¿Cuánto cuesta un besito?

No existe nada que despierte más ternura que el besito de un peque. Que un niño o niña te de un besito es muy reconfortante para el corazón. Parece que rejuvenece.

Sin embargo, vivimos en una sociedad que en muchas ocasiones, obliga a que niños y niñas lo hagan cuando no quieren. Y aquí empiezan numerosos chantajes al respecto:

  • Pues me pongo triste si no me lo das.
  • Pues ya no te quiero.
  • Pues no te voy a regalar más juguetes.
  • Pues no te vuelvo a dar helado.

Y digo yo: ¿qué valor tiene para una persona adulta conseguir un beso bajo la extorsión y/o el chantaje emocional?

¿Qué mensaje dais cuando lográis un besito a toda costa?

¿Qué creéis que están aprendiendo estas niñas y niños?

Luego llega una persona malintencionada y les dice:

  • Si te vienes conmigo te doy un regalo.
  • Quieres que te regale un perrito. Ven conmigo.
  • Si no le cuentas esto a nadie te doy un helado.

¿Te parece exagerado?

Ahora muchas personas dirán:

  • A mí me obligaron de pequeña y nunca me pasó nada.
  • Qué mal puede hacer que les den un beso a su abuela.
  • Eso es demagogia, no tiene por qué pasar eso.
  • Es una forma de que niños y niñas entiendan la autoridad.

¿Y qué pasa con las personas que sí les pasó algo?

No nos damos cuenta de cuántas son, no es un tema del que te vaya a hablar nadie, es más, muchas personas ni lo recuerdan, son recuerdos traumáticos que tienen bloqueados.

En mi opinión, tanto niños como niñas necesitan aprender que su cuerpo es suyo, que sus emociones son suyas, que sus afectos son suyos y les corresponde decidir a quien mostrárselos y a quien no.

Me parece apropiado que sepan que los besitos no se compran.

No se venden.

No cuestan una sonrisa, un juguete, una moneda o un postre.

Que sepan que son sólo suyos y sólo se los deben dar a quién sientan que se los deben dar.

Que nadie tiene derecho a obligarl@s a mostrar algo que no sienten, o que simplemente no les apetece en ese momento.

Luego nos convertimos en personas adultas que no sabemos decir que no.

Personas que se sienten obligadas a mostrar afecto (que no respeto) a gente que nos repugna.

Personas que sonreímos a gente que ni nos gusta, ni nos agrada, ni nos aporta.

Personas, al fin y al cabo, que no se sienten libres para mostrar sus emociones y sentimientos.

¿Qué nos pasa que nos cuesta tanto empatizar? ¿Y más aún con niños y niñas?

Así que esa es mi pregunta: ¿cuánto cuesta un besito? ¿Y uno tuyo?

Los 3 estados de un bloqueo emocional

A veces, no dejamos que una emoción salga a la luz, la escondemos dentro deseando que desaparezca. O vivimos un suceso traumático que bloqueamos para evitar un mal mayor. Incluso llegamos a olvidar el recuerdo y de pronto, un día algo nos hace click. La maternidad (y la paternidad) en muchas ocasiones nos remueven por dentro y sacan todos estos secretos guardados en lo más profundo. Así que suele ser un buen momento para deshacernos de nuestros bloqueos emocionales.

Estado de Conexión: Cada vez que tu peque hace esa acción te llevan los 1000 demonios y pierdes los papeles. Esto es muy habitual, en general hemos recibido una educación en la que se nos coartaba llorar, gritar, o cualquier acción que muestre tristeza, enfado o asco. Hemos sido reprimidos durante muchos años, sobretodo en la infancia, para guardarnos nuestras emociones y no mostrarlas. Durante años hemos escuchado: “no llores”, “no grites”, “ya pasó”, “no es para tanto”, “eres un llorón o llorona”, “menudo genio”, “vaya carácter”… Y así innumerables frases u órdenes de control sobre nuestras emociones. Ahora cuando se trata de nuestros peques, de pronto, nos damos cuenta de que en determinados momentos no somos capaces de controlarnos y acabamos repitiendo los patrones de nuestra infancia.

¿Qué puedes hacer?

Requiere mucha paciencia, requiere hacer memoria y ahondar en nuestros recuerdos, recordar qué nos decían y cómo nos sentíamos en aquellos momentos. Es complicado, pero un paso imprescindible para poder cambiar nuestro enfoque. Requiere mucha práctica y autoconocimiento.

Estado de Confusión: Sientes una emoción que no sabes de dónde viene. De pronto, sin venir a cuento te invade la tristeza, o sientes una oleada de ira, o te dan náuseas descontroladas (al margen de que puedan tener un origen fisiologico). Este tipo de reacciones se dan cuando hemos bloqueado un sentimiento.

¿Qué puedes hacer?

Busca un momento tranquilo, en un espacio en el que encuentres seguridad. Deja aflorar ese sentimiento con toda la fuerza e intensidad que necesites. Descarga la emoción y aprovecha para observar qué sientes, qué pensamientos vienen a tu mente. Anotalos e intenta recordar de dónde pueden venir. Seguramente, será muy revelador para ti.

Estado de Bloqueo total: Sientes una fobia pero no tienes un recuerdo traumático. Es el mayor nivel de bloqueo, seguramente has pasado por una situación traumática que tu mente ha bloqueado, incluso el recuerdo.

¿Qué puedes hacer?

Acude a un profesional que te ayude a recuperar tus recuerdos, te ofrezca un espacio seguro, te de confianza y apoyo. No te quedes con la primera persona, busca una que te de verdadera calma. Alguien con quien conectes.

La mejor inversión es tu propio bienestar.

De todo esto hablaremos en profundidad en mi curso online: Entendiendo las emociones.

Errores inevitables que cometemos cuando queremos frenar una rabieta

Sí, has leído bien. Errores inevitables, y es que para aprender a acompañar un berrinche tenemos que hacerlo mal muchas veces. Seguramente por eso nuestros hijos e hijas nos ponen a prueba tantas veces.

1. Pensar que lo que nos funciona hoy, nos va a funcionar mañana. Sí, está fase de nuestros peques requiere mucha creatividad. Tal vez ayer te funcionaba jugar al despiste pero mañana puede que no. Mantenerse atenta e ir probando técnicas es muy positivo.

2. Tener prisa. Sí, te entiendo, es un momento desagradable y necesitamos que sea breve, sobretodo si tenemos público. Sin embargo, requiere paciencia y tiempo, si vamos apuradas puede que incluso dure más.

3. Intentar razonar en el momento álgido de la pataleta. Ahí estamos, intentando que entiendan que hay que irse, o que su taza verde está en el lavaplatos, o que no puede comerse el cable. Pero tu hija está disgustada o enfadada y tus argumentos ni los oye. O tu hijo, que es muy maduro y lo entiende todo, está invadido por la emoción de ese momento y por mucho que quiera no puede acceder a su pensamiento lógico.

4. Gritar. Sí, antes de hacerlo tú ya sabes que no tienes que hacerlo. Es tan difícil, la primera bien, la segunda bueno pero cuando llevas un día de esos de son las 10.00 de la mañana y ya me ha montado el pollo 18 veces, saltas y se te contagia la rabieta. Una cosa que suele venir bien es cantar, en vez de dar un grito: ya está bien nos vamos ya! Pues canta: nos vamoooos, ya no tenemos tieeeeeeempooooo. Entiendo tu disgustooooooo, y se me lleva el vieeeeentooooo… (en este caso tanto la letra como la música serán de tu cosecha).

5. Ignorar a tu peque. Parece una práctica efectiva a corto plazo pero a la larga suele dar malos resultados. Lo realmente eficaz es ignorar la conducta sin ignorar a tu hijo o hija. Es difícil, lo sé. Sobre todo cuando está haciendo algo que te molesta mucho, algo que te conecta (que hace que se te contagie su berrinche). Pero es realmente eficaz mantenerte en calma y prestar atención sin intervenir, simplemente estando y observando el momento adecuado para ofrecer un abrazo.

Seguramente hay muchos más, pero estos cinco son los que más me encuentro en mi día a día. Ten por seguro que los he cometido todos y he aprendido mucho a lo largo de estos años, por eso los he considerado el top cinco.

De todo esto y mucho más hablaremos en mi curso: Entendiendo las emociones

Entendiendo las emociones

el mar

En la era de la inmediatez, la crianza es un reto

A veces atiendo consultas telefónicas, y me encuentro con familias abrumadas por la toma de decisiones con respecto a la crianza porque lo tienen que decidir ya. Pero ya mismo.

Y es que vivimos en una época en la que parece que todo lo tenemos que decidir y hacer inmediatamente. Esto viene acentuado por las técnicas de marketing agresivas, las ofertas que caducan, las novedades de un día…

Acaba de nacer tu bebé y tu cabeza ya está pensando en la guardería y el papeleo burocrático y es que lo tienes que decidir ya, porque si no: te quedas sin plaza.

Aún no controla sus esfinteres pero tú ya estás preocupada, porque en 3 meses comienza en infantil y ya los tiene que tener dominados.

Aún está en infantil y ya estamos preocupados por: a qué colegio irán porque eso va a marcar su éxito académico, y por tanto su éxito laboral.

Acaban de entrar en el instituto y ya nos preocupa qué carrera universitaria van a elegir (porque claro, no hay alternativas) y así ya vemos si van por ciencias o letras. Porque eso va a determinar sus solicitudes. Con 12 años ya llevan media vida planificada y organizada.

Y esto es, cuanto menos, estresante. Pasamos media vida con la mente en el futuro, hasta que llega un día en el que cambia y la pasamos con la mente en el pasado, sumidas en nuestros recuerdos, con la pena de lo que no hicimos, la nostalgia de lo que pudimos ser o hacer y la alegría de las 4 cosas que pudimos disfrutar.

Y el ahora? Cuándo vivimos el presente? Porque cada día es irrepetible y por mucho que lo recordemos no va a volver.

La toma de decisiones importantes requiere tiempo y meditar las consecuencias. A quién le interesa que tomes las decisiones de manera precipitada o de forma impulsiva? Piénsalo.

Tenemos tanto miedo a perder el tiempo que nos perdemos la vida.

Tenemos tanto miedo a equivocarnos que no nos damos cuenta de que podemos rectificar, cambiar, aprender.

Nadie nos enseña a valorar los pros y contras de una decisión desde la calma, o la templanza. Y lo que es peor: nos han educado sin dejarnos tomar decisiones y de la noche a la mañana nos toca tomar muchas decisiones y encima rápidamente.

Y no todas las decisiones tienen el mismo calado.

Elegir comprar o no comprar una camiseta no tiene grandes consecuencias pero decidir si tu bebé duerme contigo o en su habitación, sí.

Decidir si eliges una compañía eléctrica u otra no tiene gran impacto en tu vida pero elegir la alimentación de tu peque, sí.

La decoración de tu casa puede aportar cierto bienestar pero tu jornada laboral y el tiempo que puedas pasar con tu familia va a ser mucho más determinante en tus niveles de estrés.

Y veo que muchas familias toman estas decisiones de la misma manera, con la misma prisa.

Impulsivamente, o lo que es peor, dejan que las tomen por ellas.

Tener descendencia es un gran proyecto vital. Realmente cambia tus prioridades, tu forma de ver la vida, te obliga a hacerte responsable de otra vida. Y cuando lo haces de manera inconsciente te supera, te desborda, te bloquea, tiene grandes consecuencias.

De la misma manera que no tener descendencia también. Y por eso debería ser una decisión meditada. Sin embargo, vivimos en un mundo que se toma esta decisión como una circunstancia que te viene dada.

Pues así estamos. Que parece que toda decisión es inamovible pero no.

Algunas decisiones sí y otras no.

Y hay que saber diferenciarlas.

Sé que es evidente pero no todo el mundo lo tiene claro. Mucha gente confunde las decisiones trascendentes y sufre por ello.

En la era de la inmediatez, la crianza es un gran reto, precisamente porque la prisa es un gran obstáculo.

Dolor o molestia?

Quién tiene capacidad para juzgar si lo que sufres es dolor o una simple molestia?

Cómo te sentirias si llegases a tu dentista y te dijera: esto es una simple molestia, es imposible que te duela, no te voy a poner anestesia.

Sin embargo, tú tienes clara la diferencia, si alguna vez has tenido un dolor sabes en que se diferencia de una molestia. Y más en la cabeza!

Sabes que hay gente que posee un umbral de dolor muy alto, que es capaz de sobrellevar una sesión de 5 horas de tatuaje sin despeinarse. Y sabes que hay gente muy sensible que hasta sufre cuando se corta las uñas. Y todas esas personas merecen un respeto. Merecen que ese dolor se trate.

Sin embargo, cuando hablamos del dolor de l@s bebés o l@s niñ@s… Cambia la cosa: aquí aparecen infinidad de profesionales esclareciendo lo que duele y lo que no:

  1. Hacer agujeros en las orejas: ni se enteran. Pero una vacuna duele mucho. (dele apiretal, o ibuprofeno, qué se yo…)
  2. La erupción de los dientes: simples molestias, eso no duele, crecer no duele. Sin embargo una adulta se muere de dolor con la muela del juicio. Es que no tiene sitio (entonces para que c… la tenemos) Se nota claramente la diferencia.
  3. Los cólicos: eso es que no existe, es un invento de las madres… Pero si una persona adulta sufre gases hasta lo podemos confundir con un infarto.

Todo muy lógico y muy sensato. Ya no me voy a meter en otro tipo de dolores: el duelo, el rechazo, la indiferencia, el desprecio… Naaa…

Chorradas!

Cómo se va a enterar un peque de que su abu no va a volver? O cómo va a aprender algo sin un castigo?

Qué tontería!

Y así empieza el ciclo sin fin del dolor, ignorándolo y ninguneándolo desde el nacimiento. A veces incluso desde el útero.

Y así vamos.

Con el alma dolorida, la mente insatisfecha y el cuerpo con “molestias”…

Meros “achaques de la edad”.

Te imaginas que de pronto te hicieras dueñ@ de tu dolor? Que encuentras la causa y te curas?

Te imaginas que de la noche a la mañana alguien te escucha, te valida, te da la razón? Y te acompaña…

Qué pasaría entonces?

Yo tengo molestias, dolores y vacíos…

No soy perfecta.

No te voy a dar la fórmula mágica.

Yo sólo me ofrezco a escucharte, a validarte y acompañarte en tu proceso de cambio.

Si quieres, claro.

A ti: Qué te duele?

El nuevo paradigma de las abuelas. Parte 2

Vamos a seguir, cada semana llegan a mis oídos nuevas historias y desahogos de madres que sufren, algunas más en silencio que otras, los consejos de abuelas, en muchos casos reforzados por profesionales desactualizados.

Cuando aterrizamos en la maternidad, muchas nos hacemos conscientes de nuestras limitaciones, de nuestra ignorancia. Aparecen todos nuestros miedos e inquietudes. Buscamos apoyo en nuestras familias, o no. Y lo que recibimos es una retaíla de:

Esto se hace así…

Lo estás malcriando…

Déjame a mí que tú no sabes…

En mi época todas lo hacíamos así y bien que os criasteis…

Etc, etc, etc.

¿Cómo podemos afrontarlo?

Desde la tranquilidad y el cariño. En realidad, es un entrenamiento que nos da la vida para todo lo que vendrá después.

Cierto es que, en medio de la explosión hormonal del puerperio es complicado contenerse y ser asertiva.

Lo sé.

A veces fallaremos, la cagaremos, nos quedaremos cortas o nos pasaremos tres pueblos pero, cuando nos salga bien…

La satisfacción es directamente proporcional a la cara de nuestra familiar más entrometida.

Nada ilustra mejor que un ejemplo:

Ejemplo 1:

Hace años, muchas de mis familiares y vecinas me decían: si lo tienes siempre en brazos se va a malacostumbrar.

Tarde un tiempo en encontrar la respuesta ideal: ¡Ay! ¡Es que crecen taaaan rápido! ¡Déjame cogerle que cuando me de cuenta ya no querrá colo (brazos) y entonces lo echaré de menos!

Respuesta habitual: ¡qué razón tienes!

Ejemplo 2:

Mi madre: ¿Cómo va a comer si antes le das la teta?

Respuesta: ¿cómo va a comer si no se la doy?

Mi madre: ¡Pues con más ganas!

Respuesta: entonces engullirá, cogerá gases y luego estará molesto porque le dolerá la barriga. ¿Y que va a querer? Teta, teta y más teta.

Mi madre: visto así…

Ejemplo 3:

Mi suegra: el chupete es una niñera, dáselo ahora que si no luego lo tendrás en la teta todo el día.

Respuesta: No lo quiere.

Mi suegra: es que tienes que insistir.

Respuesta: Ese no es mi estilo. Prefiero no dárselo, así luego no se lo tengo que quitar.

Mi suegra: Luego ya llorarás.

Respuesta: Puede ser pero no me enfadaré porque con 4 años no hay forma de quitárselo.

Mi suegra: Pero es ahora cuando dan más trabajo. Y el chupete es una niñera.

Respuesta: Bueno, en el peor de los casos podemos contratar a alguien para que limpie y cocine, mientras yo hago de niñera. ¡O lo puede hacer tu hijo, que lo educaste muy bien!

Ahora mismo no recuerdo más anécdotas pero creo que estas tres ilustran bastante bien lo que quiero transmitir.

Ante quienes nos cuestionan todo el tiempo, o bien ponemos distancia física, o bien procuramos responder buscando su empatía. Tratando encontrar ese click en su cabeza, alma y/o corazón. No se trata de justificarse todo el rato si no de saber qué teclas tocar.

En mi primer ejemplo, intenté conectar con esa nostalgia o deseo de volver a tener a tu bebé en brazos. Y lo rápido que pasa esa etapa. Sobretodo las madres conectan con ese bienestar y dejan la crítica.

En el segundo ejemplo, sabiendo que lo que más convence a mi madre son los argumentos lógicos, apelé a su razón. A su sentido práctico.

En el tercer ejemplo, sabiendo que para mi suegra todo lo que ella hizo está bien hecho y que no le interesan razones científicas o médicas (porque toda la vida se hizo así). Busqué la conexión a través de “la suerte que tengo de estar con su hijo”.

Es difícil, muchas veces se nos ocurrirán las frases tiempo después pero, por favor: ¡Anotadlas! ¡Recordadlas!

¡Puede repetirse la situación o podréis ayudar a otra madre en apuros! Hasta podéis mandármelas para que se las transmita a otras madres, y padres estresados y/o criticados.

Continuará…