El amor es un sentimiento

El amor es el motor del mundo, o eso dicen. Mucha gente cree que el amor es una emoción pero no. En realidad es más complejo.

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La química del amor se compone de varias emociones, y varía de persona a persona. Cierto es que la emoción principal es la alegría pero también se compone de algo de ira, de algo de miedo e incluso puede que de algo de tristeza o incluso asco.

Cada una de nosotras podría pensar y medir su propia fórmula para el amor: Un 70% de alegría, un 20% de ira y un 10% de miedo podría ser la mía. ¿Te parece extraño? ¿Dirías que el amor es 100% alegría?

Bien, te voy a explicar mi fórmula:

  • Alegría 70%, la oxitocina, la serotonina y las endorfinas que segrega mi cuerpo gracias al amor, me hacen sentir bien, me llevan a un estado de ilusión, aceptación y apego.
  • Ira 20%, disminuye la producción de cortisol por lo que se reduce mi nivel de estrés pero es que a la vez aumenta mi nivel de testosterona lo que hace que se dilaten mis vasos sanguíneos y se me acelere el corazón. Es esa sensación de pasión, de deseo.
  • Miedo 10%, entran en juego la dopamina, la serotonina y la adrenalina, es el anhelo, esa pequeña zona de incertidumbre que se crea cuando dos personas están acercándose para darse un beso.

Esta podría ser la mía pero, existen muchas otras variables, porcentajes, formas de sentir y de amar. Porque, seamos claras, el amor no es sólo una cuestión de química, si así fuera, hace años que las farmacéuticas se habrían lucrado con la pastilla de la ruptura y/o el desamor.

Ante una relación tóxica, nos tomaríamos el jarabe del desapego y adiós muy buenas. Es más, se podría dar incluso el efecto contrario y podrían vender los filtros del amor, las pociones del enamoramiento.

Pero no.

¿Por qué no existen las pociones para enamorar?

Porque además de la química, existen las redes del amor, redes neuronales para ser más exactas. Alrededor del amor se crean una serie de comportamientos que afianzan esa sensación de bienestar.

Todas hemos visto un tropel de memes en las redes sociales que ejemplifican algunos de ellos.

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Y como éstos ejemplos podemos encontrar cientos. La cuestión es que no son solo las miradas, las muestras de afecto como rozarse las manos, acariciar el pelo o guiñar un ojo las conductas que refuerzan la bioquímica del amor. Existen muchas otras algunas sutiles y otras evidentes.

¿Y de qué van a depender?

Pues de numerosas variables, vivimos en una sociedad muy compleja, que ha llevado hasta límites insospechados las formas de tortura, humillación y dolor. Y las relaciones humanas no están al margen de esta experimentación. Existen toda clase de parafilias, prácticas sexuales y relaciones basadas en la dominación.

Nuestras relaciones de hoy se basan en nuestras experiencias del ayer.

Nada más nacer se genera el vínculo más fuerte que existe entre la madre y su cría. Es una poderosa estrategia de la naturaleza para garantizar el éxito de supervivencia. Pero la bioquímica no es la única que entra en juego, también se compone de las conductas propias del apego: miradas, contacto, olores, cuidado y cariño.

Cuando fui madre por primera vez y por fin, pude tener a mi bebé en brazos pensé: esto sí que es amor verdadero. (Tened en cuenta que yo ya creía que estaba viviendo una relación de amor verdadero con mi hombre).

¿Significa esto que todas las madres lo sienten así?

No.

Existen numerosas circunstancias que pueden romper o dificultar este momento: un embarazo no deseado, un parto instrumentalizado, la separación de madre y bebé, la obligación de ser madre, una depresión posparto, etc.

¿Significa esto que si sufres alguna de estas circunstancias quieres menos a tus hij@s?

No.

Significa que cada experiencia y sentimiento son únicos, y deberían estar libres de juicio. Significa que cuando explico esto en parte, lo cuento desde mi propia experiencia y en parte, desde la ciencia y los experimentos que se han llevado a cabo (algunos realmente crueles y faltos de empatía, por cierto).

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Como te decía, el amor se fragua en nuestros primeros años de vida y en las experiencias que vamos acumulando entorno a las figuras de apego que tenemos, para algunas personas será su madre, para otras su padre, una abuela, una tía o la niñera.

Existen numerosos artículos y estudios sobre este hecho: Las experiencias vividas en la infancia crean patrones de comportamiento que afectan a nuestras relaciones sociales en la vida adulta, entre ellas, las de pareja.

Y es que este es el otro quiz a tratar, los tipos de amor. Porque el amor, tiene tantas formas de expresión como matices. Desde el amor romántico hasta el amor al arte, existen universos y multiversos de amores, pasiones, deseos y anhelos.

Y así desgranamos el amor, hablando de: apegos, afectos, vínculos, cariño, comadreo, camaradería, compañerismo, amistad… Por eso, decimos que el amor es el motor del mundo. Porque es el amor el que nos impulsa a ampliar nuestra zona de confort, a explorar nuevos caminos, a crear puentes, a saltar hacia lo desconocido.

Es el amor ese sentimiento que nos vuelve mejores, empáticas, valientes, incansables, esperanzadas, imparables. Nos gusta estar ahí. Y quizás, esa es también la cara oscura del amor: la que nos hace vulnerables y confiadas. La que nos llega a convertir en dependientes de un amor tóxico, de una relación violenta, de una conducta obsesiva.

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Es aquí en donde nuestros referentes, nuestro autoconcepto y nuestra autoestima juegan un importante papel para sentirnos personas empoderadas, dignas de atención y cuidados, por el simple hecho de existir. Saber que merecemos que se nos trate con respeto y cariño es la base sobre la que se construye cualquier relación, repito: cualquier relación.

Y aún así, nadie nos puede asegurar al 100% que jamás nos hará daño, que siempre seremos lo primero en sus vidas, que el afecto será suficiente, que el amor será eterno, que la pasión siempre permanecerá intacta, a veces, el amor no basta.

Aunque, yo creo que el amor siempre es un buen comienzo, un primer paso (que es el más difícil) y también creo que el amor es la mejor cura para el alma.

Porque el amor sana.

Porque el amor perdona.

Porque el amor libera.

Atardecer

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Yo quise ser directora de cine

Sí, con 10 años me regalaron un vídeo VHS. La primera película que grabé en él fue: Con faldas y a lo loco de Billy Wilder. Creo que es la película que más veces he visto en mi vida, no sabría decir cuantas.

El cine es una de las pasiones que heredé de mis padres. En mi casa había miles de películas: primero en cintas VHS, después en DVD y finalmente en streaming. Ahora ya casi no grabo nada. ¿Para qué?

Con 22 años tuve la oportunidad de mi vida: trabajé en una película, en una de verdad: El lápiz del carpintero de Antón Reixa. Allí me enamoré del proceso, del rodaje, de los ensayos, hasta los momentos de conflicto eran emocionantes. En aquella época estaba estudiando el ciclo de Imagen y Sonido, así que cuando mi jefe directo me propuso irme con él a Madrid a trabajar, le dije que no: que tenía que terminar mis estudios. Ese fue un tren que no volvió.

No fue fácil dejar pasar esa oportunidad, muchas personas piensan que soy impulsiva, temperamental y de pronto fácil pero, en realidad no lo soy. Soy muy racional, me pienso las cosas muchísimo, tengo en cuenta muchas variables cada vez que tengo que tomar una decisión: lo que pasa es que lo hago rápido.

Así es como surgió la oportunidad de hacer este corto: En crudo. La idea surgió en mi cabeza tras leer la convocatoria de un concurso de microcortos sobre la maternidad, cuya duración máxima debía ser un minuto. Así que hablé con unas colegas y en dos días teníamos todo organizado, en una tarde lo grabamos y en otra lo montamos.

Así fue: rápido. Pero nada impulsivo. Todo medido y meditado.

Tengo que decir que cree esta historia mucho antes de ser madre. De hecho, la idea de ser madre estaba totalmente descartada en mi conciencia. Yo quería dedicarme al audiovisual, mis bebés serían obras de arte y entretenimiento. Trabajé muy duro durante años en un mundo muy masculino y lleno de ego.

Quizás por eso me gusta debatir con adolescentes, porque están llenos de inmediatez, conflicto, ego y en una búsqueda permanente de su lugar en el mundo. Yo he estado así durante mucho tiempo, aunque ahora me sienta muy diferente, aún no lo he olvidado. Les comprendo y les respeto. tal vez si yo fuera adolescente ahora querría ser youtuber.

Pero a lo que iba, un corto no me hace ser directora de cine.

Un libro no me hace ser escritora.

Un cuento no me hace ser ilustradora.

Maico, un compañero de aquella época, me lo decía constantemente: todos tenemos un corto en un cajón. En el audiovisual muy pocos llegan, y mujeres menos añado. Os voy a explicar porqué.

Hoy, en el día de la mujer y la niña científicas, me parece oportuno explicar que ser mujer y mandar es más difícil que ser hombre y dirigir. Es más complejo porque no se nos respeta igual, nuestras decisiones son más cuestionadas, nuestras opiniones se infravaloran, nuestros esfuerzos deben ser dobles para puntuar la mitad.

Yo quería ser directora de cine pero es que una película cuesta mucho dinero, y requiere tomar decisiones rápida y eficazmente, cada segundo de espera cuesta mucho dinero, es necesario aguantar esa presión. Con razón muchos directores tienen fama de malencarados, amargados y con mucho genio. Cada vez que alguien te cuestiona: pierdes dinero.

Jose Luis Borau me explicó una vez que cada vez que hacía una película la mayor parte de la financiación la ponía él, hipotecando su casa. Y que eso le había costado muchas discusiones con su mujer. Pero que lo hacía porque era la única manera de hacer la película que él tenía en la cabeza.

Si esto le sucede a un hombre respetado y admirado, imaginad a una chica joven. Para mí, mujeres como Isabel Coixet o Iciar Bollain merecen una ola, aunque no me gusten sus películas. Que alguna me gusta, pero es que me las imagino ahí: en el meollo, con un equipo de casi 100 personas esperando a que tomen una decisión (o 1000 decisiones): en esta marca o en esta otra, el movimiento de la cámara hacia adelante o con un zoom, el rizo de la actriz principal a la derecha o a la izquierda, rápido que se nos va la luz y luego en postproducción habrá que corregir el color, etc, etc, etc.

Y es que hay que coordinar a mucha gente, todas importantes, todas tienen su función de vital relevancia, ninguna es prescindible porque si lo fuera: no estaría, que cuesta dinero. Yo trabajaba como técnica de sonido: meritoria, pertiguista (microfonista) y jefa de sonido. Lo dejé. Estaba harta. A nadie le importaba que mi trabajo fuera una chapuza.

Los directores, y directoras, estaban siempre pendientes de la luz, la cámara y la actriz pero el sonido les importaba poco o nada. Parecía que hacían películas mudas. Pensaban que todo se puede solucionar en el montaje: y no. Si yo hubiera sido directora de cine os aseguro que mis películas se oirían que lo flipas. Jamás planificaría una escena de diálogo en un sitio con un eco de 7 segundos o en medio de una calle llena de tráfico y gentío.

Total, que al final, no me convertí en directora de cine, ni tampoco en jefa de sonido de películas, pero sí que grabé un corto, y hoy lo he sacado del cajón.

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Nuestra primera mochila

En brazos se acostumbran

Cuando nació mi primer hijo también nació en mí la necesidad de cuidarlo como una auténtica leona. Mi parto fue uno de esos partos medicalizados, horribles y traumáticos. De esos en los que entras en una cascada de intervenciones que acaban con tu bebé en la UCIN y contigo destrozada física, mental y emocionalmente.

Pasé una semana en la que lloré mucho. Muchísimo. Algunas personas me dijeron que lo mío era una depresión postparto. Ahora que lo puedo ver en la distancia diría que se equivocaron. Creo que lo mío fue un Síndrome de estrés postraumático tras sufrir un claro caso de violencia obstétrica. Pero esto es otra historia.

A lo que iba, cuando logramos sacar a mi hijo del hospital, decidí que tenía que recuperar mucho tiempo perdido. Y decidí que lo iba a tener en mis brazos todo el tiempo que yo pudiera (mi hombre creo que pensó lo mismo).

Así que nuestro pequeño llegó a casa con dos biberones de leche maternizada artificial que estuvieron 24 horas en la nevera para después irse por el desagüe del fregadero porque mi misión en esos días era tenerlo en mi pecho día y noche. Sin descanso. Motivación máxima.

Así lo hice, (o lo hicimos) y si no estaba en mis brazos estaba en los brazos de su padre. Quiso el destino que tras ocho meses descubriera el mundo del porteo por pura casualidad. Casi sin pensarlo compré nuestra primera mochila; llegó como agua de mayo, porque mi espalda se empezaba a resentir de lo lindo (tengo una doble discopatía lumbar y cervical que de vez en cuando me da la lata). De mi suelo pélvico os hablaré en otra ocasión.

Y así pasamos los días, los meses y los años…

Pero claro, nuestro entorno de aquel entonces era reacio a todo lo diferente. Nos llovían los consejos no solicitados. Las críticas destructivas. Las sentencias sobre nuestra forma de criar. Era agotador. Una lucha constante.

¿Cómo hacer frente a las críticas?

Al principio todo era a la defensiva. Justificando cada paso y cada decisión. Esto era muy cansino. Hacía mella en nuestra autoestima y en nuestra autoimagen. Hacía que dudásemos de nuestras intuiciones y de nuestras decisiones como padres (o madre y padre).

Después vivimos una breve fase de aislamiento, nos retiramos a nuestra “cueva” o dicho de otra manera “hogar”, aunque para nosotros era más un refugio. Tampoco nos duró mucho. Vivimos en una sociedad que exige atención. La familia reclama visitas, pide “favores”, necesita que estés allí.

Finalmente, logramos empoderarnos, sí, no fue fácil. Hemos ido aprendiendo a decir que no. A poner límites. Pero no sólo a nuestros peques, sino a todos nuestros familiares. Porque el tiempo es limitado. La paciencia es limitada. La energía es un bien escaso. Lo que inviertes en una parte no lo haces en otra.

Cuando te empoderas te pasan cosas geniales. Dejas de dar explicaciones. Se despejan las dudas. Pasas de ser un manojo de nervios a ser una persona templada. Cambias tu relación con la autoridad. Dejas de necesitar evadirte a cada rato.

De pronto, te das cuenta de que únicamente tienes control sobre dos cosas: tus pensamientos y en qué inviertes tu tiempo.

¿Y qué tiene esto que ver con la Crianza en Brazos?

Pues es sencillo, leerás en todas partes los beneficios que tiene para tu bebé. Que son muchos. Este viernes 11 a las 11.00 tendré una invitada especial en mi muro de Facebook que nos hablará de todos ellos. (Colgaré la entrevista después para que no te la pierdas).

Pero pocas veces te van a hablar de los beneficios que tiene para ti. Y menos aún te hablarán de la cantidad de creencias limitantes que te van a remover por dentro. Además de la seguridad, de la comodidad y de la libertad que te aporta el porteo.

Criar en brazos te va a cambiar tus estructuras mentales (o no).

  • Te va a permitir mayor control sobre quién se acerca a tu bebé, quién le toca, quién le besa.
  • Te va a generar un gran bienestar poder oler a tu bebé, poder notar su respiración, su latido.

Y eso se traduce en calma y confianza en ti. (Seas madre o seas padre).

De paseo
De paseo

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Autocuidados y ciclicidad femenina

Curso nuevo, perspectivas nuevas, proyectos nuevos.

Siempre te recomiendo que hagas red, que te apoyes en personas con tus mismos intereses, inquietudes, reivindicaciones, situaciones o problemas.

Pero decirlo no llega. Hay que dar ejemplo, así que hoy comienzo esta nueva sección de entrevistas a compañeras emprendedoras, precisamente para hacer esto que tantas veces te he propuesto: hacer red.

Y aunque en los próximos días publicaré entrevistas del pasado, voy a comenzar este proyecto de colaboración con Rut Alvarez que tiene un reto gratuito que comienza el próximo día 23 de septiembre de 2019, que se llama “Conecta en femenino” así tienes la oportunidad de anotarte en estos días. Aquí puedes ver la entrevista:

Éstas son sus palabras sobre el reto:

“Este mes quiero que sea el nuevo comienzo, empezando a pensar mas en ti sin sentirte culpable por ello.
👉Empezar a sentirte bien contigo misma. Este debería siempre ser nuestro objetivo.
Pues es lo que hace que puedas ser una mujer plena y bella. Pero este estrés que llevamos diario nos hace que desconectemos de nuestras necesidades y siempre atendamos las de los demás antes.
Esto nos hace entrar en un estado de desgano y de desilusión. ¿Te pasa?

¡Pues vamos a poner remedio a esto!

👉Vente a mi Reto Conecta en femenino. Donde durante 5 días recibirás acciones para conectar con tu esencia femenina.

✅Vas a saber que necesitas
✅Vas a ser consciente que lo que estas haciendo tal vez no es lo que de verdad te va bien, si no que fue algo que te recomendó una amiga.
✅Vas a saber como cuidarte de una forma real , siguiendo el ritmo de nuestro cuerpo”.

!Entra ya! Sera en un grupo de WhasApp .

APUNTATE AQUÍ http://bit.ly/ConectaFem

Reparando su anillo

Preguntemos a quien no le fue bien

Cuando se trata de modificar el sistema educativo nadie pregunta a quienes falló el sistema. A quienes se quedaron en el camino.

Ni siquiera se pregunta a quién se preocupa por esas personas. Porque son personas, y algunas de ellas han llegado a ser personas relevantes, exitosas, capaces y buenos ejemplos.

En el sistema educativo tradicional se premia y se castiga, directa e indirectamente. Se promueven ciertos valores y habilidades y se denostan otros sin pararse a analizar si podrían ser de utilidad para esa persona.

Puede que este tema le resulte absurdo a mucha gente, sin embargo si estás leyendo esto es porque para ti tiene relevancia. Y para mí también.

Somos las personas raras, las inadaptadas, las que no encajamos quienes dotamos al mundo de diversidad, pluralidad y amplitud de miras.

Quienes hacen las cosas de manera diferente, sin duda, son quienes hacen avanzar a la sociedad.

¿Acaso tiene alguna relevancia hacerlo todo como siempre se ha hecho? ¿Habríamos descubierto la manera de hacer fuego? ¿O de conservar los alimentos?

En esta sociedad no sólo se castiga la diferencia, sino que además se repudia el error.

Y esto es terrible.

Nuestro cerebro aprende a base de equivocarse. La repetición es la base del aprendizaje. Sin repetición no se crean nuevas redes neuronales.

¿Nuestro sistema educativo está diseñado para que quienes tienen éxito sean quienes “se esfuerzan” o para quienes “lo saben”? ¿Se valora la “obediencia” o la “crítica”? ¿Se premia la “creatividad” o la “normalidad”?

¿Alguien se ha parado a observar lo que sucede con las personas que no llegan, o las que sobresalen?

Al final llegamos al manido tema de que el sistema está pensado para homogeneizar, regular y aborregar. Pensando que así el voto será más fácil de conseguir. ¿O no?

Y es que parece que sólo tenemos el recurso del consumidor consciente. En este caso: el ciudadano informado.

parece que únicamente podemos hacer algo votando a uno u otro partido. Pero podemos hacer otras cosas:

1. Quejarnos sí pero formalmente. Cubrir formularios. Usar el servicio de atención al ciudadan@. Al defensor del pueblo.

2. Ejercer nuestros derechos. Entre ellos el derecho de petición.

3. Formar redes con personas que tengan nuestros mismos intereses. Nuestras mismas inquietudes. Ya sé que esto lo digo siempre pero es una de las acciones más poderosas. La unión hace la fuerza.

primate en un centro de rescate animal
Primate en un centro de rescate animal

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Las mujeres fuertes también necesitamos apoyo

Sí. Las mujeres fuertes también necesitamos apoyo. Tenemos días malos, días depresivos, días en los que nos derrumbamos. Aunque seamos fuertes, dinámicas, con iniciativa, con carácter, poderosas o el adjetivo que tengas en la cabeza somos humanas y tenemos nuestros momentos de bajón.

Las mujeres fuertes también necesitamos alguien fuerte que nos apoye y sostenga cuando sea necesario. Detrás de una mujer poderosa hay toda una tribu que la mantiene y le da la energía cuando algo falla o se interponen obstáculos.

Esta es una realidad que nos pasa a todas las personas, mujeres, hombres, de cualquier edad, condición social, profesión o circunstancia.

Ser una mujer fuerte conlleva una serie de preconceptos y prejuicios que muchas veces nos obligan a llevar una carga innecesaria, injusta y del todo descomedida.

Vivimos en una sociedad que nos insta a vivir con la sonrisa permanente, sin poder mostrar otras emociones. Y por eso no fuera suficiente resulta ser también altamente exigente y si nos mostramos vulnerables se nos castiga duramente, sufrimos críticas, burlas, se arrastra nuestras reputaciones por el lodo y se nos baja de esos pedestales que jamás pedimos. Porque eso creo que es lo más denigrante: aún no conozco a ninguna mujer fuerte que lo haya pedido.

Yo soy una de esas mujeres (o personas) que mantengo la templanza en situaciones de crisis, y soy capaz de tomar decisiones con la cabeza fría cuando otras a mi alrededor se ven superadas por la situación. Pero cuando la crisis pasa, me vengo abajo. me siento agotada, vulnerable y puede que hasta deprimida.

He tenido suerte (o no), he podido rodearme de personas que me comprenden, me aceptan y me tratan como a una igual. Hace tiempo que huyo de la gente que me venera (o me denigra) porque al final las expectativas juegan en contra. Me gusta tratar como iguales a todas las personas que me rodean y me encuentro en el camino y además mostrarme con franqueza y sinceridad (soy vaga: mentir conlleva mucho trabajo).

Con los años he comprendido que mi capacidad para mantener muchas amistades es limitada. Procuro llevarme bien con compañer@s de trabajo, de formación, clientes, vecin@s, profesor@s, etc. Pero no soy capaz de mantener más “mejores amig@s” (BBF) que dedos tengo en las manos. La amistad hay que cultivarla y cuidarla.

Y claro, tenemos un trabajo, una familia, una mascota, una casa, unas aficiones, una formación continua, una vida tan plena que al final vamos cambiando las amistades según la ola en la que nos movemos. Y mientras coincidimos en el tiempo y el espacio podemos ser grandes amigas pero si cambia una de las dos variables pues: nos distanciamos.

Es una pena, siento que podría compartir mi vida con muchas amigas que se han ido alejando por sus respectivos caminos, sin más. Y en su día fueron grandes apoyos, me hicieron crecer y ser la mujer fuerte que ahora soy. Ojalá yo haya hecho lo mismo por ellas (al menos en parte).

Sin embargo, seguimos remando, con determinación y tal vez por nuestra forma de ser, de entender la vida, de movernos, vamos encontrando nuevos seres con los que compartir experiencias, con los que crecer, en los que reflejarnos.

Así brillamos. Cuando una cae: la sostenemos todas.

Ese es el truco: no nos dejamos aliento para la vuelta. Confiamos en nuestra familia.

La familia que hemos elegido y creado.

Cuando por fin, sabes que la comunidad es la base de tu éxito, y que el sentimiento de pertenencia es también sentido de supervivencia se te pasan muchas elucubraciones sobre la libertad, la independencia, la fortaleza, el sufrimiento, el que dirán, los prejuicios… La fuerza de una al final es el resultado de muchas fuerzas unidas.

Esto es empoderamiento colectivo: saber que cuando estás abajo, otras te sostienen. Que cuando tú no tienes fuerzas para alzar la voz, otras lo están haciendo por ti. Saber que también tu fortaleza inspira a otras. Y que ser vulnerable no te hace ser menos.

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Ser madre feminista es…

 

Llevo ya tiempo trabajando y formándome en el ámbito del empoderamiento, y llevo ya unos meses dándole muchas vueltas al empoderamiento colectivo. Y dentro de este tema hablamos mucho de autoridad, de límites, de responsabilidad… Todos ellos términos con multitud de etimología e interpretaciones.

Esto además se me ha mezclado con el debate sobre el aliado feminista. Y es que el feminismo es un movimiento tan diverso y multifactorial que tiene debates para todo. Hay quienes opinan que el feminismo es pura lucha de liberación femenina, y hay quienes opinan que el feminismo es una lucha antipatriarcal y por tanto, todo sujeto oprimido por el mismo es también parte del movimiento de liberación, así que afecta tanto a hombres como a mujeres.

Creo que pocos movimientos tienen tanta diversidad y riqueza intelectual.

TBF_9448¿Por qué os hablo del empoderamiento? Porque las reivindicaciones deben partir de quien las necesita, o de quien está oprimid@… Os imagináis ¿qué habría pasado si Martin Luther King fuera blanco? ¿O si el movimiento obrero estuviera liderado por empresarios? ¿O si el Ché fuera europeo?

Sin embargo, el feminismo es vehículo de todas las reivindicaciones, lucha por todos los derechos… Hace años ya debatíamos sobre “liberar” a las mujeres musulmanas… Pues como que no… Cualquier movimiento de liberación, de reivindicación, de lucha debería partir de quien sufre. Y esto es así porque sino ni es efectivo, ni es empoderante. Y además genera gran rechazo.

Y así lo han mostrado muchos grupos de mujeres feministas de diferentes colectivos.

Es como dice Celie, en la película El color púrpura: “Soy negra, soy pobre, y hasta pué que fea, pero gracias a Dios, aquí estoy”. Este personaje que ha sufrido todos los males habidos y por haber, aunque viva en la peor de las miserias e ignorancias, se revela y lo hace ella… Nadie viene a rescatarla de sus desgracias. Llega un momento en que se da cuenta de su fortaleza y logra salir de su situación deplorable por sí misma. Por eso tiene tanta fuerza y pasión esta historia. Porque nace de la persona oprimida.

Entonces, ¿por qué hay tanto empeño en obligar a la corresponsabilidad?

¿Por qué vivimos en una sociedad que tiene que “obligar” a criar?

Yo lo veo claro, en nuestra sociedad el trabajo de maternar, criar y cuidar está denostado, ninguneado y despreciado. Es importante lograr darle la vuelta, ponerlo en valor.

¿Por qué?

Pues porque es realmente valioso. Y no vale cualquiera para hacerlo.

¿Y cómo lo vamos a hacer?

Es complicado, porque por un lado nos dicen que la maternidad está idealizada y luego muchas madres se topan con una realidad muy dura y difícil que no se esperaban. Pero, por otro lado, todo el mundo te deja claro que “te cambia la vida”.

¿Entonces, en qué quedamos?

Pues ahí está el quiz de la cuestión. A la hora de legislar hay que pensar en el eslabón más desprotegido de la cadena, en las familias que tienen más dificultades. No en las familias en las que los padres están superimplicados y tienen superclaro que tienen que asumir su parte de la crianza.

Esa es una minoría, que además lleva 2 días reclamando ampliar la baja de paternidad. Y oye, claro que es legítima su demanda, por supuesto, ojalá fueran más. ¿Pero qué pasa con las madres solteras? ¿Y con las separadas? ¿Y con las familias con personas dependientes? ¿Y con las familias tradicionales en las que la figura paterna pasa mil de cambiar pañales? ¿Y con las que sufren maltrato?

La casuística es enorme y puede que a una familia le venga fenomenal esta medida, pero puede que otra la estés condenando al infierno.TBF_9424-1.jpg

Es así, acordaros de Celie.

En una sociedad como la nuestra, la independencia económica, la capacidad económica, marcan la diferencia.

La peor discriminación de este mundo es: Ser pobre.

Y aunque existan muchas mujeres ricas, con dinero, empresas y acciones. La mayoría son pobres. Y claro que yo soy una privilegiada, y que desde mi sillón privilegiado no llego a entender su situación pero, si me dedicase a hacer leyes tendría esto muy en cuenta, porque puedo marcar una diferencia sustancial en sus vidas.

Yo estoy en ese punto fantástico en el que no soy pobre, pero tampoco rica… Voy llegando a fin de mes, sin excesivos lujos, pero sin que me falte nada, al menos nada importante. Soy consciente también de que, en cualquier momento, esto puede cambiar y mi situación puede ir hacia arriba, o hacia abajo (hacia abajo tiene muchas más posibilidades). Nada, ni nadie me asegura que esto no vaya a suceder: por mucho que me esfuerce, por mucho que trabaje, por mucho que rece… Porque el control sobre nuestras circunstancias es tan sólo una sensación, una percepción.

Nuestra capacidad de control es casi cero.

Y esto también lo tendría muy en cuenta a la hora de legislar.

Por eso, y por muchas otras razones, me cabrea que se legisle sobre la maternidad, sin tener en cuenta a las madres.

Que se legisle sobre la crianza sin tener en cuenta a quienes criamos (ya no vamos a hablar de las crías) y que se nos ningunee, se nos infantilice, se nos desprecie o se nos deje sin voz. Porque somos las madres quienes tejemos el mundo del mañana desde el minuto cero. Ese es nuestro mayor poder: traer al mundo nueva vida.

Y nos lo quieren usurpar también… Pues no, oiga,no. No sólo no lo vamos a permitir sino que además, le voy a dejar claro que la díada bebé-madre marca la salud del futuro. Puedes consultar el argumentario de Petra para profundizar en este tema.

Así que: soy mujer, soy madre y estoy aquí.

feminismo

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