Las 3 puertas del autoconocimiento

Cuando me preguntan cual es mi libro favorito, no tengo dudas, aunque sea una ávida lectora, y me gusten innumerables títulos, siempre respondo: “La historia interminable”. ¿Por qué?

Aparte de que sea una historia llena de detalles, de personajes fascinantes, de aventuras intensas y una narrativa que engancha. La razón de mi respuesta es otra. “La historia interminable” es un cuento que nos lleva a un viaje de autoconocimiento y aceptación personal.

Más allá de las incontables metáforas, es un libro para superar crisis vitales, para reencontrarte contigo misma cuando dudas hasta de tu propia existencia. Y es ahora cuando quiero hablarte de las tres puertas que atraviesa Atreyu para poder preguntar a Uyulala (El oráculo del Sur) cómo puede curar a la Emperatriz infantil y así parar el avance inexorable de la nada.

Existen otros muchos símiles dignos de mi análisis pero, parafraseando a la propia historia: “de eso te hablaré en otra ocasión”.

La primera puerta (El gran Enigma): Atreyu debe superar el miedo que le provocan las esfinges gigantescas que vigilan la entrada. Son unas criaturas tan hermosas como atemorizantes. Te hacen sentir una mezcla de horror y fascinación.

Esto es algo que nos pasa durante una crisis vital. ¿Por qué?

Una crisis es un proceso de cambio, y eso nos produce vértigo pero también esperanza. Lo primero que hacemos entonces es ponernos bajo la mirada crítica, ya sea exterior o interior, algunas personas son capaces de pasar esa fase, y otras no. Algunas personas se quedan presas en el remordimiento, la culpa y/o el rencor.

Para atravesar la primera puerta del autoconocimiento tienes que superar el miedo. Bueno, no un miedo, no. Muchos y variados. Aquí la variedad es tan extensa como diversas somos las personas.

La segunda puerta (El espejo de la verdad): Atreyu debe superar ver reflejadas sus peores sombras. Ver lo peor de sí mismo. Y abrazarlo.

Tras un primer análisis, llega esta fase tan escabrosa, no nos gusta ver esa parte: la parte oscura, la cruel, la reptiliana, la salvaje, la pesada, la cobarde, la egoísta, la cansada, la fría, la ladrona, la mentirosa, la traidora, la débil, la vulnerable, la perdida, la confusa, la impía, la hambrienta, la enferma, la putrefacta. Es difícil verla pero más aún aceptarla.

Para superar la segunda puerta del autoconocimiento tienes que hablar a esa parte, dialogar con ella, comprenderla, explorarla, perdonarla y finalmente: integrarla.

La tercera puerta (La puerta sin llave). Atreyu debe abandonar todo deseo de querer atravesarla. Pero necesita imperiosamente hacerlo para salvar su vida y la de su mundo. Necesita respuestas.

Por último, necesitamos respuestas, algunas muy complejas, en toda crisis resuena al menos un ¿por qué? Pero uno muy importante, uno que se te pega como auténtico engrudo. Ese es el que te quita el sueño, la paz, el hambre y hasta la salud. Te deja inhabilitada hasta que das con una respuesta mínimamente viable. Lo paradójico es que ninguna respuesta te va a llevar a dónde necesitas.

Para superar esta última puerta necesitas despojarte de todo. Saber que la única manera de encontrar respuestas es dejar de buscarlas. Necesitas parar. Sin duda es la imposible. La que suele requerir ayuda. La que nos sume en un estado de ansiedad o depresión. Y es en este punto, en el que mantener el foco en el lugar adecuado, será la llave para abrir la puerta.

Y hasta aquí la aventura de hoy. Espero que estas pequeñas pinceladas te hayan servido para arrojar algo de luz en la encrucijada en la que estás. Atreyu no terminó ahí su Gran Búsqueda pero fue el punto clave para enganchar a Bastian, llevarlo hasta la Emperatriz infantil y salvar Fantasía. Es decir, es el momento en el que logra su objetivo aunque no sea consciente de ello.

Si no has leído el libro no temas los “spoilers” de este artículo porque te garantizo que este ni es el final, ni lo que te he contado te va a desmontar la historia, al contrario, es posible que la leas con otra interpretación más allá del cuento infantil.

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Cielo

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Lactante distraido

¿Para qué sirven las tetas?

Estamos en la Semana Europea de la Lactancia Materna y me apetece hablar de un tema muy tabú sobre el uso que le damos a nuestras tetas. Voy a dar respuesta a la pregunta: ¿Para qué sirven las tetas?

Puede parecer una pregunta sencilla pero encierra muchos tabúes en nuestra sociedad. Las mujeres occidentales llevamos muchos años, décadas, aprendiendo que las tetas son otro órgano sexual, y en parte así es, algunas mujeres jamás las usarán con otro fin que el de el propio placer sexual.

Sin embargo, la naturaleza le ha otorgado otras funciones de vital importancia para nuestra supervivencia. La principal es la de producir alimento para nuestras crías. Pero no sólo alimento en sí: nutrientes, líquidos, vitaminas, grasas, etc. La leche materna transporta defensas, bacterias vivas, se adapta a las necesidades de nuestro bebé. 

De hecho, durante la lactancia (sobretodo al comienzo, durante la exterogestación) el cerebro de la madre regula la homeostásis de su bebé. Eso significa que hasta las hormonas del bebé están, en parte, reguladas por el cerebro materno. Por tanto, la implicación de la madre en la crianza llega a niveles físicos, psicológicos, mentales y emocionales. Y es algo programado por la naturaleza. Somos mamíferas.

Chapas de la Asociación Teta e Coliño
Chapas de la Asociación de lactancia y crianza Teta e Coliño

¿Y cuál es el problema?

Pues el problema del que quiero hablar es el tabú que existe en nuestra sociedad sobre la sexualidad. Y en concreto, sobre la sexualidad femenina.

Ojo: sexualidad que no sexo. La sexualidad engloba mucho más que el sexo: la amistad, el cariño, el deseo, la pasión, la fraternidad, la camaradería, el aprecio…

Y hablar de esto es tabú.

Y compaginar el amor por tu bebé con el deseo sexual es complejo. Porque nos genera un gran rechazo sentir excitación sexual cuando alimentamos a nuestro bebé. Esto creo que es fácil de comprender pero es realmente difícil de exponer sin tergiversaciones, malas influencias, juicios o exageraciones.

Hace años cuando estudiaba para ser asesora de lactancia, investigué mucho sobre la “agitación en el amamantamiento” y en concreto sobre sus causas. Era un tema tan tabú que hasta mis profesoras evadieron mis preguntas con un: si llega ese momento entonces es momento de destetar.

Así que leí, mucho. Todo lo que encontré al respecto. No fue mucho. Hoy ya puedes leer sobre el tema aquí, aquí o aquí. También leí algún estudio antropológico después de mucho buscar y buscar, pero no daban respuesta a mi pregunta: ¿Por qué sucede la agitación por amamantamiento?

Tengo la teoría de que además del cansancio, o de las hormonas, entran en juego también nuestras creencias culturales. Y es que vivimos en un sistema en el que no tenemos ni educación sexual, ni emocional, ni social.

Y además parece que a nadie le importa. ¿Para qué buscar las causas si podemos parchear los síntomas? ¿Para qué encontrar los orígenes si podemos decir a las madres que no se sientan culpables?

Y es que es lógico que te sientas culpable cuándo sientes un impulso visceral a negarle el pecho a tu bebé, o a tu hija de más de 2 años, o a tu hijo de 4 años. Porque como madre sabes todos los beneficios que le aporta pero como mujer una parte de ti necesita restablecer su sexualidad y las soluciones que te dan apelan al descanso, al destete, a tener paciencia.

Sé que es complicado separar sensaciones. Es difícil mantener separadas la excitación sexual y el placer del amamantamiento cuando la sensibilidad de tu pezón es tan similar. Y ahí estás tú sintiéndote la peor madre del mundo, sin comprender qué pasa, navegando por las soluciones que te dan pero sin profundizar en ellas, no vaya a ser que de pronto conectes con tu mamífera interna y sitúes tu propio placer en el centro de tu sexualidad.

Estamos en la Semana Europea de la Lactancia Materna y el lema de este año es: ¡Empodéremonos! ¡Hagamos posible la lactancia materna! Así que me ha parecido apropiado hablar de este tema: Lactancia y sexualidad, dos funciones de nuestras tetas. Y dos partes importantes de la sexualidad de la mujer. Por tanto, resulta imprescindible hablar de ambas cuando pretendemos un empoderamiento colectivo al respecto, ¿o no?

Manzana caída
Manzana caída

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