Cocodrilo

El poder de la palabra

Las palabras son herramientas poderosas. Son los ladrillos con los que construimos nuestros pensamientos, sueños y expectativas. Hoy voy a contarte cómo algunas de esas palabras logran ejercer su poder sobre mí. Y cómo consigo escapar a su dominio.

Todo comienza con una verdad. La verdad es poliédrica para algunas personas, pero no para otras. Personalmente, creo que la perspectiva hace que existan muchas verdades, sobretodo cuando estamos hablando de interacciones humanas.

Una parte de nuestra sociedad se empeña en mostrar los hechos, de la manera más objetiva posible, y para ello eliminan de la ecuación cualquier factor emocional, esto es, lo que nos hace ser humanas. El sentimiento viene cargado de subjetividad, de pasión, de vulnerabilidad y esto, parece que contamina la verdad.

Así que redactamos leyes, normas, protocolos y las ponemos ha funcionar en los lugares comunes, en las instituciones que deberían ser más civilizadas, seguras y asertivas. ¿Y cuáles son las consecuencias?

  1. Autoridad, se emplea la ley para poner a unas personas por encima de otras. Se desplaza el poder para mantener un supuesto orden. Y digo supuesto porque al existir un desequilibrio, la persona con más poder ve legitimado el abuso del mismo en algún momento.
  2. Uniformidad, se usan las normas para homogeneizar a la ciudadanía. Como es complejo contemplar la casuística individual se regulan unos moldes para una hipotética mayoría, en la que luego no encaja nadie.
  3. Futilidad, se usan los protocolos para mantener las cosas como están, sin hacer ningún tipo de mejora, la ausencia de dichas mejoras vacía el sistema de significado y operatividad.
  4. Impunidad, todo lo anterior logra que las personas actuemos según el rango de poder que creemos poseer. Esto provoca que unas personas puedan hacer lo quieran y otras personas no. Y además, estos hechos quedan al margen del bien y del mal. Fuera de toda norma establecida. Por lo que el sistema vulnera el propio equilibrio que presuntamente protege.

¿Cómo pueden las palabras cambiar esto?

Quien me ha leído, o seguido, sabe que mantengo una máxima en mi vida (aunque a veces se me olvide): Sólo puedes actuar sobre tus pensamientos y sentimientos. El resto escapa a nuestro control.

Así que las palabras que te dices a ti misma tienen el poder de cambiar tu realidad. Cuando alguien me dice: Eso no se puede hacer. Yo soy dueña de mi respuesta y de mi reacción. Y por tanto, tengo la capacidad de ampliar mi rango de poder.

Cada vez que logras hacer algo nuevo. Cada vez que consigues que un no rotundo se convierta en un tal vez, o en un sí. Cada vez que te vuelves a levantar. Estás ampliando tu autoridad. Estás rompiendo un molde. Estás implantando una mejora. Estás inclinando la balanza a tu favor.

¿Y cuándo no?

Pues sigues manteniendo las cosas como están. Estás trabajando a favor del sistema inmovilista. Estás adaptándote a las circunstancias. Sobreviviendo. Aceptando la frustración.

¿Debes entonces ampliar siempre tu rango de poder?

Pues es tu decisión. A veces sí, a veces no. En ocasiones tienes energía, otras veces has dormido mal. Existen lugares que te proporcionan la seguridad suficiente, otros sin embargo, te aterrorizan.

Otra frase que suelo decir es: Elige tus batallas. Dosifica tus recursos.

Así de poderosa es la palabra.

Así de potente es el proceso de toma de decisiones.

A lo mejor piensas que las negativas vienen siempre de fuera. Que los problemas y las adversidades son ajenos a ti. ¡Cuidado! Es un error frecuente. La persona que más limita tu capacidad de acción y de decisión eres tú. O en este caso, yo.

Ya lo decía Buda: Ni tu peor enemigo puede hacerte tanto daño como tus propios pensamientos.

Cuidar lo que te dices a ti misma forma parte de una vida saludable.

De paseo
De paseo

Si quieres mi ayuda puedes contactar en mi web:

Inicio

Y si te gusta lo que publico siempre puedes invitarme a un café:

http://ko-fi.com/xoana4040mecef