La importancia de los descansos

Descansar es esa actividad que todo el mundo sabe que es imprescindible pero siempre aplazamos en este mundo acelerado en el que vivimos. Parece que si te tomas tus descansos te vas a ganar fama de perezoso, vaga, o que sé yo…

Además, vivimos con la idea de que el descanso es una recompensa. Como si no fuera lo que realmente es: una necesidad. Y además, según el momento en el que estemos, descansar puede marcar la diferencia en nuestra salud, y por ende, en nuestra vida.

Sin salud, no hay nada.

El mercado laboral nos marca los descansos, y hasta la época y manera de planificarlos. No siempre nos valen. No siempre llegan cuándo son realmente decisivos. Llevo ya varias semanas escribiendo esta frase: Cuando necesitas parar y no lo haces, llega la vida y te para de golpe.

Y no nos gusta nada.

Parar de golpe exige un nivel enorme de reposo. O bien, enfermamos, o bien nos sucede algo dramático (una mudanza, un funeral, un cambio de trabajo, una separación…) que además, nos suele pillar de sorpresa y/o de bajón.

Es como si fuéramos cocinando a fuego lento una resaca de esas que te tumban.

El ser humano puede llegar a complicarse la vida de formas fascinantes.

Podemos llegar a unos niveles de complejidad alucinantes.

Por si nuestra sociedad no fuera ya suficientemente problemática y enrevesada.

Somos capaces de darle aún más vueltas de tuerca.

Tenemos muy bien entrenada esa voz que nos dice: sólo un día más. sólo una hora más, sólo un café más, sólo un envío más…

Y así, enfermamos.

No sabemos parar. O simplemente bajar el ritmo.

Nos han educado para hacer springs pero la vida de lo que está compuesta es de maratones.

Lo queremos todo y lo queremos ya pero, la vida son procesos que requieren paciencia.

Aprovecho este artículo para anunciarte mis propias vacaciones. Volveré en Septiembre con más artículos sobre temas de educación emocional, resolución de conflictos, reivindicaciones y lo que se tercie (ya sabes que cualquier sugerencia es bien recibida y tu opinión es importante para mí).

Espero que tú también puedas descansar y disfrutar unas merecidas (o no) vacaciones (¿acaso no son siempre merecidas?) y que generes muchos recuerdos valiosos con tu familia. Espero también que la vuelta a la rutina no sea tediosa.

Y que este texto sirva para que te permitas hacer los descansos que sabes que son vitales para ti y tu gente.

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Cómo encontrar un hombre brillante

Brillante en el sentido de que su sabiduría e ingenio no nublen su vida personal, en el sentido de que su brillo no te ciegue. Imagino que si estás leyendo esto es porque sientes que de alguna manera aún no has encontrado a “tu hombre ideal” o puede que lo hayas encontrado y sientes curiosidad por lo qué voy a contar.

A la hora de buscar pareja llevamos una carga cultural importante, hemos tragado con miles de creencias sobre “la media naranja”, el “amor romántico”, que juegan con tu valor personal. Con tu autoestima, con tu capacidad de recuperarte de los “fracasos” sentimentales.

Y claro, a cualquier hombre le pasa lo mismo, pero su mochila de creencias van en otra dirección: “que no me aten”, “que no se dude de mi masculinidad”, “que no me manipulen”, que llevan mensajes muy diferentes y contradictorios a los que nos han inculcado a las mujeres.

Este hecho hace que sea complejo establecer una relación sentimental duradera. Existen multitud de barreras interiores y exteriores para “atarte” a una persona. Desde barreras puramente físicas como la distancia, a barreras sociales como una familia en la que no encajas.

Pero de todas las barreras, las más difíciles de superar son las mentales. Cambiar esas creencias es lo que sin duda, estropea muchas relaciones. Una de las situaciones más habituales en una ruptura es la falta de confianza.

Cuando falta la confianza aparece en una relación, parece imposible recuperarla. ¿Y qué desencadena este hecho? El engaño. Siempre lo digo: El engaño es libre pero no gratuito. Puede que creas que dicho engaño es sólo de una persona hacia otra pero el más habitual es precisamente el que nos hacemos a nosotras mismas.

El autoengaño es el rey de todos los engaños: es difícil de detectar. Difícil de asumir. Difícil de solventar.

¿Y qué tiene esto que ver con encontrar a un hombre brillante?

Pues todo. Un hombre con una buena autoestima no se va a sentir amenazado por una mujer empoderada, lista, indecisa, fuerte, segura de sí misma, vulnerable, que se cuida, que tiene su propia carrera profesional o que se centra en la crianza de sus hijos e hijas.

Un hombre honesto, sincero y que va más allá de los modelos sociales, se va a preocupar porque la comunicación sea fluida, será sincero con sus sentimientos y emociones, independientemente del “qué dirán”.

¿Necesitas un hombre en tu vida? ¿cualquier hombre? ¿a cualquier precio?

Sé sincera contigo misma: busca dentro de ti: ¿qué buscas en un hombre? ¿pasión? ¿aventura? ¿fama? ¿cuidado? ¿cuerpo? ¿humor? ¿inteligencia? ¿atención? ¿aprobación?

Y todo esto que buscas en un hombre: ¿para qué lo buscas? ¿existen otras formas de encontrar eso mismo?

¡Vaya! Venías buscando respuestas y te traigo un montón de preguntas. Sí. En función de tus respuestas, sabrás ver, con claridad, las señales en el hombre que tienes enfrente, o a tu lado. Y así te darás cuenta de si sólo eres un medio, un entretenimiento, o una distracción para él. Sabrás si quiere crecer contigo. Sabrás si se preocupa por tus intereses. Verás si está dispuesto a construir una relación sincera y saludable.

¡Ojo! Otra creencia que llevamos escrita a fuego es que: una vez encontrado ya seréis felices para siempre. Que las cosas no cambian y las personas menos. Y esto también es un mito. Las relaciones son como los jardines requieren atención y cuidado diario sino se llenan de alimañas y malas hierbas. Y por eso, a veces, toca reencontrarse. Desbrozar a fondo o renovar el riego.

En esto he tenido mucha suerte, camino al lado de un hombre sabio, que me da soporte y consuelo, somos un equipo aunque a veces también nos toque arrancar malas hierbas. Lo importante es que además de querernos, nos entendemos, nos comunicamos y buscamos juntos las soluciones a los obstáculos que nos encontramos en nuestro día a día. ¿Y tú? ¿Compartes con un hombre brillante?

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¿Se puede modificar el odio?

Es una pregunta que a menudo me pregunto cuando hablo con amigas que trabajan en los juzgados, o en los servicios sociales. A veces, intercambiamos impresiones sobre casos que tratamos o de los que nos hablan, incluso de los que saltan a los medios de comunicación.

Y claro, debatimos sobre emociones porque cuando una familia llega a un juzgado o a servicios sociales es porque su historia está llena de sentimientos, de entre los cuáles, el odio es muy habitual.

Mira que llevo años trabajando en este tema y me sigue sorprendiendo como dos personas que se juraban amor eterno pueden llegar a odiarse hasta límites insospechados.

Y es que el odio es un sentimiento que bebe de muchas fuentes: la ira, el asco, la tristeza, el miedo.

Cada relación personal tiene una química muy concreta que, cuando cambia y se transforma, resulta complicado recuperar un equilibrio emocional.

Una de las cosas que solemos comentar es que las relaciones se enquistan por miedo a ampliar la zona de confort. En muchas ocasiones, dos personas ya no se quieren, o se quieren pero no son capaces de convivir, y en vez de dejarse; siguen juntas hasta que no pueden ni verse (o una de ellas se muere).

Evidentemente, estos procesos no suceden de la noche a la mañana. Y no es algo exclusivo del ambiente familiar. Aunque sea el ámbito en el que estoy especializada, estos ciclos se dan en multitud de áreas: trabajo, formación, vecindad, aficiones, cultura, religión, hábitos… Cualquiera que te venga a la mente.

Existen tantas formas de odiar como de amar: infinitas.

Por eso, para algunas personas el término odiar es muy fuerte. Es como el culmen. Existen multitud de sinónimos: aborrecer, molestar, incordiar, despreciar, maldecir, detestar, rechazar… y sin embargo, parecen menos duros. El odio es lo peor que alguien te puede profesar.

Pero vamos al meollo de este artículo: ¿se puede cambiar el odio?

Claro, por poder se puede. Pero el único motor de cambio cuando hablamos de emociones y sentimientos es: la voluntad propia.

Y es que el odio también tiene sus ventajas. La sed de venganza es poderosa. Y más cuándo la combinamos con otros sentimientos: la injusticia, la indignación, la inseguridad, el horror, el poder.

Esto lo vemos claramente cuando uno de estos casos llega a los medios de comunicación de masas y prácticamente se hace un juicio paralelo en ellos. Pero claro, se hace sin pruebas, sin testimonios, sin veracidad, sin control, sin reglas… Se hace sobretodo desde el sentimiento, desde las vísceras. Y así se ha impartido la justicia durante muchas décadas, es más: durante siglos.

Y así se han condenado muchos inocentes, y se han salvado muchos culpables.

El sistema que tenemos no es perfecto, ni tampoco puede garantizar la venganza. Tan sólo puede intentar la rehabilitación de los individuos. Y claro, aquí es dónde las personas que vemos de cerca cómo funciona nos hacemos estas preguntas: ¿se puede rehabilitar a todo el mundo?

Pues no. Si una persona no quiere cambiar, no lo va a hacer. Pero es que además, cambiar es un proceso, y algunas rehabilitaciones son para toda la vida, y hasta puede haber recaídas, y aquí es dónde nuestro sistema falla estrepitosamente. Porque algunos procesos descartan lo emocional de tal manera que lo que logran es aumentar la intensidad del odio, cuando lo que necesitamos es que lo diluya.

Todas conocemos algún caso así:

Una persona que se ve inmersa en un proceso judicial, burocrático, extenuante, en el que se juega algo vital. Y se vuelve loca. Y hace algo drástico. Y la sociedad la juzga. Y entonces hace algo peor.

Y por si fuera poco, nunca nos ponemos en su piel, porque lo que ha hecho no tiene justificación lógica. Porque ni tú, ni yo, ni nadie en su sano juicio haría algo así. Por lo que intentar comprender esa conducta y esos hechos se vuelve algo nauseabundo. Es algo que también me fascina de la gente que escribe o investiga sobre crímenes.

Hace años, vi una película que hablaba de esto, se llama “Tinta roja”, en ella un periodista le explica a su aprendiz que no debe juzgar al escribir unos hechos, y le suelta una frase demoledora pero llena de sabiduría: “la única diferencia entre ese pobre diablo y tú, es que vos lo pensaste pero él lo hizo, nunca sabes a dónde te puede llevar la vida.”

Es precisamente por esto que a mí me cuesta posicionarme con los casos que se hacen públicos. Porque no tengo ni idea de los hechos, ni de las pruebas, ni de los testimonios. Para mí el gran fracasado, el gran culpable es el sistema. Y encima ni siquiera aprende.

Uno de los consejos que doy a todas las familias que acuden a mí, incluso antes de haber cobrado es este: “Solucionad todo lo que podáis entre vosotros, en el momento que interceda una institución en vuestro problema os va a aplicar un protocolo y ahí, vuestros intereses no le van a importar a nadie que decida.”

Y así vamos, por eso trabajo en la prevención, es en dónde la esperanza se muestra con mayor magnitud y eso hace que cuando tengo que trabajar ampliando mi zona de confort, valga la pena.

He llegado a la conclusión de que cambiar el sistema es tan complicado que es más sencillo enseñar a las personas cómo comportarse para no tener que usarlo.

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Hoy te escribo a ti

Te escribo a ti, y sólo a ti…

Porque sientes que eres invisible pero yo te veo y te escucho.

Quiero conectar contigo…

Porque yo también estuve ahí, justo en este momento en el que te sientes perdida, superada por las circunstancias pero yo sé que vas a salir de ese bache, aunque ahora te parece imposible.

Quiero darte ese apoyo que no encuentras…

Porque aún no te has dado cuenta de que sólo tú puedes darte ese permiso que te hace falta para avanzar.

Hoy te escribo a ti…

Que no tienes tiempo ni para asearte, o ir al baño. Que todo te está pasando tan rápido que por momentos sientes verdadero vértigo. Pero yo sé que poco a poco lograrás recolocarte y reorganizar lo que ahora mismo parece puro caos.

Y en ti veo esa luz que lucha por salir de la oscuridad, dónde otras personas sólo ven ojeras, manchas y desorden…

Y voy a estar aquí para disfrutar el momento en el que las deslumbres: porque lo vas a hacer, tarde o temprano, pero lo harás y yo no quiero perdérmelo.

Tal vez, hasta ahora, no te haya escuchado con la suficiente atención, estaba preocupada con mis cosas, temiendo por mi propio salto al vacío.

Con miedo y llena de frustración.

Pero ahora ya estoy aquí.

Y voy a quedarme a tu lado.

Voy a escuchar todo lo que me digas y te lo voy a devolver con las palabras que necesites oír (ojo, no las que quieres escuchar), aunque te asusten, aunque te duelan…

Voy a acompañarte hasta que vueles libre.

Hoy te escribo a ti, y sólo a ti…

Porque deseas encajar sin perderte en el camino. Y yo sé que es complicado hacerlo sola. Pero, juntas crearemos una comunidad segura y confortable.

Hoy te escribo a ti…

Que no sabes cómo has llegado a esta situación y aún no te la puedes creer

Te ha pegado un vuelco enorme…

No tenías ni idea de cómo iba a ser todo. Pero, pronto verás que así será mucho más gratificante de lo que podías imaginar.

Hoy te digo que no estás sola. Que somos muchas. Que vamos a tejer muchas redes para encontrarnos y reconocernos… Qué nunca más vamos a sentirnos indefensas!

Hoy es ese día en el que vas a dar el paso…

Porque tu momento es AHORA.

Ven y comencemos este viaje.

Únete ahora a mi webinar gratuito pinchando en el enlace http://mecef.es/webinar-creencias/

En la era de la inmediatez, la crianza es un reto

A veces atiendo consultas telefónicas, y me encuentro con familias abrumadas por la toma de decisiones con respecto a la crianza porque lo tienen que decidir ya. Pero ya mismo.

Y es que vivimos en una época en la que parece que todo lo tenemos que decidir y hacer inmediatamente. Esto viene acentuado por las técnicas de marketing agresivas, las ofertas que caducan, las novedades de un día…

Acaba de nacer tu bebé y tu cabeza ya está pensando en la guardería y el papeleo burocrático y es que lo tienes que decidir ya, porque si no: te quedas sin plaza.

Aún no controla sus esfinteres pero tú ya estás preocupada, porque en 3 meses comienza en infantil y ya los tiene que tener dominados.

Aún está en infantil y ya estamos preocupados por: a qué colegio irán porque eso va a marcar su éxito académico, y por tanto su éxito laboral.

Acaban de entrar en el instituto y ya nos preocupa qué carrera universitaria van a elegir (porque claro, no hay alternativas) y así ya vemos si van por ciencias o letras. Porque eso va a determinar sus solicitudes. Con 12 años ya llevan media vida planificada y organizada.

Y esto es, cuanto menos, estresante. Pasamos media vida con la mente en el futuro, hasta que llega un día en el que cambia y la pasamos con la mente en el pasado, sumidas en nuestros recuerdos, con la pena de lo que no hicimos, la nostalgia de lo que pudimos ser o hacer y la alegría de las 4 cosas que pudimos disfrutar.

Y el ahora? Cuándo vivimos el presente? Porque cada día es irrepetible y por mucho que lo recordemos no va a volver.

La toma de decisiones importantes requiere tiempo y meditar las consecuencias. A quién le interesa que tomes las decisiones de manera precipitada o de forma impulsiva? Piénsalo.

Tenemos tanto miedo a perder el tiempo que nos perdemos la vida.

Tenemos tanto miedo a equivocarnos que no nos damos cuenta de que podemos rectificar, cambiar, aprender.

Nadie nos enseña a valorar los pros y contras de una decisión desde la calma, o la templanza. Y lo que es peor: nos han educado sin dejarnos tomar decisiones y de la noche a la mañana nos toca tomar muchas decisiones y encima rápidamente.

Y no todas las decisiones tienen el mismo calado.

Elegir comprar o no comprar una camiseta no tiene grandes consecuencias pero decidir si tu bebé duerme contigo o en su habitación, sí.

Decidir si eliges una compañía eléctrica u otra no tiene gran impacto en tu vida pero elegir la alimentación de tu peque, sí.

La decoración de tu casa puede aportar cierto bienestar pero tu jornada laboral y el tiempo que puedas pasar con tu familia va a ser mucho más determinante en tus niveles de estrés.

Y veo que muchas familias toman estas decisiones de la misma manera, con la misma prisa.

Impulsivamente, o lo que es peor, dejan que las tomen por ellas.

Tener descendencia es un gran proyecto vital. Realmente cambia tus prioridades, tu forma de ver la vida, te obliga a hacerte responsable de otra vida. Y cuando lo haces de manera inconsciente te supera, te desborda, te bloquea, tiene grandes consecuencias.

De la misma manera que no tener descendencia también. Y por eso debería ser una decisión meditada. Sin embargo, vivimos en un mundo que se toma esta decisión como una circunstancia que te viene dada.

Pues así estamos. Que parece que toda decisión es inamovible pero no.

Algunas decisiones sí y otras no.

Y hay que saber diferenciarlas.

Sé que es evidente pero no todo el mundo lo tiene claro. Mucha gente confunde las decisiones trascendentes y sufre por ello.

En la era de la inmediatez, la crianza es un gran reto, precisamente porque la prisa es un gran obstáculo.

LA CONCILIACIÓN FAMILIAR NO ES UN PRIVILEGIO

Hoy vengo escandalizada, así ojiplática, por si no fuera suficientemente complicado conciliar nuestra vida laboral y familiar, teniendo que hacer auténticos malabarismos con horarios y vacaciones, por si fuera poco tener que lidiar con jefes, jefas, jefazos y jefazas, ahora resulta que nuestros pobres compañeros y compañeras solteras se quejan de que, por culpa de sus compañeros (y compañeras mayormente) con familia, ellos no pueden conciliar (ojo, conciliar) su tiempo libre y de ocio.

Es que no sé ni por dónde empezar.

Voy a ir punto por punto, intentando desmontar los argumentos que me han esgrimido en una conocida red social dedicada al empleo. Aún estoy alucinando.

1.- TENER HIJOS ES UNA DECISIÓN PERSONAL Y TIENES QUE APECHUGAR CON LAS CONSECUENCIAS. Olé, olé y olé… Pero qué bien han calado ciertos mensajes en la sociedad. De verdad, vaya mierda de educación sexual que tenemos en este país, es que parece una frase sacada de cualquier película o serie de adolescentes americana.

Vamos a ver, en primer lugar, en una sociedad ideal seguramente ser madre (o padre), será una decisión consciente,meditada e informada pero, os aseguro que no es esa nuestra realidad.

Existen muchos motivos para tener hijos, tantos como para no tenerlos.

Apechugar con las consecuencias es algo que haces a lo largo de toda la vida, y cuando sueltas esta lindeza por la boca, tarde o temprano te la pueden devolver. Otra cosa es ser responsables de nuestras decisiones. Y sí, en eso estamos la mayoría de las familias: somos responsables de nuestra descendencia.

Por eso, la mayoría de las familias se cojen las vacaciones en Agosto, Semana Santa y Navidades, para poder estar con sus hijos e hijas, para poder educarles, para que sepan que les queremos y esas cosas que hacemos los padres y las madres. Y no lo hacemos por fastidiar a nadie, ni mucho menos a nuestras compañeras y compañeros de trabajo, lo hacemos porque es cuando han decidido poner las vacaciones escolares.

A lo mejor hasta pedimos cambiar un turno para poder ir a una de esas maravillosas funciones escolares que suelen poner en viernes, pero es que tampoco decidimos las familias sobre esos eventos.

2.- YO DECIDÍ NO TENER HIJOS PARA TENER TIEMPO LIBRE Y AHORA NO PUEDO POR CULPA DE MIS COMPAÑERAS CON FAMILIA, pues mira, ahora que has visto el percal,tal vez sea un buen momento para repensar ciertas cosas, no sé, no digo que te pongas a tener hijos,pero tal vez, y sólo tal vez, deberías hablar estas cosas con tus jefes, jefas, jefazos, jefazas… Y que contraten personal temporal para sustituciones,o para hacer horas extras.

Llegadas a este punto, me imagino a las grandes empresas de este país, muertas de risa, mirando como nos peleamos unas con otras mientras ellas siguen con sus prácticas abusivas, mientras siguen pagando salarios miserables, mientras siguen “obligando” a sus trabajadores y trabajadoras a hacer más horas extras sin pagarles un solo euro.

Y es que creo que habéis errado con el foco de vuestras quejas.

3.- MIS VACACIONES DEPENDEN DEL HORARIO DE GUARDERÍA DE MIS COMPAÑERAS, y las de tus compañeras también, que ya os digo yo que muchas familias preferimos marcharnos en Septiembre o en otras fechas que todo es mucho más barato, está menos saturado y recibes mejor servicio que en Agosto.

Pero, si la guardería cierra en Agosto qué van a hacer tus compañeras? Llevarse a sus retoños al curro? Uys no, no, no…

Pues eso, las reivindicaciones a la empresa,o en su defecto a la administración pública y ya que estamos, a ver si nos amplían la baja por maternidad, que así no dependemos del horario de las guarderías.

  • 4.- LAS TRABAJADORAS Y TRABAJADORES CON HIJOS TIENEN MUCHOS PRIVILEGIOS A LA HORA DE ELEGIR LOS HORARIOS EN LA EMPRESA, esta es de traca, debe ser la primera vez que leo juntas trabajadora con hijos y privilegio en la misma frase.

Alguien duda de que en el mercado laboral, tiene más facilidades una persona sin familia que una con familia?

Si tienes familia y quieres jornada reducida, no sólo tienes que pelear para que te la concedan, si no que también cobras menos. Si pides una excedencia laboral por cuidado de familiares dependientes, lo mismo. Si no tienes disponibilidad horaria no te promocionan, ni te dan puestos de responsabilidad… De qué privilegios estáis hablando?

Y ya que estamos metidas en materia, os voy a contar un secreto: las medidas de conciliación laboral son un derecho de la infancia. Son los niños y niñas quienes tienen derecho a estar con sus padres y madres el máximo tiempo posible.

También es una decisión personal ser hijo o hija?

5.- NO TENGO HIJOS Y NECESITO CONCILIAR MI VIDA FAMILIAR, pues claro, las trabajadoras con hijos no son las únicas que están adscritas al régimen de conciliación. Si tienes personas dependientes a cargo también puedes solicitar tus reducciones de jornada, tus excedencias, etc. Entiendo que existen muchos tipos de familias, y eso está bien, y entiendo que no quieras que la empresa en la que trabajas te de los peores horarios, te alargue las jornadas laborales, te “obligue” a hacer horas extras… Nadie quiere eso, pero qué culpa tenemos las trabajadoras con hijos e hijas? Insisto, esas reclamaciones a vuestras empresas, a vuestros jefes, jefas, jefazos y jefazas. Y ya que estamos, el próximo 28 de Abril, pensad bien a quién vais a votar. Pensad qué partidos están a favor de los abusos del mercado laboral.

Pensad qué partidos están a favor de la conciliación, de las jornadas continuas, de la reducción de la jornada laboral, de las medidas fiscales a favor de la ciudadanía.

Y hasta aquí, lo dejo por ahora, por si acaso repito el secreto: Las medidas de conciliación son un derecho de la infancia. Son niños y niñas quienes tienen derecho a estar con sus madres y padres. Y tú qué opinas?

LA GUERRA DE CUIDADOS

Uy, no! Guerra no: Huelga! Era huelga de cuidados. Huelga de cocinar, fregar, llenar la nevera. Huelga de apuntar citas médicas, de pasear al perro, de darle de comer, de pagar facturas, de llenar la nevera, de hacer las camas, de doblar la ropa y meterla en el armario… Huelga de acompañar al hospital, de hacer recados, de preocuparse por que estén aseados, nutridos, calentitos y abrigados.

Es difícil eh?

Te ves ahí, contra la espada y la pared: Cómo voy a dejar a mi perro sin paseo!?!? O a mis hijas sin comer?!?! O a mi madre sin ir a su cita médica?!?!

Pues que lo haga tu pareja… Qué???

No va a querer.
No va a saber.
No va a poder.

Y si, al menos, lo proponemos. Sin presiones. Sin obligaciones. Tan sólo por ver qué pasa.

Nuestra cultura nos hace imprescindibles pero, es así? No se trata, al menos en parte, de darle la vuelta a estas situaciones.

Muchas sentimos que no podemos sumarnos del todo a esta huelga, que no tenemos más remedio que hacer servicios mínimos. Hasta tal punto que, ni siquiera nos planteamos decir a nuestras parejas, compañeros o familiares que el 8 de Marzo que asuman nuestra parte en la carga mental, en las tareas del hogar o en algunos cuidados.

Menuda chorrada! Eso no va conmigo! Van a pasar de todo! Nooo!

Seguramente más de uno torcerá la cara, dirá alguna cosa del estilo: entonces tu vas a hacer mi trabajo el sábado? O es que como nunca me dejas hacer nada pues no sé hacer nada. O eso es tu problema no el mío.

Pues mira, si es así, al menos habrás dado el primer paso,o no? Y también puedes prepararte algunas respuestas:

Nuestra casa es responsabilidad de ambos: imagina que estoy enferma.
Sabes qué, tienes razón: vamos a por tu primera vez.
Sí es mi problema, por eso te pido ayuda.

Esto son sólo ejemplos, siempre puedes buscar tus propias respuestas, busca empatizar, no acusar. Y piensa que puedes aprovechar los silencios para pensar antes de dar una respuesta a la defensiva.
Esto en lo que se refiere hacia afuera pero, qué pasa en relación a lo que tú sientes al respecto? Qué sientes cuándo te han hablado de huelga de cuidados?

Has sentido miedo?
Has sentido que pierdes el control?
O que puedes ser prescindible?
Te ha descolocado?

Tal vez simplemente la has rechazado sin cuestionarte nada. Y así, que la hagan las que puedan… Perfecto: eso está bien.
Y ojo, que cada una conoce sus circunstancias, que no es lo mismo cuidar un bebé, que una abuela, un adolescente o una niña de 5 años.

Tal vez, y digo solo, tal vez, a algunas nos va llegando el momento de dar otra vuelta de tuerca. O no?