Cómo encontrar un hombre brillante

Brillante en el sentido de que su sabiduría e ingenio no nublen su vida personal, en el sentido de que su brillo no te ciegue. Imagino que si estás leyendo esto es porque sientes que de alguna manera aún no has encontrado a “tu hombre ideal” o puede que lo hayas encontrado y sientes curiosidad por lo qué voy a contar.

A la hora de buscar pareja llevamos una carga cultural importante, hemos tragado con miles de creencias sobre “la media naranja”, el “amor romántico”, que juegan con tu valor personal. Con tu autoestima, con tu capacidad de recuperarte de los “fracasos” sentimentales.

Y claro, a cualquier hombre le pasa lo mismo, pero su mochila de creencias van en otra dirección: “que no me aten”, “que no se dude de mi masculinidad”, “que no me manipulen”, que llevan mensajes muy diferentes y contradictorios a los que nos han inculcado a las mujeres.

Este hecho hace que sea complejo establecer una relación sentimental duradera. Existen multitud de barreras interiores y exteriores para “atarte” a una persona. Desde barreras puramente físicas como la distancia, a barreras sociales como una familia en la que no encajas.

Pero de todas las barreras, las más difíciles de superar son las mentales. Cambiar esas creencias es lo que sin duda, estropea muchas relaciones. Una de las situaciones más habituales en una ruptura es la falta de confianza.

Cuando falta la confianza aparece en una relación, parece imposible recuperarla. ¿Y qué desencadena este hecho? El engaño. Siempre lo digo: El engaño es libre pero no gratuito. Puede que creas que dicho engaño es sólo de una persona hacia otra pero el más habitual es precisamente el que nos hacemos a nosotras mismas.

El autoengaño es el rey de todos los engaños: es difícil de detectar. Difícil de asumir. Difícil de solventar.

¿Y qué tiene esto que ver con encontrar a un hombre brillante?

Pues todo. Un hombre con una buena autoestima no se va a sentir amenazado por una mujer empoderada, lista, indecisa, fuerte, segura de sí misma, vulnerable, que se cuida, que tiene su propia carrera profesional o que se centra en la crianza de sus hijos e hijas.

Un hombre honesto, sincero y que va más allá de los modelos sociales, se va a preocupar porque la comunicación sea fluida, será sincero con sus sentimientos y emociones, independientemente del “qué dirán”.

¿Necesitas un hombre en tu vida? ¿cualquier hombre? ¿a cualquier precio?

Sé sincera contigo misma: busca dentro de ti: ¿qué buscas en un hombre? ¿pasión? ¿aventura? ¿fama? ¿cuidado? ¿cuerpo? ¿humor? ¿inteligencia? ¿atención? ¿aprobación?

Y todo esto que buscas en un hombre: ¿para qué lo buscas? ¿existen otras formas de encontrar eso mismo?

¡Vaya! Venías buscando respuestas y te traigo un montón de preguntas. Sí. En función de tus respuestas, sabrás ver, con claridad, las señales en el hombre que tienes enfrente, o a tu lado. Y así te darás cuenta de si sólo eres un medio, un entretenimiento, o una distracción para él. Sabrás si quiere crecer contigo. Sabrás si se preocupa por tus intereses. Verás si está dispuesto a construir una relación sincera y saludable.

¡Ojo! Otra creencia que llevamos escrita a fuego es que: una vez encontrado ya seréis felices para siempre. Que las cosas no cambian y las personas menos. Y esto también es un mito. Las relaciones son como los jardines requieren atención y cuidado diario sino se llenan de alimañas y malas hierbas. Y por eso, a veces, toca reencontrarse. Desbrozar a fondo o renovar el riego.

En esto he tenido mucha suerte, camino al lado de un hombre sabio, que me da soporte y consuelo, somos un equipo aunque a veces también nos toque arrancar malas hierbas. Lo importante es que además de querernos, nos entendemos, nos comunicamos y buscamos juntos las soluciones a los obstáculos que nos encontramos en nuestro día a día. ¿Y tú? ¿Compartes con un hombre brillante?

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¿Se puede modificar el odio?

Es una pregunta que a menudo me pregunto cuando hablo con amigas que trabajan en los juzgados, o en los servicios sociales. A veces, intercambiamos impresiones sobre casos que tratamos o de los que nos hablan, incluso de los que saltan a los medios de comunicación.

Y claro, debatimos sobre emociones porque cuando una familia llega a un juzgado o a servicios sociales es porque su historia está llena de sentimientos, de entre los cuáles, el odio es muy habitual.

Mira que llevo años trabajando en este tema y me sigue sorprendiendo como dos personas que se juraban amor eterno pueden llegar a odiarse hasta límites insospechados.

Y es que el odio es un sentimiento que bebe de muchas fuentes: la ira, el asco, la tristeza, el miedo.

Cada relación personal tiene una química muy concreta que, cuando cambia y se transforma, resulta complicado recuperar un equilibrio emocional.

Una de las cosas que solemos comentar es que las relaciones se enquistan por miedo a ampliar la zona de confort. En muchas ocasiones, dos personas ya no se quieren, o se quieren pero no son capaces de convivir, y en vez de dejarse; siguen juntas hasta que no pueden ni verse (o una de ellas se muere).

Evidentemente, estos procesos no suceden de la noche a la mañana. Y no es algo exclusivo del ambiente familiar. Aunque sea el ámbito en el que estoy especializada, estos ciclos se dan en multitud de áreas: trabajo, formación, vecindad, aficiones, cultura, religión, hábitos… Cualquiera que te venga a la mente.

Existen tantas formas de odiar como de amar: infinitas.

Por eso, para algunas personas el término odiar es muy fuerte. Es como el culmen. Existen multitud de sinónimos: aborrecer, molestar, incordiar, despreciar, maldecir, detestar, rechazar… y sin embargo, parecen menos duros. El odio es lo peor que alguien te puede profesar.

Pero vamos al meollo de este artículo: ¿se puede cambiar el odio?

Claro, por poder se puede. Pero el único motor de cambio cuando hablamos de emociones y sentimientos es: la voluntad propia.

Y es que el odio también tiene sus ventajas. La sed de venganza es poderosa. Y más cuándo la combinamos con otros sentimientos: la injusticia, la indignación, la inseguridad, el horror, el poder.

Esto lo vemos claramente cuando uno de estos casos llega a los medios de comunicación de masas y prácticamente se hace un juicio paralelo en ellos. Pero claro, se hace sin pruebas, sin testimonios, sin veracidad, sin control, sin reglas… Se hace sobretodo desde el sentimiento, desde las vísceras. Y así se ha impartido la justicia durante muchas décadas, es más: durante siglos.

Y así se han condenado muchos inocentes, y se han salvado muchos culpables.

El sistema que tenemos no es perfecto, ni tampoco puede garantizar la venganza. Tan sólo puede intentar la rehabilitación de los individuos. Y claro, aquí es dónde las personas que vemos de cerca cómo funciona nos hacemos estas preguntas: ¿se puede rehabilitar a todo el mundo?

Pues no. Si una persona no quiere cambiar, no lo va a hacer. Pero es que además, cambiar es un proceso, y algunas rehabilitaciones son para toda la vida, y hasta puede haber recaídas, y aquí es dónde nuestro sistema falla estrepitosamente. Porque algunos procesos descartan lo emocional de tal manera que lo que logran es aumentar la intensidad del odio, cuando lo que necesitamos es que lo diluya.

Todas conocemos algún caso así:

Una persona que se ve inmersa en un proceso judicial, burocrático, extenuante, en el que se juega algo vital. Y se vuelve loca. Y hace algo drástico. Y la sociedad la juzga. Y entonces hace algo peor.

Y por si fuera poco, nunca nos ponemos en su piel, porque lo que ha hecho no tiene justificación lógica. Porque ni tú, ni yo, ni nadie en su sano juicio haría algo así. Por lo que intentar comprender esa conducta y esos hechos se vuelve algo nauseabundo. Es algo que también me fascina de la gente que escribe o investiga sobre crímenes.

Hace años, vi una película que hablaba de esto, se llama “Tinta roja”, en ella un periodista le explica a su aprendiz que no debe juzgar al escribir unos hechos, y le suelta una frase demoledora pero llena de sabiduría: “la única diferencia entre ese pobre diablo y tú, es que vos lo pensaste pero él lo hizo, nunca sabes a dónde te puede llevar la vida.”

Es precisamente por esto que a mí me cuesta posicionarme con los casos que se hacen públicos. Porque no tengo ni idea de los hechos, ni de las pruebas, ni de los testimonios. Para mí el gran fracasado, el gran culpable es el sistema. Y encima ni siquiera aprende.

Uno de los consejos que doy a todas las familias que acuden a mí, incluso antes de haber cobrado es este: “Solucionad todo lo que podáis entre vosotros, en el momento que interceda una institución en vuestro problema os va a aplicar un protocolo y ahí, vuestros intereses no le van a importar a nadie que decida.”

Y así vamos, por eso trabajo en la prevención, es en dónde la esperanza se muestra con mayor magnitud y eso hace que cuando tengo que trabajar ampliando mi zona de confort, valga la pena.

He llegado a la conclusión de que cambiar el sistema es tan complicado que es más sencillo enseñar a las personas cómo comportarse para no tener que usarlo.

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La bofetada pedagógica

Este es un tema recurrente, cada cierto tiempo, se vuelve a hablar sobre si se puede emplear la violencia para educar a niños y niñas, aunque sea como medida excepcional.

Y aunque, yo trabajo cada día para que esto cambie, mucha gente todavía piensa que es legítimo, que está bien, y que es incluso una herramienta pedagógica pegar a un menor cuando su actitud es desafiante, o no quiere obedecer.

En este vídeo, os cuento mis propias reflexiones al respecto.

 

No creo que a nadie en este mundo le guste recibir bofetadas, ni cachetes (nalgadas), ni collejas, ni pellizcos, ni zarandeos…

Y menos, cuando es porque quieren obligarte a hacer algo que ni quieres, ni has pedido.

Soy la primera en comprender la frustración de una persona adulta ante una actitud desafiante y negativa de un niño o niña, y también en entender que en ese momento caótico y desesperante se te pueda ir la mano pero, está mal.

Está peor que mal.

Es un fracaso.

Es un error.

Y como persona adulta sabes que no debes hacerlo. Sabes que ese peque merece una disculpa. Y merece que te pongas a su nivel, le mires a los ojos y le expliques que te has equivocado, que nadie merece ese trato, que lo sientes y que no volverá a suceder.

Y en tu mano está encontrar herramientas para cumplir tu promesa. Para cumplir ese pacto de tratar con respeto a todo el mundo, y más a quienes necesitan protección y cuidado.

Porque lo que no nos podemos permitir es justificar la violencia, ni el maltrato.

La educación que necesitamos para hacer de este mundo un lugar mejor pasa por revisarnos a nosotras mismas y crecer, aprendiendo a ser más asertivas y responsables. Porque somos el ejemplo de quienes vienen detrás.

Ya no funciona eso de: “Haz lo que te digo y no lo que hago”.

De eso va mi trabajo, de transmitir, difundir y enseñar herramientas de comunicación, educación emocional, gestión de los conflictos, búsqueda de soluciones creativas para el día a día en familia.

Puedes contactar conmigo aquí

 

LA CONCILIACIÓN FAMILIAR NO ES UN PRIVILEGIO

Hoy vengo escandalizada, así ojiplática, por si no fuera suficientemente complicado conciliar nuestra vida laboral y familiar, teniendo que hacer auténticos malabarismos con horarios y vacaciones, por si fuera poco tener que lidiar con jefes, jefas, jefazos y jefazas, ahora resulta que nuestros pobres compañeros y compañeras solteras se quejan de que, por culpa de sus compañeros (y compañeras mayormente) con familia, ellos no pueden conciliar (ojo, conciliar) su tiempo libre y de ocio.

Es que no sé ni por dónde empezar.

Voy a ir punto por punto, intentando desmontar los argumentos que me han esgrimido en una conocida red social dedicada al empleo. Aún estoy alucinando.

1.- TENER HIJOS ES UNA DECISIÓN PERSONAL Y TIENES QUE APECHUGAR CON LAS CONSECUENCIAS. Olé, olé y olé… Pero qué bien han calado ciertos mensajes en la sociedad. De verdad, vaya mierda de educación sexual que tenemos en este país, es que parece una frase sacada de cualquier película o serie de adolescentes americana.

Vamos a ver, en primer lugar, en una sociedad ideal seguramente ser madre (o padre), será una decisión consciente,meditada e informada pero, os aseguro que no es esa nuestra realidad.

Existen muchos motivos para tener hijos, tantos como para no tenerlos.

Apechugar con las consecuencias es algo que haces a lo largo de toda la vida, y cuando sueltas esta lindeza por la boca, tarde o temprano te la pueden devolver. Otra cosa es ser responsables de nuestras decisiones. Y sí, en eso estamos la mayoría de las familias: somos responsables de nuestra descendencia.

Por eso, la mayoría de las familias se cojen las vacaciones en Agosto, Semana Santa y Navidades, para poder estar con sus hijos e hijas, para poder educarles, para que sepan que les queremos y esas cosas que hacemos los padres y las madres. Y no lo hacemos por fastidiar a nadie, ni mucho menos a nuestras compañeras y compañeros de trabajo, lo hacemos porque es cuando han decidido poner las vacaciones escolares.

A lo mejor hasta pedimos cambiar un turno para poder ir a una de esas maravillosas funciones escolares que suelen poner en viernes, pero es que tampoco decidimos las familias sobre esos eventos.

2.- YO DECIDÍ NO TENER HIJOS PARA TENER TIEMPO LIBRE Y AHORA NO PUEDO POR CULPA DE MIS COMPAÑERAS CON FAMILIA, pues mira, ahora que has visto el percal,tal vez sea un buen momento para repensar ciertas cosas, no sé, no digo que te pongas a tener hijos,pero tal vez, y sólo tal vez, deberías hablar estas cosas con tus jefes, jefas, jefazos, jefazas… Y que contraten personal temporal para sustituciones,o para hacer horas extras.

Llegadas a este punto, me imagino a las grandes empresas de este país, muertas de risa, mirando como nos peleamos unas con otras mientras ellas siguen con sus prácticas abusivas, mientras siguen pagando salarios miserables, mientras siguen “obligando” a sus trabajadores y trabajadoras a hacer más horas extras sin pagarles un solo euro.

Y es que creo que habéis errado con el foco de vuestras quejas.

3.- MIS VACACIONES DEPENDEN DEL HORARIO DE GUARDERÍA DE MIS COMPAÑERAS, y las de tus compañeras también, que ya os digo yo que muchas familias preferimos marcharnos en Septiembre o en otras fechas que todo es mucho más barato, está menos saturado y recibes mejor servicio que en Agosto.

Pero, si la guardería cierra en Agosto qué van a hacer tus compañeras? Llevarse a sus retoños al curro? Uys no, no, no…

Pues eso, las reivindicaciones a la empresa,o en su defecto a la administración pública y ya que estamos, a ver si nos amplían la baja por maternidad, que así no dependemos del horario de las guarderías.

  • 4.- LAS TRABAJADORAS Y TRABAJADORES CON HIJOS TIENEN MUCHOS PRIVILEGIOS A LA HORA DE ELEGIR LOS HORARIOS EN LA EMPRESA, esta es de traca, debe ser la primera vez que leo juntas trabajadora con hijos y privilegio en la misma frase.

Alguien duda de que en el mercado laboral, tiene más facilidades una persona sin familia que una con familia?

Si tienes familia y quieres jornada reducida, no sólo tienes que pelear para que te la concedan, si no que también cobras menos. Si pides una excedencia laboral por cuidado de familiares dependientes, lo mismo. Si no tienes disponibilidad horaria no te promocionan, ni te dan puestos de responsabilidad… De qué privilegios estáis hablando?

Y ya que estamos metidas en materia, os voy a contar un secreto: las medidas de conciliación laboral son un derecho de la infancia. Son los niños y niñas quienes tienen derecho a estar con sus padres y madres el máximo tiempo posible.

También es una decisión personal ser hijo o hija?

5.- NO TENGO HIJOS Y NECESITO CONCILIAR MI VIDA FAMILIAR, pues claro, las trabajadoras con hijos no son las únicas que están adscritas al régimen de conciliación. Si tienes personas dependientes a cargo también puedes solicitar tus reducciones de jornada, tus excedencias, etc. Entiendo que existen muchos tipos de familias, y eso está bien, y entiendo que no quieras que la empresa en la que trabajas te de los peores horarios, te alargue las jornadas laborales, te “obligue” a hacer horas extras… Nadie quiere eso, pero qué culpa tenemos las trabajadoras con hijos e hijas? Insisto, esas reclamaciones a vuestras empresas, a vuestros jefes, jefas, jefazos y jefazas. Y ya que estamos, el próximo 28 de Abril, pensad bien a quién vais a votar. Pensad qué partidos están a favor de los abusos del mercado laboral.

Pensad qué partidos están a favor de la conciliación, de las jornadas continuas, de la reducción de la jornada laboral, de las medidas fiscales a favor de la ciudadanía.

Y hasta aquí, lo dejo por ahora, por si acaso repito el secreto: Las medidas de conciliación son un derecho de la infancia. Son niños y niñas quienes tienen derecho a estar con sus madres y padres. Y tú qué opinas?

Quién piensa en l@s niñ@s?

Veo en las noticias el caso del parricidio en Godella y todos los comentarios que se generan alrededor de esta desgracia y siento el impulso de hacer una reflexión al respecto: en qué momento empezaron a importarnos?

Es cierto que a algunas personas le importa mucho la vida de los niños y niñas antes de nacer. A muchas otras les escandaliza ante casos extremos en los que: se suicidan porque ya no aguantan el bullying, los matan las novias de sus padres, los asesinan sus propios padres y/o madres, aparecen cadáveres en una playa o bien enjaulados en una frontera.

Pero, por qué no nos volcamos antes de que sucedan todas estas injusticias? Tal vez muchas pensemos que para eso pagamos impuestos, para que se ocupen de ellos los Servicios Sociales… No vamos a ser nosotras, las ciudadanas de a pie las que podamos intervenir o hacer algo. Y en cierto modo, es cierto, no podemos hacer mucho. Pero tal vez sí podemos hacer pequeños gestos.

Está en la naturaleza de muchas no tomar partido, no implicarse, evitar el conflicto… Y está bien,es totalmente legítimo y comprensible. A veces, no merece la pena meterse en un jardín. Lo que sí podemos hacer es dejar de ser cómplices de algunas conductas. Dejar de pensar en lo malo que es ser “el chivato”, al menos en ciertas ocasiones.

Os voy a contar algo que me sucedió hace años. Yo vivía en una de esos pueblos de extrarradio que llaman ciudad dormitorio. En un edificio enorme con muchas viviendas en cada piso. Un día se mudaron unas vecinas nuevas a la puerta de al lado, entre semana escuchábamos muchos gritos,llantos y todo tipo de discusiones acaloradas en otro idioma. Y el fin de semana era todo fiesta, música alta, jarana y risas.

Así era su rutina, y a mí tampoco me molestaba porque yo solía trabajar mucho y, casi no estaba en casa. Un día, cuando entraba en el portal, salía una de mis vecinas con un chico que le dio un bofetón que la tiró al suelo… Rápidamente me acerqué y le pregunté si estaba bien, ella me dijo que sí, que estaba bien. Yo le dije que no se merecía ese trato. El chico la ayudó a levantarse y me dijo a mí que lo sentía mucho que no había sido su intención, que todo estaba bien.

Yo me quedé con la mosca detrás de la oreja, así que cuando me fui a tomar un café con mi vecina de enfrente, se lo comenté. Y ella me dijo que también había visto cosas raras. Que a ella le parecía que era un “piso de mamis”.

Jamás había oído tal expresión. Un piso de “mamis” es una vivienda en donde viven mujeres que traen engañadas para que ejerzan la prostitución. Al principio, viven con total tranquilidad, y mientras viven ahí las van “convenciendo” para que se prostituyan, unas veces con zalamerías, otras con amenazas y algunas pocas a base de palos y chantajes.

Yo me quedé horrorizada y dije vamos a denunciarlo, mi vecina me dijo que ella me acompañaba y allá nos fuimos. Cuando llegamos al cuartelillo de la guardia civil, nos atendió un “veterano” que escuchó nuestra historia y nos explicó que si queríamos denunciar los hechos teníamos que dejar nuestros datos. Y claro, ahí nos echamos atrás, vivíamos puerta con puerta, y si nos hacían algo? Y si nos llamaban a la puerta y nos amenazaban? Y si nos hacían daño? O algo peor…

Poco tiempo después me quedé embarazada y nos mudamos, en una clase de la facultad abordaron el tema de cómo ayudar a menores en riesgo exclusión social, y nos hablaron del teléfono del menor. Y claro, se me encendió la bombilla, eso tendría que haber hecho!! Llamar al teléfono del menor, poner denuncia anónima (es fácil consultarlo en Internet, cada comunidad tiene el suyo) suele ser además gratuito y según los hechos van a comprobar la situación.

No me había dado cuenta de que, efectivamente, en medio de aquel drama, había un niño pequeño de unos 2 años,inmerso en ese ambiente tóxico. Y que quizás a través de él, podría ayudar a su madre y a todas sus compañeras (al menos 4 mujeres diferentes convivían mientras yo estuve allí).

Seguramente, podría haberlo dejado pasar, no era mi problema… Pero, ante una situación de violencia, maltrato o indefensión creo que nadie debería quedarse impasible, ante una mala conducta, creo que hay que decir algo, hacer algo. Tenemos demasiado normalizada la violencia.

El otro día, en la piscina, mientras esperaba a que salieran mis peques, un padre le dio un cachetito en el culete a su hijo de unos 2 años, le decía: vamos si no quieres que te ponga rojo el culo”. Y nadie hicimos, ni dijimos nada. Y estuvo mal.

Estuvo mal el comportamiento del padre pero, también el mío y el de las demás adultas que allí estaban. Y os soy sincera, cada día me genera más asco, o repugnancia, no actuar ante una situación así. Claro que no le dio fuerte, ni le hizo daño pero, es que no deberíamos consentir ni ese nivel de violencia.

Algunas trabajadoras sociales respondieron ante la noticia del parricidio de Godella, diciendo que los servicios sociales están saturados. Otras que el papeleo burocrático hacía que los procesos fueran muy lentos, otras que en realidad quien toma la decisión sobre qué hacer en esos casos es la fiscalía de menores. Y yo las creo, las creo a todas, también creo que algunas profesionales actúan en la medida de la complejidad que se encuentran.Pero sobretodo creo que si la sociedad en general no admitiésemos ciertas conductas, si no tolerásemos la más mínima violencia, seguramente aligeraríamos mucho el trabajo de los servicios sociales, y por ende, el de los tribunales.

Tal vez me equivoque pero si queremos un mundo más amable y pacífico, no podemos consentir estas prácticas. Y tú, qué opinas?

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CENOLOGÍA


Últimamente, no tengo tiempo, ni para escribir, ni para ducharme, ni para casi respirar. Estos momentos, en los que mis peques están en el cole, voy perdiendo el cupo para conseguir hacer todo lo posible y así tener las tardes libres para ellos, para disfrutarlos, quererlos, educarlos y comérmelos.

Pero claro, llevo días leyendo de todo por internet, escuchando de todo en la TV, hablando con otras familias y si no escribo algo coherente al respecto: Reviento.

¿Deberes sí o deberes no?

Voy a empezar por el principio, la educación pública en este país ha cambiado en los últimos 30 años pero, poco y mal.

Si pienso en mi tiempo pasado en el colegio me invade la tristeza, aprendía mucho más con 2 horas de dibujos animados que en 5 horas de colegio. Eso en cuanto a contenidos. ¿Os imagináis si hubiéramos tenido acceso a youtube? 

Y encima, vivía atemorizada la mayor parte del tiempo, aquello era la ley de la selva, por desgracia, en eso poco o nada ha cambiado la vida escolar.

Si ya hace 30 años la educación pública era nefasta, con ratios de 40 y 45 niños y niñas en clase (en la mía éramos 42). Con abusos físicos y verbales por parte de compañeros y profesores. Por desgracia parece que la violencia escolar sigue sin ser una prioridad para quienes hacen las leyes en nuestro país.

Con uno de los índices de absentismo escolar más altos de Europa, y eso tampoco parece importar nada a nuestros legisladores. Y quiero matizar que yo hace 30 años me escapaba siempre que podía del colegio, sacando buenas notas.

Ahora resulta que el foco de atención se ha puesto en los deberes. ¿Por qué?

¿Piensan ustedes, estimados maestros y maestras que las familias nos dedicamos todo el fin de semana a pensar 1001 formas de complicarles la vida y/o hacerles la puñeta? No.

Cuando surge un grupo en Facebook que se llama ¡basta de deberes! Es por algo. 

Es porque las familias nos encontramos con unos niños y niñas que llegan a casa para hacer otra jornada de 2 y 3 horas de tareas escolares. Y eso es un abuso. 

Y además invade nuestros hogares, nuestras rutinas y nuestra vida familiar. Y sintiéndolo mucho: ¡En mi casa mando yo! Y organizó mi tiempo como me da la gana. Y ustedes no son nadie para imponerme contenidos, modos y ritmos sobre mi tiempo libre, ni mucho menos sobre el tiempo de mis hijos o hijas, que son mi responsabilidad: ¡MÍA!

Y si nos gusta pintar: pintamos. Y si nos gusta nadar: vamos a la piscina, al río o a la playa. Y si nos apetece hacer un pastel: lo hacemos. Y si preferimos construir un robot, un avión o la Capilla Sixtina: nos ponemos a ello. Y si una tarde, no queremos hacer nada, pues no hacemos nada, nos echamos una siesta o nos aburrimos mirando al techo (o leyendo burradas en internet).

Hoy, para mí ha sido la gota que me ha colmado el vaso. Pues he leído que un señor, que se llama Rafa Gómez, dice que esta polémica la ha iniciado Ikea con un anuncio en el que habla de Cenología, y que pide menos deberes.

Olé tu ego y tu ignorancia Rafa. Si crees que una multinacional hace sus campañas publicitarias sin hacer un intenso estudio de mercado, vas listo.

El gigante sueco sabe que uno de sus mayores clientes (target) son las familias con hijos e hijas, sabe bucear en las redes para estudiar cuáles son sus mayores intereses y preocupaciones, sabe llamar la atención.

Las familias no somos tan imbéciles como para jugarnos la educación de nuestros peques por un anuncio. Y sabemos perfectamente qué es lo mejor para nuestros hijos e hijas, que para eso tenemos su guarda y custodia.

Algunas familias podemos, y queremos, lo mejor para nuestros peques en lo que a educación se refiere. Algunas familias luchan (porque no les queda más remedio) porque la educación pública esté a la altura de las necesidades de sus hijos e hijas, yo las admiro y las apoyo.

En mi caso, he de confesar que no hemos querido apostar el bienestar de nuestros vástagos y hemos optado por encontrar una escuela respetuosa que, por desgracia, sólo hemos encontrado en la opción privada. Porque en todas las escuelas públicas que hemos investigado siempre hay algo o alguien que chirría: una persona sin vocación, inexistencia de protocolos frente al acoso, una profesora o profesor que chilla o incluso pega (sí, en pleno siglo XXI). No es sólo un problema de ratios, de ley Bert o de falta de apoyo al profesorado. 

Es, sobretodo, un problema de actitud. De motivación. De actualización. De respeto. RESPETO

Las familias no necesitamos gurús o salvapatrias. Necesitamos respeto. Por eso, hemos conseguido fijar ese límite: 

En mi casa mando yo.  

Ni médicos, ni profesores, ni curas.

Hemos cambiado el paradigma, ya no queremos niños y niñas superpreparados, superformales, con expedientes sobresalientes… Esa moto se la vendieron a nuestros padres y a nuestras madres. 

Nosotras ya hemos visto para qué sirven. Nosotras queremos niñas y niños sanos y felices. Enamorados de la vida, motivadas para aprender y cooperar. Con iniciativa y ganas de comerse el mundo.

Y eso, queridos maestros y maestras, no se consigue con deberes.