Igualismo

Las feministas llevamos muchos años intentado redefinir conceptos. Así han nacido cientos de términos para marcar las diferentes tendencias dentro del feminismo porque dentro de todas las corrientes revolucionarias existentes, no me cabe duda alguna, de que el feminismo llega a ser una filosofía en sí misma, con cientos de pensadoras, filósofas, tendencias e interpretaciones.

Siempre me he etiquetado a mí misma como feminista de calle, pasé varios años leyendo, investigando, debatiendo sobre teoría feminista y llegué a la conclusión de que soy una mujer de acción.

Me gusta hacer.

Si vamos a cambiar el mundo, yo soy de las que lo hago a pie de calle. En mi día a día, en mi trabajo, en mi familia (TODA), en cada paso que doy, tengo siempre presente qué acciones puedo llevar a cabo para difundir el feminismo.

Podría llamarse igualismo. Podría.

¿Es el feminismo una lucha de mujeres?

Sí.

¿Por qué?

Porque son el colectivo oprimido. En este caso se entiende que las estadísticas muestran que el grueso de las injusticias las sufre el grupo de las mujeres frente al de los hombres (que sería el grupo privilegiado).

¿Significa esto que el patriarcado sólo oprime a las mujeres?

No.

¿Por qué?

Porque las bases del patriarcado oprimen en muchos aspectos, psicológicos, mentales, físicos, culturales, sociales… Y en algunos de ellos, los hombres pueden salir perjudicados por los corsés, las normas, las expectativas y otros factores. De la misma forma que los hombres tienen privilegios por el mero hecho de nacer hombres, las mujeres también tenemos algunos privilegios por el mero hecho de nacer mujeres. Aunque las bases de la opresión se fundamentan en la violencia que ejerce el colectivo de los machos hacia el colectivo de las hembras.

¿Cuando surgen entonces las opresiones hacia los hombres?

Pues cuando intentan salirse del molde preestablecido por el patriarcado. Es decir, mientras un hombre piensa, dice y hace lo que se espera de él no va a sentir opresión por el mero hecho de ser hombre.

La opresión sobre un hombre va a aparecer cuando su naturaleza, personalidad y/o comportamiento no es el “adecuado” según la cultura patriarcal: es sensible, amanerado, viste fuera de los cánones establecidos, tiene muestras de afecto en público, realiza trabajos considerados de mujeres, mantiene relaciones horizontales, etc…

¿Es entonces el feminismo una lucha sólo de mujeres?

No.

¿Por qué?

Porque las personas deseamos cambiar las relaciones de poder para no tener que sufrir violencia por tener una determinada personalidad, carácter o condición. En este aspecto es en donde las teorías feministas comienzan a separarse, o mejor aún, diversificarse: desde el feminismo en la igual al feminismo de la diferencia, desde el ecofeminismo al tecnofeminismo. Surgen todo tipo de tendencias que, aunque buscan un objetivo común: la no discriminación por razón de sexo. llegan a él desde diferentes ámbitos, o perspectivas.

¿Por qué?

Pues porque en este aspecto, las mujeres hemos sufrido diferentes discriminaciones, según nuestra experiencia vital, nuestras circunstancias y nuestra conducta. Y sobretodo, hemos sufrido violencia, en muchos casos violencia estructural y normalizada.

Hace tiempo hablaba con una colega de este tema, y surgió la manida pregunta: ¿qué es ser mujer? ¿Por qué alguien que nace con genitales masculinos de pronto se “siente” mujer?

Y es que las feministas llevamos muchos años definiendo, redefiniendo, construyendo y deconstruyendo el término. Por eso surge la teoría de género. Porque el sexo es binario biológicamente hablando. pero el género es una construcción cultural y, por tanto, está sujeta a muchas interpretaciones, debates, diferencias…

¿Qué características definen a una mujer?

¿Que es hermosa? ¿Que posee atributos femeninos? ¿Que se mueve grácilmente? ¿Que es recatada? ¿Que es multitarea? ¿Que se siente culpable todo el rato?

Y lo que es más importante: ¿Quién decide qué es ser una mujer?

¿Las teóricas feministas? ¿Los académicos de la RAE? ¿La comunidad científica?

Llega un momento en el que me doy cuenta de que lo importante es que cada persona pueda vivir como desee, vestir como quiera, trabajar en lo que quiera, comportarse sin clichés sociales estrictos. Y sobretodo, sin violencia.

Es en ese momento en el que los debates sobre definiciones teóricas pierden relevancia en mi visión feminista.

Recuerdo perfectamente el día en el que esto sucedió: Estábamos en una reunión del grupo antipatriarcal Alén Morgana, en la universidad. Debatiendo sobre las acciones que íbamos a realizar para promover el cuarto supuesto en la ley del aborto. Y entonces, entró una mujer, preguntó si nosotras éramos el grupo feminista. le dijimos que sí; con absoluta estupefacción escuchamos su relato: era una mujer maltratada, no sabía a dónde acudir, no sabía qué hacer, no tenía recursos para alejarse de su maltratador.

Y nosotras tampoco.

No teníamos nada útil: ni información, ni recursos, ni experiencia. Nada.

Y la dejamos ir con absoluta impotencia. Ese día vimos que las acciones necesitaban objetivos claros. Y que existían violencias estructurales que requerían nuestra atención urgente.

Porque al final todas las personas necesitamos vivir en paz y ser dueñas de nuestros destinos. ¿O no?

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Ser madre feminista es…

 

Llevo ya tiempo trabajando y formándome en el ámbito del empoderamiento, y llevo ya unos meses dándole muchas vueltas al empoderamiento colectivo. Y dentro de este tema hablamos mucho de autoridad, de límites, de responsabilidad… Todos ellos términos con multitud de etimología e interpretaciones.

Esto además se me ha mezclado con el debate sobre el aliado feminista. Y es que el feminismo es un movimiento tan diverso y multifactorial que tiene debates para todo. Hay quienes opinan que el feminismo es pura lucha de liberación femenina, y hay quienes opinan que el feminismo es una lucha antipatriarcal y por tanto, todo sujeto oprimido por el mismo es también parte del movimiento de liberación, así que afecta tanto a hombres como a mujeres.

Creo que pocos movimientos tienen tanta diversidad y riqueza intelectual.

TBF_9448¿Por qué os hablo del empoderamiento? Porque las reivindicaciones deben partir de quien las necesita, o de quien está oprimid@… Os imagináis ¿qué habría pasado si Martin Luther King fuera blanco? ¿O si el movimiento obrero estuviera liderado por empresarios? ¿O si el Ché fuera europeo?

Sin embargo, el feminismo es vehículo de todas las reivindicaciones, lucha por todos los derechos… Hace años ya debatíamos sobre “liberar” a las mujeres musulmanas… Pues como que no… Cualquier movimiento de liberación, de reivindicación, de lucha debería partir de quien sufre. Y esto es así porque sino ni es efectivo, ni es empoderante. Y además genera gran rechazo.

Y así lo han mostrado muchos grupos de mujeres feministas de diferentes colectivos.

Es como dice Celie, en la película El color púrpura: “Soy negra, soy pobre, y hasta pué que fea, pero gracias a Dios, aquí estoy”. Este personaje que ha sufrido todos los males habidos y por haber, aunque viva en la peor de las miserias e ignorancias, se revela y lo hace ella… Nadie viene a rescatarla de sus desgracias. Llega un momento en que se da cuenta de su fortaleza y logra salir de su situación deplorable por sí misma. Por eso tiene tanta fuerza y pasión esta historia. Porque nace de la persona oprimida.

Entonces, ¿por qué hay tanto empeño en obligar a la corresponsabilidad?

¿Por qué vivimos en una sociedad que tiene que “obligar” a criar?

Yo lo veo claro, en nuestra sociedad el trabajo de maternar, criar y cuidar está denostado, ninguneado y despreciado. Es importante lograr darle la vuelta, ponerlo en valor.

¿Por qué?

Pues porque es realmente valioso. Y no vale cualquiera para hacerlo.

¿Y cómo lo vamos a hacer?

Es complicado, porque por un lado nos dicen que la maternidad está idealizada y luego muchas madres se topan con una realidad muy dura y difícil que no se esperaban. Pero, por otro lado, todo el mundo te deja claro que “te cambia la vida”.

¿Entonces, en qué quedamos?

Pues ahí está el quiz de la cuestión. A la hora de legislar hay que pensar en el eslabón más desprotegido de la cadena, en las familias que tienen más dificultades. No en las familias en las que los padres están superimplicados y tienen superclaro que tienen que asumir su parte de la crianza.

Esa es una minoría, que además lleva 2 días reclamando ampliar la baja de paternidad. Y oye, claro que es legítima su demanda, por supuesto, ojalá fueran más. ¿Pero qué pasa con las madres solteras? ¿Y con las separadas? ¿Y con las familias con personas dependientes? ¿Y con las familias tradicionales en las que la figura paterna pasa mil de cambiar pañales? ¿Y con las que sufren maltrato?

La casuística es enorme y puede que a una familia le venga fenomenal esta medida, pero puede que otra la estés condenando al infierno.TBF_9424-1.jpg

Es así, acordaros de Celie.

En una sociedad como la nuestra, la independencia económica, la capacidad económica, marcan la diferencia.

La peor discriminación de este mundo es: Ser pobre.

Y aunque existan muchas mujeres ricas, con dinero, empresas y acciones. La mayoría son pobres. Y claro que yo soy una privilegiada, y que desde mi sillón privilegiado no llego a entender su situación pero, si me dedicase a hacer leyes tendría esto muy en cuenta, porque puedo marcar una diferencia sustancial en sus vidas.

Yo estoy en ese punto fantástico en el que no soy pobre, pero tampoco rica… Voy llegando a fin de mes, sin excesivos lujos, pero sin que me falte nada, al menos nada importante. Soy consciente también de que, en cualquier momento, esto puede cambiar y mi situación puede ir hacia arriba, o hacia abajo (hacia abajo tiene muchas más posibilidades). Nada, ni nadie me asegura que esto no vaya a suceder: por mucho que me esfuerce, por mucho que trabaje, por mucho que rece… Porque el control sobre nuestras circunstancias es tan sólo una sensación, una percepción.

Nuestra capacidad de control es casi cero.

Y esto también lo tendría muy en cuenta a la hora de legislar.

Por eso, y por muchas otras razones, me cabrea que se legisle sobre la maternidad, sin tener en cuenta a las madres.

Que se legisle sobre la crianza sin tener en cuenta a quienes criamos (ya no vamos a hablar de las crías) y que se nos ningunee, se nos infantilice, se nos desprecie o se nos deje sin voz. Porque somos las madres quienes tejemos el mundo del mañana desde el minuto cero. Ese es nuestro mayor poder: traer al mundo nueva vida.

Y nos lo quieren usurpar también… Pues no, oiga,no. No sólo no lo vamos a permitir sino que además, le voy a dejar claro que la díada bebé-madre marca la salud del futuro. Puedes consultar el argumentario de Petra para profundizar en este tema.

Así que: soy mujer, soy madre y estoy aquí.

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