Nuestra primera mochila

En brazos se acostumbran

Cuando nació mi primer hijo también nació en mí la necesidad de cuidarlo como una auténtica leona. Mi parto fue uno de esos partos medicalizados, horribles y traumáticos. De esos en los que entras en una cascada de intervenciones que acaban con tu bebé en la UCIN y contigo destrozada física, mental y emocionalmente.

Pasé una semana en la que lloré mucho. Muchísimo. Algunas personas me dijeron que lo mío era una depresión postparto. Ahora que lo puedo ver en la distancia diría que se equivocaron. Creo que lo mío fue un Síndrome de estrés postraumático tras sufrir un claro caso de violencia obstétrica. Pero esto es otra historia.

A lo que iba, cuando logramos sacar a mi hijo del hospital, decidí que tenía que recuperar mucho tiempo perdido. Y decidí que lo iba a tener en mis brazos todo el tiempo que yo pudiera (mi hombre creo que pensó lo mismo).

Así que nuestro pequeño llegó a casa con dos biberones de leche maternizada artificial que estuvieron 24 horas en la nevera para después irse por el desagüe del fregadero porque mi misión en esos días era tenerlo en mi pecho día y noche. Sin descanso. Motivación máxima.

Así lo hice, (o lo hicimos) y si no estaba en mis brazos estaba en los brazos de su padre. Quiso el destino que tras ocho meses descubriera el mundo del porteo por pura casualidad. Casi sin pensarlo compré nuestra primera mochila; llegó como agua de mayo, porque mi espalda se empezaba a resentir de lo lindo (tengo una doble discopatía lumbar y cervical que de vez en cuando me da la lata). De mi suelo pélvico os hablaré en otra ocasión.

Y así pasamos los días, los meses y los años…

Pero claro, nuestro entorno de aquel entonces era reacio a todo lo diferente. Nos llovían los consejos no solicitados. Las críticas destructivas. Las sentencias sobre nuestra forma de criar. Era agotador. Una lucha constante.

¿Cómo hacer frente a las críticas?

Al principio todo era a la defensiva. Justificando cada paso y cada decisión. Esto era muy cansino. Hacía mella en nuestra autoestima y en nuestra autoimagen. Hacía que dudásemos de nuestras intuiciones y de nuestras decisiones como padres (o madre y padre).

Después vivimos una breve fase de aislamiento, nos retiramos a nuestra “cueva” o dicho de otra manera “hogar”, aunque para nosotros era más un refugio. Tampoco nos duró mucho. Vivimos en una sociedad que exige atención. La familia reclama visitas, pide “favores”, necesita que estés allí.

Finalmente, logramos empoderarnos, sí, no fue fácil. Hemos ido aprendiendo a decir que no. A poner límites. Pero no sólo a nuestros peques, sino a todos nuestros familiares. Porque el tiempo es limitado. La paciencia es limitada. La energía es un bien escaso. Lo que inviertes en una parte no lo haces en otra.

Cuando te empoderas te pasan cosas geniales. Dejas de dar explicaciones. Se despejan las dudas. Pasas de ser un manojo de nervios a ser una persona templada. Cambias tu relación con la autoridad. Dejas de necesitar evadirte a cada rato.

De pronto, te das cuenta de que únicamente tienes control sobre dos cosas: tus pensamientos y en qué inviertes tu tiempo.

¿Y qué tiene esto que ver con la Crianza en Brazos?

Pues es sencillo, leerás en todas partes los beneficios que tiene para tu bebé. Que son muchos. Este viernes 11 a las 11.00 tendré una invitada especial en mi muro de Facebook que nos hablará de todos ellos. (Colgaré la entrevista después para que no te la pierdas).

Pero pocas veces te van a hablar de los beneficios que tiene para ti. Y menos aún te hablarán de la cantidad de creencias limitantes que te van a remover por dentro. Además de la seguridad, de la comodidad y de la libertad que te aporta el porteo.

Criar en brazos te va a cambiar tus estructuras mentales (o no).

  • Te va a permitir mayor control sobre quién se acerca a tu bebé, quién le toca, quién le besa.
  • Te va a generar un gran bienestar poder oler a tu bebé, poder notar su respiración, su latido.

Y eso se traduce en calma y confianza en ti. (Seas madre o seas padre).

De paseo
De paseo

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Autocuidados y ciclicidad femenina

Curso nuevo, perspectivas nuevas, proyectos nuevos.

Siempre te recomiendo que hagas red, que te apoyes en personas con tus mismos intereses, inquietudes, reivindicaciones, situaciones o problemas.

Pero decirlo no llega. Hay que dar ejemplo, así que hoy comienzo esta nueva sección de entrevistas a compañeras emprendedoras, precisamente para hacer esto que tantas veces te he propuesto: hacer red.

Y aunque en los próximos días publicaré entrevistas del pasado, voy a comenzar este proyecto de colaboración con Rut Alvarez que tiene un reto gratuito que comienza el próximo día 23 de septiembre de 2019, que se llama “Conecta en femenino” así tienes la oportunidad de anotarte en estos días. Aquí puedes ver la entrevista:

Éstas son sus palabras sobre el reto:

“Este mes quiero que sea el nuevo comienzo, empezando a pensar mas en ti sin sentirte culpable por ello.
👉Empezar a sentirte bien contigo misma. Este debería siempre ser nuestro objetivo.
Pues es lo que hace que puedas ser una mujer plena y bella. Pero este estrés que llevamos diario nos hace que desconectemos de nuestras necesidades y siempre atendamos las de los demás antes.
Esto nos hace entrar en un estado de desgano y de desilusión. ¿Te pasa?

¡Pues vamos a poner remedio a esto!

👉Vente a mi Reto Conecta en femenino. Donde durante 5 días recibirás acciones para conectar con tu esencia femenina.

✅Vas a saber que necesitas
✅Vas a ser consciente que lo que estas haciendo tal vez no es lo que de verdad te va bien, si no que fue algo que te recomendó una amiga.
✅Vas a saber como cuidarte de una forma real , siguiendo el ritmo de nuestro cuerpo”.

!Entra ya! Sera en un grupo de WhasApp .

APUNTATE AQUÍ http://bit.ly/ConectaFem

Reparando su anillo

Preguntemos a quien no le fue bien

Cuando se trata de modificar el sistema educativo nadie pregunta a quienes falló el sistema. A quienes se quedaron en el camino.

Ni siquiera se pregunta a quién se preocupa por esas personas. Porque son personas, y algunas de ellas han llegado a ser personas relevantes, exitosas, capaces y buenos ejemplos.

En el sistema educativo tradicional se premia y se castiga, directa e indirectamente. Se promueven ciertos valores y habilidades y se denostan otros sin pararse a analizar si podrían ser de utilidad para esa persona.

Puede que este tema le resulte absurdo a mucha gente, sin embargo si estás leyendo esto es porque para ti tiene relevancia. Y para mí también.

Somos las personas raras, las inadaptadas, las que no encajamos quienes dotamos al mundo de diversidad, pluralidad y amplitud de miras.

Quienes hacen las cosas de manera diferente, sin duda, son quienes hacen avanzar a la sociedad.

¿Acaso tiene alguna relevancia hacerlo todo como siempre se ha hecho? ¿Habríamos descubierto la manera de hacer fuego? ¿O de conservar los alimentos?

En esta sociedad no sólo se castiga la diferencia, sino que además se repudia el error.

Y esto es terrible.

Nuestro cerebro aprende a base de equivocarse. La repetición es la base del aprendizaje. Sin repetición no se crean nuevas redes neuronales.

¿Nuestro sistema educativo está diseñado para que quienes tienen éxito sean quienes “se esfuerzan” o para quienes “lo saben”? ¿Se valora la “obediencia” o la “crítica”? ¿Se premia la “creatividad” o la “normalidad”?

¿Alguien se ha parado a observar lo que sucede con las personas que no llegan, o las que sobresalen?

Al final llegamos al manido tema de que el sistema está pensado para homogeneizar, regular y aborregar. Pensando que así el voto será más fácil de conseguir. ¿O no?

Y es que parece que sólo tenemos el recurso del consumidor consciente. En este caso: el ciudadano informado.

parece que únicamente podemos hacer algo votando a uno u otro partido. Pero podemos hacer otras cosas:

1. Quejarnos sí pero formalmente. Cubrir formularios. Usar el servicio de atención al ciudadan@. Al defensor del pueblo.

2. Ejercer nuestros derechos. Entre ellos el derecho de petición.

3. Formar redes con personas que tengan nuestros mismos intereses. Nuestras mismas inquietudes. Ya sé que esto lo digo siempre pero es una de las acciones más poderosas. La unión hace la fuerza.

primate en un centro de rescate animal
Primate en un centro de rescate animal

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Las mujeres fuertes también necesitamos apoyo

Sí. Las mujeres fuertes también necesitamos apoyo. Tenemos días malos, días depresivos, días en los que nos derrumbamos. Aunque seamos fuertes, dinámicas, con iniciativa, con carácter, poderosas o el adjetivo que tengas en la cabeza somos humanas y tenemos nuestros momentos de bajón.

Las mujeres fuertes también necesitamos alguien fuerte que nos apoye y sostenga cuando sea necesario. Detrás de una mujer poderosa hay toda una tribu que la mantiene y le da la energía cuando algo falla o se interponen obstáculos.

Esta es una realidad que nos pasa a todas las personas, mujeres, hombres, de cualquier edad, condición social, profesión o circunstancia.

Ser una mujer fuerte conlleva una serie de preconceptos y prejuicios que muchas veces nos obligan a llevar una carga innecesaria, injusta y del todo descomedida.

Vivimos en una sociedad que nos insta a vivir con la sonrisa permanente, sin poder mostrar otras emociones. Y por eso no fuera suficiente resulta ser también altamente exigente y si nos mostramos vulnerables se nos castiga duramente, sufrimos críticas, burlas, se arrastra nuestras reputaciones por el lodo y se nos baja de esos pedestales que jamás pedimos. Porque eso creo que es lo más denigrante: aún no conozco a ninguna mujer fuerte que lo haya pedido.

Yo soy una de esas mujeres (o personas) que mantengo la templanza en situaciones de crisis, y soy capaz de tomar decisiones con la cabeza fría cuando otras a mi alrededor se ven superadas por la situación. Pero cuando la crisis pasa, me vengo abajo. me siento agotada, vulnerable y puede que hasta deprimida.

He tenido suerte (o no), he podido rodearme de personas que me comprenden, me aceptan y me tratan como a una igual. Hace tiempo que huyo de la gente que me venera (o me denigra) porque al final las expectativas juegan en contra. Me gusta tratar como iguales a todas las personas que me rodean y me encuentro en el camino y además mostrarme con franqueza y sinceridad (soy vaga: mentir conlleva mucho trabajo).

Con los años he comprendido que mi capacidad para mantener muchas amistades es limitada. Procuro llevarme bien con compañer@s de trabajo, de formación, clientes, vecin@s, profesor@s, etc. Pero no soy capaz de mantener más “mejores amig@s” (BBF) que dedos tengo en las manos. La amistad hay que cultivarla y cuidarla.

Y claro, tenemos un trabajo, una familia, una mascota, una casa, unas aficiones, una formación continua, una vida tan plena que al final vamos cambiando las amistades según la ola en la que nos movemos. Y mientras coincidimos en el tiempo y el espacio podemos ser grandes amigas pero si cambia una de las dos variables pues: nos distanciamos.

Es una pena, siento que podría compartir mi vida con muchas amigas que se han ido alejando por sus respectivos caminos, sin más. Y en su día fueron grandes apoyos, me hicieron crecer y ser la mujer fuerte que ahora soy. Ojalá yo haya hecho lo mismo por ellas (al menos en parte).

Sin embargo, seguimos remando, con determinación y tal vez por nuestra forma de ser, de entender la vida, de movernos, vamos encontrando nuevos seres con los que compartir experiencias, con los que crecer, en los que reflejarnos.

Así brillamos. Cuando una cae: la sostenemos todas.

Ese es el truco: no nos dejamos aliento para la vuelta. Confiamos en nuestra familia.

La familia que hemos elegido y creado.

Cuando por fin, sabes que la comunidad es la base de tu éxito, y que el sentimiento de pertenencia es también sentido de supervivencia se te pasan muchas elucubraciones sobre la libertad, la independencia, la fortaleza, el sufrimiento, el que dirán, los prejuicios… La fuerza de una al final es el resultado de muchas fuerzas unidas.

Esto es empoderamiento colectivo: saber que cuando estás abajo, otras te sostienen. Que cuando tú no tienes fuerzas para alzar la voz, otras lo están haciendo por ti. Saber que también tu fortaleza inspira a otras. Y que ser vulnerable no te hace ser menos.

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