La Burla

Todo proceso de acoso comienza con una simple burla.

Con un ligero desprecio.

Con un breve sarcasmo.

Con un sutil ninguneo.

Los adultos muchas veces obviamos todos éstos pequeños gestos. Pero los realizamos más de una vez al día y, a veces, con l@s más indefens@s, con l@s inocentes, con quienes menos lo merecen.

Cocodrilo
Cocodrilo

La burla está absolutamente instaurada y normalizada en todos los ámbitos de nuestra vida. Pero no deja de ser otra forma de violencia. La semilla que esparce se basa en la humillación y por tanto, en bajar la autoestima de quien la recibe.

Cuando somos testigos de una burla y no hacemos nada, o nos reímos y participamos de ella, estamos perpetuando un tipo de violencia estructural: el acoso. Es duro de leer, es duro de aceptar y es difícil de cambiar.

 

Algunas personas pueden pensar que digo esto desde un púlpito de santidad o de superioridad moral, pueden creer que escribo estas críticas porque yo no empelo burlas, no acoso, no humillo, etc… pero no es así, yo me equivoco como la que más. Muchas veces, hago leña del árbol caído, me burlo o empleo el sarcasmo pero sé que está mal. Sé que es un comportamiento reprobable. Sé que cuando me comporto así no estoy mejorando el mundo.

Esto no significa tampoco que lo haga a todas horas y en cualquier parte, procuro ser consciente y frenarlo, corregirlo, evitarlo, lo que toque.

Vamos a analizar en qué consiste exactamente.

Una burla se basa en avergonzar a alguien por algo que ha hecho, dicho o sentido. Desde esa frase “no llores que eso es de niñas” hasta ese gesto de asco o desprecio ante una persona por su aspecto físico, el objetivo principal de la burla es provocar malestar en quien la recibe.

¿Para qué?

¿Para qué necesitamos que alguien a nuestro alrededor se sienta avergonzado? Se me ocurren algunas razones evidentes:

  • Cambiar una conducta: existe un trasfondo pedagógico mal enfocado en una humillación pública. Claro ejemplo de ello es el paseo de la vergüenza de Cersei Lannister en Juego de Tronos.
  • Vengarse por una afrenta: en ocasiones se trata de una vía de escape al rencor, o también podríamos decir que es un acto de justicia indebido. Podemos ver numerosos en cualquier serie de adolescentes, o película holliwodiense desenfadada como Gossip Girl, Pretty Little Liars, Fuera de Onda, etc.
  • Aceptación social: demostrar que otra persona es la más débil del grupo para evitar ser el blanco de estas acciones. Existe un capítulo de Los Simpsons en el que Lisa se hace pasar por un niño para poder estudiar matemáticas, y tras recibir una paliza, acaba burlándose de Ralph (y pegándole) para dejar de ser el blanco de las burlas de los demás.
  • Aumentar la autoestima personal: es posible que alguna gente se sienta amenazada por otra y, al mínimo error, aprovecha para resaltar su superioridad, denostando a la competidora, en vez de hablar de los propios logros es más sencillo menospreciar al otro.
  • Aumentar el sentido de pertenencia: ejercer actos de desprecio para resaltar las diferencias del otro, y así, intensificar la sensación de pertenencia a un grupo concreto. Esto es algo muy practicado por colectivos deportivos, políticos, sociales, etc.

 

¿Alcanzan estos objetivos?

La verdad es que suelen ser bastante efectivas en algunas ocasiones, sin embargo, existen muchas dudas de su efectividad pedagógica, ya que aunque sean eficaces a la hora de “corregir” comportamientos, también suelen destrozar la autoestima y/o el autoconcepto.

Por tanto, su “valor” pedagógico queda eclipsado por los graves perjuicios que causa a la voluntad y actitud de quien aprende. Porque al final, la inseguridad es el gérmen que perpetúa la burla.

¿Es tan grave?

Seguramente no lo parece. Me parece importante que al menos, seamos cuidadosos con la infancia, ya que es el momento del desarrollo más vulnerable. Mi trabajo se basa en esa protección. Y como ya sabes, en la prevención.

Por eso hoy te hablo de esta práctica, mucho más habitual de lo que pensamos, porque si la evitamos desde el principio, lograremos sortear males mayores como el acoso, que a día de hoy posee multitud de variantes: bullying, ciberbullying, mobing, acoso sexual, etc.

Existen otras formas de dañar como la indiferencia, el chantaje emocional, la distracción constante, la mentira, la infravaloración, la exigencia… De todas ellas iré hablando en próximos artículos.

La burla
Representación de los pecados capitales.

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primate en un centro de rescate animal

La semilla del bullying

Cuando era niña, sufrí bullying. El otro día encontré mis notas del colegio y el descenso de mis calificaciones fue directamente proporcional al bullying sufrido. Esto es, cuanto más bullying sufrí más bajaron las susodichas.

No fue todo malo. El acoso no era todos los días, pero sí todas las semanas. Había días de correr y esconderse. Había días de sufrir insultos y humillaciones. No me pegaron demasiado, algo sí pero no tanto como a otros.

Recuerdo decírselo a mis maestros y que ellos me dijeran: eso es porque eres muy guapa y los chicos quieren llamar tu atención.

Recuerdo decírselo a mi madre y que ella me dijera: pues tú llámales cuchufletas.

Recuerdo sentirme sola y desvalida. Me refugiaba en mi mundo de fantasía, cuando llegaba a mi casa escribía en mi diario: Solo quiero ser amiga de todos.

Pasaron los años y bloqueé todos estos recuerdos. En el instituto ya no me hacían bullying, en realidad aprendí a cuidar a mis 3 amigas y mis 5 amigos. El resto me daba igual, me hice inmune a las burlas. A los insultos. Hasta era popular.

En la Universidad estaba centrada en buscar mi lugar en el mundo y la sociedad, aunque a veces me sentí muy sola, en general fue una especie de huida hacia adelante. Y tras muchas luchas, amores, sudores y lágrimas: me encontré.

Pasaron más años, muchos más y me hice madre. Tuve un niño precioso, especial y maravilloso en un entorno hostil, lleno de protocolos y vacío de empatía.

Llegó el momento de que mi peque fuera al cole. Y tras una semana, él no quería ir.

  • Tenía pesadillas
  • Montaba un pollo cada vez que había que ir al colegio.
  • Perdió el control de sus esfínteres.
  • Evadía relacionarse con otros niños, ya fuera en casa, en el parque o en las actividades.
  • Se volvió más gruñón, no quería salir de casa.
  • Las pesadillas se convirtieron en terrores nocturnos.

Y entonces, tras mucho observar, leer e investigar: volvieron todos mis recuerdos del colegio y lo vi claro: mi hijo estaba sufriendo bullying.

Se me cayó el mundo encima.

Me sentí la peor madre del mundo.

Mi confianza en el sistema me costó 3 meses más de maltrato a mi peque.

Perdí la fe en el sistema. Saqué a mi hijo del colegio.

Pasamos por terapia y rehabilitación.

Doy gracias por poderlas pagar.

Doy gracias por tener esa suerte.

Hoy es el día contra el bullying.

Y yo sé que es un largo camino el que nos queda. El sistema es inmovilista.

El sistema esparce las semillas del bullying. Porque el bullying es un proceso complejo que comienza con una burla. Y si nadie la para: enraiza y brota. Crece y se esparce nuevamente.

La burla puede venir de cualquier parte, de cualquier persona, y es en la escuela en dónde se puede corregir o potenciar.

En casa podemos observar, entender y favorecer su autonomía y su autoestima, enseñarles a defenderse…

Si necesitas asesoramiento: contacta. Te puedo asesorar.

Taradas

Así calificaba un hombre con estudios universitarios y de tendencias políticas de izquierdas a las mujeres que deciden parir en su casa: Taradas!

Y se quedó tan ancho… Tan lleno de razón… Superior!!! Porque así se siente la gente que se dedica a “callar bocas”… Es un mecanismo muy potente. La burla no tiene por función humillar al otr@, sino sentirse superior que el otr@.

Otro ejemplo de la facilidad con la que en esta sociedad juzgamos sin saber.

Y es que las redes sociales están llenas de polémicas en las que en vez de debatir o discutir, simplemente se cae en la descalificación y el insulto fácil.

Y así desahogamos nuestras frustraciones y amarguras por el mundo adelante, escupiendo bilis contra quien nos parece despreciable, ninguneable, ínfim@…

Ya hace días que resuena en mi mente: Taradas!

Es curioso, porque sinceramente, a quién Le importa dónde decide una mujer parir o no parir. De verdad te afecta tanto? A ti que ni la conoces? A ti que no sabes la historia?

Y aunque fuera la peor decisión del mundo: no crees que ya ha sufrido lo peor? Cómo si fuera poco su sufrimiento. De verdad tenemos que ponerla en la picota para apedrearla? Para insultarla?

Por qué nos gusta tanto hacer leña del árbol caído?

No voy a entrar en el debate de qué es mejor y qué es peor. Creo que cada mujer es libre para tomar sus decisiones de manera consciente e informada. O debería serlo. Por mucho que a mí me guste otra opción. Por mucho que a mí su opción me parezca una locura. O peligrosa…

O acaso l@s pilotos de fórmula 1 son unos tarados? Y l@s acróbatas? Y l@s que comen azúcar por toneladas?

Se entiende el símil? O tiene que decirlo una presentadora millonaria para darle más peso a nuestra opinión? Porque esta es la otra parte de la historia: qué pasó?

Lo sabe alguien con total seguridad?

Tú estabas allí?

Es que han dicho en la TV que era una loca, una cabezota, que quería parir en su casa en contra de las recomendaciones de la matrona… Y?

Ahora la TV se dedica a la veracidad, cuántas mentiras y rumores han propagado a lo largo de los años?

Es información o propaganda?

Es veraz? O es entretenimiento?

Sólo esa familia sabe lo que realmente pasó.

Alguien está dispuest@ a escucharla?

Mi más sincero pésame a esta familia. Ojalá pudiéramos volver atrás en el tiempo y evitar estas desgracias.

El ambiente y su influencia

Cada día escucho nuevos casos de bullying y/o acoso escolar, niños y niñas que viven en una pesadilla tan terrible que hasta se llegan a quitar la vida. Una plaga realmente preocupante, que en nuestro país parece que no tiene solución. Curiosamente, la otra plaga realmente terrible es la violencia “machista”, un término que no me termina de gustar porque obvia muchos aspectos y deja al margen a muchos protagonistas.

En mi opinión, tenemos que cuidar el ambiente, ese clima en el que nos movemos, ya sea en el hogar, el trabajo, la calle o la escuela.

Deberíamos rodearnos de belleza y calma, y cuando algo ensucie, afee o moleste: cambiarlo, limpiarlo o mostrar nuestro disgusto con asertividad.

En vez de eso tendemos a acumular, y cuando ya no podemos más: estallamos!

Y vuelta a empezar…

El clima escolar habitual, en la escuela tradicional suele ser bastante tóxico, se exige al alumnado una contención excesiva, una madurez a la que muchos no llegan, se basa en la “acumulación” de contenidos y técnicas.

Por si fuera poco, los momentos de “desfogue” tienen poca o ninguna supervisión… El recreo se convierte en la ley de la selva y cuando surge un conflicto, los adultos intervienen demasiado tarde y con poca o ninguna justicia.

Además, existen profesionales que propician esta toxicidad con prácticas propias de centros de reclusión. El otro día me hablaron de la figura “el encargado de los deberes” que consiste en que un compañero o compañera, revisa todos los cuadernos de sus compis de clase para comprobar si han hecho los deberes y decirle al profesor o profesora quien no los ha hecho. Y encima si no se chiva, pierde el puesto y sufre un castigo.

Por si no fuera poco efectiva la vieja práctica del premio y el castigo!

Claro que también tenemos las viejas prácticas consistentes en la humillación pública o la de “yo no he visto nada”.

Y en medio de todo eso pretendemos que niños y niñas aprendan “por arte de magia” a resolver conflictos de forma pacífica, a saber gestionar sus emociones, a tener una sana autoestima y un buen autoconcepto de sí mismas.

Si alguien se burlara de mí en público me sentiría mal: incómoda, humillada, frustrada… Reaccionaría! Me defendería, tengo muchas formas de pararlo: la ironía, el sarcasmo, el humor, la asertividad, la empatía… Realmente alguien cree que un peque de 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11 o 12 años las tiene? Vale puede que algunos o algunas de 8 para arriba sí pero, tampoco muy afinados, no?

Si alguien me golpea el coche tengo varios protocolos para exigir el arreglo de mi coche. Qué pasa si un compañero me estropea un libro, un cuaderno, la mochila, el abrigo…? A quién recurro en el colegio? Qué respuesta me va a dar?

Os imagináis que cuando llega la Policía os dijera: eso no es nada! Un leve rasguño, en casa le pasas un trapito y solucionado!!

O que nos soltara: Venga no os enfadeis, daros un besito e iros cada uno por vuestro sitio: circulen!!

O bien: bueno, bueno, me da igual quien golpeara el coche de quien… Os pongo una multa a ambos y no quiero oír ni una palabra más si no queréis que os inmovilice los coches!!

Raro, a que sí? De cámara oculta… Rápidamente buscaríamos al youtuber agazapado tras la farola. Sin embargo, estos mensajes los reciben niños y niñas cada día en el aula, y aunque parezca mentira, resultan igual de absurdas estas contestaciones-resoluciones.

Habría que enseñar de otra manera, podríamos seguir al niño en sus necesidades educativas,el adulto tiene que dejar de ser el centro. Y que el niño deje de hacer sobre-esfuerzos para adaptarse al ritmo de los demás. Para que pueda seguir el suyo propio.

Habría que darles técnicas de autocontrol y de gestión emocional… Y que al llegar a casa nos las enseñen a la familia!

Habría que educar para la paz de verdad, y que se dejen de dibujar palomas un día al año. Que aprendan diálogo, asertividad, mediación, negociación… La violencia sólo trae más violencia. El diálogo entendimiento, empatía, cooperación… Elegir no debería ser tan difícil.

Quizás es nuestra resistencia al cambio, estamos tan agusto en nuestras zonas de comfort, salir de ellas es más sencillo que encontrar soluciones, que mejorar nuestra calidad de vida, será por eso que caemos tan fácilmente en los círculos viciosos?