Reparando su anillo

Preguntemos a quien no le fue bien

Cuando se trata de modificar el sistema educativo nadie pregunta a quienes falló el sistema. A quienes se quedaron en el camino.

Ni siquiera se pregunta a quién se preocupa por esas personas. Porque son personas, y algunas de ellas han llegado a ser personas relevantes, exitosas, capaces y buenos ejemplos.

En el sistema educativo tradicional se premia y se castiga, directa e indirectamente. Se promueven ciertos valores y habilidades y se denostan otros sin pararse a analizar si podrían ser de utilidad para esa persona.

Puede que este tema le resulte absurdo a mucha gente, sin embargo si estás leyendo esto es porque para ti tiene relevancia. Y para mí también.

Somos las personas raras, las inadaptadas, las que no encajamos quienes dotamos al mundo de diversidad, pluralidad y amplitud de miras.

Quienes hacen las cosas de manera diferente, sin duda, son quienes hacen avanzar a la sociedad.

¿Acaso tiene alguna relevancia hacerlo todo como siempre se ha hecho? ¿Habríamos descubierto la manera de hacer fuego? ¿O de conservar los alimentos?

En esta sociedad no sólo se castiga la diferencia, sino que además se repudia el error.

Y esto es terrible.

Nuestro cerebro aprende a base de equivocarse. La repetición es la base del aprendizaje. Sin repetición no se crean nuevas redes neuronales.

¿Nuestro sistema educativo está diseñado para que quienes tienen éxito sean quienes “se esfuerzan” o para quienes “lo saben”? ¿Se valora la “obediencia” o la “crítica”? ¿Se premia la “creatividad” o la “normalidad”?

¿Alguien se ha parado a observar lo que sucede con las personas que no llegan, o las que sobresalen?

Al final llegamos al manido tema de que el sistema está pensado para homogeneizar, regular y aborregar. Pensando que así el voto será más fácil de conseguir. ¿O no?

Y es que parece que sólo tenemos el recurso del consumidor consciente. En este caso: el ciudadano informado.

parece que únicamente podemos hacer algo votando a uno u otro partido. Pero podemos hacer otras cosas:

1. Quejarnos sí pero formalmente. Cubrir formularios. Usar el servicio de atención al ciudadan@. Al defensor del pueblo.

2. Ejercer nuestros derechos. Entre ellos el derecho de petición.

3. Formar redes con personas que tengan nuestros mismos intereses. Nuestras mismas inquietudes. Ya sé que esto lo digo siempre pero es una de las acciones más poderosas. La unión hace la fuerza.

primate en un centro de rescate animal
Primate en un centro de rescate animal

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Hoy te escribo a ti

Te escribo a ti, y sólo a ti…

Porque sientes que eres invisible pero yo te veo y te escucho.

Quiero conectar contigo…

Porque yo también estuve ahí, justo en este momento en el que te sientes perdida, superada por las circunstancias pero yo sé que vas a salir de ese bache, aunque ahora te parece imposible.

Quiero darte ese apoyo que no encuentras…

Porque aún no te has dado cuenta de que sólo tú puedes darte ese permiso que te hace falta para avanzar.

Hoy te escribo a ti…

Que no tienes tiempo ni para asearte, o ir al baño. Que todo te está pasando tan rápido que por momentos sientes verdadero vértigo. Pero yo sé que poco a poco lograrás recolocarte y reorganizar lo que ahora mismo parece puro caos.

Y en ti veo esa luz que lucha por salir de la oscuridad, dónde otras personas sólo ven ojeras, manchas y desorden…

Y voy a estar aquí para disfrutar el momento en el que las deslumbres: porque lo vas a hacer, tarde o temprano, pero lo harás y yo no quiero perdérmelo.

Tal vez, hasta ahora, no te haya escuchado con la suficiente atención, estaba preocupada con mis cosas, temiendo por mi propio salto al vacío.

Con miedo y llena de frustración.

Pero ahora ya estoy aquí.

Y voy a quedarme a tu lado.

Voy a escuchar todo lo que me digas y te lo voy a devolver con las palabras que necesites oír (ojo, no las que quieres escuchar), aunque te asusten, aunque te duelan…

Voy a acompañarte hasta que vueles libre.

Hoy te escribo a ti, y sólo a ti…

Porque deseas encajar sin perderte en el camino. Y yo sé que es complicado hacerlo sola. Pero, juntas crearemos una comunidad segura y confortable.

Hoy te escribo a ti…

Que no sabes cómo has llegado a esta situación y aún no te la puedes creer

Te ha pegado un vuelco enorme…

No tenías ni idea de cómo iba a ser todo. Pero, pronto verás que así será mucho más gratificante de lo que podías imaginar.

Hoy te digo que no estás sola. Que somos muchas. Que vamos a tejer muchas redes para encontrarnos y reconocernos… Qué nunca más vamos a sentirnos indefensas!

Hoy es ese día en el que vas a dar el paso…

Porque tu momento es AHORA.

Ven y comencemos este viaje.

Únete ahora a mi webinar gratuito pinchando en el enlace http://mecef.es/webinar-creencias/

¿Cuánto cuesta un besito?

No existe nada que despierte más ternura que el besito de un peque. Que un niño o niña te de un besito es muy reconfortante para el corazón. Parece que rejuvenece.

Sin embargo, vivimos en una sociedad que en muchas ocasiones, obliga a que niños y niñas lo hagan cuando no quieren. Y aquí empiezan numerosos chantajes al respecto:

  • Pues me pongo triste si no me lo das.
  • Pues ya no te quiero.
  • Pues no te voy a regalar más juguetes.
  • Pues no te vuelvo a dar helado.

Y digo yo: ¿qué valor tiene para una persona adulta conseguir un beso bajo la extorsión y/o el chantaje emocional?

¿Qué mensaje dais cuando lográis un besito a toda costa?

¿Qué creéis que están aprendiendo estas niñas y niños?

Luego llega una persona malintencionada y les dice:

  • Si te vienes conmigo te doy un regalo.
  • Quieres que te regale un perrito. Ven conmigo.
  • Si no le cuentas esto a nadie te doy un helado.

¿Te parece exagerado?

Ahora muchas personas dirán:

  • A mí me obligaron de pequeña y nunca me pasó nada.
  • Qué mal puede hacer que les den un beso a su abuela.
  • Eso es demagogia, no tiene por qué pasar eso.
  • Es una forma de que niños y niñas entiendan la autoridad.

¿Y qué pasa con las personas que sí les pasó algo?

No nos damos cuenta de cuántas son, no es un tema del que te vaya a hablar nadie, es más, muchas personas ni lo recuerdan, son recuerdos traumáticos que tienen bloqueados.

En mi opinión, tanto niños como niñas necesitan aprender que su cuerpo es suyo, que sus emociones son suyas, que sus afectos son suyos y les corresponde decidir a quien mostrárselos y a quien no.

Me parece apropiado que sepan que los besitos no se compran.

No se venden.

No cuestan una sonrisa, un juguete, una moneda o un postre.

Que sepan que son sólo suyos y sólo se los deben dar a quién sientan que se los deben dar.

Que nadie tiene derecho a obligarl@s a mostrar algo que no sienten, o que simplemente no les apetece en ese momento.

Luego nos convertimos en personas adultas que no sabemos decir que no.

Personas que se sienten obligadas a mostrar afecto (que no respeto) a gente que nos repugna.

Personas que sonreímos a gente que ni nos gusta, ni nos agrada, ni nos aporta.

Personas, al fin y al cabo, que no se sienten libres para mostrar sus emociones y sentimientos.

¿Qué nos pasa que nos cuesta tanto empatizar? ¿Y más aún con niños y niñas?

Así que esa es mi pregunta: ¿cuánto cuesta un besito? ¿Y uno tuyo?

primate en un centro de rescate animal

La semilla del bullying

Cuando era niña, sufrí bullying. El otro día encontré mis notas del colegio y el descenso de mis calificaciones fue directamente proporcional al bullying sufrido. Esto es, cuanto más bullying sufrí más bajaron las susodichas.

No fue todo malo. El acoso no era todos los días, pero sí todas las semanas. Había días de correr y esconderse. Había días de sufrir insultos y humillaciones. No me pegaron demasiado, algo sí pero no tanto como a otros.

Recuerdo decírselo a mis maestros y que ellos me dijeran: eso es porque eres muy guapa y los chicos quieren llamar tu atención.

Recuerdo decírselo a mi madre y que ella me dijera: pues tú llámales cuchufletas.

Recuerdo sentirme sola y desvalida. Me refugiaba en mi mundo de fantasía, cuando llegaba a mi casa escribía en mi diario: Solo quiero ser amiga de todos.

Pasaron los años y bloqueé todos estos recuerdos. En el instituto ya no me hacían bullying, en realidad aprendí a cuidar a mis 3 amigas y mis 5 amigos. El resto me daba igual, me hice inmune a las burlas. A los insultos. Hasta era popular.

En la Universidad estaba centrada en buscar mi lugar en el mundo y la sociedad, aunque a veces me sentí muy sola, en general fue una especie de huida hacia adelante. Y tras muchas luchas, amores, sudores y lágrimas: me encontré.

Pasaron más años, muchos más y me hice madre. Tuve un niño precioso, especial y maravilloso en un entorno hostil, lleno de protocolos y vacío de empatía.

Llegó el momento de que mi peque fuera al cole. Y tras una semana, él no quería ir.

  • Tenía pesadillas
  • Montaba un pollo cada vez que había que ir al colegio.
  • Perdió el control de sus esfínteres.
  • Evadía relacionarse con otros niños, ya fuera en casa, en el parque o en las actividades.
  • Se volvió más gruñón, no quería salir de casa.
  • Las pesadillas se convirtieron en terrores nocturnos.

Y entonces, tras mucho observar, leer e investigar: volvieron todos mis recuerdos del colegio y lo vi claro: mi hijo estaba sufriendo bullying.

Se me cayó el mundo encima.

Me sentí la peor madre del mundo.

Mi confianza en el sistema me costó 3 meses más de maltrato a mi peque.

Perdí la fe en el sistema. Saqué a mi hijo del colegio.

Pasamos por terapia y rehabilitación.

Doy gracias por poderlas pagar.

Doy gracias por tener esa suerte.

Hoy es el día contra el bullying.

Y yo sé que es un largo camino el que nos queda. El sistema es inmovilista.

El sistema esparce las semillas del bullying. Porque el bullying es un proceso complejo que comienza con una burla. Y si nadie la para: enraiza y brota. Crece y se esparce nuevamente.

La burla puede venir de cualquier parte, de cualquier persona, y es en la escuela en dónde se puede corregir o potenciar.

En casa podemos observar, entender y favorecer su autonomía y su autoestima, enseñarles a defenderse…

Si necesitas asesoramiento: contacta. Te puedo asesorar.

Las 3 fases del conflicto

Vivimos en un mundo lleno de conflictos, algunos son simples malentendidos, otros parecen irremediablemente eternos. El conflicto tiende a sacarnos de nuestra zona de confort, por eso hoy quiero hablaros de las 3 fases, o formas de enfrentarse a él.

Aunque todas las personas podemos pasar por cualquiera de ellas seguramente te sentirás más en sintonía con alguna de ellas, ¿me la cuentas?

Fase evitativa: no quiero afrontar el conflicto, cambio de tema, me hago la despistada, le doy la razón a la otra persona aunque no la tenga, huyo porque me hace sentir mal. A veces siento que no soy capaz de hacerme entender o de hacerme respetar.

¿Qué hacer? En primer lugar, revisar qué es lo que te hace sentir mal. Piensa si te pasa en todas partes, si es con todas las personas o sólo con algunas. Vete poco a poco, piensa en pequeños conflictos en los que puedes hacer valer tu opinión sin sentirte a disgusto. Piensa de manera estratégica, vete con varias respuestas o argumentos pensados. Las redes sociales pueden ser un buen sitio para entrenar. Siempre puedes hacerte un perfil para trollear (ten cuidado puede ser adictivo 😉 jajaja).

Fase agresiva: vaya dónde vaya el conflicto me encuentra, tiendo a defender lo indefendible, me encanta tener razón y me apasiono con facilidad. Puede que me digan que mi conducta es intimidante o agresiva. A veces me siento mal porque no quiero dañar sentimientos ajenos, ni dar una imagen prepotente, es sólo que me cuesta mantener un tono cordial en determinados momentos o temas de debate.

¿Qué hacer? En primer lugar, reflexiona sobre qué es lo que te hace “saltar”, busca momentos en los que respirar y analizar qué ha pasado. Tal vez te has tomado algo de manera muy personal y te ha afectado en exceso. Prueba a ceder en los pequeños conflictos en los que realmente no tienes nada que perder. Intenta practicar la escucha activa. Presta toda tu atención a la otra persona. Es difícil, seguramente estás pensando en la respuesta pero inténtalo. ¿Qué es lo peor que te puede pasar si no respondes? Evidentemente me refiero a debates o conflictos en los que no te juegues algo realmente importante (no queremos empezar la casa por el tejado).

Fase asertiva: afronto el conflicto con naturalidad, sé que forma parte de la vida y en general, hablo desde la calma y el respeto sin temor a expresar mis sentimientos y/o opiniones. La templanza es mi mayor herramienta y eso me permite escuchar antes de pensar en la mejor forma posible de solucionar un problema personal o de exigir mis derechos.

¿Qué hacer? Enhorabuena estás en el camino adecuado, mantente ahí (siempre que puedas claro, esto no es una ciencia exacta). Las relaciones humanas son complejas y varían pero tú ya sabes cuándo merece la pena invertir tu energía y te sientes bien por ello.

Espero que te haya gustado esta breve explicación, si te interesa saber más sobre las emociones y cómo influyen a la hora de afrontar el conflicto te invito a valorar la posibilidad de hacer mi curso: entendiendo las emociones. Empezamos en Junio y es una oportunidad para aprender a practicar la asertividad. Aprovecha esta oportunidad. Te espero.