualizados, sed amables, empáticas.

Explicadle a la gente que poner reclamaciones y hacer agradecimientos por escrito es la mejor ayuda que os podemos dar. Que si han valorado vuestra atención que lo pongan en un papel.

Conquistad cada día la mejora del sistema, de los protocolos (y si es necesario: que le den al protocolo!) Formad equipo, sed un equipo! Apoyaros para mejorar, ignorad al mal profesional, ese que se quede solo. O si es superior a vosotras mismas, intentad llenarle de empatía, que se ponga en vuestra piel. Hacedle entender las consecuencias de que se comporte como un troll.

Es duro. Lo sé. Habéis escogido una profesión dura, difícil, en donde cada pequeña conquista cuesta un mundo. Pero, si no lucháis vosotras, quien lo hará?

Y la unión hace la fuerza. Existen formas más eficaces de atender a las personas. De reducir las listas de espera. De no doblar y triplicar turnos. De atender con calidez humana a cada paciente. De mejorar el clima laboral. Buscadlas! Encontradlas!

O preferís trabajar en la privada?

Cuando nos dejamos arrastrar por los convencionalismos sin más, sin pensar, sin analizar, estamos perdiendo un poco de vitalidad e ilusión por lo que hacemos, estamos viajando hacia la frustración y el malestar, estamos abriéndole las puertas a la ansiedad. Así que, ya sabéis, esta en nuestras manos mejorar el mundo, el sistema y la sociedad, aunque sea difícil la clave es perseverar.