Lactante distraido

¿Para qué sirven las tetas?

Estamos en la Semana Europea de la Lactancia Materna y me apetece hablar de un tema muy tabú sobre el uso que le damos a nuestras tetas. Voy a dar respuesta a la pregunta: ¿Para qué sirven las tetas?

Puede parecer una pregunta sencilla pero encierra muchos tabúes en nuestra sociedad. Las mujeres occidentales llevamos muchos años, décadas, aprendiendo que las tetas son otro órgano sexual, y en parte así es, algunas mujeres jamás las usarán con otro fin que el de el propio placer sexual.

Sin embargo, la naturaleza le ha otorgado otras funciones de vital importancia para nuestra supervivencia. La principal es la de producir alimento para nuestras crías. Pero no sólo alimento en sí: nutrientes, líquidos, vitaminas, grasas, etc. La leche materna transporta defensas, bacterias vivas, se adapta a las necesidades de nuestro bebé. 

De hecho, durante la lactancia (sobretodo al comienzo, durante la exterogestación) el cerebro de la madre regula la homeostásis de su bebé. Eso significa que hasta las hormonas del bebé están, en parte, reguladas por el cerebro materno. Por tanto, la implicación de la madre en la crianza llega a niveles físicos, psicológicos, mentales y emocionales. Y es algo programado por la naturaleza. Somos mamíferas.

Chapas de la Asociación Teta e Coliño
Chapas de la Asociación de lactancia y crianza Teta e Coliño

¿Y cuál es el problema?

Pues el problema del que quiero hablar es el tabú que existe en nuestra sociedad sobre la sexualidad. Y en concreto, sobre la sexualidad femenina.

Ojo: sexualidad que no sexo. La sexualidad engloba mucho más que el sexo: la amistad, el cariño, el deseo, la pasión, la fraternidad, la camaradería, el aprecio…

Y hablar de esto es tabú.

Y compaginar el amor por tu bebé con el deseo sexual es complejo. Porque nos genera un gran rechazo sentir excitación sexual cuando alimentamos a nuestro bebé. Esto creo que es fácil de comprender pero es realmente difícil de exponer sin tergiversaciones, malas influencias, juicios o exageraciones.

Hace años cuando estudiaba para ser asesora de lactancia, investigué mucho sobre la “agitación en el amamantamiento” y en concreto sobre sus causas. Era un tema tan tabú que hasta mis profesoras evadieron mis preguntas con un: si llega ese momento entonces es momento de destetar.

Así que leí, mucho. Todo lo que encontré al respecto. No fue mucho. Hoy ya puedes leer sobre el tema aquí, aquí o aquí. También leí algún estudio antropológico después de mucho buscar y buscar, pero no daban respuesta a mi pregunta: ¿Por qué sucede la agitación por amamantamiento?

Tengo la teoría de que además del cansancio, o de las hormonas, entran en juego también nuestras creencias culturales. Y es que vivimos en un sistema en el que no tenemos ni educación sexual, ni emocional, ni social.

Y además parece que a nadie le importa. ¿Para qué buscar las causas si podemos parchear los síntomas? ¿Para qué encontrar los orígenes si podemos decir a las madres que no se sientan culpables?

Y es que es lógico que te sientas culpable cuándo sientes un impulso visceral a negarle el pecho a tu bebé, o a tu hija de más de 2 años, o a tu hijo de 4 años. Porque como madre sabes todos los beneficios que le aporta pero como mujer una parte de ti necesita restablecer su sexualidad y las soluciones que te dan apelan al descanso, al destete, a tener paciencia.

Sé que es complicado separar sensaciones. Es difícil mantener separadas la excitación sexual y el placer del amamantamiento cuando la sensibilidad de tu pezón es tan similar. Y ahí estás tú sintiéndote la peor madre del mundo, sin comprender qué pasa, navegando por las soluciones que te dan pero sin profundizar en ellas, no vaya a ser que de pronto conectes con tu mamífera interna y sitúes tu propio placer en el centro de tu sexualidad.

Estamos en la Semana Europea de la Lactancia Materna y el lema de este año es: ¡Empodéremonos! ¡Hagamos posible la lactancia materna! Así que me ha parecido apropiado hablar de este tema: Lactancia y sexualidad, dos funciones de nuestras tetas. Y dos partes importantes de la sexualidad de la mujer. Por tanto, resulta imprescindible hablar de ambas cuando pretendemos un empoderamiento colectivo al respecto, ¿o no?

Manzana caída
Manzana caída

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Los templos del capitalismo neoliberal

Cada vez que entro en un banco tengo esa sensación de estar en un sitio al que la gente va suplicar. A rogar al Dios capitalismo, que por favor me conceda el honor de manejar mi dinero.

El otro día tuve que ir a una sucursal de un banco en el que no tengo cuenta, a hacer un ingreso. Y después de hacer una cola de 30 minutos con mi bebé. Me dicen que no puedo. Que me tengo que ir al cajero a hacer otra cola.

Entonces, respondí: pero no soy cliente vuestra, no tengo cuenta. Pues que da igual, señora… Le da usted a operar sin tarjeta y búsquese la vida…

Menuda atención al cliente! Os imagináis esa respuesta en cualquier otro negocio?

Una peluquería en la que tú mismo te cortes el pelo!
Una juguetería en la que tú misma te empaquetes un regalo!
Una tienda de moda en la que tú misma te subas el bajo para el arreglo del pantalón!
Un fontanero que llega a tu casa y te suelta: venga va: aquí tiene las herramientas y el tablet siga sus instrucciones!

Algo así sólo se lo puede permitir un templo porque un negocio cualquiera o un autónomo se iría a la ruina a la primera de cambio.

Así es el sistema patriarcal: le importan poco o nada, nuestras circunstancias y necesidades, si no nos adaptamos a sus reglas del juego, quedamos abocados a la marginación y la exclusión social.

El dinero, dinerito… Todo negro, sucio e impío! Todo lo corrompe! Todo lo estropea! Nos enferma y carcome!

Claro que no podemos vivir sin él pero, al menos deberíamos darle el lugar que le corresponde: justo detrás del respeto y la dignidad humanas.

Reclamemos por escrito. Alcemos las voces, sin nuestro dinero no son nada!
Sin nuestras cuentas: quebrarían.

O acaso estamos dispuestas a que el capital esté por encima de nuestro bienestar? Y el de nuestras familias!!

Hoy sin ir más lejos he leído el alegato neoliberal de Carmen Posadas en contra de la lactancia materna y la crianza responsiva, claro que no me sorprende: qué puede defender la esposa de un banquero? Pues eso mismo: que olvidemos nuestros instintos, nuestros deseos maternales, nuestras formas de entregarnos a la crianza y sacrifiquemos nuestras vidas al liberador capital. Y todo bajo el trasnochado discurso de que la lucha feminista consiste en realizarnos única y exclusivamente a través del trabajo, del dinero, del poder, del consumismo…

Pues no. Algunas mujeres no nos sentimos ni realizadas, ni liberadas por el simple hecho de tener un trabajo, una carrera y unos estudios. Algunas mujeres nos sentimos enjauladas entre tantas necesidades materiales, agobiadas y angustiadas cuando nos separan de nuestros bebés: y más a los 4 meses!!

Tal vez, usted, esposa de banquero, viva encantada dejando a sus retoños en un ama de cría… Mientras decide delante del teclado (o le dicta a su asistente personal) su próximo artículo lleno de banalidades y otras cosas sin importancia.
Quizás esté feliz con su carrera profesional y consiga realizarse a través de su trabajo pero, otras mujeres partimos de otras realidades, de otras necesidades…

Vivimos atadas a la tierra, disfrutamos de nuestra familia por encima de cualquier cosa, no tenemos encima la presión del qué dirán… Y somos pura hormona y sentimiento!!

No dudo que para quienes viven inmersas en el neoliberalismo nuestra forma de criar resulte una marcianada, digna de un panfleto cuyo único objetivo es ganar más y más dinero. Pero claro, usted nunca ha tenido que hacer la cola en un banco, con su bebé pidiendo teta. A que no?