Las 3 puertas del autoconocimiento

Cuando me preguntan cual es mi libro favorito, no tengo dudas, aunque sea una ávida lectora, y me gusten innumerables títulos, siempre respondo: “La historia interminable”. ¿Por qué?

Aparte de que sea una historia llena de detalles, de personajes fascinantes, de aventuras intensas y una narrativa que engancha. La razón de mi respuesta es otra. “La historia interminable” es un cuento que nos lleva a un viaje de autoconocimiento y aceptación personal.

Más allá de las incontables metáforas, es un libro para superar crisis vitales, para reencontrarte contigo misma cuando dudas hasta de tu propia existencia. Y es ahora cuando quiero hablarte de las tres puertas que atraviesa Atreyu para poder preguntar a Uyulala (El oráculo del Sur) cómo puede curar a la Emperatriz infantil y así parar el avance inexorable de la nada.

Existen otros muchos símiles dignos de mi análisis pero, parafraseando a la propia historia: “de eso te hablaré en otra ocasión”.

La primera puerta (El gran Enigma): Atreyu debe superar el miedo que le provocan las esfinges gigantescas que vigilan la entrada. Son unas criaturas tan hermosas como atemorizantes. Te hacen sentir una mezcla de horror y fascinación.

Esto es algo que nos pasa durante una crisis vital. ¿Por qué?

Una crisis es un proceso de cambio, y eso nos produce vértigo pero también esperanza. Lo primero que hacemos entonces es ponernos bajo la mirada crítica, ya sea exterior o interior, algunas personas son capaces de pasar esa fase, y otras no. Algunas personas se quedan presas en el remordimiento, la culpa y/o el rencor.

Para atravesar la primera puerta del autoconocimiento tienes que superar el miedo. Bueno, no un miedo, no. Muchos y variados. Aquí la variedad es tan extensa como diversas somos las personas.

La segunda puerta (El espejo de la verdad): Atreyu debe superar ver reflejadas sus peores sombras. Ver lo peor de sí mismo. Y abrazarlo.

Tras un primer análisis, llega esta fase tan escabrosa, no nos gusta ver esa parte: la parte oscura, la cruel, la reptiliana, la salvaje, la pesada, la cobarde, la egoísta, la cansada, la fría, la ladrona, la mentirosa, la traidora, la débil, la vulnerable, la perdida, la confusa, la impía, la hambrienta, la enferma, la putrefacta. Es difícil verla pero más aún aceptarla.

Para superar la segunda puerta del autoconocimiento tienes que hablar a esa parte, dialogar con ella, comprenderla, explorarla, perdonarla y finalmente: integrarla.

La tercera puerta (La puerta sin llave). Atreyu debe abandonar todo deseo de querer atravesarla. Pero necesita imperiosamente hacerlo para salvar su vida y la de su mundo. Necesita respuestas.

Por último, necesitamos respuestas, algunas muy complejas, en toda crisis resuena al menos un ¿por qué? Pero uno muy importante, uno que se te pega como auténtico engrudo. Ese es el que te quita el sueño, la paz, el hambre y hasta la salud. Te deja inhabilitada hasta que das con una respuesta mínimamente viable. Lo paradójico es que ninguna respuesta te va a llevar a dónde necesitas.

Para superar esta última puerta necesitas despojarte de todo. Saber que la única manera de encontrar respuestas es dejar de buscarlas. Necesitas parar. Sin duda es la imposible. La que suele requerir ayuda. La que nos sume en un estado de ansiedad o depresión. Y es en este punto, en el que mantener el foco en el lugar adecuado, será la llave para abrir la puerta.

Y hasta aquí la aventura de hoy. Espero que estas pequeñas pinceladas te hayan servido para arrojar algo de luz en la encrucijada en la que estás. Atreyu no terminó ahí su Gran Búsqueda pero fue el punto clave para enganchar a Bastian, llevarlo hasta la Emperatriz infantil y salvar Fantasía. Es decir, es el momento en el que logra su objetivo aunque no sea consciente de ello.

Si no has leído el libro no temas los “spoilers” de este artículo porque te garantizo que este ni es el final, ni lo que te he contado te va a desmontar la historia, al contrario, es posible que la leas con otra interpretación más allá del cuento infantil.

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Cielo

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El duelo en la infancia

Vivimos inmersas en una sociedad que tiende a ocultar a la infancia cualquier aspecto relacionado con la muerte, y lo hacemos desde la buena intención, desde el cariño y desde la convicción de que ocultar el tema va a evitar un mal trago, o un trauma.

Sin embargo, la experiencia de la educación emocional nos indica algo muy diferente. las experiencias dolorosas (emocionalmente hablando), se transitan o se bloquean. Siendo la primera opción la más saludable. Porque cuando bloqueamos una emoción tarde o temprano, resurge (y no viene atenuada).

Duelo en la infanciaAdemás nuestras niñas (y niños) son expertas en leer nuestro lenguaje no verbal. Esto significa que pese al esfuerzo considerable de controlar nuestros sentimientos, van a notar que nos pasa algo, que estamos tristes, enfadas, nerviosos, etc. Y como no van a saber porqué, van a pensar que es por ellas. Rápidamente asocian nuestro estado emocional a algún tipo de conducta o comportamiento propio.

Es por esto que hablar mucho de lo que sucede, o ha sucedido, les va a ayudar a comprender que tu estado emocional no es su responsabilidad, y que si lo que ha pasado les ha afectado directamente, pueden integrar más rápido sus propias emociones y sentimientos.

Es probable que parezca obvio lo que te voy a explicar ahora pero cuando digo que debemos hablar mucho, me refiero a hablar desde la honestidad y la sinceridad, sin inventar, ni fantasear. Con un lenguaje adaptado a su edad por supuesto. Esto implica explicar la realidad de manera sencilla y sin mezclar ideas culturales o religiosas.

Aunque a las personas adultas nos puedan consolar, ayudar y sostener estas creencias pueden generar miedos infundados en los más pequeños, o grandes dudas sobre el funcionamiento de la realidad.

Aunque nos cueste hablar sobre la muerte de un ser querido, hacerlo en familia es reconfortante para todos sus miembros. Al fin y al cabo, es la forma de crear un espacio seguro de expresión emocional. Y qué mejor entorno que nuestra familia.

De hecho, recordar a los seres queridos alivia el sentimiento de pérdida porque nos acerca, nos permite empatizar de manera sencilla con nuestros seres queridos, genera cercanía.

En 2018 falleció mi padre, y fue un suceso muy doloroso. Una de las herramientas que más empleo en mi trabajo de acompañamiento emocional son los cuentos, así que para superar el mal trago, revise, busqué y compré varios cuentos de duelo, o que hablaban sobre la muerte. Ninguno me encandiló. A todos les encontraba algún pero ¿por qué?

En primer lugar, la mayoría estaban protagonizados por animales, en general los niños (y niñas) más pequeños se identifican mejor si los personajes protagonistas son niños (y niñas). Algunos pueden pensar que animales y personas se mueren de maneras diferentes.

En segundo lugar, una gran parte de ellos se centraban en el acto de morirse pero no en el duelo posterior, por lo que no cubrían la parte del proceso que me interesaba.

En tercer lugar, muchos de ellos manejaban ideas religiosas o culturales que, como ya he dicho, pueden confundir o generar miedos en nuestros peques. Más que nada porque suelen ser muy literales en su comprensión de la realidad, y pueden pensar que se están comiendo a sus seres queridos, o que se les van a caer encima porque están en el cielo, o cualquier otra cosa similar que les acaba generando preocupaciones.

Y en último lugar, muchos tenían un tamaño, forma o hechura que los hacía difíciles de manejar o trasladar para mis peques, sobretodo para la pequeña que en aquél entonces tenía poco más de 3 años.

Es por esto que he creado un cuento de duelo para acompañar a las familias en este proceso que podéis adquirir en este  enlace o en este enlace (versión en galego).

El ciclo de la vida
El ciclo de la vida

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Trabajar el apego

Pues sí, el apego se trabaja, se cultiva día a día, noche a noche. El apego seguro claro. El otro no hace falta, el apego inseguro viene dado cuando simplemente no nos preocupamos, o sólo lo hacemos a veces.

Pero, ¿qué es preocuparse exactamente? ¿Acaso no se preocupan todas las madres y padres por sus peques?

Sinceramente, no creo que haya una buena respuesta, en estos casos suelo ser prudente porque existen todo tipo de familias. Hablemos entonces de lo que podemos considerar lo más habitual. En general, todas las familias nos preocupamos por nuestres peques. Les aportamos seguridad, les damos cobijo, alimento, consuelo, educación y cariño en la medida de nuestras posibilidades claro.

En ocasiones, nos sentimos desbordadas o superados por las circunstancias, por la fase del desarrollo en la que están, por las dificultades con las que nunca contamos (porque eso siempre les pasa a las demás). O lo que sea.

Es entonces cuando descuidamos el apego. Nos han enseñado a resolver. Solucionar problemas. Y además, ya. Cuanto antes mejor. Yo lo hago mucho, soy una de esas personas resolutivas, con iniciativa y además, bastante eficaz. No siempre claro.

Pero resolver problemas no suele funcionar en estos casos. Porque el cansancio emocional es el peor de todos. Te deja exhausta. Y además entran en juego nuestras creencias y nuestras expectativas, que no siempre van acordes a nuestra realidad.

El apego requiere presencia. El apego requiere concentración. Límites. Respeto a los tiempos. Paciencia.

Así que, cómo resuelvo este problema: mi hija me hace la estrella de mar cada vez que nos vamos del parque. (O cualquier otro relacionado con un proceso madurativo). Pues con presencia, observación y paciencia. Nada más.

Mi hija llorando.
Mi hija llorando.

¡Pues vaya! ¡Menudo consejo! Eso no me sirve. Ya he hecho eso y lo sigue haciendo.

¿Seguro? Vamos al parque, a ver qué pasa.

Llegamos. La niña juega tranquilamente.

La madre (espero que con el tiempo me llamen más los padres) me explica la rutina habitual. Me cuenta cómo suelen pasar el día y qué hacen, cuándo lo hacen, cómo lo hacen.

Bien. ¿Estás lista? Sí. Pues haz lo que suelas hacer cuando os vais del parque. La niña está jugando en el arenero con unas piedritas y una muñeca. Muy concentrada.

La madre se acerca, se agacha, se pone a su nivel y con mucho cariño le dice:

_Cariño, ahora nos tenemos que ir, recoge tu muñeca y vamos.

_No.

_Veo que lo estás pasando bien pero ahora vamos a casa.

_No.

Aquí la madre ya se ha cansado de estar acuclillada y se levanta. _Venga vamos.

_No.

_A ver cariño, en casa jugamos a algo que te guste (aquí el tono de la madre se nota suplicante).

_No.

_Mi amor, nos tenemos que ir ya (el tono empieza a contener cierto nerviosismo).

_No. No quiero.

Así, continúa la negociación hasta que la madre ya está enfadada, agarra a su hija por el brazo y es ahí cuando la niña se tira al suelo y hace la estrella de mar.

_¿Lo ves? Así todos los días.

Bien. Creo que esta escena se repite mucho en los parques, centros comerciales, calles, plazas y lugares comunes.

A veces sin estrella de mar, a veces con gritos, en ocasiones dura unos segundos y en muchas otras unos minutos.

La cuestión aquí es que habrá veces que podremos evitar ese momento de tensión pero otras veces, no.

Y cuándo no podamos. Todo lo que podemos hacer es ignorar la conducta.

Ojo: la conducta.

Al peque hay que hacerle caso.

Hay que estar ahí.

Centrarse en su mirada.

Estar.

Observar.

Escuchar.

Por experiencia propia sé que suele ser más difícil no hacer nada que reaccionar.

Por eso, esta semana te ofrezco la oportunidad de aprender. De aprender a trabajar desde la calma.

Aprender a no reaccionar cuando la situación lo requiera y aprender a tener iniciativa cuando sea necesario.

La educación emocional es la piedra angular del autocuidado personal. Y yo voy a ayudarte en ese proceso de autoconocimiento.

¿Cómo?

Con mi curso online Entendiendo las emociones en version self-study por sólo 47 €. Sólo hasta el cyber Monday 2 de diciembre de 2019.

En él encontrarás 6 módulos llenos de ejercicios prácticos para tu día a día, para entender cómo funcionan las emociones y cómo adquirir las habilidades sociales necesarias para vivir desde la calma.

¿Te apetece?

Ven ahora.

Joker y los villanos de Batman

Voy a confesarte algo, soy una freaky de los cómics, desde siempre me ha encantado leer y los cómics y las novelas gráficas ocupan mucho espacio en las librerías de mi casa. Aquí mi hombre siempre dice que está harto de mover libros de un sitio para otro (aunque luego disfruta mucho de la lectura también, sobretodo de los cómics).

Dentro del Universo Superhéroes uno de los más conocidos es, sin duda alguna, Batman. Pero lo realmente genial de Batman, no es este superhéroe en sí, sino todo el entorno que le rodea. Gotham City y sus habitantes viven en la oscuridad, en un mundo corrupto, contaminado, sin esperanza. Y aquí es donde entran en juego los supervillanos más geniales de todos: Joker, Bane, Catwoman, Penguin, Poison Eve, Enigma, Two Faces.

Hay más, por supuesto, pero hoy quiero centrarme en estos. ¿Por qué? ¿Qué les hace diferentes a cualquier otro supervillano?

Que son rebeldes. Que lo que quieren es cambiar el mundo no poseerlo. Son los supervillanos más superhéroes porque todos ellos han sufrido la violencia estructural del sistema. Y esto les ha movido a convertirse en lo que son: Supervillanos.

Voy a explicarme mejor, primero analicemos al superhéroe: Batman es, en esencia, Bruce Wayne, un multimillonario de cuna que tuvo la “mala suerte” de perder a sus padres cuando era un niño. Así que se vio al mando de una corporación enorme (¿en serio?¿quién va a dejar que un niño se haga cargo de algo así?) y su mayordomo se encargó de su educación (mayordomo, secretario y niñero). Era evidente que al llegar a la adolescencia se produciría una crisis vital de proporciones estratosféricas.

Así que, tras una formación de élite, entrenamientos varios y una falta de apego enorme decide convertirse en Batman para combatir la corrupción, el mal y a cualquiera que quiera destruir Gotham. No sabemos si esto empezó por su propia corporación o no. Aunque alguno de sus supervillanos salió directamente de Industrias Wayne o de alguna de sus filiales.

Veamos ahora a estos supervillanos.

Two Faces (Dos caras) es un exfiscal que intentó limpiar la ciudad por los canales legales y el mundo del hampa le quemó media cara, decidió entonces que la justicia oficial no daba solución a sus intereses y así se convirtió en juez y verdugo al margen del sistema establecido.

Enigma (El acertijo) es un extrabajador de Industrias Wayne, se dedicaba a desarrollar los fantásticos inventos de Batman hasta que empieza a idear cosas que no entran dentro de las expectativas de su jefe, es despedido y decide vengarse y acabar con el superhéroe para demostrar que es más inteligente que él.

Poison Eve (Hiedra Venenosa) es una científica ecologista a la que creen destruir en su laboratorio pero que se convierte en una fuerza de la naturaleza (tal vez una mezcla de Afrodita y Demeter), su motivación es destruir Gotham para que deje de contaminar a sus “bebés” (las plantas).

Penguin (El pingüino) es un niño deforme cuyo aspecto se asemeja al de un pingüino que busca el reconocimiento social, tras sufrir bullying, humillaciones y vejaciones descubre que su sitio son los bajos fondos, aunque lo que realmente desea es ser Alcalde de Gotham, no por el poder en sí, sino por sentirse amado y respetado.

Catwoman (Gatubela) es confuso su origen, existen historias diferentes, en cualquier caso acaba convirtiéndose en una ladrona de joyas de guante blanco y conquistando al hombre murciélago. Jamás ha buscado poder, eso sí en algunas versiones ha buscado la venganza.

Bane es producto de una infancia vivida entre presidiarios y experimentos con venenos y drogas. Su motivación es destruir la sociedad, así sin más. Acabar con el mundo para que empiece de cero.

Joker (El guasón) por fin hemos llegado al mayor supervillano de todos. Ese personaje demente, loco dónde los haya. Las historias sobre sus orígenes son variadas pero todas llenas de crueldades y paranoias. El mal personificado que busca la destrucción total. El no busca ni dinero, ni poder. Tan sólo quiere ver arder el mundo. Sin más.

Así que aquí tenemos a un montón de supervillanos reaccionando de la peor manera posible a las injusticias que han vivido. En el fondo son unos niños y niñas maltratados por la sociedad, apartados de la misma, desechados. Unas personas tratadas como basura que vuelve de la peor manera posible.

Vale,vale… No todos. No todas.

El caso es que todas las historias tienen su enseñanza vital. Su punto de moraleja. Los supervillanos de Batman también tienen algo que decir. También tienen su propia necesidad de venganza, de resarcimiento, de justicia. En el fondo, todos luchan contra el sistema establecido: héroes y villanos. Coinciden en que es demoledor vivir en un mundo corrupto e injusto. Su misión es cambiarlo.

¿Es esto una locura? ¿Es esto un error?

Se pueden hacer muchas interpretaciones al respecto, con la última película del Joker se han escuchado multitud de críticas sobre si es una glorificación de la violencia, sobre que es una obra que se recrea en el sufrimiento, sobre que el maltrato infantil deriva en enfermedad mental, sobre que este tipo de historias estigmatizan las dolencias de este tipo.

¿Qué es la locura? ¿Por qué nos causa tanto rechazo y miedo?

En general, tememos lo desconocido. Al igual que rechazamos lo salvaje y descontrolado. La locura tiene ambos componentes. Y así es como se toma la parte por el todo y se mete en el mismo saco a un sádico psicópata o a una persona con trastorno de ansiedad provocado por el estrés. Y esto es algo tremendamente injusto.

Dar visibilidad a las enfermedades y trastornos mentales, a sus implicaciones y dificultades diarias es importante para que deje de ser tabú. Para que tengamos menos miedo, ya que la información es poder.

Establecer unas medidas de apoyo sociales a quienes padecen estas afecciones es, sin duda, necesario para que esa percepción de descontrol desaparezca. Y además deben existir canales que actúen a la mayor brevedad posible.

Uno de los grandes males de nuestra asistencia sanitaria es que se invierte mucho más en infraestructuras y materiales que en personal profesional. Te imaginas, sólo por un instante, que en cada centro de salud hubiera una fisioterapeuta, un psicólogo y una terapeuta ocupacional. ¿No sería mucho más efectivo?

A nadie se le ocurriría dejar a una persona con una pierna rota durante meses antes de darle un diagnóstico y un tratamiento. Sin embargo, cuándo alguien sufre depresión o ansiedad es lo habitual. Y el cerebro no se cura como una pierna.

Ya no voy a hablar de tratar las enfermedades mentales con prioridad y eficacia sino de la pura prevención.

En general, dentro de la educación social, el campo que me motiva es el de la prevención. Porque si nos cuidamos, vivimos mejor.

Estamos en un mundo muy exigente y hostil que siempre nos pide un poco más. Una hora más, un atasco más, una mala comida más, un capítulo más, una copa más… Y se lo damos, casi siempre.

Pero cuando nos pasamos, tarde o temprano pagamos el precio, y suele ser mucho más elevado de lo que imaginamos.

Si no paramos cuando es necesario, llega la vida y nos frena en seco.

Ese catarro se convierte en bronquitis, neumonía o pulmonía. Ese esguince se convierte en luxación, en dolor crónico, ese ardor de estómago en úlcera. Esa depresión en un suicidio y esa ansiedad se puede convertir en un Joker.

Hace muchos años que sigo al blog: La crianza con apego es mi forma de cambiar el mundo. Mi manera de cambiarlo es a través de la educación consciente y empoderamiento familiar. Trabajando en la visibilización, la información y la desestigmatización.

¿Me contáis la vuestra?

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Hibisco morado en Canarias.

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Acompañar el duelo

Cuando escuchamos la palabra duelo parece que se nos encoje el corazón. No sabemos qué decir, cómo reaccionar. Muchas veces metemos la pata o nos invaden nuestras propias nostalgias.

El duelo es un proceso de pérdida emocional. Vivimos muchos duelos a lo largo de nuestra vida. No siempre están asociados a una muerte, perdemos relaciones, parejas, trabajos, situaciones económicas, salud… Y en todas ellas vivimos nuestros duelos casi en silencio y con un halo de “positivismo bienintencionado” por parte de quienes nos rodean.

El tema es que a veces lo único que necesitamos es que nos escuchen, que nos acompañen en silencio, que nos traigan una bebida caliente, que nos ofrezcan un abrazo o hombro en el que llorar.

Es tan fácil, y a la vez tan difícil, como callarse y estar.

Llevo tiempo hablándolo con amigas y personas cercanas, no sabemos acompañar los duelos, no sabemos estar. Parece que decir que todo se va a arreglar, que hay más peces en el mar, que puedes tener otro, que vivió una vida plena o que te vas a recuperar más pronto de lo que imaginas; puede servir de algo a esa persona que lo está pasando mal. Pero en muchos casos sólo sirve para que se sienta peor.

Incluso hay casos en los que se culpabiliza a esa persona por lo sucedido, si hubieras descansado más, si hubieras estado más atenta, si esto, si aquello… Es como intentar apagar un incendio echando gasolina.

También hay muchos casos en los que se intentan controlar los tiempos de las personas: tranquila date tiempo, es pronto para salir, o para volverlo a intentar (intentado frenar su propio proceso) O todo lo contrario: ya llevas mucho tiempo sin salir, te toca superarlo, recupérate, tampoco es para tanto, ya pasó (intentando acelerarlo).

Y es que es complicado transitar el duelo cuando a tu alrededor todo el mundo te dice lo que tienes que hacer, pensar o sentir. Evidentemente, cada caso es diferente, cada proceso lleva sus tiempos, a quienes estamos acompañando nos encantaría tener una cura mágica para sanar las penas y tristezas de la gente. Pero no hay.

En los asuntos emocionales no hay recetas, ni milagros. La única magia es observar y tener paciencia. Sentirse arropada y comprendida. A veces es difícil abrirse y confiar. Nos han enseñado a guardarlo todo dentro, a bloquear nuestros sentimientos y eso es lo que más complica estos procesos internos.

Además de que es lógico encerrarnos y protegernos si nos sentimos juzgadas, humilladas y/o atacadas. Tampoco nos da confianza hablar con alguien que está más centrado en buscar culpables, causas, consecuencias o soluciones. los duelos requieren presente. Aquí y ahora.

pecados capitales
Representación de os pecados capitales.

Dejar el pasado y el futuro aparcados. Eso es lo realmente complejo.

Nuestros cerebros buscan siempre explicaciones para poder trabajar en modo predictivo y así asegurarse nuestra seguridad.

En unos días celebraremos Halloween (aquí le llamamos Samaín) y el Día de Difuntos, y son días escogidos por la humanidad para celebrar la vida y honrar a los muertos, no es casual que sean a mediados del otoño (antes del invierno) y antes de que los días sean cortos y las noches largas.

El ciclo de la vida nos ha acompañado desde tiempos inmemoriales y aún nos cuesta entenderlo y aceptarlo, al menos socialmente. Existen mil maneras de acercarse a la muerte, cada cultura lo vive a su manera, no hay una correcta o incorrecta.

Hacemos lo que podemos con o que tenemos y eso está bien. Cada persona lo vive a su manera: algunas necesitan celebrar la vida, otras enfadarse con el mundo, otras encerrarse en sí mismas. Desde fuera nos puede parecer que ha pasado mucho o poco tiempo, nos puede chocar que esa persona pegue un giro importante a su vida.

Todo lo que podemos hacer es estar: estar presentes, escuchar, observar, preguntar y ofrecer desde el respeto y la humildad. Y tú, ¿cómo vives el duelo?

Restos plásticos en una playa
Restos plásticos en una playa.

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Lactante distraido

¿Para qué sirven las tetas?

Estamos en la Semana Europea de la Lactancia Materna y me apetece hablar de un tema muy tabú sobre el uso que le damos a nuestras tetas. Voy a dar respuesta a la pregunta: ¿Para qué sirven las tetas?

Puede parecer una pregunta sencilla pero encierra muchos tabúes en nuestra sociedad. Las mujeres occidentales llevamos muchos años, décadas, aprendiendo que las tetas son otro órgano sexual, y en parte así es, algunas mujeres jamás las usarán con otro fin que el de el propio placer sexual.

Sin embargo, la naturaleza le ha otorgado otras funciones de vital importancia para nuestra supervivencia. La principal es la de producir alimento para nuestras crías. Pero no sólo alimento en sí: nutrientes, líquidos, vitaminas, grasas, etc. La leche materna transporta defensas, bacterias vivas, se adapta a las necesidades de nuestro bebé. 

De hecho, durante la lactancia (sobretodo al comienzo, durante la exterogestación) el cerebro de la madre regula la homeostásis de su bebé. Eso significa que hasta las hormonas del bebé están, en parte, reguladas por el cerebro materno. Por tanto, la implicación de la madre en la crianza llega a niveles físicos, psicológicos, mentales y emocionales. Y es algo programado por la naturaleza. Somos mamíferas.

Chapas de la Asociación Teta e Coliño
Chapas de la Asociación de lactancia y crianza Teta e Coliño

¿Y cuál es el problema?

Pues el problema del que quiero hablar es el tabú que existe en nuestra sociedad sobre la sexualidad. Y en concreto, sobre la sexualidad femenina.

Ojo: sexualidad que no sexo. La sexualidad engloba mucho más que el sexo: la amistad, el cariño, el deseo, la pasión, la fraternidad, la camaradería, el aprecio…

Y hablar de esto es tabú.

Y compaginar el amor por tu bebé con el deseo sexual es complejo. Porque nos genera un gran rechazo sentir excitación sexual cuando alimentamos a nuestro bebé. Esto creo que es fácil de comprender pero es realmente difícil de exponer sin tergiversaciones, malas influencias, juicios o exageraciones.

Hace años cuando estudiaba para ser asesora de lactancia, investigué mucho sobre la “agitación en el amamantamiento” y en concreto sobre sus causas. Era un tema tan tabú que hasta mis profesoras evadieron mis preguntas con un: si llega ese momento entonces es momento de destetar.

Así que leí, mucho. Todo lo que encontré al respecto. No fue mucho. Hoy ya puedes leer sobre el tema aquí, aquí o aquí. También leí algún estudio antropológico después de mucho buscar y buscar, pero no daban respuesta a mi pregunta: ¿Por qué sucede la agitación por amamantamiento?

Tengo la teoría de que además del cansancio, o de las hormonas, entran en juego también nuestras creencias culturales. Y es que vivimos en un sistema en el que no tenemos ni educación sexual, ni emocional, ni social.

Y además parece que a nadie le importa. ¿Para qué buscar las causas si podemos parchear los síntomas? ¿Para qué encontrar los orígenes si podemos decir a las madres que no se sientan culpables?

Y es que es lógico que te sientas culpable cuándo sientes un impulso visceral a negarle el pecho a tu bebé, o a tu hija de más de 2 años, o a tu hijo de 4 años. Porque como madre sabes todos los beneficios que le aporta pero como mujer una parte de ti necesita restablecer su sexualidad y las soluciones que te dan apelan al descanso, al destete, a tener paciencia.

Sé que es complicado separar sensaciones. Es difícil mantener separadas la excitación sexual y el placer del amamantamiento cuando la sensibilidad de tu pezón es tan similar. Y ahí estás tú sintiéndote la peor madre del mundo, sin comprender qué pasa, navegando por las soluciones que te dan pero sin profundizar en ellas, no vaya a ser que de pronto conectes con tu mamífera interna y sitúes tu propio placer en el centro de tu sexualidad.

Estamos en la Semana Europea de la Lactancia Materna y el lema de este año es: ¡Empodéremonos! ¡Hagamos posible la lactancia materna! Así que me ha parecido apropiado hablar de este tema: Lactancia y sexualidad, dos funciones de nuestras tetas. Y dos partes importantes de la sexualidad de la mujer. Por tanto, resulta imprescindible hablar de ambas cuando pretendemos un empoderamiento colectivo al respecto, ¿o no?

Manzana caída
Manzana caída

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Familia

Problemas emocionales e instituciones públicas

Llevo toda la semana preguntando en mi muro personal de Facebook sobre problemas emocionales. ¿Por qué?

¿Crres que el sistema educativo/sanitario/judicial está preparado para solucionar problemas emocionales?
Preguntas en Facebook

En primer lugar, porque veo grandes carencias en nuestra sociedad al respecto. Y tal vez sea el momento de llenarlas. La educación emocional está dando gran valor a nuestras vidas, está resolviendo multitud de situaciones, y veo que sería de gran utilidad para todas las familias que “se pusiera de moda”.

En segundo lugar, porque desde hace años veo que lo mejor para solucionar problemas (sean del tipo que sean) de una manera eficaz es trabajar en la prevención. Si evitas el problema, si no lo generas, pues fenomenal: sufrimiento que nos ahorramos todos.

En tercer lugar, porque mientras no exijamos regeneración, mejoras o actualizaciones: el sistema se va a resistir a cualquier cambio. Y sinceramente, está en juego nuestra salud y la de nuestras familias.

Una amiga, muy sagaz, me preguntó: ¿Qué es un problema emocional?

Bien, es una pregunta certera, las palabras sin significado concreto dan lugar a malas interpretaciones y malos entendidos. Es algo que sucede hasta con conceptos aparentemente sencillos y hasta con características físicas como una plaza o un parque; así que sin duda sucederá con un concepto abstracto como “problema emocional”.

Para mí existen diferentes expresiones de un problema emocional.

  • Puede ser que una emoción te embarga y no eres capaz de salir de ella, como por ejemplo la tan temida “rabieta” de un niño de 2 años.
  • Puede ser una emoción bloqueada, que no se ha dejado salir, acompañar o transitar, como por ejemplo esa frustración que sientes cuándo una persona importante para ti te ha dado varios plantones pero tú no le has dicho nada, ni mucho menos mostrado tu malestar.
  • Puede ser una emoción que encubre a otra, como por ejemplo una tristeza que enmascara un enfado o un enfado que está ocultando un profundo asco, y entonces no sabes qué es lo que te está pasando.
  • Puede ser que te han enseñado a poner el foco en el lugar equivocado, durante muchos años, y ahora no eres capaz de respirar sin un amuleto, un placebo o un medicamento, porque lo bueno de la vida queda oculto y sólo eres capaz de ver lo malo, lo peligroso, lo nauseabundo.

En cualquier caso, un problema emocional nos genera desasosiego y malestar. Por tanto, es importante que aprendamos a gestionarlo, solucionarlo, acompañarlo, transitarlo… Existen muchas formas de expresar lo mismo, y dentro del ámbito de las emociones podemos emplear cualquiera de estas formas. Pero al final, lo realmente importante es que tú y yo necesitamos ayuda muchas veces y vamos como pollo sin cabeza: rebotando de un lugar a otro, sin saber a quién acudir.

Porque las instituciones (sean de la titularidad que sean: públicas, privadas o concertadas) no están dando soluciones efectivas a nuestros problemas emocionales. De hecho, como muchas personas han comentado, “en multitud de casos se dedican a generar más”.

Y aquí es cuando un problema se convierte en la Odisea de Ulises. Porque resulta que tu hijo llora cada mañana para ir al colegio, o más bien para no ir. Y hay días que hasta se aferra a la pata de la cama. Y tú te desesperas.

Y tu pareja se desespera.

Y vas a hablar con el tutor: “Nada. Aquí está todo bien”. “Es cosa vuestra. Lo tenéis sobreprotegido”. “Está muy mimado. Os torea”. (Pon aquí la frase que más te convenga)

Y aquí empieza una cascada interminable de conflictos.

Uno se fía del criterio ajeno y otro se fía de su intuición y de los lamentos de su retoño.

Discusiones.

Tensión.

La primera institución que debería haber aportado soluciones, crea problemas. La escuela es el pilar fundamental de la educación y de la socialización entre iguales. Y en educación emocional está anclada en el siglo XVIII, es que ni siquiera ha llegado el siglo XIX a ella. Y encima cuando hablamos de neuroeducación se inventa un montón de mitos para permanecer estancada.

Llega un momento en el que te encuentras mal. Tu pareja también. Tu hijo empieza a tener regresiones, no quiere crecer, quiere volver a ser un bebé. ¿Y qué haces? Acudes a la médico, al pediatra, tal vez a un psicólogo o psiquiatra.

Medicación para toda la familia en un abrir y cerrar de ojos.

La tensión va en aumento. Nadie te entiende.

Tu hijo te preocupa.

Tu pareja te preocupa.

La escuela te preocupa.

La segunda institución implicada en la obtención de soluciones, guía o como mínimo información te ha fallado estrepitosamente. Es verdad que la medicación te mantiene “calmada” al menos una gran parte del día pero no ves avances.

Tal vez, si tienes la suerte de poder pagar la terapia, veas la luz al final del túnel, o puede que te ayude a relativizar lo que le sucede a tu familia.

Si tan sólo puedes acudir a la unidad de salud mental de tu centro de salud de referencia (es muy poco lo que obtienes) tal vez una o dos sesiones al año (¿en serio?). Esto es todo lo que podemos obtener de una institución básica, necesaria y que debería ser universal en el acceso a la terapia (sea del tipo que sea) y más si hablamos de la salud mental de un niño.

Total, que a nadie parece importarle que tu familia sea un manojo de nervios y estrés en vez del refugio que tú y tu pareja habíais creado. Ya no es un “hogar dulce hogar”.

Empieza a parecerse al infierno.

Te duele la cabeza. O el estómago. O la espalda. Más medicación.

Y un día, sin saber de dónde, aparece una voz en tu cabeza. ¡Ya basta!

¡Se acabó!

Decides que mejor cada uno por su lado, que tu hijo se va a adaptar mejor a una familia separada que a seguir en ese colegio. Que ya no puedes seguir viviendo en un ambiente tóxico. Y tu hijo menos.

Así que acudes al juzgado, o al colegio de abogados, o al servicio de mediación. Y ¡tachán! Es todo muy complejo. Cuesta arriba. Nadie trabaja por el win-win.

A nadie le importa tu hijo. A nadie le importa tu pareja. A nadie le importas tú.

Lo único que existe es un protocolo estándar para todas y cada una de las familias que por allí pasan. Independientemente de su situación, estado, gravedad del conflicto, intensidad de la angustia vivida, etc, etc, etc.

La tercera institución que debería dar algún tipo de solución o guía para tu salud emocional y la de tu familia te está aplicando un cortapisas en el que, si encajas fenomenal, y si no: ¡apáñatelas!

Porque en un proceso de mediación debería atenderse al bienestar de toda la familia pero especialmente a la de la infancia. Y en un proceso judicial deberían de tenerse en cuenta todas las circunstancias particulares de esa familia que está traumatizada.

Y esto es algo obvio: Una familia feliz no va a solicitar una demanda de divorcio. La familia que se rompe necesita apoyo emocional, tal vez terapia psicológica. Un sistema que ayude a transitar un proceso doloroso.

Esta historia es tan sólo un ejemplo de los muchos casos que atiendo. Existen muchas otras situaciones en las que nuestras instituciones nos dejan abandonadas:

  • En el duelo por la muerte de un familiar.
  • En cualquier clase de enfermedad mental y/o psicológica.
  • En la explotación laboral.
  • En el acoso escolar.
  • En el acoso sexual..
  • En el acoso laboral.

Y suma y sigue… Y en todos esos casos: ¡Búscate la vida!

Cuando nos han educado para callar y obedecer.

Cuando nadie nos ha explicado cómo funciona el sistema.

Cuando hemos llegado aquí tras una cascada de conflictos que jamás habría tenido lugar si nuestro sistema educativo se actualizara y se diera cuenta de que vivimos en pleno siglo XXI.

Por último, hice la siguiente pregunta:

¿En dónde crees que deben resolverse los problemas emocionales?
¿En dónde crees que deben resolverse los problemas emocionales?

Y la mayoría de la gente respondió que los problemas emocionales son cosa nuestra. Que se resuelven en la intimidad. Que las instituciones no se deben de ocupar de ellos, o que no saben ocuparse de ellos.

Sin embargo, como ya dije antes, a mí me gusta trabajar en la prevención. Y las instituciones tienen mucho que aportar en este ámbito. Se pueden mejorar enormemente los mecanismos y protocolos.

Se puede empezar por evitar que un niño, o una niña, llore desesperadamente porque no quiere ir al colegio.

Se puede enseñar empatía.

Se puede aprender escucha activa.

Se puede enseñar a gestionar los conflictos.

Se puede aprender asertividad.

De verdad, se puede lograr y tú también puedes colaborar en la prevención.

¿Solucionas problemas o gestionas problemas?
¿Solucionas problemas o Gestionas problemas?

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