Mi declaración de guerra al azúcar (parte 1)

Simplemente voy a contaros mi experiencia personal, no tengo evidencia científica de fondo, no tengo profesionales de la salud que me hayan recomendado dejar el azúcar, ni la comida procesada.

Lo que sí he tenido es apoyo de otras personas en situaciones similares, asociaciones y en general, gente preocupada por su salud.

Dicho esto, os voy a explicar cómo me di cuenta de que el azúcar me estaba matando, silenciosamente.

Yo he sido de esas embarazadas que en vez de engordar, he perdido muchos kilos. En el primero 9 y en el segundo 27… Claro que después he tenido unos postpartos en los que siempre tenía hambre, mucha hambre… Tras mi segundo embarazo recuperé 30 kilos en 9 meses, tenía fatal la piel, se me caía el pelo a puñados (mucho más de lo habitual en el postparto), mi espalda y mis articulaciones estaban doloridas, estaba siempre cansada y fatigada, mis cambios de humor eran muy intensos, tenía ganas de llorar a todas horas y de repente… Todo el mundo a mi alrededor me decía lo mismo: es normal, son las hormonas, estás de postparto… Bla, Bla, Bla…

Entonces, rebuscando en Internet, cayó en mis manos un artículo que hablaba sobre el azúcar y cómo nos afecta en el metabolismo. Y vi la luz.

Tanto es así que casi me cegué.

Empecé a revisar todos los ingredientes de todos los alimentos. De todos. Y no sólo eso, sino también las tablas nutricionales… Y toooodo, llevaba azúcar: el pan, las salsas, los encurtidos, las pizzas, los yogures, el queso, los embutidos, los precocinados, hasta las pipas!!!

Claro que no siempre ponen azúcar en los ingredientes, lo llaman de muchas formas: azúcar, azúcar de caña, panela, fructosa, sirope de arroz, dextrosa, maltitol, etc…

Haciendo un enorme ejercicio de fuerza de voluntad decidí dejarlo por completo.

Pasé 2 semanas terribles, con sudores, temblores, cagalera, mal humor, irritabilidad, ansiedad… Vamos un cuadro de desintoxicación en toda regla.

Y entonces, empecé a encontrarme mejor, mi piel se volvió juvenil, mis articulaciones dejaron de quejarse, mi pelo dejó de ser quebradizo, me abandonaron la ansiedad y el hambre, hasta me volvió el período. De pronto, estaba en paz y con 7 kilos menos.

No fue un milagro, fue un despertar, una revelación.

De esas veces en las que te das cuenta de lo engañada que has vivido toda la vida.

De esas en las que haces memoria y pasan ante ti todas las veces que te llamaron gorda, como si fuera culpa tuya, como si estuvieras gorda porque careces de control sobre lo que comes. Todas las malditas hojas de dietas de 1500 kcalorías con sus 5 comidas llenas de azúcar y procesados. En las que al cuarto día te dabas un atracón de purita hambre. Hambre voraz.

Tengo una amiga vegana que una vez me preguntó: tú matarías a un animal para comértelo? Y yo respondí: yo con hambre mataría lo que fuera y hasta a mordiscos… Pues a esa hambre me refiero.

A día de hoy puedo decir que dejar el azúcar es lo más difícil que he hecho, y he dejado muchas drogas atrás (incluidas el alcohol, el café y el tabaco) y debéis saber que es doblemente difícil porque la sociedad te trata de loca, y te lo endiña por dónde sea y con cualquier excusa: venga un día es un día, por un poco no pasa nada, venga que la vida son 2 días.

Es muy complejo salir de este círculo vicioso. Ni siquiera la mayoría de profesionales están al tanto del tema, te vuelven a mandar una dieta llena de calorías vacías, te reducen la ingesta de grasa, te limitan las calorías sin tener en cuenta la tipología de las mismas. Y todo esto sin apoyo psicológico, ni emocional…

Y así existen miles de negocios que se aprovechan de esta situación y nos venden millones de productos para adelgazar sin poner el foco en la raíz del problema. De hecho, puede que la raíz del problema sea otra, no necesariamente tiene porqué ser el azúcar lo que te está generando ese malestar… La vida acelerada, el estrés y el sedentarismo también son muy perjudiciales.

El caso es que ante un problema de salud, te toca informarte, te toca buscar en todas partes, mantener la mente abierta, hacer cambios (a veces drásticos) porque nadie va a venir a rescatarte. Nadie. Nadie va a preocuparse por ti como tú. Nadie.

Lo bueno de todo esto es que para casi todo hay algo que si no te cura, al menos te hace la vida más fácil o menos dolorosa.

Un abrazo enorme para todas las personas que viven con una enfermedad crónica, o con dolores que nadie entiende, ni atiende.

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No quiero ir al cole

Existen innumerables motivos para que alguien no quiera ir al colegio: madrugar, las filas, los horarios, el aburrimiento, las tareas, los deberes…

Pero, sólo existe uno verdaderamente importante: La falta de amigos y amigas.

Y es que la principal función de la escuela es precisamente esa: Hacer amig@s. La socialización secundaria.

Creo que a día de hoy, muchas escuelas, independientemente de su titularidad, de su carácter y de su pedagogía… Carecen de esta visión. No comprenden la importancia de hacer amistades. De sentirse integrad@. De saber que alguien que no es tu familia también te quiere, te aprecia, te demuestra cariño, empatía y comprensión.

La autoestima se ve enormemente resentida y golpeada con las burlas y desprecios que se dan en las escuelas. Ya sean de compañer@s o de docentes. Pero si tan sólo una persona te apoya, te defiende y te anima eres capaz de sufrir el bullying. E incluso de salir adelante.

Es curioso que muchas familias se resignen a llevar a sus hij@s a centros en los que saben que lo pasan mal. Y seguramente lo hacen por “un bien mayor”.

Quiero decir a estas familias que luchen. Que se informen. Que el mayor bien es la autoestima de sus peques. Que no se te endurece el carácter, ni el corazón. Sólo se te hunde la autoestima.

Quiero que estas familias sepan que siempre hay alternativas. Que pueden enseñar a sus retoños a hacerse valer.

Que llega con que hagan una amistad verdadera. Que son unic@s y valios@s. Que sólo deben cambiar para ser mejores cuando ell@s quieran. Que lo de fuera importa en la medida de que hace posible lo de dentro.

Que las amistades que se comparten desde el cariño, multiplican y no restan.

Que ese es el mayor tesoro que van a conseguir en un centro escolar. Que vayan a todas las fiestas. A todos los eventos. A todos los cumpleaños. Y observen. Ahí verán las dinámicas sociales. Verán quién es depredador y quién presa. Quién es líder y quién seguidor.

Queridas familias podéis ayudar y apoyar a vuestr@s hij@s siempre. Porque es amor verdadero y hasta que la muerte nos separe. Vuestras enseñanzas serán las que llenen sus corazones. Las que vibren en sus mentes. Las que les darán aliento.

No se trata de poner la otra mejilla, ni tampoco de devolver el golpe. Se trata de ser asertiv@s y hacerse valer. Como en la película de “Bailando con lobos”, se trata de ponerse: En pie con el puño alzado.

EL TECHO DE CRISTAL

Hoy estuvimos hablando mí marido y yo del manido tema del techo de Cristal. Según él es una cuestión de clases sociales, para mí sin embargo es una cuestión de género. Veamos porqué.

Que existen más hombres que mujeres en los puestos directivos, en los cargos de responsabilidad y en las altas esferas es un hecho. Un hecho estadístico que en algunos casos es incluso sobrecogedor.

Ahora bien, por qué sucede esto? Comparto con mi marido que es muy complejo alcanzar dichos puestos si provienes de otras clases que no sean las altas. Pero el porcentaje de hombres y mujeres de alta alcurnia sigue siendo 50/50 entonces, qué pasa con esas mujeres? Acaso no quieren asumir esos cargos?

En mi opinión, al sistema neoliberal el patriarcado le viene muy bien. Y por tanto, es fundamental mantener el sistema tal cuál está. Y cuál es la mejor manera de hacerlo? La educación, por supuesto.

Ante estas cuestiones tendríamos que preguntarnos varias cosas:

Qué hacen los hombres para alcanzar dichos puestos de poder?

Están las mujeres dispuestas a hacer lo mismo? Por qué no?

Qué prioridades se marcan quienes ostentan dichos cargos?

Son las mismas que las de las mujeres? El sistema permite cierta flexibilidad?

Mandan igual hombres y mujeres?

Se les juzga de la misma manera?

Se valoran las mismas habilidades y cualidades en hombres y mujeres?

Existe algún sistema que trabaje para lograr esa igualdad? Algún movimiento social? Qué imagen se proyecta sobre ellos?

Llevo más de media vida luchando por la igualdad de oportunidades y por la visibilización del trabajo femenino. Soy feminista precisamente por eso. Y no, no odio a los hombres. Y no, no creo que todas las mujeres son honorables y defendibles.

Hace ya muchos años que se confunden los términos. Feminismo no es igual a lucha de sexos. Feminismo no es que las mujeres nos comportemos como hombres y los hombres como mujeres.

Feminismo no es un quítate tú para ponerme yo. No.

Por desgracia los feminismos (porque al contrario que el machismo, que es uno, grande y hegemónico; feminismos hay muchos y diversos) tienen que lidiar con estas cuestiones dialécticas cada día, y se pierde mucha energía en ello. Constantemente se desvirtúan causas justas y honorables y los MAS-media les dan la vuelta convirtiéndolas en otra guerra de sexos.

Y así seguimos…

Así que la próxima vez que leas, oigas o veas una noticia, hecho, suceso relacionado con el feminismo o con una mujer… Piensa un poco antes de seguir haciéndole el trabajo sucio al patriarcado.

Yo soy de esas…

De esas que con 6 años fue consciente por vez primera de que por ser mujer me iban a decir que no podría hacer algunas cosas. Y eso es algo que siempre me impulsó a decir: si yo quiero claro que puedo!

De esas que fue pionera en muchos feudos “sólo para hombres”: el fútbol, los juegos de rol, la ciencia, la tecnología… Y aprendí que las barreras las ponía el sistema. Y que muchos hombres me trataban bien y con respeto aunque no fuera habitual ver mujeres en esos ámbitos y que muchas mujeres me trataban mal por no “ser femenina”…

De esas que muy joven adquirió una gran conciencia social y quise formar parte de asociaciones, claustros y revoluciones… Allí confirmé que Mafalda tenía razón: “si no te das prisa por cambiar el mundo, es el mundo el que te cambia a ti…”

De esas que creía que la maternidad era un cuento como el del amor romántico, y que nunca tendría hijos, para qué en un mundo corrupto y perdido como este? Y leí… Mucho, de feminismo también: leí a Simone, a la Ibarruri, a Clara, a Federica, a la Mallo, a las de Boston, a Cristina, a Vandana, a las En Red, y las que me dejo en el olvido… Aprendí mucho, de estereotipos, de expectativas, de constructos sociales y de mi misma.

De esas que organizó Jornadas Antipatriarcales para que se entendiera que el machismo nos afecta tanto a mujeres como a hombres. Que el feminismo no es una “guerra de sexos”. A ver si nos vamos enterando, que ya estamos en pleno siglo XXI!!!

De esas que se dedicó a teorizar y debatir sobre las mujeres, sobre nuestros roles, nuestra naturaleza, nuestra esencia y los estereotipos que se nos atribuyen. Reivindicando la diversidad como plusvalía y tesoro a proteger.

De esas que con más de 30 años se convirtió en madre, en parte por escuchar a mi reloj biológico, en parte por estar aburrida de mi rutina, en parte porque entre mis valores siempre estuvo la protección de la familia y de los menores… Pero sobretodo por estar convencida de que vamos a mejorar el mundo entre todas y todos.

De esas que parió con epidural y también sin ella y aprendió que el dolor tiene su fin. Y cuando lo evitas en un momento lo sufres en otro. Tener miedo al dolor es habitual y cuando lo superas te haces más fuerte. Me resulta muy curioso que algunos dolores estén ampliamente aceptados (depilación, llevar tacones o fajas, tatuajes, piercing…) y otros te hacen parecer una loca: parir sin epidural por ejemplo.

De esas que al ser madre, me cambió la sangre, me volví leona, me volví loba, y desperté la Meiga de mis entrañas… Para recuperar todo el saber ancestral que se nos ha usurpado a las mujeres.

De esas que dió teta y la sigue dando por muchas razones: científicas, biológicas, evolutivas, pragmáticas, ecológicas… Pero la fundamental es porque quiero y puedo. Y a nadie debería molestarle.

De esas que entiende que las palabras importan pero los actos son imprescindibles. Y que para cambiar este sistema trasnochado y decimonónico es necesario HACER…

De esas que reivindican que los roles femeninos (tradicionalmente hablando) deben ser puestos en el lugar que les corresponde, visibilizándolos, dándoles valor y encajándolos en un nuevo sistema económico y social. Porque es tan digno ser “ama de casa” como columnista en “tribuna feminista” y además no es signo de estar alienada (eso es un prejuicio).

De esas que ha dejado de hacer las cosas “como los hombres” porque me lo debo a mí misma, a mi hija, a mi hijo y a toda persona que venga detrás. Porque aceptarse a una misma significa fluir y ser libre.

De esas que sabe que el debate es sano y necesario (Y una retahíla de insultos no es debate) y que éste debe sostenerse en argumentos razonados, no en opiniones que ignoran una temática y que están basadas en prejuicios y falacias.

De esas que se entristece y avergüenza cuando alguien tira piedras contra otras mujeres que luchan por la igualdad de derechos, por la dignidad humana y por la sororidad. Y más cuándo este acto despreciable se hace desde un medio que se autodenomina como feminista o antipatriarcal.

Carta abierta a la Sanidad Pública

Le doy muchas vueltas a este tema porque es muy complicado. A la hora de defender derechos: libertad, sanidad y educación para mí son los prioritarios. No voy a entrar en el debate sobre si es mejor que sanidad y educación sean públicas o privadas pero sí creo que es fundamental que ambas sean accesibles a todo el mundo: independientemente de sus papeles (o no papeles), ya sean mayores, adultos o niños; trabajadoras o paradas; con familia o sin ella… Todas las personas deberían poder tener una educación y una sanidad de calidad.

En este país, trabajar en el sector sanitario te da cierto status, te envuelve un halo de sabiduría y honorabilidad, parece que cualquier cosa que digas referente a la salud y/o hábitos de vida será tomada como una: VERDAD. Y no siempre es así, antes de infundir según que miedos, creencias o teorías deberían informarse y mantenerse actualizados. Seamos claros, en medicina cada quien tiene una especialización muy concreta y no tienen porque saber todos de todo… Un cardiólogo sabe mucho del corazón y a lo mejor sabe de deporte porque le interesa y es su afición, pero quienes saben de deporte son entrenadores, deportistas, fisioterapeutas deportivos, etc… De la misma manera, una enfermero pediátrico puede saber mucho de vacunas pero no necesariamente estará actualizado en lactancia materna, entonces: Por qué se dedica a dar consejos sobre lactancia?

Además en un hospital existe una jerarquía muy concreta, inamovible, hermética… En donde los mandos superiores viven una realidad muy alejada de las usuarias y pacientes, en donde ese halo de superioridad les hace flotar sobre unos protocolos arcaicos que hacen falta años para renovar, actualizar y mejorar. Y eso, si los profesionales sanitarios intermedios son capaces de:

  1. Detectar la necesidad de mejora.
  2. Interesarse por esa necesidad de mejora.
  3. Demostrar por activa y por pasiva esa necesidad de mejora.
  4. Demostrar por activa y por pasiva que es viable y sin coste (o con un coste ínfimo).

La sanidad pública está perdiendo la batalla, parece que nos dirigimos hacia la privatización irremediable, y lo estamos permitiendo entre todas las personas. Pero es que hablamos de la salud de la gente. De la vida misma.

Qué podemos hacer al respecto? Realmente hay algo que podamos hacer?

Creo que dependiendo de dónde nos movamos existen pequeños/grandes gestos.

Evidentemente, si nos llaman para operarnos de la privada, porque en la pública tardarán otros 2 años, no vamos a pedir el sufrimiento de esperarlos. No se trata de eso… Lo que si podemos es poner una reclamación, escribir una carta: Señores mandamases que sepan que me he operado en la privada porque me dolía mucho como para esperar 2 años más, pero yo quería operarme en la pública. Y en especial quiero dar las gracias a mi (especialista que me gustó) por atenderme tan bien.

Es bueno que también escribamos agradecimientos, la gratitud tiene un poder enorme. Y cuando es por escrito la motivación de nuestros profesionales aumenta y su trabajo es más pleno. Si agradeciésemos más seguramente habría menos gente amargada en el mundo. Personalmente le agradecí mucho a la celadora que llevo en silla de ruedas a mi padre hasta un taxi, que se saltase el absurdo protocolo de que sólo lo podía llevar hasta la puerta de Urgencias (Muy lejos de la parada de taxis).

Otra cosa que podemos hacer es hacer conscientes a las demás trabajadoras de que ese compañero suyo que nos ha tratado mal (sin respeto, sin educación, con soberbia, sin estar actualizado, etc…) es un troll que se está cargando el sistema desde dentro y que cada vez que trata mal a alguien, está empujando a las personas hacia la privada… Y que entonces se quedarán sin trabajo todas (troll incluido).

O preferís pagar la privada?

Y desde el otro lado?

Queridas amigas y amigos que estáis en el sector sanitario: Luchad! Cada día! Cada momento! Es duro. Lo sé. Poned vuestra mejor cara, actualizados, sed amables, empáticas.

Explicadle a la gente que poner reclamaciones y hacer agradecimientos por escrito es la mejor ayuda que os podemos dar. Que si han valorado vuestra atención que lo pongan en un papel.

Conquistad cada día la mejora del sistema, de los protocolos (y si es necesario: que le den al protocolo!) Formad equipo, sed un equipo! Apoyaros para mejorar, ignorad al mal profesional, ese que se quede solo. O si es superior a vosotras mismas, intentad llenarle de empatía, que se ponga en vuestra piel. Hacedle entender las consecuencias de que se comporte como un troll.

Es duro. Lo sé. Habéis escogido una profesión dura, difícil, en donde cada pequeña conquista cuesta un mundo. Pero, si no lucháis vosotras, quien lo hará?

Y la unión hace la fuerza. Existen formas más eficaces de atender a las personas. De reducir las listas de espera. De no doblar y triplicar turnos. De atender con calidez humana a cada paciente. De mejorar el clima laboral. Buscadlas! Encontradlas!

O preferís trabajar en la privada?

Cuando nos dejamos arrastrar por los convencionalismos sin más, sin pensar, sin analizar, estamos perdiendo un poco de vitalidad e ilusión por lo que hacemos, estamos viajando hacia la frustración y el malestar, estamos abriéndole las puertas a la ansiedad. Así que, ya sabéis, esta en nuestras manos mejorar el mundo, el sistema y la sociedad, aunque sea difícil la clave es perseverar.

El nuevo paradigma de las abuelas. Parte 2

Vamos a seguir, cada semana llegan a mis oídos nuevas historias y desahogos de madres que sufren, algunas más en silencio que otras, los consejos de abuelas, en muchos casos reforzados por profesionales desactualizados.

Cuando aterrizamos en la maternidad, muchas nos hacemos conscientes de nuestras limitaciones, de nuestra ignorancia. Aparecen todos nuestros miedos e inquietudes. Buscamos apoyo en nuestras familias, o no. Y lo que recibimos es una retaíla de:

Esto se hace así…

Lo estás malcriando…

Déjame a mí que tú no sabes…

En mi época todas lo hacíamos así y bien que os criasteis…

Etc, etc, etc.

¿Cómo podemos afrontarlo?

Desde la tranquilidad y el cariño. En realidad, es un entrenamiento que nos da la vida para todo lo que vendrá después.

Cierto es que, en medio de la explosión hormonal del puerperio es complicado contenerse y ser asertiva.

Lo sé.

A veces fallaremos, la cagaremos, nos quedaremos cortas o nos pasaremos tres pueblos pero, cuando nos salga bien…

La satisfacción es directamente proporcional a la cara de nuestra familiar más entrometida.

Nada ilustra mejor que un ejemplo:

Ejemplo 1:

Hace años, muchas de mis familiares y vecinas me decían: si lo tienes siempre en brazos se va a malacostumbrar.

Tarde un tiempo en encontrar la respuesta ideal: ¡Ay! ¡Es que crecen taaaan rápido! ¡Déjame cogerle que cuando me de cuenta ya no querrá colo (brazos) y entonces lo echaré de menos!

Respuesta habitual: ¡qué razón tienes!

Ejemplo 2:

Mi madre: ¿Cómo va a comer si antes le das la teta?

Respuesta: ¿cómo va a comer si no se la doy?

Mi madre: ¡Pues con más ganas!

Respuesta: entonces engullirá, cogerá gases y luego estará molesto porque le dolerá la barriga. ¿Y que va a querer? Teta, teta y más teta.

Mi madre: visto así…

Ejemplo 3:

Mi suegra: el chupete es una niñera, dáselo ahora que si no luego lo tendrás en la teta todo el día.

Respuesta: No lo quiere.

Mi suegra: es que tienes que insistir.

Respuesta: Ese no es mi estilo. Prefiero no dárselo, así luego no se lo tengo que quitar.

Mi suegra: Luego ya llorarás.

Respuesta: Puede ser pero no me enfadaré porque con 4 años no hay forma de quitárselo.

Mi suegra: Pero es ahora cuando dan más trabajo. Y el chupete es una niñera.

Respuesta: Bueno, en el peor de los casos podemos contratar a alguien para que limpie y cocine, mientras yo hago de niñera. ¡O lo puede hacer tu hijo, que lo educaste muy bien!

Ahora mismo no recuerdo más anécdotas pero creo que estas tres ilustran bastante bien lo que quiero transmitir.

Ante quienes nos cuestionan todo el tiempo, o bien ponemos distancia física, o bien procuramos responder buscando su empatía. Tratando encontrar ese click en su cabeza, alma y/o corazón. No se trata de justificarse todo el rato si no de saber qué teclas tocar.

En mi primer ejemplo, intenté conectar con esa nostalgia o deseo de volver a tener a tu bebé en brazos. Y lo rápido que pasa esa etapa. Sobretodo las madres conectan con ese bienestar y dejan la crítica.

En el segundo ejemplo, sabiendo que lo que más convence a mi madre son los argumentos lógicos, apelé a su razón. A su sentido práctico.

En el tercer ejemplo, sabiendo que para mi suegra todo lo que ella hizo está bien hecho y que no le interesan razones científicas o médicas (porque toda la vida se hizo así). Busqué la conexión a través de “la suerte que tengo de estar con su hijo”.

Es difícil, muchas veces se nos ocurrirán las frases tiempo después pero, por favor: ¡Anotadlas! ¡Recordadlas!

¡Puede repetirse la situación o podréis ayudar a otra madre en apuros! Hasta podéis mandármelas para que se las transmita a otras madres, y padres estresados y/o criticados.

Continuará…

El ambiente y su influencia

Cada día escucho nuevos casos de bullying y/o acoso escolar, niños y niñas que viven en una pesadilla tan terrible que hasta se llegan a quitar la vida. Una plaga realmente preocupante, que en nuestro país parece que no tiene solución. Curiosamente, la otra plaga realmente terrible es la violencia “machista”, un término que no me termina de gustar porque obvia muchos aspectos y deja al margen a muchos protagonistas.

En mi opinión, tenemos que cuidar el ambiente, ese clima en el que nos movemos, ya sea en el hogar, el trabajo, la calle o la escuela.

Deberíamos rodearnos de belleza y calma, y cuando algo ensucie, afee o moleste: cambiarlo, limpiarlo o mostrar nuestro disgusto con asertividad.

En vez de eso tendemos a acumular, y cuando ya no podemos más: estallamos!

Y vuelta a empezar…

El clima escolar habitual, en la escuela tradicional suele ser bastante tóxico, se exige al alumnado una contención excesiva, una madurez a la que muchos no llegan, se basa en la “acumulación” de contenidos y técnicas.

Por si fuera poco, los momentos de “desfogue” tienen poca o ninguna supervisión… El recreo se convierte en la ley de la selva y cuando surge un conflicto, los adultos intervienen demasiado tarde y con poca o ninguna justicia.

Además, existen profesionales que propician esta toxicidad con prácticas propias de centros de reclusión. El otro día me hablaron de la figura “el encargado de los deberes” que consiste en que un compañero o compañera, revisa todos los cuadernos de sus compis de clase para comprobar si han hecho los deberes y decirle al profesor o profesora quien no los ha hecho. Y encima si no se chiva, pierde el puesto y sufre un castigo.

Por si no fuera poco efectiva la vieja práctica del premio y el castigo!

Claro que también tenemos las viejas prácticas consistentes en la humillación pública o la de “yo no he visto nada”.

Y en medio de todo eso pretendemos que niños y niñas aprendan “por arte de magia” a resolver conflictos de forma pacífica, a saber gestionar sus emociones, a tener una sana autoestima y un buen autoconcepto de sí mismas.

Si alguien se burlara de mí en público me sentiría mal: incómoda, humillada, frustrada… Reaccionaría! Me defendería, tengo muchas formas de pararlo: la ironía, el sarcasmo, el humor, la asertividad, la empatía… Realmente alguien cree que un peque de 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11 o 12 años las tiene? Vale puede que algunos o algunas de 8 para arriba sí pero, tampoco muy afinados, no?

Si alguien me golpea el coche tengo varios protocolos para exigir el arreglo de mi coche. Qué pasa si un compañero me estropea un libro, un cuaderno, la mochila, el abrigo…? A quién recurro en el colegio? Qué respuesta me va a dar?

Os imagináis que cuando llega la Policía os dijera: eso no es nada! Un leve rasguño, en casa le pasas un trapito y solucionado!!

O que nos soltara: Venga no os enfadeis, daros un besito e iros cada uno por vuestro sitio: circulen!!

O bien: bueno, bueno, me da igual quien golpeara el coche de quien… Os pongo una multa a ambos y no quiero oír ni una palabra más si no queréis que os inmovilice los coches!!

Raro, a que sí? De cámara oculta… Rápidamente buscaríamos al youtuber agazapado tras la farola. Sin embargo, estos mensajes los reciben niños y niñas cada día en el aula, y aunque parezca mentira, resultan igual de absurdas estas contestaciones-resoluciones.

Habría que enseñar de otra manera, podríamos seguir al niño en sus necesidades educativas,el adulto tiene que dejar de ser el centro. Y que el niño deje de hacer sobre-esfuerzos para adaptarse al ritmo de los demás. Para que pueda seguir el suyo propio.

Habría que darles técnicas de autocontrol y de gestión emocional… Y que al llegar a casa nos las enseñen a la familia!

Habría que educar para la paz de verdad, y que se dejen de dibujar palomas un día al año. Que aprendan diálogo, asertividad, mediación, negociación… La violencia sólo trae más violencia. El diálogo entendimiento, empatía, cooperación… Elegir no debería ser tan difícil.

Quizás es nuestra resistencia al cambio, estamos tan agusto en nuestras zonas de comfort, salir de ellas es más sencillo que encontrar soluciones, que mejorar nuestra calidad de vida, será por eso que caemos tan fácilmente en los círculos viciosos?