El duelo en la infancia

Vivimos inmersas en una sociedad que tiende a ocultar a la infancia cualquier aspecto relacionado con la muerte, y lo hacemos desde la buena intención, desde el cariño y desde la convicción de que ocultar el tema va a evitar un mal trago, o un trauma.

Sin embargo, la experiencia de la educación emocional nos indica algo muy diferente. las experiencias dolorosas (emocionalmente hablando), se transitan o se bloquean. Siendo la primera opción la más saludable. Porque cuando bloqueamos una emoción tarde o temprano, resurge (y no viene atenuada).

Duelo en la infanciaAdemás nuestras niñas (y niños) son expertas en leer nuestro lenguaje no verbal. Esto significa que pese al esfuerzo considerable de controlar nuestros sentimientos, van a notar que nos pasa algo, que estamos tristes, enfadas, nerviosos, etc. Y como no van a saber porqué, van a pensar que es por ellas. Rápidamente asocian nuestro estado emocional a algún tipo de conducta o comportamiento propio.

Es por esto que hablar mucho de lo que sucede, o ha sucedido, les va a ayudar a comprender que tu estado emocional no es su responsabilidad, y que si lo que ha pasado les ha afectado directamente, pueden integrar más rápido sus propias emociones y sentimientos.

Es probable que parezca obvio lo que te voy a explicar ahora pero cuando digo que debemos hablar mucho, me refiero a hablar desde la honestidad y la sinceridad, sin inventar, ni fantasear. Con un lenguaje adaptado a su edad por supuesto. Esto implica explicar la realidad de manera sencilla y sin mezclar ideas culturales o religiosas.

Aunque a las personas adultas nos puedan consolar, ayudar y sostener estas creencias pueden generar miedos infundados en los más pequeños, o grandes dudas sobre el funcionamiento de la realidad.

Aunque nos cueste hablar sobre la muerte de un ser querido, hacerlo en familia es reconfortante para todos sus miembros. Al fin y al cabo, es la forma de crear un espacio seguro de expresión emocional. Y qué mejor entorno que nuestra familia.

De hecho, recordar a los seres queridos alivia el sentimiento de pérdida porque nos acerca, nos permite empatizar de manera sencilla con nuestros seres queridos, genera cercanía.

En 2018 falleció mi padre, y fue un suceso muy doloroso. Una de las herramientas que más empleo en mi trabajo de acompañamiento emocional son los cuentos, así que para superar el mal trago, revise, busqué y compré varios cuentos de duelo, o que hablaban sobre la muerte. Ninguno me encandiló. A todos les encontraba algún pero ¿por qué?

En primer lugar, la mayoría estaban protagonizados por animales, en general los niños (y niñas) más pequeños se identifican mejor si los personajes protagonistas son niños (y niñas). Algunos pueden pensar que animales y personas se mueren de maneras diferentes.

En segundo lugar, una gran parte de ellos se centraban en el acto de morirse pero no en el duelo posterior, por lo que no cubrían la parte del proceso que me interesaba.

En tercer lugar, muchos de ellos manejaban ideas religiosas o culturales que, como ya he dicho, pueden confundir o generar miedos en nuestros peques. Más que nada porque suelen ser muy literales en su comprensión de la realidad, y pueden pensar que se están comiendo a sus seres queridos, o que se les van a caer encima porque están en el cielo, o cualquier otra cosa similar que les acaba generando preocupaciones.

Y en último lugar, muchos tenían un tamaño, forma o hechura que los hacía difíciles de manejar o trasladar para mis peques, sobretodo para la pequeña que en aquél entonces tenía poco más de 3 años.

Es por esto que he creado un cuento de duelo para acompañar a las familias en este proceso que podéis adquirir en este  enlace o en este enlace (versión en galego).

El ciclo de la vida
El ciclo de la vida

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Tips para organizar mejor tu vida familiar

La vida da muchas vueltas y además está llena de imprevistos, nos solemos dejar llevar por las inercias y los ritmos de trabajo son cada vez más acelerados. En medio de este caos, la vida familiar muchas veces se ve arrastrada por esta diligencia.

Comenzamos el día con prisas, llegamos al trabajo, al centro educativo o a donde sea con más prisas todavía y acabamos el día con la lengua fuera.

"Je me sens un peu déprimée, docteur", "Faites du sport!" "Estoy algo deprimida doctor", "Haga deporte!"
“Je me sens un peu déprimée, docteur”, “Faites du sport!” “Estoy algo deprimida doctor”, “Haga deporte!

 

Para escapar a este ritmo frenético y el estrés que lleva implícito hoy te traigo unos breves consejos que espero que te ayuden a organizar tu día a día con calma y enfoque.

1. Prioriza: sí ya lo sabes, te lo dicen en todas partes. Pero es que es la piedra angular. El tiempo que inviertes en un proyecto no lo puedes dedicar a otro.

Si dices que tu familia es lo primero y luego trabajas 60 horas semanales, te estás engañando a ti misma. Tu prioridad es tu trabajo. Y si es lo que realmente quieres está bien así; tu familia puede ser tu segunda prioridad en la lista pero mejor que seas sincera contigo misma.

Pero decir lo contrario es autoengañarte y eso te hará sufrir porque muchas veces te encontrarás pensando que deseas estar en otra parte. Esto me lleva a mi segundo consejo.

 

2. Conócete: saber cómo funcionas, cuáles son tus ritmos, tus momentos de mayor actividad, tus momentos de bajón, cuáles son tus deseos, anhelos, miedos, etc.

Te va a servir para establecer mejor tus prioridades y planificar con eficacia tu día a día y tus horarios.

Así, por ejemplo, si te cuesta madrugar podrás organizar las mínimas actividades/tareas imprescindibles por las mañanas; si tu momento de mayor actividad mental es a las 22.00 de la noche podrás organizarte para poder aprovechar ese momento; y si tu cuerpo necesita una siesta procurarás dejarte un hueco después de comer sin ningún tipo de compromiso.

 

3. Simplifica: si algo he aprendido de Marie Kondo es este concepto. Tener muchas cosas implica gastar más energías en cuidarlas, almacenarlas, ordenarlas y limpiarlas.

A más tiempo empleado en las cosas menos tiempo empleado en las personas. Y con nuestras actividades también pasa. A veces ocupamos cada hueco de nuestra agenda con miles de actividades, y no es necesario.

Está bien parar. Lo que enlaza con el cuarto tip.

 

4. Descansa: sí, descansar es vital. Planifica tus descansos.

Date tiempo a ti misma de no hacer nada.

De respirar.

Dormir.

Pasear.

Cualquier actividad que libere tu mente: algunas personas van a nadar y otras meditan.

Encuentra tu momento y agéndalo.

Respeta tus horas de sueño.

¿Y cómo lo hago? Puede que ahora mismo te veas desbordada por el día a día, por las circunstancias, o porque tienes la agenda que echa humo. Y es muy lógico que saques tiempo precisamente de tu descanso. Pero esto hace que siempre vayas sin energía, apagando fuegos, con el estrés a tope. ¿Realmente quieres vivir así?

 

5. Delega: lo sé, es complicado. En nuestro mundo la conciliación no es más que una palabra bonita.

Y lo que no podemos hacer por nosotras mismas cuesta dinero, o favores.

Por eso, en todos mis artículos, te digo que crees redes, que pidas ayuda a tu familia o a tus amistades. Es importante y da calidad de vida.

Cuando tu vas de culo: pides ayuda y cuando estás desahogada: la ofreces. Para eso están la familia y las amigas (y amigos, claro). Evidentemente es necesario mantener un equilibrio, ni es sano estar siempre pidiendo, ni tampoco estar siempre dando.

Y al hilo de todo esto te quiero recomendar que le eches un vistazo a la entrevista que realicé la semana pasada a una gran compañera que sabe mucho de organizarse y planificarse, ella es IBLBC (asesora de lactancia internacional) y madre de gemelos, de dos parejas de gemelos para ser más exactas. Ella es Gema Cárcamo y además de emprendedora y madre, es también una gran persona. Te dejo aquí la entrevista, en la que hablamos precisamente de esto, de cómo organizar nuestro día a día.

Entrevista a Gema Cárcamo

Si tienes ganas de saber más sobre Gema y su labor puedes visitar su página web y te recomiendo su canal de podcast que es genial.

Espero que te haya servido de ayuda y que tu vida sea plena y significativa, la sociedad ya se encargará de complicarla. Mejor estar preparada para ello.

 

el mar
El mar en A Coruña

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Educación Antirracista para familias

 

La semana pasada  entrevisté, en mi muro de Facebook, a mi compañera Desirée Bela-Lobedde, una afrofeminista muy activa en las redes sociales, madre de dos niñas, comunicadora y gran compañera emprendedora.

La labor de Desirée es francamente extensa, dentro de su faceta de escritora la podéis seguir en numerosas publicaciones, también es columnista habitual en Público, pero sin duda su mayor logro hasta la fecha es su libro: Ser mujer negra en España.

Hace ya tiempo que sigo su carrera y, para mí, es una gran fuente de inspiración porque me obliga a ver esa parte de mí de la que no soy tan consciente: la racista.

En esta entrevista nos viene a hablar de su nuevo programa de Educación Antirracista para Familias, que además de ser muy completo, nos invita a practicar la empatía y ha participar en la mejora de las relaciones interraciales. En este curso podrás:

  • Descubrir el antirracismo desde una perspectiva práctica y real del día a día.
  • Reaccionar ante un comentario o actitud discriminatoria e introducir el tema de la diversidad.
  • Explicar por qué no es apropiado disfrazarse con los trajes típicos de otras culturas.
  • Ofrecer a tu familia y a tu entorno otras historias con referentes diversos.
  • Identificar el síndrome del salvador blanco.

Cómo podrás ver, es realmente generosa y además, enseña desde el cariño, ofreciendo un espacio de seguridad para que tú puedas desmontar el racismo que llevas interiorizado (tú, yo y todas las personas blancas, claro).

De hecho, podrás ver cómo me equivoco en varias ocasiones y ella me corrige con absoluta delicadeza y amabilidad. Creo que es un gran punto a su favor, ya que el error es la base del conocimiento. Hay que cometer muchos para convertirte en una experta en cualquier materia.

 

Si te ha gustado y quieres apuntarte puedes hacerlo aquí.

Y si aún tienes ganas de conocerla más o de ver su trabajo puedes investigar su web.

Espero que este tema te haya resultado de interés, aquí sigo: ampliando redes.

Acompañar el duelo

Cuando escuchamos la palabra duelo parece que se nos encoje el corazón. No sabemos qué decir, cómo reaccionar. Muchas veces metemos la pata o nos invaden nuestras propias nostalgias.

El duelo es un proceso de pérdida emocional. Vivimos muchos duelos a lo largo de nuestra vida. No siempre están asociados a una muerte, perdemos relaciones, parejas, trabajos, situaciones económicas, salud… Y en todas ellas vivimos nuestros duelos casi en silencio y con un halo de “positivismo bienintencionado” por parte de quienes nos rodean.

El tema es que a veces lo único que necesitamos es que nos escuchen, que nos acompañen en silencio, que nos traigan una bebida caliente, que nos ofrezcan un abrazo o hombro en el que llorar.

Es tan fácil, y a la vez tan difícil, como callarse y estar.

Llevo tiempo hablándolo con amigas y personas cercanas, no sabemos acompañar los duelos, no sabemos estar. Parece que decir que todo se va a arreglar, que hay más peces en el mar, que puedes tener otro, que vivió una vida plena o que te vas a recuperar más pronto de lo que imaginas; puede servir de algo a esa persona que lo está pasando mal. Pero en muchos casos sólo sirve para que se sienta peor.

Incluso hay casos en los que se culpabiliza a esa persona por lo sucedido, si hubieras descansado más, si hubieras estado más atenta, si esto, si aquello… Es como intentar apagar un incendio echando gasolina.

También hay muchos casos en los que se intentan controlar los tiempos de las personas: tranquila date tiempo, es pronto para salir, o para volverlo a intentar (intentado frenar su propio proceso) O todo lo contrario: ya llevas mucho tiempo sin salir, te toca superarlo, recupérate, tampoco es para tanto, ya pasó (intentando acelerarlo).

Y es que es complicado transitar el duelo cuando a tu alrededor todo el mundo te dice lo que tienes que hacer, pensar o sentir. Evidentemente, cada caso es diferente, cada proceso lleva sus tiempos, a quienes estamos acompañando nos encantaría tener una cura mágica para sanar las penas y tristezas de la gente. Pero no hay.

En los asuntos emocionales no hay recetas, ni milagros. La única magia es observar y tener paciencia. Sentirse arropada y comprendida. A veces es difícil abrirse y confiar. Nos han enseñado a guardarlo todo dentro, a bloquear nuestros sentimientos y eso es lo que más complica estos procesos internos.

Además de que es lógico encerrarnos y protegernos si nos sentimos juzgadas, humilladas y/o atacadas. Tampoco nos da confianza hablar con alguien que está más centrado en buscar culpables, causas, consecuencias o soluciones. los duelos requieren presente. Aquí y ahora.

pecados capitales
Representación de os pecados capitales.

Dejar el pasado y el futuro aparcados. Eso es lo realmente complejo.

Nuestros cerebros buscan siempre explicaciones para poder trabajar en modo predictivo y así asegurarse nuestra seguridad.

En unos días celebraremos Halloween (aquí le llamamos Samaín) y el Día de Difuntos, y son días escogidos por la humanidad para celebrar la vida y honrar a los muertos, no es casual que sean a mediados del otoño (antes del invierno) y antes de que los días sean cortos y las noches largas.

El ciclo de la vida nos ha acompañado desde tiempos inmemoriales y aún nos cuesta entenderlo y aceptarlo, al menos socialmente. Existen mil maneras de acercarse a la muerte, cada cultura lo vive a su manera, no hay una correcta o incorrecta.

Hacemos lo que podemos con o que tenemos y eso está bien. Cada persona lo vive a su manera: algunas necesitan celebrar la vida, otras enfadarse con el mundo, otras encerrarse en sí mismas. Desde fuera nos puede parecer que ha pasado mucho o poco tiempo, nos puede chocar que esa persona pegue un giro importante a su vida.

Todo lo que podemos hacer es estar: estar presentes, escuchar, observar, preguntar y ofrecer desde el respeto y la humildad. Y tú, ¿cómo vives el duelo?

Restos plásticos en una playa
Restos plásticos en una playa.

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Tomando batidos

La alimentación y las curvas

Esta semana voy a contarte cómo descubrimos el método Aprende a Comer solo o alimentación dirigida por el bebé, mundialmente conocido como Baby Led Weaning (BLW). Vamos, comer comida real, sin purés, papillas y/o preparados comerciales. Y cómo esta decisión fue un peldaño más en nuestro empoderamiento familiar.

Nuestro primogénito padeció de reflujo gastroesofágico por lo que decidimos adelantar la alimentación complementaria, siguiendo la apolillada fotocopia que nos entregó la pediatra (pronto la cambiamos) con aquellas denostadas indicaciones de: comienza con cereales sin gluten en el biberón de la noche con cuatro meses, seguido de zumo de media naranja con media manzana cocida, o pera, o plátano con cinco meses.

Y no sigo porque se me encienden todas las alarmas.

Encontrarás multitud de métodos de introducción de la alimentación, no es que algunos sean buenos, otros malos y otros peores: no. Es que todo lo que rodea a la crianza va a depender siempre de TUS circunstancias y las de TU familia. Así de simple.

Nosotros empezamos con las indicaciones de la pediatra y no nos fueron bien, seguimos las indicaciones de Stivill y fue todavía peor. El conductismo no tuvo cabida en nuestra familia aunque llegara de manos amigas con muy buenas intenciones.

Y ahí es cuando ves que te faltan herramientas.

Así que leí. Mucho.

Sobre la alimentación

Tras ver un vídeo en Youtube de un bebé de 6 ó 7 meses comiéndose un zanco de pollo, se nos pasaron las dudas y decidimos probar con la alimentación autorregulada. Ahora ya existen muchísimos tutoriales: en vídeo, en blogs o en libros sobre el tema pero, en aquel entonces teníamos tres libros de referencia, yo sólo te voy a hablar de uno: El niño ya come solo”de Gill Rapley.

En él podrás encontrar las bases del BLW, los signos a los que prestar atención para poder iniciar la alimentación complementaria pero lo realmente valioso es que te explica lo que implica enseñar a comer y las secuelas físicas y mentales que posee nuestra relación con la ingesta de alimentos. A mí no me enseñaron a comer: me enseñaron a dejar el plato limpio, que es algo muy distinto.

Probando pepinillos
Probando pepinillos

Así comenzamos esta aventura, porque claro, te sientes pionera: como si los seres humanos hubiéramos evolucionado con los purés desde la caverna. Y la sociedad entera te llena de miedos: “¿Y si se atraganta?”, “¿Y si no come lo suficiente?”, “¿Y si le da alergia?”. Tú quieres siempre lo mejor para tu peque.

Y además, nosotros jugábamos en la liga de por debajo de la curva. Nuestra pediatra de aquel entonces nos torturaba con las tablas de las curvas de crecimiento en cada visita. ¿Cuánto come?, ¿Cada cuánto?, ¿Ya habéis introducido los cereales?

La cabeza me daba vueltas.

Hasta que escuché esta conferencia de Carlos González en la que explica claramente que “las gráficas de peso no son caminitos que deben seguir los bebés”. Entre muchas otras informaciones de interés. Pero a mí esta frase fue la que me resonó porque nuestro hijo siempre estuvo por debajo de la raya, tanto en peso como en altura, tal vez la genética tenga algo que ver en el asunto.

Si escuchas la charla, lees el libro o revisas la multitud de blogs que hablan de BLW obtendrás toda la información necesaria para introducir el método, si es el que se adapta a tus necesidades y las de tu peque.

Sobre las curvas

Como bien explica Carlos González el problema de las curvas de crecimiento (peso y altura) es que se están empleando de manera errónea por protocolo y esto es muy peligroso para la salud pública, esto es, ya no sólo la de tu bebé, sino que influye en la salud de toda la infancia. Y esto es un problema grave.

Mi reflexión sobre este asunto, como ya sabes, más allá de juzgar la validez o no de un método, de un protocolo o de un hábito viene siempre de la mano de las emociones y de su repercusión en nuestras vidas, en nuestra sociedad y en el futuro de nuestras hijas e hijos (que es lo verdaderamente relevante).

Y aquí es donde tenemos que pararnos y preguntar:

¿De qué le sirve a una familia que su pediatra haga del peso el mayor problema de salud?

¿Para qué ponemos el foco ahí? ¿qué lógica preventiva encierra? ¿tiene sentido que tu pediatra te indique qué comer, cuánto comer, cómo comer? ¿y además lo haga sin dar ningún tipo de explicación o razón médica?

¿Qué consecuencias tiene no aprender a comer? ¿y qué consecuencias tiene no saber regularse?

Lo sé, lo sé: traigo más preguntas que respuestas. Y ese es mi objetivo: cuestiona, duda, observa, infórmate. Y después: medita, analiza y decide.

¿Qué es aprender a comer bien?

Esta es una de las preguntas que debes responder con sinceridad. Puede que incluso te hagas consciente de tus creencias al respecto.

Comiendo helado
Comiendo helado

¿Qué es comer bien? ¿Vaciar el plato? ¿Comer de todo? ¿Hacer cinco comidas al día? ¿Desayunar mucho, comer menos y cenar poco?

¿Comer muchas verduras? ¿Ingerir pocas grasas? ¿Evitar los lácteos, el gluten, el azúcar? ¿Evitar los productos de origen animal? ¿Evitar los alérgenos?

¿Qué es para ti comer bien? ¿Cómo quieres que coma tu bebé? ¿Cómo quieres que coma cuando sea una persona adulta? 

Estas cuestiones son las que debemos pensar detenidamente antes de tomar ninguna decisión al respecto, porque así como las curvas de crecimiento no son caminitos, las pautas de tu pediatra tampoco. Cada bebé es diferente y tiene necesidades diferentes.

Tu bebé es original, único, extraordinario, singular. Y tú eres quien mejor le conoce.

Tomando batidos
Tomando batidos

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Nuestra primera mochila

En brazos se acostumbran

Cuando nació mi primer hijo también nació en mí la necesidad de cuidarlo como una auténtica leona. Mi parto fue uno de esos partos medicalizados, horribles y traumáticos. De esos en los que entras en una cascada de intervenciones que acaban con tu bebé en la UCIN y contigo destrozada física, mental y emocionalmente.

Pasé una semana en la que lloré mucho. Muchísimo. Algunas personas me dijeron que lo mío era una depresión postparto. Ahora que lo puedo ver en la distancia diría que se equivocaron. Creo que lo mío fue un Síndrome de estrés postraumático tras sufrir un claro caso de violencia obstétrica. Pero esto es otra historia.

A lo que iba, cuando logramos sacar a mi hijo del hospital, decidí que tenía que recuperar mucho tiempo perdido. Y decidí que lo iba a tener en mis brazos todo el tiempo que yo pudiera (mi hombre creo que pensó lo mismo).

Así que nuestro pequeño llegó a casa con dos biberones de leche maternizada artificial que estuvieron 24 horas en la nevera para después irse por el desagüe del fregadero porque mi misión en esos días era tenerlo en mi pecho día y noche. Sin descanso. Motivación máxima.

Así lo hice, (o lo hicimos) y si no estaba en mis brazos estaba en los brazos de su padre. Quiso el destino que tras ocho meses descubriera el mundo del porteo por pura casualidad. Casi sin pensarlo compré nuestra primera mochila; llegó como agua de mayo, porque mi espalda se empezaba a resentir de lo lindo (tengo una doble discopatía lumbar y cervical que de vez en cuando me da la lata). De mi suelo pélvico os hablaré en otra ocasión.

Y así pasamos los días, los meses y los años…

Pero claro, nuestro entorno de aquel entonces era reacio a todo lo diferente. Nos llovían los consejos no solicitados. Las críticas destructivas. Las sentencias sobre nuestra forma de criar. Era agotador. Una lucha constante.

¿Cómo hacer frente a las críticas?

Al principio todo era a la defensiva. Justificando cada paso y cada decisión. Esto era muy cansino. Hacía mella en nuestra autoestima y en nuestra autoimagen. Hacía que dudásemos de nuestras intuiciones y de nuestras decisiones como padres (o madre y padre).

Después vivimos una breve fase de aislamiento, nos retiramos a nuestra “cueva” o dicho de otra manera “hogar”, aunque para nosotros era más un refugio. Tampoco nos duró mucho. Vivimos en una sociedad que exige atención. La familia reclama visitas, pide “favores”, necesita que estés allí.

Finalmente, logramos empoderarnos, sí, no fue fácil. Hemos ido aprendiendo a decir que no. A poner límites. Pero no sólo a nuestros peques, sino a todos nuestros familiares. Porque el tiempo es limitado. La paciencia es limitada. La energía es un bien escaso. Lo que inviertes en una parte no lo haces en otra.

Cuando te empoderas te pasan cosas geniales. Dejas de dar explicaciones. Se despejan las dudas. Pasas de ser un manojo de nervios a ser una persona templada. Cambias tu relación con la autoridad. Dejas de necesitar evadirte a cada rato.

De pronto, te das cuenta de que únicamente tienes control sobre dos cosas: tus pensamientos y en qué inviertes tu tiempo.

¿Y qué tiene esto que ver con la Crianza en Brazos?

Pues es sencillo, leerás en todas partes los beneficios que tiene para tu bebé. Que son muchos. Este viernes 11 a las 11.00 tendré una invitada especial en mi muro de Facebook que nos hablará de todos ellos. (Colgaré la entrevista después para que no te la pierdas).

Pero pocas veces te van a hablar de los beneficios que tiene para ti. Y menos aún te hablarán de la cantidad de creencias limitantes que te van a remover por dentro. Además de la seguridad, de la comodidad y de la libertad que te aporta el porteo.

Criar en brazos te va a cambiar tus estructuras mentales (o no).

  • Te va a permitir mayor control sobre quién se acerca a tu bebé, quién le toca, quién le besa.
  • Te va a generar un gran bienestar poder oler a tu bebé, poder notar su respiración, su latido.

Y eso se traduce en calma y confianza en ti. (Seas madre o seas padre).

De paseo
De paseo

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Familia

Problemas emocionales e instituciones públicas

Llevo toda la semana preguntando en mi muro personal de Facebook sobre problemas emocionales. ¿Por qué?

¿Crres que el sistema educativo/sanitario/judicial está preparado para solucionar problemas emocionales?
Preguntas en Facebook

En primer lugar, porque veo grandes carencias en nuestra sociedad al respecto. Y tal vez sea el momento de llenarlas. La educación emocional está dando gran valor a nuestras vidas, está resolviendo multitud de situaciones, y veo que sería de gran utilidad para todas las familias que “se pusiera de moda”.

En segundo lugar, porque desde hace años veo que lo mejor para solucionar problemas (sean del tipo que sean) de una manera eficaz es trabajar en la prevención. Si evitas el problema, si no lo generas, pues fenomenal: sufrimiento que nos ahorramos todos.

En tercer lugar, porque mientras no exijamos regeneración, mejoras o actualizaciones: el sistema se va a resistir a cualquier cambio. Y sinceramente, está en juego nuestra salud y la de nuestras familias.

Una amiga, muy sagaz, me preguntó: ¿Qué es un problema emocional?

Bien, es una pregunta certera, las palabras sin significado concreto dan lugar a malas interpretaciones y malos entendidos. Es algo que sucede hasta con conceptos aparentemente sencillos y hasta con características físicas como una plaza o un parque; así que sin duda sucederá con un concepto abstracto como “problema emocional”.

Para mí existen diferentes expresiones de un problema emocional.

  • Puede ser que una emoción te embarga y no eres capaz de salir de ella, como por ejemplo la tan temida “rabieta” de un niño de 2 años.
  • Puede ser una emoción bloqueada, que no se ha dejado salir, acompañar o transitar, como por ejemplo esa frustración que sientes cuándo una persona importante para ti te ha dado varios plantones pero tú no le has dicho nada, ni mucho menos mostrado tu malestar.
  • Puede ser una emoción que encubre a otra, como por ejemplo una tristeza que enmascara un enfado o un enfado que está ocultando un profundo asco, y entonces no sabes qué es lo que te está pasando.
  • Puede ser que te han enseñado a poner el foco en el lugar equivocado, durante muchos años, y ahora no eres capaz de respirar sin un amuleto, un placebo o un medicamento, porque lo bueno de la vida queda oculto y sólo eres capaz de ver lo malo, lo peligroso, lo nauseabundo.

En cualquier caso, un problema emocional nos genera desasosiego y malestar. Por tanto, es importante que aprendamos a gestionarlo, solucionarlo, acompañarlo, transitarlo… Existen muchas formas de expresar lo mismo, y dentro del ámbito de las emociones podemos emplear cualquiera de estas formas. Pero al final, lo realmente importante es que tú y yo necesitamos ayuda muchas veces y vamos como pollo sin cabeza: rebotando de un lugar a otro, sin saber a quién acudir.

Porque las instituciones (sean de la titularidad que sean: públicas, privadas o concertadas) no están dando soluciones efectivas a nuestros problemas emocionales. De hecho, como muchas personas han comentado, “en multitud de casos se dedican a generar más”.

Y aquí es cuando un problema se convierte en la Odisea de Ulises. Porque resulta que tu hijo llora cada mañana para ir al colegio, o más bien para no ir. Y hay días que hasta se aferra a la pata de la cama. Y tú te desesperas.

Y tu pareja se desespera.

Y vas a hablar con el tutor: “Nada. Aquí está todo bien”. “Es cosa vuestra. Lo tenéis sobreprotegido”. “Está muy mimado. Os torea”. (Pon aquí la frase que más te convenga)

Y aquí empieza una cascada interminable de conflictos.

Uno se fía del criterio ajeno y otro se fía de su intuición y de los lamentos de su retoño.

Discusiones.

Tensión.

La primera institución que debería haber aportado soluciones, crea problemas. La escuela es el pilar fundamental de la educación y de la socialización entre iguales. Y en educación emocional está anclada en el siglo XVIII, es que ni siquiera ha llegado el siglo XIX a ella. Y encima cuando hablamos de neuroeducación se inventa un montón de mitos para permanecer estancada.

Llega un momento en el que te encuentras mal. Tu pareja también. Tu hijo empieza a tener regresiones, no quiere crecer, quiere volver a ser un bebé. ¿Y qué haces? Acudes a la médico, al pediatra, tal vez a un psicólogo o psiquiatra.

Medicación para toda la familia en un abrir y cerrar de ojos.

La tensión va en aumento. Nadie te entiende.

Tu hijo te preocupa.

Tu pareja te preocupa.

La escuela te preocupa.

La segunda institución implicada en la obtención de soluciones, guía o como mínimo información te ha fallado estrepitosamente. Es verdad que la medicación te mantiene “calmada” al menos una gran parte del día pero no ves avances.

Tal vez, si tienes la suerte de poder pagar la terapia, veas la luz al final del túnel, o puede que te ayude a relativizar lo que le sucede a tu familia.

Si tan sólo puedes acudir a la unidad de salud mental de tu centro de salud de referencia (es muy poco lo que obtienes) tal vez una o dos sesiones al año (¿en serio?). Esto es todo lo que podemos obtener de una institución básica, necesaria y que debería ser universal en el acceso a la terapia (sea del tipo que sea) y más si hablamos de la salud mental de un niño.

Total, que a nadie parece importarle que tu familia sea un manojo de nervios y estrés en vez del refugio que tú y tu pareja habíais creado. Ya no es un “hogar dulce hogar”.

Empieza a parecerse al infierno.

Te duele la cabeza. O el estómago. O la espalda. Más medicación.

Y un día, sin saber de dónde, aparece una voz en tu cabeza. ¡Ya basta!

¡Se acabó!

Decides que mejor cada uno por su lado, que tu hijo se va a adaptar mejor a una familia separada que a seguir en ese colegio. Que ya no puedes seguir viviendo en un ambiente tóxico. Y tu hijo menos.

Así que acudes al juzgado, o al colegio de abogados, o al servicio de mediación. Y ¡tachán! Es todo muy complejo. Cuesta arriba. Nadie trabaja por el win-win.

A nadie le importa tu hijo. A nadie le importa tu pareja. A nadie le importas tú.

Lo único que existe es un protocolo estándar para todas y cada una de las familias que por allí pasan. Independientemente de su situación, estado, gravedad del conflicto, intensidad de la angustia vivida, etc, etc, etc.

La tercera institución que debería dar algún tipo de solución o guía para tu salud emocional y la de tu familia te está aplicando un cortapisas en el que, si encajas fenomenal, y si no: ¡apáñatelas!

Porque en un proceso de mediación debería atenderse al bienestar de toda la familia pero especialmente a la de la infancia. Y en un proceso judicial deberían de tenerse en cuenta todas las circunstancias particulares de esa familia que está traumatizada.

Y esto es algo obvio: Una familia feliz no va a solicitar una demanda de divorcio. La familia que se rompe necesita apoyo emocional, tal vez terapia psicológica. Un sistema que ayude a transitar un proceso doloroso.

Esta historia es tan sólo un ejemplo de los muchos casos que atiendo. Existen muchas otras situaciones en las que nuestras instituciones nos dejan abandonadas:

  • En el duelo por la muerte de un familiar.
  • En cualquier clase de enfermedad mental y/o psicológica.
  • En la explotación laboral.
  • En el acoso escolar.
  • En el acoso sexual..
  • En el acoso laboral.

Y suma y sigue… Y en todos esos casos: ¡Búscate la vida!

Cuando nos han educado para callar y obedecer.

Cuando nadie nos ha explicado cómo funciona el sistema.

Cuando hemos llegado aquí tras una cascada de conflictos que jamás habría tenido lugar si nuestro sistema educativo se actualizara y se diera cuenta de que vivimos en pleno siglo XXI.

Por último, hice la siguiente pregunta:

¿En dónde crees que deben resolverse los problemas emocionales?
¿En dónde crees que deben resolverse los problemas emocionales?

Y la mayoría de la gente respondió que los problemas emocionales son cosa nuestra. Que se resuelven en la intimidad. Que las instituciones no se deben de ocupar de ellos, o que no saben ocuparse de ellos.

Sin embargo, como ya dije antes, a mí me gusta trabajar en la prevención. Y las instituciones tienen mucho que aportar en este ámbito. Se pueden mejorar enormemente los mecanismos y protocolos.

Se puede empezar por evitar que un niño, o una niña, llore desesperadamente porque no quiere ir al colegio.

Se puede enseñar empatía.

Se puede aprender escucha activa.

Se puede enseñar a gestionar los conflictos.

Se puede aprender asertividad.

De verdad, se puede lograr y tú también puedes colaborar en la prevención.

¿Solucionas problemas o gestionas problemas?
¿Solucionas problemas o Gestionas problemas?

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